.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 14

Don't Be Afraid to Care

El rubio se dirigió por los pasillos con Kan a su lado y una sonrisa dibujada en sus labios. Su bata blanca perfecta e impecable, al igual que su largo cabello rubio –Kan, estoy muy contento contigo. No sólo estás haciendo muy bien tu trabajo, sino que no lo has vuelto a dejar salir.

-Gracias sensei- dijo el chico de cabello rojo haciendo una ligera inclinación -Tenía razón. Si no lo dejo salir no habrá más muertes, no pasará de nuevo…- dijo algo apesadumbrado.

-No tienes que disculparte, yo voy a curarte, confías en mí ¿no es así, pequeño?- preguntó acariciándole la mejilla y deteniéndose frente a la puerta

-Sí- respondió el chico con una sonrisa agradecida y sincera en el rostro.

-Muy bien… entonces… te dejaré un rato con Aziel y después iremos a ver de lo que es capaz- el doctor abrió la puerta mirando al ángel/demonio. Sin duda era una criatura esplendida, tal vez la más poderosa de la que había sido capaz de ver jamás -Aziel, Kan se quedará contigo mientras preparan la sala, no hagas ninguna cosa desagradable y te aseguro que podrás ir a volar ¿comprendido?- miró a los ojos dorados serio. Nadie debía dañar a Kan, era muy útil para sus propósitos.

- ¿Por qué haría algo desagradable? No tengo motivos... – el chico lo miró de reojo y como si no le interesas, sin querer comprometerse del todo, aunque en realidad no tenía ningunas intenciones de dañar a Kan. Desvió su mirada hacia él, observando sus ojos.

-¿Por qué no habrías de hacerlo?- preguntó igualmente el rubio con una mirada escéptica, pasando la mano por los cabellos rojos -Entra Kan, tenías muchas ganas de verlo ¿no es asi?

-Sí- el chico sonrió entrando y sentándose a los pies de la cama de Aziel mirándolo.

- Porque no me gusta hacer cosas sin tener una razón. – contestó, sin poder ocultar un leve tono molesto en su voz, y siguiendo a Kan con la mirada, aún sin querer relajarse hasta que se fuese el doctor, aunque no estaba del todo seguro de saber la razón de sus acciones últimamente.

-Aziel… tus propios deseos también pueden ser una razón, sin más… Hay muchas razones por las que desear dañar a otra persona- sonrió golpeteando la puerta con sus dedos -Os dejo solo, Kan…

El morenito lo siguió con la mirada hasta que hubo desaparecido tras la puerta y miró al ángel -A veces no comprendo muy bien lo que dice- sonrió encogiéndose de hombros y levantando la mano para acariar suavemente una de las alas negras.

Aziel se sobresaltó un poco al sentir el contacto inesperado, y se echó un poco hacia atrás, tranquilizándose. – Tal vez sea él quien dice cosas que no tienen sentido. – le respondió serio, acercándose de nuevo. - ¿De veras querías verme?

-Claro- dijo el chico sonriendo aún con la mano levantada dejándola caer sobre la cama al notar lo reacio a que tocase sus alas -¿Ya no me dejas que te toque? No pasa nada- dijo poniendo las manos entre las piernas y mirándolo aún sonriendo -¿Estás nervioso por volar?

- Sólo me sorprendiste, es todo. – lo miró como si estuviese molesto por aquella pregunta, pero en realidad estaba molesto consigo mismo por no saber cómo actuar. – Tal vez, no lo sé. – apoyó el rostro sobre su mano, contrariado.

Kan le sonrió igualmente apoyando su mano en el ala del chico de nuevo -No tienes por qué estarlo, creo que te saldrá muy bien, al fin y al cabo, eres un ángel, no puede salirte mal…- apoyó la cara en las plumas negras y se apartó algo avergonzado -Jaken sensei me dijo que ya estaban preparando el lugar donde volaras, me pregunto si podremos ir al exterior, nunca he estado- cruzo los dedos de las manos entrelazándolos -Algún día iremos juntos afuera cuando ambos estemos curados.

- Yo tampoco he estado....... – levantó el rostro un tanto sorprendido. - ¿Qué te hace pensar que estoy enfermo? ¿estás enfermo tú? –

-Yo sí- sonrió de nuevo mirándolo -Si estamos aquí es porque algo nos pasa en nuestro comportamiento, no somos como las personas normales- dijo algo ausente.

