Capítulo 11
Knowledge is power
Noviembre 5, Jueves
Sneik entró en la biblioteca como se había acostumbrado
a hacer, llevando con él dos libros que le habían
llegado, ya que pretendía contrastar informaciones con los
libros que estaba usando en la biblioteca.
Lo buscó por entre las estanterías altas y viejas,
notando cómo alzaba la mirada de su libro para observarlo.
–Buenas tardes –lo saludó primero –.
¿Me puede dejar esos libros de nuevo? –le preguntó,
ya que sabía que se los tenía apartados.
–Buenas tardes –lo saludó colocando el separador
en su libro con toda la calma del mundo, antes de ponerse de pie
–. Por supuesto. ¿Te han sido de utilidad?
–Quería contrastarlos con unos libros que había
encargado –se los mostró por si deseaba verlos, aunque
sólo fuera por curiosidad. “Criminología forense”
y “Las muchas muertes” eran ambos títulos.
–Oh, interesante. Estos no están en la colección
–los revisó leyendo las contraportadas con interés.
Estaba preguntándose si debía encargarlos para la
biblioteca, pero lo más seguro era que le negasen el presupuesto.
Era una colección muy extensa, pero no la actualizaban a
menudo.
–Los donaré cuando haya acabado con ellos, de todas
formas con la memoria que tengo no creo tener que necesitar volver
a consultarlos, y si lo necesito, aquí están a buen
recaudo –lo miraba atentamente, como si fuera otra materia
a estudiar –. Todavía no nos hemos presentado, me llamo
Sneik, Sneik Kissinger –le ofreció su mano, esperando.
–Gale Armstrong –se presentó el bibliotecario,
estrechando su mano –. Y muchas gracias por la donación,
lo digo por adelantado. Me interesan mucho este tipo de cosas.
–¿Sí? Eso me sorprende, pensaba que simplemente
le parecían tan interesantes como cualquier otra cosa. Bueno,
quiero decir que se nota que es un hombre culto que no desecha ninguna
clase de saber –lo miró a los ojos de nuevo, tras haber
soltado ya su mano –. El primer día no pude evitar
fijarme en lo que estaba leyendo.
–No lo hago, pero me interesa mucho la filosofía
detrás de todo. O casi todo… –se rio un poco,
devolviéndole la mirada –Esta isla está llena
de mitología. Creo que se puede comprender la historia a
través de la misma.
–¿Podemos hablar de eso? –le preguntó,
aproximándose un poco para impulsarlo a tomar asiento.
–No lo sé, ¿podemos? –sonrió un
poco, apartando una silla para sentarse allí mismo –¿Te
interesa la mitología?
–Me interesa saber lo que piensa la gente de las cosas que
les dan miedo –se sentó, acompañándolo
y sentándose frente a él.
–Bueno, por lo que he visto, las personas siempre tratan
de darle alguna explicación a aquello que los asusta. En
ese aspecto, los escépticos y los creyentes no son muy distintos
entre sí. O es un fenómeno natural o es un dios…
demonio, lo que sea.
El chico se rio suavemente, pensando que eso era muy cierto, nunca
lo había pensado de esa manera, pero había personas
que se ponían tan enfermizamente escépticas que sólo
decían sinsentidos.
–En una ocasión, durante un documental sobre la combustión
espontánea, un hombre fue tan escéptico, que daba
la impresión de que cualquier cosa podía provocar
un incendio. Fue increíblemente ridículo, no dejaba
de preguntarme cómo es que no sucedía continuamente
entonces.
–Es lo que sucede cuando fuerzas una explicación
–se rio ligeramente, apoyando ambas manos sobre la mesa –.
Por eso prefiero este tipo de libros, creo que revelan mucho más
de la naturaleza humana. Y como dije antes, no soy tan arrogante
como para pensar que lo sé todo.
