.Devils Throat- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 8
The inevitable fate

Noviembre 4, Miércoles

Roi se sentó sobre unas cajas mientras esperaba a que llegase la embarcación, bajando un poco la cabeza para taparse la nariz, y cerrando los ojos ya que estaba medio dormido.

–Hola –lo saludó Ash como siempre, sacándolo de su ensimismamiento –. ¿Aún no llega, eh?

–No… –murmuró, por poco bostezando ruidosamente y bajando más la cabeza para hacerlo bajo la palestina –¿Viste a ese tipo que subió cuando llegamos?

–Sí, ¿crees que es el nuevo profesor?

–Supongo, pero es joven y eso es raro, hasta ahora todos parecían sacados de un asilo.

–Pero seguramente es porque llevan siglos en esta isla… ¿Por qué traerían a alguien de afuera? Sí es raro…

–Porque no les quedaban profesores de literatura milenarios, están todos en caja ya –se encogió de hombros, mirándolo –. No está mal, tiene un polvo.

–¿Tú crees? –le preguntó metiéndose las manos en los bolsillos y evitando mencionar que él también había pensado lo mismo. De todas maneras no importaba, era un profesor.

–Yo creo que sí, aunque no es mi tipo, pero puedo ver que está bueno… aunque a lo mejor se saca la ropa y tiene panza… –se rio con malicia, estirando el brazo de pronto y apretándole la barriga con un dedo, sólo para comprobar que estaba duro.

–No hagas eso –se protegió enrojeciendo, aunque sonriendo luego –. No creo que tenga panza.

–No sé… a mí siempre me preocupan esa clase de sorpresas –le confesó, guardándose las manos en los bolsillos otra vez –. ¿A ti no?

–Algo, pero es que no lo creo –negó aunque no sabía por qué no lo creía. Tal vez no quería simplemente –. No me digas que pensabas que yo tenía una –lo miró con sospecha de pronto, ya que lo había tocado.

–No, pero me preguntaba si estabas flojo, aunque suponía que no porque trabajas. Vamos –le dijo al escuchar la embarcación atracando –. El tío se veía feliz, tú espera a que pase tres días aquí.

–Seguro piensa que es un paraíso. Y sinceramente… qué temporada para llegar, ¿eh? –se rio siguiéndolo y esperando a que la embarcación se detuviese.

Aquel hombre rubio se bajó casi enseguida, saludándolos con un:

–Buenas noches –antes de proseguir su camino. Estaba casi seguro de que eran estudiantes del internado, pero no eran visitantes frecuentes de la biblioteca.

–Ese tío es extraño… –murmuró Roi, subiéndose a la embarcación y sentándose en los bancos del medio.

–Un poco, sí… –Ash se encogió de hombros mientras se sentaba a su lado –Da igual, es como si no estuviera.

–Para lo que yo voy a la biblioteca… –se encogió de hombros también –¿Crees que ese profesor nuevo se habrá quedado en la isla? En el internado a lo mejor.

–Supongo… No vino en este viaje y no hay muchos lugares en donde quedarse –le contestó alborotándose el cabello.

–Pues seguro que se ha formado una buena, teniendo en cuenta que no hay mucho que hacer… Seguro que al final es un plomo como todos, o no… yo qué sé.

–Lo será, todos los profesores lo son –le aseguró, aunque pensando de pronto que le faltaba una tarea por hacer y tendría demasiado sueño cuando llegase a casa.

–Así podemos dormir mejor… –se rio, metiéndose la mano por la palestina para quitar los auriculares, que le estaban molestando –Nunca tengo hambre por las noches con lo cansado que estoy, sólo me meto en la cama –murmuró de pronto, notando que “el capitán” como lo llamaban, se estaba comiendo un bocadillo.

–Me pasa lo mismo, una vez ni siquiera me quité la ropa –sonrió un poco, mirando el agua –. Y me quedo dormido a menudo…

–Yo también, y la ropa… sólo me la quito muy de vez en cuando, en verano sobre todo. Antes de ayer no me la saqué –sonrió también, con la cabeza gacha para no enfriarse la nariz –. ¿A ti te gustan las tías?

Ash enrojeció bajando más la cabeza para que no lo mirase.

–No… –contestó mirándolo de soslayo.

–A mí algunas, aunque me gustan más los tíos –lo miró de soslayo también, riéndose un poco de pronto y dándole con el codo –. Qué cara.

–No es gracioso… –se quejó, aunque riéndose un poco y mirándolo de aquella manera, sin alzar demasiado la cara.