- No sé de qué hablas, ¿en donde más estaríamos? – sacudió la cabeza confundido, aunque pensando en aquellas visiones. ¿En algún lugar como ese tal vez? Se levantó de la cama de pronto. – Yo no estoy enfermo. No sé cómo se supone que sea.

Kan se echó atrás un poco asustado, aunque más que nada, estaba sorprendido -… bueno… tal vez no darías esos sustos- dijo sonriendo levemente -¿Alguna vez has sonreído Aziel?

- Por supuesto que he sonreído! Pero no veo muchos motivos para hacerlo – lo miró irritado, aunque sin especificarle que aquella sumamente breve y privada sonrisa del día anterior había sido la primera en muchos años. – No tienes que asustarte, ya te dije que no te haré daño. ¿Cuántas veces lo tengo que repetir? Yo sólo.... – le dirigió una rápida mirada nerviosa, cambiando su expresión de enfado a incomodidad, en tan sólo unos segundos, y se agachó, metiendo su mano bajo su colchón y alzándola luego sobre la cabeza de Kan. Abrió su puño, dejando caer una lluvia de plumas negras sobre el chico, a la vez que giraba el rostro, intentando aparentar que aquello no era para nada importante. – Cumplí mi promesa.....

Kan se encogió totalmente esperando recibir un daño de cualquier clase, pero solo sintió las plumas caer sobre él y las recogió lentamente una a una, guardándolas entre sus mano y levantándose para abrazarlo -Gracias- dijo apartándose de nuevo y observando el brillo azul que desprendían al contraste con la luz -No te enfades conmigo….- dijo volteándose de espaldas -No quería molestarte- se volvió sonriéndole -Mi hermano siempre se enfadaba conmigo y me gritaba pero después me daba algo que me alegraba.

- No me molestas, es sólo..... – se rascó una mano, sintiéndose extraño por aquel abrazo y sin saber qué decir. Se dio la vuelta, antes de que su rostro lo delatase. – Tenías un hermano. ¿Cómo era? ¿Dónde está? – preguntó curioso, aún sin mirarlo.

-Está en mí, pero en realidad está muerto- dijo el chico sonriendo no obstante -¿Quieres verlo? Mi madre le pidió al doctor Jaken que no le dejara morir y él no lo hizo, por eso ahora está en mí- sonrió sujetándose un brazo con la mano y apretándoselo un poco -Pero al sensei no le gusta que venga.

- ¿Cómo es eso? – el chico se giró extrañado, mirándolo. – Si está muerto, está muerto. ¿Cómo puede vivir en ti? – se le acercó un poco más, sin que le importase mucho lo al sensei le gustara o no.

-Bueno… porque su alma está dentro de mí y yo puedo hacerlo salir… pero no es muy … bueno, no le gusta mucho a nadie… pero yo sí lo quiero- se apresuró a decir con aquella sonrisa en los labios de nuevo -Algún día te dejaré que lo veas, sé que le gustaría verte porque eres muy bonito.

- A mí también me gustaría conocerlo. – le contestó, mirándolo a los ojos, y desviando la mirada luego. Si pensaba en su hermano con esa sonrisa en los labios, no debía ser tan malo. Además, él tampoco le gustaba a nadie, eso no significaba nada. No le gustaba a nadie, pero Kan acababa de decir que era bonito, se sentía extraño. Sintió que le hormigueaban las mejillas y se giró, acariciando una de sus alas, nervioso, e intentando aparentar la misma apatía de siempre. – Habían....habían otro como yo cuando era pequeño. Me pregunto si eran mis hermanos....

Kan lo miró interesado -¿Había otros? Seguramente sí que eran tus hermanos, o al menos de tu familia- entendió, aunque era una deducción bastante infantil -O tal vez sólo eran de tu misma raza- pensó después con menos emoción -Un día te enseñaré a mi hermano! Pero… igual no te agrada… mi hermano… creo que llevaría ropa roja si estuviera aquí- dijo algo avergonzado.

- Fueron experimentos fallidos. Eso es lo que dijo Shisou sensei. – se giró, observándolo, cruzándose de brazos, y dejándolos caer de nuevo, para luego extender una mano insegura hacia el rostro del chico, tocándole una mejilla apenas con la punta de los dedos, y retirándolos inmediatamente. - ¿Por qué es malo eso? Que...tu hermano se vista de rojo.

Kan sonrió cogiendole la mano y apoyándola en su mejilla -Puedes tocarme, que no me voy a enfadar…- le soltó la mano mirando al techo e inclinando la cabeza a un lado después -Porque el rojo es el color que Jaken sensei usa para los pacientes que son agresivos con los otros pacientes… pero él no es malo, es sólo que se pone nervioso- aclaró con una sonrisa.

