| Capítulo 80
Never A Dull Moment
- No me has dicho, ¿me extrañaste mucho, Shiryou?
¿Ya te sientes mejor? – el gatito movió la cola,
aún no se le pasaba lo contento de estar de nuevo allí.
– ¿Vamos al comedor? Quiero ver a los demás!
¿Crees que Jaken sensei me deje saludar a Garou?
-No lo sé… tendrías que preguntarle ¿crees
que debamos ir junto a Jaken sensei?- el moreno se levantó,
cogiéndolo en brazos y dejándolo después en
el suelo -Claro que te eché de menos… más o
menos… Yo siempre estoy contigo, Tama- el moreno le puso la
mariposa delante de la nariz y esta revoloteó a su pecho
quedándose allí, como si fuera un mero broche -Vamos
a ver a … los demás… pero ¿sabes algo?
Aziel se ha vuelto peligroso… ha matado a varios… fue…
horrible….
El gatito rió siguiendo la trayectoria de la mariposa, poniéndose
serio y agrandando los ojos luego al escuchar lo que decía
el moreno. - ¿Eh? Pero.....¿por qué? ¿Kan
está bien?
-No sé… porque es malo supongo….- el moreno
sonrió de medio lado, riéndose un poco después
-Después de todo, es mitad demonio… ¿Qué
esperabas? ¿Eh? Tama… - caminó detrás
de él, arrastrando la mano por la pared del pasillo -Kan
está bien… aunque a él también le quiso
atacar… Shisou sensei lo detuvo… - dijo entrando en
el comedor donde estaban ambos sentados -Ahí están…
pero yo no les gusto…
Kan mientras tanto, trazaba un plano y apuntaba las horas a las
que Shisou y Jaken solían estar retirados en los laboratorios
o bien en sus habitaciones -Si pudiésemos romper el cristal
de la ventana de Garou, al menos tú y él podrían
escapar… Él podría saltar al enrejado de tu
jaula y subir al siguiente edificio. Seguro que allí hay
una puerta para bajar a la calle…- dijo ajeno a quien estaba
en la puerta.
- No pienso irme sin ti. – sentenció el ángel/demonio
en un tono algo monótono, aunque en realidad pensaba que
no tendría sentido si todo aquello lo estaba haciendo por
él. – Tal vez podría llevarte conmigo. –alzó
la cabeza pensativo, percatándose de quienes los observaban
desde la puerta. – El chico gato....
- Ah! Me vio! –Tama se escondió tras de Shiryou, sujetando
su mano, un tanto preocupado. ¿Por qué estaba en el
comedor si era peligroso? Y no iba vestido de negro, aquello lo
confundía. – No sé qué hacer....
-Va vestido como en la calle…- dijo Kan mirando lo que sobresalía
por detrás de Shiryou -Pero no debería de estar con
ese …- y sonriendo, pensando que se estaba escondiendo pero
la cola le sobresalía por fuera
-Tranquilo, Tama, que yo no voy a dejar que nada malo te pueda
pasar….- Shiryou lo agarró de la mano, caminando con
él hasta la mesa y sentándose en el banco frente a
ellos como si nada -Tama quería veros antes de irse de nuevo.
Kan se acercó más a Aziel, apoyándole una
mano en la pierna nervioso. No quería que ese tío
fuera a hacerles algo, pero sobre todo, no quería que Aziel
se pusiera de nuevo con esa actitud que daba miedo.
- Ho.....hola.....? – saludó el gatito temeroso, aún
aferrándose a Shiryou como si de un escudo se tratase y mirando
al ángel con algo de recelo, con las orejas hacia atrás,
aunque igual se sentía atraído a agarrarle las alas.
–Kan, estás lindo! – exclamó de pronto
asomándose más y volviendo a esconderse.
Aziel levantó una ceja, algo extrañado por el terror
que parecía tenerle el gatito y miró a Shiryou, seguro
de que algo tenía que ver. Colocó una mano sobre la
de Kan, tranquilizándolo. – Hola – saludó
al gatito, aunque sin apartar la mirada del moreno.
El moreno lo miró, sonriendo sin separar los labios y cogiendo
una manzana de la mesa mordiéndola sin dejar de mirarlo -Hola…-
dijo sabiendo que no lo saludaba a él, pero como lo estaba
mirando… Cogió a Tama en brazos para que se parase
quieto de esconderse acariciándole la cintura.
