Capítulo
16
Horario de Visitas
El rubio había pasado la noche en vela, se sentó en el borde de
la cama, por fin era la suya, la miró girando un poco la cabeza,
todavía tenía ganas de vomitar, no había podido dejar de ver la
imagen de Akira abierto en canal una y otra vez, cada vez que trataba
de dormirse.
A pesar de que aún era de madrugada, se levantó y miró el reloj
en la mesilla, eran las 6: 00 de la madrugada, pero estar en la
cama le estaba desquiciando aún más que salir de ella. Se pasó la
mano por la frente, vistiéndose de cualquier manera y cerrando la
puerta del piso a sus espaldas, todavía no había salido el sol.
Sus pasos lo llevaron de nuevo al jardín, se sentó en uno de los
bancos, cerrando los ojos y apoyándose en sus rodillas con la cabeza
baja. Cayendo en el sueño sin percatarse de ello.
Se despertó sintiendo las manos congeladas, y miró el reloj, eran
las 7:30 de la mañana, se había quedado dormido en plena calle.
Se frotó los brazos, sólo llevaba una camiseta y se sentía congelado,
echó a correr para entrar en calor, frenándose delante del hospital.
–No debería –dijo en la entrada.
Rei habría dormido apenas 5 minutos en el sofá de la sala de espera
de cuidados intensivos. No podía dejar de pensar en todo lo que
había pasado, casi no parecía real.
Se había quedado junto a Yoshi, hasta que habían ido a decirle que
tenía que salir. No había querido dejarlo sólo, aunque seguía durmiendo.
Se lo veía tan frágil, tan lastimado. No podía ni imaginarse lo
asustado que había debido estar. Y eso también le hacía sentirse
un poco culpable. Él había soltado su mano sólo un segundo, pero
había sido suficiente.
Se sentó en el sofá, restregándose el rostro, preguntándose cómo
estaría Kamio en esos momentos. Tenía ganas de verlo, pero… no quería
alejarse por si Yoshi despertaba. Y probablemente sería mejor para
el rubio si no se volvían a ver. Si sólo dejaba esa mala experiencia
atrás y continuaba con su vida normal. De todos modos, no quería
meterlo en problemas.
Una enfermera se le acercó, hablándole en tono bajo.
–Disculpe, su hermano despertó. Pregunta por alguien llamado…¿Noboru?
Rei sonrió, resignado.
–Soy yo, es…un sobrenombre –se levantó para ir a ver cómo estaba.
En ese momento, el rubio atravesó las puertas de cristal del hospital,
observando como le pedían a la gente las tarjetas de visitante.
Dio unos pasos atrás para salir de nuevo, y chocó contra una mujer
que entraba.
–Perdón –dijo haciendo varias reverencias, entró de nuevo, era una
imbecilidad, pero creía en el destino, puede que el hecho de que
aquella vieja le empujase no fuera muy romántico, pero él estaba
huyendo como un cobarde. Decía que debía afrontar su responsabilidad,
pero no lo hacía –. Soy imbécil –se acercó a la entrada, anunciando
–. Vengo a hacer una visita.
–¿Eres familiar? –la mujer lo miró por encima de las gafas.
–No…sólo soy un amigo –dijo pasándose la mano por el pelo, no parecía
prestarle mucha atención y charlaba con otra mujer despreocupadamente
–. ¿Puedo pasar o no?
–No, sólo los familiares –dijo mirándolo con indiferencia.
–Genial –se mesó el pelo mirándola –. ¿Por qué no? –preguntó de
nuevo. La mujer puso cara de estar siendo molestada y ni siquiera
lo miró. El rubio golpeó la ventanilla suavemente con los nudillos.
–¿Cuándo ingresó? –le preguntó finalmente.
–Ayer noche –Kamio la miró fijamente, la hubiera mandado a tomar
por culo si no fuera porque le convenía que le ayudase.
–No, no puedes –dijo mirándolo de nuevo a los ojos. Kamio se quedo
mirándola con un gesto que lo decía todo, ¿juzgaba quien podía y
quien no, sólo por cuando habían ingresado?
–Vale…gracias… –dijo dándose la vuelta y rematando con un –puta
–mirándola de soslayo y largándose por donde había entrado, ante
la cara de estupor de la mujer y su compañera.
Se quedó mirando la entrada sin saber qué demonios hacer, mordiéndose
la uña del pulgar sin dejar de moverse. Sus ojos se pararon en un
hombre que entraba solo en urgencias, con bastante dificultad.
–¿Le ayudo? –preguntó.
–Sí, gracias –el hombre le sonrió, era bastante mayor y parecía
haberse dañado la pierna, un enfermero se acercó a ellos.
–¿Qué sucede? –preguntó con urgencia un enfermero, acercando una
silla de ruedas.
–Al abuelo, le pasa algo en la pierna –dijo preocupado, aunque no
por el abuelo.
–De acuerdo, cubre los papeles en la ventanilla mientras lo atendemos
–dijo largándose con el señor.