- Me parece natural. – le respondió el chico, como distraído, mirándose la mano y preguntándose por qué no habrían más pacientes vestidos de rojo. Casi parecía normal que hubiese muchos. Alzó el rostro, sorprendido al escuchar cómo se abría la puerta.
- Es hora de tu recompensa, Aziel. – le sonrió Shisou, hablándole como a un niño que va a salir de excursión. – Kan, ¿cómo estás? ¿Acaso interrumpo algo? – se quedó mirándolos con una sonrisa un tanto juguetona en el rostro, al ver la expresión de Aziel.

El chico cambió de gesto inmediatamente, dejando caer su mano, y pasando al lado de Kan como si nada.

El chico cambió de gesto inmediatamente, dejando caer su mano, y pasando al lado de Kan como si nada.

-No, sensei- el chico le sonrió acercándose al doctor y viendo a Jaken sensei también en el exterior. El rubio le pasó la mano por el pelo retirándoselo de la cara.

-¿Cómo es eso de que vas a presentarle a tu hermano, Kan?- preguntó sonriendo y jugando con él -Podría ser peligroso para ti ¿no crees? Aziel no es un buen chico siempre y tú hermano no tiene muy buen carácter… ya lo sabes…

-Pero… a Kitazaki le gustaría- argumentó el chico -y no tiene por qué hacerle nada… No es malo… sólo es diferente…- protestó en defensa de su hermano el muchacho -Lo que pasa es que no quiere que me hagan daño y me protege… eso es.

-Pero tú sabes que te hacía daño…- dijo el rubio mirándolo de soslayo y caminando a su lado.

-No… no me lo hacía- protestó Kan sin argumentos y sin querer observar la sonrisa que se dibujaba en el doctor.

Aziel caminaba al lado de Shisou, aunque hubiese preferido, caminar con Kan, pero permanecía impasible, sin demostrar sus sentimientos.

- ¿Listo para tu gran día. Aziel? Por fin se te cumple tu sueño, ¿ne? – el joven doctor le sonrió al chico que, obviamente para él, estaba más interesado en la conversación que llevaban los otros dos. Aziel se limitó a seguir caminando sin decir absolutamente nada. – Aziel, esos son muy malos modales. Cuando alguien te hace una pregunta, deberías responder. O al menos contestarle algo. No quieres ofenderme ¿verdad? – lo miró de reojo, sus ojos azules brillando burlonamente, buscando molestarlo para ver cómo reaccionaba. – Bien, ¿qué se dice cuando ofendes a alguien?

Aziel lo miró súbitamente con los ojos llenos de furia. Sabía lo que hacía, y no quería ser humillado enfrente de Kan. Apretó los dientes, tragándose su orgullo con extrema dificultad. – Lo siento mucho, Shisou sensei.

- No es la gran cosa. Y ¿entonces? ¿No contestas a mi pregunta? –

- Sí! – le contestó exaltado, y conteniéndose al ver que Shisou alzaba una ceja como advirtiéndole. Bajó la mirada, haciendo un esfuerzo. – Sí, estoy muy feliz. – exhaló con fuerza cuando sintió la mano del doctor acariciando su cabello, sintiéndose como un cursi por tener que decir aquello.

Kan se volvió tocándole una mano con un dedo y cogiéndola con la suya después, algo reservado. Lo cierto es que daba miedo y nunca sabía cómo iba a reaccionar, pero tampoco pasaba nada si se enfadaba, ya le perdonaría. De todos, modos no parecía querer hacerle daño.

Jaken miró a Shisou con una sonrisa en los labios que pronto desenvocó en una fina carcajada al tiempo que acariciaba uno de sus colmillos con la punta de la lengua -Shisou … ¿no crees que a veces pasan las cosas más curiosas?

- Y que lo diga. La vida está llena de sorpresas. – se rió de vuelta, mirándolo a los ojos, y alborotándole el pelo a Aziel de nuevo, sin dejar de sonreír. – Pero eso es lo divertido de vivir, ¿no es así?

El chico lo ignoró por completo. O al menos trató, cohibido como estaba, observando la mano de Kan sujetar la suya. Su reacción inmediata era soltarla y actuar como si nada, pero no podía hacerlo. No quería lastimar a Kan, y además, no tenía deseos de soltarle realmente.


 
 

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