–A mí me gusta leer ambas cosas a la vez, lo estrictamente
comprobado, y lo… espiritual. No me gusta concentrarme en
una sola cosa porque me dejo llevar fácilmente cuando me
entusiasman, y algunos de estos escritores… desde luego que
saben cómo hacerlo –sonrió, mirando los libros
y luego sus manos –. ¿Vive en la ciudad?
–Sí, no me gusta mucho el ambiente de pueblo, a pesar
de todo –le contestó algo pensativo –. Supongo
que tampoco te sientes a gusto aquí.
–Lo detesto… –le dijo sin embargo sin hacer
ningún gesto que reflejase eso mismo, apoyó los codos
en la mesa y juntó los dedos de las manos, pensativo –Duermo
en un cuarto pequeño, y compartido.
–Debe ser terrible –suspiro el bibliotecario observando
sus manos por un momento –¿Os dejan salir durante la
tarde? Ya no lo recuerdo.
–A mí sí, pero no a todos. De todas formas
no salgo… –sonrió ligeramente, pero se notaba
que era una sonrisa enervada y se tocó un índice con
el otro –Ni siquiera hay aceras para llegar hasta el puerto.
–No, no las hay. Me lo preguntaba porque hay un lugar en
esta isla, supuestamente está maldito. Es como un agujero
del infierno.
–¿Eso creen? Nunca he oído hablar de eso…
–le dijo como pidiendo que le explicase más.
–Sí, está en el lado sur, dicen que es la
entrada del infierno y que allí se puede escuchar el lamento
de los torturados por sus pecados –le contestó sonriendo
un poco –. En realidad es una grieta que desciende hasta el
mar, lo más probable es que sólo se escuche el aullido
del viento pasando entre las rocas, pero me parece interesante.
–A mí también… No ha ido entonces todavía
–se preguntó.
–No, no soy muy… explorador. Prefiero este tipo de
investigaciones –tocó el libro que tenía cerca
riéndose un poco –, pero admito que me da algo de curiosidad.
Sneik sonrió ligeramente, él sin embargo no podía
soportar la curiosidad de comprobar las cosas por él mismo
por mucho tiempo.
–Creo que iré a verlo, y entonces tendré algo
interesante que contarle cuando regrese, si es que no me lleva el
diablo –se levantó, ya que de nuevo consideraba que
lo había molestado demasiado en sus horas de trabajo.
–No creo que te lleve el diablo. Creo que en todo caso, ya
debe de estar bastante ocupado –le sonrió poniéndose
de pie también –. ¿No te vas a llevar los libros?
–Sí, sólo voy a sentarme donde el otro día,
creo que ya he adoptado ese lugar como “mi lugar de lectura”
–se explicó, cogiendo los libros que él había
llevado, de la mesa, y siguiéndolo para que le dejase los
otros –. ¿Ha conocido al profesor Losada?
–No, aún no. Es el nuevo profesor de literatura,
¿supongo? –le preguntó consciente de que era
posible que pasasen meses sin conocerlo de todas maneras. Todo dependía
de si subía la biblioteca o no.
–Sí, no es muy convencional, pero me pareció
interesante, retador. Me he apuntado a unas clases de arte dramático
que va a impartir, aunque no creo que me gusten.
–Tal vez te sorprendas. Tengo algunos libros sobre teatro
si te interesan –le ofreció indicándole un pasillo
a su derecha.
–Lo cierto es que he pensado que tal como soy, tal vez me
haría falta saber un poco de interpretación –sonrió
ligeramente –. Vivimos en la sociedad del cinismo después
de todo.
Gale se rio sin creerse que le dijera algo así.
–Creo que te será interesante, aunque yo no soy muy
bueno fingiendo.
–A mí no se me da tan mal, pero todavía hay
personas que pueden verlo… –se quedó pensativo
y luego sonrió otra vez –Entonces si me deja ese libro
también...
–Por supuesto –se apartó para ir a buscarlo,
entregándoselo. Realmente estaba sorprendido de tener alguien
con quien conversar de una manera placentera.

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