Kamio se pasó la mano por la frente. Últimamente se estaba luciendo,
resopló colándose escaleras arriba y corriendo por los pasillos,
sólo esperaba que no hubiesen cambiado de habitación a Yoshi, y
sobre todo que estuviese bien.
Se paró en la salida del ascensor, donde había visto a Rei por última
vez, le había torcido la cara, se paró, sin atreverse a dar un paso.
Se sentía imbécil, pero también egoísta, tenía que ir, tenía que
ver que estaba bien, probablemente no fuera bien recibido, pero
tenía que afrontarlo.
Rei no estaba en la sala de espera, el corazón le golpeaba con fuerza
en el pecho, aunque le desconcertaba porque había esperado encontrárselo
de alguna extraña manera. Se sentó en una de las sillas de plástico
cruzando las piernas y apoyándose en ellas, esperaría a algo…no
sabía muy bien a qué, tal vez a estar harto de hacerlo.
El moreno entró en la habitación, con cuidado. Yoshi estaba vendado
por casi todo el cuerpo, también tenía algunas cortadas en el rostro,
pero no eran de gravedad. El chico, aunque débil, le sonrió apenas
lo vio.
–Noboru, estás aquí…
Rei le devolvió la sonrisa, pensando en las palabras de Kamio la
noche anterior.
–Por supuesto, soy tu hermano, ¿no? –vio cómo se ensanchaba la sonrisa
del chico, y se sintió feliz de haberle dicho eso –¿Cómo te sientes?
–Me duele todo. ¿Tú estás bien?
–Lo estoy –se sentó en una silla, acercándola a la cama –. Yoshi,
¿sabes lo que sucedió? –la mirada de terror del chico se lo dijo
todo.
–No…no recuerdo bien. Yo…
–Sh –Rei interrumpió al ver lo nervioso que se ponía –. Tranquilo,
no tienes que hablar de eso ahora si no quieres. Ya estás a salvo
–estiró una mano, apartándole el flequillo con delicadeza.
–¿Cuándo puedo irme a casa? Quiero irme a casa, Noboru.
–No, aún no puedes. Pero llámame Rei, ¿sí? –hizo una pausa, mirándolo
a los ojos –Escucha, Yoshi, hay ciertas cosas que tengo que explicarte…
Ya no estás en tu mundo. ¿Recuerdas que dije que te llevaría conmigo?
Pues… –procedió a explicarle lo mejor que pudo acerca de cual era
su situación.
El chico sólo lo miraba con una expresión atónita, no decía una
palabra. Le preocupaba que fuera a decir algo a los doctores o a
las enfermeras, que los fuera a meter en líos.
–Yoshi, ¿entiendes lo que te acabo de explicar? Ya sé que te costará
trabajo adaptarte, pero… estamos juntos, ¿no? – esperaba que aquello
lo tranquilizara y así fue. Yoshi sonrió, intentando estirar los
brazos para rodearlo, pero desistió por el dolor.
–Sí, estamos juntos…
–Tranquilo, no te esfuerces, todo está bien –fue Rei quien se inclinó
para depositar un beso en su frente. Se sentía exhausto, tanto física
como emocionalmente, pero no podía evitar el ser cariñoso con el
chico. No después de todo lo que había pasado –. Me acabo de levantar.
Voy…a buscar un café, ¿vale?
–No me dejes sólo –Yoshi se aferró a su brazo, y el moreno le sonrió.
–No te preocupes, sólo busco algo de desayuno y vuelvo. No te voy
a abandonar ni nada así –lo miró a los ojos para tranquilizarlo
–. Suéltame, ¿quieres? No pasa nada.
El chico por fin lo soltó, y Rei salió de la habitación, deteniéndose
un momento para colocarse un mechón detrás de la oreja.
Kamio levantó un poco la cabeza al ver que alguien salía de la habitación,
cuando vio que era Rei se sintió agitado, le daba miedo su reacción,
pero se levantó. No llevaba mucho tiempo esperando después de todo.
–Rei... bueno ya se que tal vez no debí venir, sólo quiero saber
como está –aunque realmente también le interesaba verlo a él.
–Kamio… –Rei lo miró algo sorprendido. No había esperado verlo allí,
pero igual se alegraba de que hubiera regresado. Aunque no comprendía
por qué decía que no había debido venir –Está bien –le sonrió de
manera irónica –. Bueno, sigue igual de maltratado, pero… ya ha
despertado. Le he explicado todo. Creo… creo que comprendió, no
lo sé –se dejó caer en el sofá, hundiendo la cabeza entre las manos
–. Estoy cansado.
–Bueno, no creo que le sea fácil entender muy bien nada ahora, pero
habrá comprendido más o menos, después de todo él sabe lo que nos
pasó a nosotros –se sentó a su lado.
–Sólo salí a buscar algo de café o cualquier cosa. Le dije que regresaría
pronto.
El rubio suspiró, mirándolo de soslayo, se veía fatal, no tenía
ni idea de qué había pasado con su hermano real, pero tal vez esto
era como vivirlo de nuevo. Levantó la mano para atraerlo hacia él,
pero la apartó de nuevo, apoyándola en su nuca.
–Y tú, ¿cómo estás? Aparte de muy cansado –le sonrió un poco.