Kan lo miró, con cara de desprecio y miró a Tama
después -Hola Tama, tú también estás
muy lindo- le sonrió, observando su ropa -¿Estás
contento con tu nuevo dueño?¿Te trata bien? ¿Eres
feliz?
-Sí! – exclamó el gatito, más envalentonado
de que le hablaran así y que Shiryou lo estuviese abrazando.
–Juegan mucho conmigo, y me acarician y me dejan que rompa
cosas. Y también son lindos! Auqneu se pelean mucho y Baiken
a veces dice cosas feas....pero luego me dice que me quiere y me
abraza! Y dijo que yo era su Kotaro. Ah! Mira! – mostró
el peluche, acordándose de pronto y como si pensara que debían
de extrañarlo mucho.
Aziel, por su parte, se limitó a permanecer en silencio,
aún mirando al moreno, mientras apretaba un puño bajo
la mesa. Lo irritaba demasiado, pero tampoco quería asustar
a Kan.
Kan se rió, sin poder evitarlo, acariciando el gato de peluche
–Ah, qué bien ver que Kotaro también está
contento- se rió un poco más sin poder evitarlo. Era
como un niño pequeño y le hacía gracia -Aziel
y yo somos novios- dijo de pronto, saliendo de la nada y sólo
porque le hacia ilusión contarlo.
El moreno se rió un poco, mordiendo el corazón de
la manzana y masticándolo. Escupió al suelo las semillas,
mirando a Kan que sin embargo, no lo miraba porque había
decidido que no existía, y después miró a Aziel
-Un demonio… enamorado de un humano… no puede ser…
- Soy mitad ángel también. – corrigió
el chico con un tono de voz que denotaba bastante frialdad hacia
el moreno. – Y puedo enamorarme de quien quiera. – apretó
la mano de Kan con la suya, como si fuese un amuleto, observando
cómo el gatito se enroscaba contra Shiryou de nuevo, asustado.
Shiryou abrazó más a Tama, besándole la mejilla
y arrastrando los labios por su rostro -Cuando un demonio se enamora
de un humano, el humano muere… siempre… que seas mitad
ángel, no importa… Kan acabará muriendo y tu
seguirás vivo… Es más, antes de eso se volverá
cada vez más mayor, anciano… Lo irás viendo
perecer como si sólo fuera una mariposa… y tú
seguirás joven… eterno…- se rió un poco,
mirando la cara de desconcierto del pelirrojo, que se abrazó
a Aziel con el corazón acelerado en el pecho.
-No es verdad…- dijo, aunque no tenía ni idea, pero
no quería creérselo, rodeando a Aziel. Shiryou jamás
debería de haber llegado ¿Por qué llegaba a
decir esas cosas?
- Cállate! – el chico no pudo evitar levantar la voz,
alterado, aunque intentando controlarse, acariciando el cabello
de Kan. Le dolía demasiado el pensar en no estar con él,
y ni siquiera sabía si lo que decía Shiryou era cierto.
– No es cierto, no importa. Yo siempre voy a estar con Kan
y él siempre será perfecto para mí. Y no tengo
por qué darte explicaciones.
- No sigas, lo estás enfadando.... – susurró
Tama como si los otros dos chicos no estuviesen en la misma mesa
y no pudiesen oír lo que le decía a Shiryou. No comprendía
por qué le gustaba comportarse así. Por eso era que
no lo dejaban salir y le conseguían una casa como a él.
-¿De veras? Pues no sé por qué, si yo solo
les estoy explicando lo que pasará, para que no cometan ese
error… - dijo sin importarle lo mas mínimo su alteración
-pensaba que os gustaría saber… que al final sucederá
eso…
-No! no es verdad… no es verdad que eso suceda- el pelirrojo
lo miró, cobijado en el pecho de Aziel sintiéndose
algo furioso y apretándose el pecho tratando de contener
su propio odio y su miedo. No quería que su hermano saliese.
Respiró agitado contra Aziel, pero realmente sí quería
¿verdad? Porque iba a salir, iba a hacerlo…
- No me interesa lo que digas. No voy a separarme de Kan por lo
que pueda suceder en el futuro. Si Kan quiere estar conmigo ahora,
entonces estaremos juntos. – le acarció el rojo cabello
al chico de nuevo, tranquilizándose un poco. No podía
dejar que volviese a controlarlo y no estaba seguro de lo que quería.