–Sí, lo es. Te has puesto rojo –se recostó un poco en el asiento, con las manos dentro de los bolsillos de la cazadora de cuero negro –. ¿Cómo quién?

–Na… nadie en especial –le contestó desviando la mirada de nuevo y enrojeciendo aún más. La verdad es que siempre había sentido una atracción hacia él, se preguntaba si lo notaría en su gesto.

–A mí tampoco me gusta nadie en especial, y de todas maneras no tengo tiempo.

–No, eso, no hay tiempo, ¿verdad? –se rio con alivio Ash, pasándose una mano por la frente como secándose el sudor a pesar del frío que hacía.

–Pues no, por la mañana las clases, descanso un poco, y luego el trabajo… en algún momento tengo que dormir –movió un poco el hombro, de nuevo sintiendo que le dolía un poco –. Zeus se pasa la tarde jugando con Skylar a la consola.

–Sí… Debe ser agradable –murmuró mirando hacia el cielo oscuro ahora y suspirando luego –Bueno… por eso digo que son unos críos todavía. Y no contaste con hacer los deberes, casi siempre los olvido.

–No los cuento porque yo casi nunca los hago, así que eso no me quita tiempo. Mira… estoy yo para hacer ejercicios estúpidos en casa –se quejó, frunciendo el ceño –. Vamos –se puso en pie mientras la embarcación atracaba, y luego saltó a puerto.

Ash lo siguió riéndose un poco ya que lo hacía sentirse apoyado. Seguramente era el único que lo comprendía.

–No deberían poner deberes de todos modos, es inútil.

–Si estudias lo vas a hacer con o sin deberes, y si no… los deberes no van a hacerte aprobar. Creo que los ponen sólo porque sus vidas son aburridas y así se divierten corrigiendo.

–Tal vez… O porque se quieren vengar, yo lo haría –se rio enrojeciendo luego por lo que acababa de revelar.

–¿Tú te quieres vengar? –le dio una patadita a una piedra, haciéndola chocar contra la base metálica de una farola.

–Hum… a veces –confesó mirándolo y preguntándose si pensaba que estaba enfermo.

–¿De quién?

–No sé, de todos supongo. De cualquiera que la tenga más fácil que yo. ¿Te parece estúpido? –le preguntó encogiéndose de hombros y metiendo las manos en los bolsillos, aunque ahora no lo hacía por el frío.

–No, yo también me cabreo, y a veces odio a todo el mundo, es normal –se encogió de hombros, suspirando –. Cuando mi padre no regresó a casa… yo pensé que ojalá le hubiera ocurrido a otra persona.

–¿En serio? –sonrió un poco por sentirse comprendido –Yo hubiese querido conocer a mi madre. No es que mis abuelos fuesen malas personas, pero me siento enterrado en esta isla.

–Tu madre era de fuera, ¿no? –lo miró de soslayo, pensando que la gente decía muchas cosas pero no siempre podían creerse.

–Sí, pero murió dando a luz y mis abuelos… Bueno, no eran mis abuelos realmente, pero yo los llamaba así –lo miró de nuevo –. Era familia de mi abuela, creo que una sobrina o algo así.

El rubio lo miró, pensando que sus abuelos no parecían haberle hablado mucho de eso. Algo así decía, tal vez sólo era una amiga y no habían querido hacerle sentir que no formaba parte de la familia.

–Lo que importa es lo que consigamos a partir de ahora… supongo.

–Sí, supongo… Tal vez deberíamos mudarnos a la ciudad cuando nos graduemos, alquilar algo juntos –lo miró un poco rojo.

–Tal vez… si no acabo trabajando de camionero o embarcado –le recordó, ya que entonces iba a estar siempre solo de todas formas –. Y tengo un perro.

–Puedo cuidar de tu perro cuando salgas de viaje. ¿O puedes llevarlo? –le preguntó curioso.

–En un barco no, pero supongo que si el camión es mío, lo llevo si me da la gana, claro… –se rio, imaginándose a alguien diciéndole lo que tenía que hacer, claro ni siquiera estaba acostumbrado a eso ya –Bueno, yo me voy por aquí –le señaló –. Nos vemos mañana –le dio en la espalda con la mano, de forma poco delicada en realidad.

–Sí –se despidió el chico sin fijarse en eso, alejándose hacia su casa. Hubiese querido que le dijera que se mudaría con él, pero suponía que era natural. Se preguntaba si realmente terminaría embarcándose como su padre.


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