–Si sabes que estoy cansado, ¿para qué me haces repetírtelo?
–Mira que eres insoportable –protestó el rubio.
–No soy insoportable… –refunfuñó, bajando la voz. Se echó hacia
atrás, destapando su rostro por fin –No sé como estoy. Confundido,
supongo. Yo… –suspiró de nuevo –quiero ayudarlo, protegerlo, pero…no
sé si alimento una fantasía con eso de que soy su hermano. En cierta
forma lo soy, pero… –intentaba explicarle al rubio lo confuso que
era todo, aunque ni siquiera sabía por qué se lo decía –Aún no sé
lo que sucedió. Además, esto es culpa mía también. Lo solté, permití
que se lo llevaran, y le hicieron todo eso… lo solté –se miró la
mano, abriendo la palma. No pensaba en Yoshi ahora –, lo solté…
– volvió a repetir con mirada ausente.
–Puede que sea una fantasía, o puede que sea una nueva oportunidad.
En todo caso yo no la dejaría pasar, si pudiera recuperar a alguien
que perdí. Tranquilízate un poco –le rodeó los hombros por fin –.
Ninguno de los dos lo soltó, nos lo arrebataron, no es lo mismo.
–Bueno, como sea… –suspiró con fuerza de nuevo, sin estar del todo
convencido –El caso es que está vivo –sonrió un poco, agradeciendo
mentalmente el que hubiera vuelto. Eso significaba que no lo trataba
solamente porque estuvieran en aquel lugar extraño –. ¿Cómo se siente?
El estar de vuelta.
–La verdad... –el rubio se echó hacia atrás en el respaldo –no he
dormido nada, aunque me alegro de estar de vuelta. Pero nada ha
vuelto a la normalidad, aunque algunas cosas me gustan más ahora,
pero... lo sucedido con Yoshi y bueno, Akira esta muerto, no es
algo que pueda asimilar fácilmente.
Rei se sorprendió por un momento. No era la respuesta que había
esperado, más bien se esperaba algún chiste sobre el pis de mono
o algo así. Pero era normal, hasta Kamio se sentía afectado por
una experiencia así. Miró al rubio, pasando de mencionar lo de Yoshi.
–Akira… tampoco le deseaba algo así, ¿sabes? – aún recordaba la
horrorosa imagen del moreno abierto de esa manera. Le tocó la mano,
nervioso por el contacto –Y si para mí fue malo, para ti debe haber
sido… El caso es que no eras tú, sin importar lo iguales que fuerais.
Y eso…me alegra –se sintió terriblemente egoísta de decir aquello,
pero no podía evitar sentirlo de esa manera .
–Ya, pero de todos modos, no sé, aunque fuera un capullo... –sonrió
un poco al decir aquello –no se merecía eso, sólo era un poco insoportable,
nada más. Pero si tenía que ser alguien, no puedo evitar decir que
me alegro de que fuera él y si suena mal... –se encogió de hombros
–, es lo que siento –sacó la mano de debajo de la de Rei, algo nervioso.
No le apetecía que notara que le temblaba –. Supongo que deberías
volver con Yoshi –se levanto del sillón y lo miró desde arriba.
– Te... ¿te vas?
Kamio se sintió aliviado por un momento, se alegraba de ver que
no era el único que deseaba no separarse.
–No sé, si tienes que volver con Yoshi... tal vez es lo mejor, yo
no sé si puedo entrar, pero si quieres vengo a la hora de comer
y te hago compañía –se pasó la mano por el pelo, guardándose las
manos en los bolsillos –, quiero seguir estando contigo, aunque
eso ya haya pasado, me caes bien. Quiero decir, que para mí eres
mi amigo.
–Gracias, Kamio –Rei le sonrió con sinceridad –También te considero
mi amigo. Me alegra que no fuera sólo por…– enrojeció, apartando
un poco la mirada –por eso –se puso de pie, decidiéndose por comprar
un café en la máquina de allí mismo – Entonces… ¿vendrás a almorzar
conmigo, verdad?
–Verdad –le repitió pero aseverando y le sonrió –Rei, el borde,
también pasa vergüenza a la hora de decir según qué cosas –no pudo
evitar meterse con él, era inevitable. Lo vio agacharse para coger
la lata y le palmeó el culo –. Te veo luego –dijo aprovechando que
lo miraba, aunque no precisamente con amor, y le echó un beso, sonriendo
de medio lado –, Bye.
–Eres… –Rei se levantó mostrándole la lata, como si se la fuera
a tirar –¡Eres un idiota, Kamio! ¡Y un aprovechado! ¡Y no me sonrojaba!
¡Me puse rojo, porque tengo… tengo calor! –le gritó desde donde
estaba.
Una enfermera se acercó, tocándole el hombro, y el chico se giró
con brusquedad.
–¡¿Qué?!
La mujer se sobresaltó, pero luego recuperó su aire de serenidad.
– Joven, le voy a pedir que baje la voz. Esto es un hospital, no
una discoteca.
–Sí, sí, claro –Rei se mordió el labio nervioso, recordando en donde
estaba.

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