Bajó la mirada, suavizándola al escuchar cómo
respiraba Kan contra su pecho, preocupándose. – Kan,
¿estás bien? No le prestes atención.
-Estoy bien….no…no estoy bien… vámonos!…-
el pelirrojo se levantó apresurado, sólo para caerse
al suelo y el moreno de pelo largo lo recogió en sus brazos,
dirigiendo sus ojos rojos a Shiryou y depositando a Kan en los brazos
de Aziel, estirando la mano para apartar al gatito del moreno sin
tocarlo. Shiryou se levantó, observando al moreno sin saber
qué demonios era exactamente. Sólo sabía que
no estaba vivo, pero sonrió de medio lado y sus ojos brillaron
con fuerza, al tiempo que las enormes alas azules se desplegaban
en su espalda y la gente del comedor empezaba a apartarse y a salir
de la sala gritando.
Aziel abrazó a Kan contra sí, . levantándose
y haciendo uso de su fuerza para cargarlo y alejarse un poco, aunque
le interesaba ver qué sucedía. Observó al gatito
que se había quedado haciendo aspavientos a donde lo habían
dejado.
- ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Ah! –
Tama movió la cola, con las orejas hacia atrás asustado.
Ni siquiera comprendía como había llegado allí.
- Tama, ven acá. – lo llamó el ángel,
para que se refugiara detrás de él,pero el gatito
negó con la cabeza, sin saber qué hacer.
- No quiero! Me vas a matar.... Shiryou me dijo.
- Tama, ven acá! No te voy a hacer daño. –
le ordenó el chico, haciendo que el gatito corriera hacia
él más, por el susto del grito que porque hubiese
cambiado de opinión.
Camadai se cubrió con sus propias alas al notar las laceraciones
en su cuerpo abriéndolas de golpe y revelando la espada en
su mano. Se abalanzó sobre él, entrecerrando un ojo
al notar como le cortaba la mejilla el moreno que ni siquiera se
movía. Kitazaki se apartó, aunque la espada le desgarró
el brazo sin que se inmutase, Camadai la extrajo de este notando
que ni siquiera había sangre.
Kan se agitó en el cuerpo de Aziel y la sangre comenzó
a manar de su brazo a borbotones.
El moreno le sujetó el cuello con las cintas estrangulándolo
y Camadai trataba de librarse de ellas con las manos.
- Maldición, Kan! – Aziel se arrodilló en el
suelo, semi-acostándolo aunque sin soltarlo, acariciándole
el rostro y alzando la vista hacia los dos chicos que peleaban,
cabreado. – Kitazaki! Ten más cuidado!
Tama se acercó, con los ojos redondos, y aún asustado,
pero quería ayudar a Kan. - ¿Puedo...? –preguntó
con voz temblorosa, rezando porque no lo fuera a matar.
- ¿Qué?! – el chico dirigió sus ojos
dorados, llenos de furia, hacia el gatito, haciéndolo saltar
hacia atrás, cerrándolos luego, y observando a Kan
de nuevo. – Puedes, no voy a hacerte daño. –
murmuró todo lo tranquilo que podía.
Tama se acercó tocando al pelirrojo, aunque más bien
sentía que se le iba a salir el corazón del pecho.
Aquel vapor negro comenzó a salir del cuerpo de Kan, mientras
el sangrado iba disminuyendo un poco.
El moreno alzó una ceja a la advertencia de Aziel -No recuerdo
que tú quedases igual de intacto durante tu lucha con él,
Aziel- espetó, igualmente, a pesar de notar cómo el
moreno comenzaba a partir las cintas. Camadai se avalanzó
sobre él, tirándolo al suelo y levantando una mano
cubierta de luz azul, como si sus dedos fueran navajas y bajándola
contra él.
Jaken salió del laboratorio, alertado por los gritos y corrió
por los pasillos abriendo la puerta de la sala en donde estaba Shisou
–Shisou, ven conmigo! Rápido!- dijo corriendo hasta
el comedor y abriendo las puertas de par en par -Deteneos!
El moreno detuvo la mano atándole el brazo con cintas de
nuevo al suyo propio pero Camadai le sujetó la otra clavando
los dedos en su antebrazo y desgarrando el de Kan, mordiéndole
el cuello y haciéndolo sangrar a borbotones.
