Capítulo 13
Actions speak louder
Noviembre 6, Viernes
Roi corrió unos pasos, sólo para alcanzar a Ash,
y le sujetó el hombro.
–Eh… Estás como una tapia.
–¿Yo? No… No te escuché –lo miró
preguntándose desde cuando lo habría estado llamando,
no se había dado cuenta.
–Ya sé… –se guardó las manos en
los bolsillos y se puso a caminar a su lado, pensando que hoy iba
a ser un día tenso, y para colmo había olvidado llamar
a Zeus ayer, e iba a pensar que no quería hablarle o algo
así.
Ash lo miró de soslayo y le dio un codazo de pronto para
que espabilara.
–¿Estás bien?
–Sí… No, estoy rallado por lo de ayer –le
explicó, encogiéndose de hombros después.
–Bueno… Creo que deberías pensar en lo que
quieres hacer tú, después de todo –le aconsejó
pensando en lo que le había dicho el profesor la noche anterior
y a pesar de que lo hacía sentir incómodo.
–No lo sé –bajó la mirada, dando una
zancada para evitar un charco y observando luego el vaho que salía
de entre sus labios al respirar –. ¿Tú guardas
parte de lo que ganas? ¿Tienes pasta para después?
–Sí, bueno… no mucha, pero trato de ahorrar
algo. No quiero seguir en lo mismo toda la vida. ¿Por qué?
–le peguntó distrayéndose del otro tema.
–No sé… por lo que me dijiste de compartir
piso. He pensado que podríamos alquilar un bajo por aquí
al principio, y dormir allí mismo… pero utilizarlo
como bar, o pub, o una de esas cosas que les gustan a los guiris
que vienen en verano… –cogió un chicle y se lo
metió en la boca, mirándolo de soslayo –¿Porque
lo decías en serio, no?
–Sí, sí lo decía en serio –asintió
sonriendo un poco. No sería una mala idea aquello de poner
un negocio.
–Vale –sonrió también, cobijando los
labios de nuevo tras la palestina, y la punta de la nariz. Saltó
un poco y lo empujó con el hombro.
Ash lo empujó de vuelta, riéndose en bajito y bajando
la cara también.
–Qué bonito… –les dijo desde atrás
Vargas, apoyándoles una mano a cada uno en la cabeza y pasando
entre ellos con la sonrisa en los labios.
El rubio se recolocó la gorra, frunciendo el ceño
algo rojo y observando cómo entraba en el edificio, sólo
para salir de nuevo acto seguido y tirar el cigarro.
–Coño… –murmuró, haciendo que
ahora sonriese el rubio.
Ash también se rio, aunque cubriéndose la boca luego
por vergüenza.
–Vive en la casa de al lado.
–¿Ah sí? Me cae bien… es enrollado.
–No está mal… No es como los otros profesores
–le comentó, pensando que mejor no le decía
que le había dado cena, por alguna razón le daba vergüenza.
–No, además nos va a llevar a jugar al fútbol,
a mí me apetece, aunque me canse, para eso sí hago
el esfuerzo –se rio, aunque luego se quedó un poco
más serio al llegar al pasillo de la clase.
Ash lo miró, pensando que mejor no le decía lo del
teatro aún, aunque seguía intentando decidir aquello.
Le dio una palmada en la espalda como dándole apoyo.
El rubio suspiró, calándose un poco la gorra y sintiéndose
aliviado al ver que Zeus no había llegado, al menos no tenía
que estar nervioso mientras iba hacia su sitio.
Sin embargo, Jari sí que iba entrando. Se sentó
en su puesto, sonriéndole y saludando con la mano.
–Hola, Roi…
–Hola… –lo miró de soslayo, apoyándose
en un codo y haciéndose el loco, pero lo cierto es que notaba
que estaba rojo.
Sneik los miró con interés, y luego se giró
hacia Skylar, hablando en un tono moderadamente bajo.
–¿Tienes algo que hacer por la tarde?
–No, si tú tienes algo más interesante que
proponerme –le sonrió el chico interesado y también
dejando de prestarle atención a Roy y Jari.