- No! Aziel se inclinó sobre el pelirrojo extendiendo las
alas comos i así pudiese protegerlo. – Tú no
eres el que sale lastimado, Kitazaki! – miró a Tama,
observando cómo el gatito de nuevo absorbía aquel
vapor extraño, aunque sabía que no podría hacer
casi nada y se veía que era demasiado para él. Alzó
la vista al escuchar a Jaken, esperando. Si las cosas seguían
así, no pensaba permanecer sentado por mucho más tiempo.
Shisou dejó lo que estaba haciendo, apresurándose
en llegar al comedor, aunque ya se imaginaba quien sería
el causante como siempre, últimamente. Observó la
escena sorprendido de ver al hermano de Kan allí. Sacudió
la cabeza, incrédulo. – Camadai, detente! . le ordenó
al demonio, ya que sabía que el otro, ni caso le haría.
A decir verdad, no estaba muy seguro de que este tampoco le fuera
a obedecer.
Camadai lo miró a los ojos -No puedo! Me tiene sujeto y
no puedo hacerle nada, me está cortando el brazo!!- el moreno
lo miró un tanto desesperado, al sentirse confundido de ese
modo y levantando el brazo que derramaba sangre a través
de las cintas de cuero.
Kitazaki seguía mirando al demonio como si no hubiese nadie
más en aquella sala -Eso ya lo sé, pero no puede ser
de otro modo- dijo apretando más las cintas, pero era muy
fuerte no conseguía arrancarle el brazo. Camadai estiró
las alas clavándolas en su cuerpo y el rubio miró
a Kan sujetando al demonio sin poder frenarlo y apartando al moreno
bajo él notando que lo atravesaban a él llegando al
moreno en menor medida –Suéltalo, Kitazaki! No vas
a matarlo y estás matando a tu hermano! Séeltalo!-
dijo sangrando por la boca y atravesado por diversas zonas.
Shisou los observó, algo confundido momentáneamente
por la mirada que le había dirigido el demonio. Sacudíó
la cabeza, concentrándose en lo que sucedía, sintiendo
que empezaba a perder el control al ver la sangre del rubio. –
Ya es suficiente! – exclamó, dando un paso adelante
e intentando la misma estrategia que había utilizado con
Aziel, sólo que con Kitazaki no sabía si funcionaría,
o si le haría daño a Kan., y menos aún si podía
controlarse a sí mismo en esos momentos.
Azeil apretó al pelirrojo contra sí, confundido.
Sólo sabía que estaba muy lastimado y que no podía
protegerlo. No, si era lastimado de esa manera Extendió aún
más las alas, cubriendo también al gatito, que alzó
la vista, temblando, haciéndose bolita luego porque ya no
sabía ni qué hacer. – Te quiero... – le
susurró Aziel en el oído al chico que sostenía,
deseando que pudiera escucharlo.
Camadai le sujetó el brazo a Kitazaki por encima de Jaken
a la desesperada, tratatando de rompérselo, pero el rubio
agarró su mano impidiendo que lo partiera porque sabía
que sólo le haría daño a Kan -Kan!! Basta!!-
el rubio llamó al chico en última instancia, porque
aunque no supiera, era el único capaz de controlar a su hermano.
-AHHH!!!- El pelirrojo se llevó las manos a las sienes,
gritando por el dolor que Shisou le estaba causando y abriendo los
ojos de golpe un tanto nublados debajo del rubio, sin saber que
hacía allí y enfocando la vista volviéndose
de espaldas, cerrando los ojos con fuerza y apretando la frente
contra el suelo como si aquello pudiera detener el dolor que parecía
querer reventarle la cabeza, arrastrándose por el suelo y
tratando de alcanzar a Aziel con la mano.
Camadai se levantó, mirándose el brazo confundido
y alterado, sujetándoselo con la mano y respirando con fuerza,
mirando a Kan en el suelo.
-Basta… Shisou, bien hecho…- el rubio le sonrió
ligeramente, agotado, levantándose de forma un tanto pesada
y cubierto de sangre, un tanto débil puesto que no se había
alimentado aún y encima había perdido aquella cantidad
tan enorme. Se giró de golpe, sujetando el cuello de Camadai
y bebiendo del confundido demonio de una forma un tanto salvaje
apartándolo después, crecido en poder por su sangre
y con un rasgo de furia en los ojos cogiendo a Kan desmayado en
sus brazos y llevándoselo con él. Camadai se quedó
sentado en la mesa donde el rubio lo había empotrado, apoyándose
en la pared y mirando a Shisou aún sin entender.
- No! Kan! – Aziel se puso de pie inmediatamente, echando
a correr tras el rubio. Sintió la mano de Shisou, reteniéndolo
por le brazo y le dirigió una mirada agresiva.
- Aziel, ve a tu habitación. – le ordenó el
moreno, devolviéndole la mirada, aunque una tanto descompuesto.
Ni estaba seguro de cómo se había detenido todo aquello
realmente, aún era muy confuso.
Aziel agitó el brazo, ignorándolo y saliendo del
comedor tras Jaken y Kan. No le importaba nada más en esos
momentos que estar con el pelirrojo y asegurarse de que estuviera
bien.
Shisou sólo observó la puerta, bastante cansado como
para seguirlo. Igual, no creía que hubiese mucha diferencia
y Jaken sensei debía estar bien, luego de haber bebido del
demonio. Incluso lo había impresionado un poco. Se acercó
al moreno, observándolo y pasándole la mano por donde
lo había mordido el rubio. - ¿Vas a estar bien? ¿O
necesitas que trate tus heridas? – le preguntó, a la
vez que se quitaba la bata de todas maneras, envolviendo el brazo
lastimado, para detener la sangre.
- Shiryou...... – apenas susurró el gatito, desde
el suelo, completamente embolillado con Kotaro apretado firmemente
contra su pecho, y lágrimas en los ojos, sin atreverse a
acercarse por el miedo.
-Estoy bien…- el moreno se levantó, mirando a Shisou
y notando que le flojeaban las fuerzas, apoyándose de nuevo
en la mesa sin levantarse, mirando a Tama entonces -¿Estás
bien, Tama? ¿Estás herido?- preguntó, mirándolo
y arqueando un poco la espalda haciendo desaparecer las alas y recobrando
su mirada, respirando un tanto agotado. Jaken lo había dejado
lo suficientemente escaso de sangre como para que no pudiera hacer
nada, y las heridas laceradas por aquel cuero que parecía
tener vida propia no se cerraban normalmente. Seguían allí
sangrando y provocando dolor, como si fuera un humano.
Tama negó con la cabeza, levantándose de un salto
y corriendo hacia él. – Shiryou!!!!!!!
- Tama! – el doctor, lo detuvo a escasos centímetros
del moreno, ya más recuperado de la confusión, girándolo
para tranquilizarlo. – Con cuidado, que Shiryou está
lastimado, ¿sí? No estás bien. Lo mejor será
que vuelvas a tu habitación y te vende – añadió,
para el moreno, notando que sólo lo decía por orgullo,
pero sus heridas no estaban cerrando como cuando peleó con
Aziel y se veía débil. Aunque lo que más le
extrañaba era estarse preocupando por él, realmente
no lo comprendía.
- Pero vas a estar bien, ¿verdad Shiryou? – preguntó
Tama, apretando a Kotaro contra sí, moviendo las orejas nervioso.
Ni sabía quien era el que le había hecho daño,
nunca lo había visto antes.
Shiryou asintió con la cabeza apoyándola después
contra la pared -Sí… Tama, pronto estaré bien-
miró al chico para ver que la mariposa había desaparecido
de lo débil que estaba -Pronto volverá- dijo, señalándole
el pecho para que lo entendiera -Cuídala cuando llegue, yo
te cuidaré a ti- se levantó de la mesa de nuevo, pensando
en si realmente podría llegar a la habitación en ese
estado. No era la primera vez que moría y sabía que
no estaba haciéndolo, pero sí que estaba muy desangrado,
mareado y débil. Se levantó por fin, haciendo acopio
tanto de la fuerza como del orgullo y le pasó la mano por
la cabeza al gatito, caminando hasta la pared arrastrando la mano
por ella para dirigirse a la habitación.
El gatito asintió, apretando más a su peluche contra
su pecho sin siquiera pensar en secarse las lágrimas, sólo
observando cómo se iba, y dirigiendo su vista hacia la sangre
en el piso, preocupado.
- Tama, ¿por qué no vas a tu habitación y
descansas, eh? Está vacía aún, así que
no hay problema. ¿Quieres? – Shisou le sonrió
ligeramente, indicándole, ya que el gatito no parecía
saber qué hacer y tampoco deseaba que el tal Baiken lo fuera
a recoger en ese estado. De todos modos, tenía que enviar
a alguien a que limpiasen todo eso. Tama asintió, aunque
aún sin moverse, y Shisou se dio la vuelta, acercándose
al moreno, cuya obvia razón para no pedir ayuda era el orgullo,
y le tomó el brazo sano, colocando alrededor de sus hombros.