–El hombre de la biblioteca me ha dicho que hay un lugar
en el que se dicen aquí que se escuchan las voces de los
condenados… como una puerta al infierno. Sé que no
es cierto, pero quiero verlo, creí que podría interesarte
acompañarme –estaba mirando sus manos pero alzó
la vista a sus ojos, por algún motivo prefería no
revelarle el nombre del bibliotecario.
–Claro que me interesa, podría ser divertido. ¿Sabes
en dónde queda exactamente? –le preguntó activándose
mentalmente y de pronto pensando que nunca había subido a
la biblioteca.
–No, al sur, pero seguramente será sencillo si le
preguntamos a algún aldeano. No le digas nada a los demás,
o se convertirá en una excursión de parvulario –le
dio la espalda de nuevo para sentarse bien, colocando sus cosas
sobre la mesa de forma maniáticamente recta, y de alguna
forma equilibrando el espacio del que disponía.
Roi se giró un poco para mirar a Jari, y se hizo el loco
al encontrarse con su mirada, volviendo a mirar adelante e incluso
hundiéndose un poco en la silla con las manos caladas en
los bolsillos. Alzó la vista cuando notó que entraba
alguien.
–Al final no me llamaste –le recordó Zeus,
tocando la mesa con una mano y parándose frente a la misma.
–Ah… ya, me olvidé. Podrías haberme
llamado tú.
–Me olvidé… –le dio a la mesa con los
nudillos y se sentó tras él en su pupitre, girándose
un poco –¿A qué hora quedamos? –preguntó
en general.
–Yo digo que a las diez –alzó la mano Jari,
mirando a Zeus a los ojos entonces y pensando que no había
podido hablar con él.
Ash se encogió de hombros ya que le daba igual.
–¿Sabéis a dónde vamos? –preguntó
Skylar por si aquella excursión demoraba un poco más.
–Por ahí, a varios sitios, ¿no? –Zeus
le devolvió la mirada, incluso mientras hablaba –A
ver qué hay.
–A ver qué hay… –contestó Skylar
notando aquella tensión entre los tres como si no fuera obvia,
y suspirando, girándose para mirar los libros.
–Zeus, ¿podemos hablar luego? –le preguntó
Jari de todos modos.
–Podemos hablar cuando quieras, ya lo sabes –le contestó
sin apartar la mirada, aunque se estaba estallando los dedos de
la mano con el pulgar.
–Pero no me golpearías, ¿verdad? –le
sonrió mirando su mano y poniéndose un poco nervioso.
Ash carraspeó seguro de que ni estaban pensando en donde
estaban.
–Qué chorrada… –murmuró, parando
de hacer eso ya que no había sido adrede, y se volteó
hacia delante serio, dejando de mirarlo al fin y colocando sus cosas
sobre la mesa. Roi suspiró pesadamente, pensando que odiaba
aquello y cruzando los brazos sobre la mesa.
....
Tras las clases, Zeus se quedó en su cuarto, sentado en
la cama y esperando a que Jari fuese por ahí a hablar con
él. No quería hablar con él, pero evitarlo
no tenía sentido.
El chico lo estaba mirando desde la puerta y se fue acercando
poco a poco, nervioso. Le agradaba Zeus, no quería lastimarlo
y la verdad… no estaba seguro de lo que quería.
–Hola.
–Hola –lo miró fijamente, apoyándose
las manos en las rodillas enderezando la espalda, aunque luego se
volvió a apoyar con los codos.
–¿Estás molesto conmigo? –le preguntó
sentándose a su lado y sonriendo un poco.
Zeus se encogió de hombros.
–También, supongo.
–¿Por qué nunca me dijiste nada? –le
preguntó moviendo las piernas y bajando un poco la cabeza.
–Te lo dije muchas veces. Además… que no soy
gilipollas.
–Pero me dijiste lo mismo que le dices a todos, eso no cuenta…
–se quejó recostándose hacia atrás un
poco y mirándolo de soslayo –¿Es lo mismo que
con todos?