– Vamos.
Shiryou se apoyó, mirándolo de soslayo y dejándose
caer al suelo una vez llegaron a la habitación -¿Cómo
es que me estás ayudando, Shisou sensei?- sonrió de
medio lado cerrando los ojos -Yo no empecé… fue él.
- Encontraría eso difícil de creer si no fuera porque
lo he conocido antes. – le contestó, arrodillándose
frente a él y tomando su brazo para examinarlo, sin dignarse
a responder a su pregunta. Ni él mismo estaba seguro de saber
la respuesta. – Pero aún así, debiste decir
o hacer algo para enfadarlo tanto. Es muy poderoso. – añadió,
para sí mismo, intrigado de que alguien pudiese lastimar
así al demonio.
-Seh… es muy poderoso…- el moreno abrió los
ojos para mirarlo -No sufre dolor… y no puedo matarlo…
Tampoco va a matarme, es demasiado inteligente… Quería
cortarme los brazos… tendría que encontrar un nuevo
continente…- se rió un poco, un tanto cansado -Yo no
hice nada… sólo les dije que Aziel no envejecería
y Kan sí… que se moriría y Aziel no. Pensé
que querrían saberlo, yo no lo sabía…
- E imagino que eso inquietó a Kan, ¿no? Gracias
– le dijo al guardia que le había ido a buscar lo que
necesitaba, tomándolo y esperando a que el hombre se retirase.
– Y ¿qué esperabas que sucediera? ¿Qué
te dieran las gracias? Sería bueno de vez en cuando, que
te entretuvieras, leyendo un libro o algo así – sonrió
de medio lado, sacando el desinfectante, bastante seguro de que
no se los había dicho precisamente por ofrecer un servicio
a la comunidad.
Shiryou se rió, mirándolo -No, no me interesa leer,
me hace más gracia enfadar a Aziel…- le pasó
los dedos por los labios acariciándoselos -¿Me quieres?-
preguntó, riéndose a carcajadas entonces y rodeándole
la nuca para que se acercara.
- Me agradas – le sonrió el moreno, dejando que lo
acercara, pero no dispuesto a dar su brazo a torcer, y disparando
el desinfectante en el brazo de Shiryou.
El moreno hizo una mueca al sentir cómo le escocía
en la herida -No sabía que tuvieses ese gusto por el sadismo…-
sonrió de medio lado, tratando de materializar las alas y
sin el poder suficiente para hacerlo, sólo comprobaba -Te
he obedecido … me merezco algo a cambio… ese fue el
trato- dijo tentando a la suerte y sonriendo descarado.
- No estoy siendo sádico, sólo te curo. No quieres
que se te infecte, ¿verdad? – lo miró a los
ojos, preguntándose qué estaría pensando. –
¿Sabes? Me resulta interesante como siempre dices que me
obedeces cuando no te queda otra alternativa. ¿Qué
será lo que quieres ahora, Shiryou? Recuerda que lo que viene
rápido, se va rápido.
-Pero de todos modos te habría obedecido… estuve todo
ese tiempo en el cuarto con Tama, y no le hice nada… No puedes
demostrar que obedeciese sólo porque no tenía más
remedio- se rió entre dientes -No quiero nada rápido…
y menos lo que estás pensando- se rió ligeramente,
mirándolo a los ojos -Ni siquiera puedo levantarme…
- Bien, supongo que tienes razón. – se separó,
pasándole un algodón por la herida, retirando el exceso
de sangre, antes de empezar a vendarla. Era bastante grave, pero
no demasiado. Después de todo, no estaba tratando a un humano.
– Entonces.....¿asumo que quieres algo lento? –
bromeó, dirigiéndole una breve mirada, para volver
a concentrarse en su trabajo.
El demonio se rió entre dientes mirando cómo lo curaba.
Lo cierto es que era la primera vez que alguien lo atendía
por iniciativa propia -¿Sabes qué hablé cuando
salí aquella noche? Hablé sobre qué había
que hacer para amar a alguien y que te amase…- se apoyó
en una mano, enderezándose a medias, sólo para alcanzar
los labios del doctor con los suyos sólo rozándolos
-Me dijo que llevaba tiempo también… pero Tama me quiere
¿verdad?
- Tama quiere a todo el mundo – le sonrió contra sus
labios, entrecerrando un poco los ojos. – Así que dime,
Camadai, ¿acaso quieres a Tama?
-No…- el moreno se rió contra sus labios, poniéndose
serio y mordiéndole ligeramente el labio inferior -pero no
es esa clase de amor ¿verdad que no? No es eso lo que yo
quiero… es otra cosa… Tama simplemente… me agrada,
que ya es mucho decir, así que no permitiré que nadie
le haga daño- sonrió de nuevo contra sus labios.
- Me sorprendes, Camadai. – lo miró a los ojos, sin
dejar de sonreír. De veras no imaginaba que pudiese interesarse
por nadie que no fuera él mismo. – Vi tu foto, ¿sabes?
-No sé de qué foto hablas…- el moreno lo miró
a los ojos, bajando la mano entre el cuello de su camisa y desabrochándola
poco a poco con la mano que tenía bien, apoyando la cabeza
en sus piernas y deslizando las yemas de los dedos por su pecho
desnudo.
- Tú y ese chico....Kei. Salieron en una revista, haciendo
el amor....- le contestó, mientras colocaba su mano sobre
la del moreno, sin detener el movimiento. – Es famoso.
-¿Ah sí? ¿Famoso por qué? Ah, ya….
Sí… me dijo que podría ser modelo…Él
contestó a mis preguntas…- sonrió un poco, pensando
en que eso no servía de nada -Sí… ¿y
qué? ¿Te gustó?- se burló ligeramente
-Él quiso hacer el amor conmigo, ni siquiera se lo había
insinuado…- se giró un poco sobre las piernas del moreno
lamiendo su sexo sobre el pantalón.
Shisou el sujetó el cabello, sintiéndose algo acalorado.
– Deberías....escoger a alguien menos notorio la próxima
vez. No es que me importe demasiado, nadie puede comprobar que seas
tú. – sonrió, mirando hacia abajo. - ¿Tienes
fuerzas.....para estar haciendo eso?
-A ti sí eres mi amo…- el moreno subió por
su abdomen hasta su pecho, lamiendo uno de sus pezones y besándole
el cuello volviendo a él de nuevo -No sabía que fuera
famoso…- comentó, hablando contra su piel -no volverá
a suceder …- se paró de nuevo, con los labios contra
los suyos buscando que lo besara y entreabriéndolos.
- Está bien, todos piensan que es una campaña publicitaria.....
– sonrió, sintiendo su respiración y abriendo
sus propios labios, acariciando con ellos los del demonio, besándolo
finalmente.
Camadai acarició el pecho del moreno rozando uno de sus
pezones con las yemas de dos dedos, besándolo lentamente,
sonriendo levemente por haber conseguido finalmente lo que buscaba
-Supongo que ahora ya soy modelo entonces…- se rió,
acostándose en el suelo y pasando los dedos por los labios
del moreno -¿Seguro que está bien que estés
aquí cuidándome mientras tu sensei está herido…?
- Jaken sensei.......es mucho más fuerte de lo que piensas.
– murmuró, pensativo. Lo cierto es que no se quitaba
aquella mirada de furia de la cabeza. Se agachó sobre el
moreno de nuevo, mirándolo a los ojos. – Aunque tal
vez sí debería irme ahora.
-No… él me derrotó una vez… claro que
es fuerte… A mí nunca me derrotaría alguien
débil, Shisou... sensei- Shiryou le pasó la mano por
entre los dos pectorales a través de la abertura de la camisa
sujetando la cintura de su pantalón y atrayéndolo
hacia él -Sí… tal vez sea mejor que te vayas…
- Bien, entonces......creo que me iré. – le susurró
en los labios, separándose un poco luego y concentrándose
en hacerlo sentir como si le estuviese lamiendo el sexo, aún
sin tocarlo para nada, poniéndose de pie. – Un cariñito,
para que pienses en mí. – le sonrió de medio
lado, antes de girarse para salir.
El demonio echó un brazo detrás de su cabeza observándolo
salir y jugando con la lengua en sus labios -Qué cruel…
sensei… hará que me obsesione…- dejó escapar
entre los labios con una sonrisa suave dibujada en ellos. Se giró
de lado cuando cerró la puerta observándose la mano
vendada y preguntándose cómo matar a un muerto…
sólo lo excitaba más. Tal vez a aquello se refería
el doctor Jaken con que sabía cómo matarlo.
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