–Siempre te lo digo a ti primero, pero como me dices que
no, se lo digo a otros porque no me gusta quedar mal –él
lo miró directamente –. ¿Qué más
te da eso? A ti siempre te ha gustado él, desde que llegaste.
–Sí, pero me agradas, y no quería hacerte
daño –le contestó pensando que se le notaba
que estaba enfadado –. Además, nunca tuve tiempo de
pensar en ti.
–Sí, ya sé que estabas muy ocupado pensando
en él… –frunció el ceño, pensando
que no tenía que decirle que no había pensado en él
ni siquiera –Bueno, ya hemos hablado.
–No, seguimos casi igual –el chico se acercó
mirándolo a los ojos –. Roi no ha hecho nada, se pasó
todo el rato diciéndome que eres su mejor amigo.
–Ya… –torció la sonrisa un poco, tocándose
la barbilla después.
–¿Me odias ahora? –le preguntó sin quitarle
la mirada de encima.
–No, me sigues gustando… –también lo
miraba directamente y le sujetó la nuca para besarlo.
Jari se resistió por un momento, dejándose besar
después y susurrando contra sus labios.
–Pero todavía no sé lo que siento.
Zeus lo miró a los ojos, nervioso, besándolo otra
vez. Al menos lo iba a hacer pensar en él. Le tiró
de una mano para que se sujetase a él.
Jari se sujetó, quedándose quieto sin saber qué
hacer, estaba confundido ahora. No podía decir que no se
sentía atraído por Zeus, pero tampoco había
dejado de gustarle Roi.
El moreno comenzó a recostarlo sobre la cama poco a poco,
sin dejar de besarlo y entreabriendo los ojos. Estaba tenso, pero
sabía muy bien lo que hacía, no es que se estuviera
dejando llevar simplemente. Jari suspiró, cerrando los ojos
y acariciándole la nuca, aunque intentando apartarlo con
suavidad.
La mano derecha de Zeus bajó por una de sus piernas y le
apretó el muslo, separándoselas para colarse entre
ellas y mirándolo a los ojos, dejando de besarlo unos segundos
y apretando las caderas contra las suyas, estaba empalmado y no
pensaba ocultarlo.
–Zeus… No puedo ahora –negó el chico,
aunque estaba un poco rojo y claramente tenía el corazón
acelerado. No es como que no notase el sexo erguido del moreno contra
su cuerpo.
–¿Por qué? –le besó el cuello,
subiendo la mano por sus nalgas y besándole tras la oreja
después –¿Te da miedo empezar a pensar en mí?
–susurró, acariciándole la oreja con los labios.
–Esto no es pensar –se rio, moviendo la cabeza a un
lado y entrecerrando los ojos –. Y eso es lo que necesito
hacer, pensar.
–Pues así te dejo algo en lo que pensar… –susurró,
subiéndole la camiseta y besándole el abdomen, pasando
la lengua por el borde del pantalón y rozándole la
piel.
–Zeus… Zeus… –Jari se alzó sobre
los brazos, pasándole una mano por el cabello –Zeus,
detente.
El moreno coló la lengua por el borde del pantalón
y rozó su sexo, sintiéndolo húmedo, tan sólo
fue un ligero roce, pero le hizo resoplar por la nariz y se alzó
para besarlo profunda y apasionadamente, acostándolo en la
cama y separándose por fin, sentándose otra vez, aunque
seguía mirándolo, y no inocentemente.
Jari lo miraba también y estaba respirando agitado. Se
sentó, pasándose ambas manos por el cabello.
–Lo… siento. Necesito pensar en todo esto… –se
levantó nervioso, girándose por un momento –Pero
vamos a salir esta noche, ¿verdad?
–Claro… ponte guapo, más aun.
–Sí, claro. Digo… –se rio, enrojeciendo
y pegándose un poco al marco de la puerta antes de salir,
acelerando de pronto sin ningún motivo.
Zeus se levantó, tocándose la nuca y pegándole
con los dedos a la mesa antes de entrar en el baño y encerrarse
allí, resoplando un poco.

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