Capítulo 26
Close your eyes and hope it goes away
Noviembre 8, Domingo.
–Roi –Ash salió de la cocina en donde había
estado bebiendo más café, como si le hiciera falta,
y se agachó al ver que venía acompañado –¡Bronco!
–lo llamó por ver si iba con él.
El perro corrió hacia él, sentándose y esperando
atenciones mientras movía la cola.
–Eh… ¿Qué haces ahí? –le
preguntó el rubio, que había ido a buscarlo a casa,
y al ver que no había nadie había decidido preguntarle
a Vargas. Para su sorpresa ambos estaban juntos en la casa de este.
El moreno le pasó sus llaves a Ash, lanzándoselas.
–Voy a la ciudad, cierra cuando salgas –le pidió,
poniéndose la cazadora con el cigarro colgando de los labios.
Le acarició la cabeza al perro y miró al chico –.
¿Todo bien? –le preguntó de pronto, por si no
quería que se fuera.
–Sí, todo bien, nos vemos luego –asintió
acariciando al perro después y sintiéndose un poco
como una mascota también –. Roi, tengo que contarte
algo, es… Aún no regreso a mi casa.
–Ciao –el profesor salió, cerrando la puerta,
y provocando que el rubio mirase atrás un momento.
–¿Qué pasa en tu casa? Estaba cerrada con
llave… estás en pijama y son las once…
–Creo que algo nos siguió desde la cueva, no te rías
–le pidió por si pensaba que estaba siendo infantil
–. Vargas también lo escuchó, lo vio…
estaba en mi casa y seguro que está hecha un desastre además.
El rubio esbozó una sonrisa, pero al ver la cara tan seria
que tenía, se le pasaron las ganas.
–¿En serio? ¿Pero qué ocurrió?
Bueno… recuerdo lo de la cueva casi…
–La puerta se abría y se cerraba, se rompieron unos
platos. Las luces también se encendían y se apagaban
solas… En realidad –lo miró sonriendo un poco
por vergüenza –. Incluso ahora tengo miedo de entrar
allí.
–Me parece normal… –miró hacia su casa
desde la ventana, pensando que parecía tranquila ahora –¿Quieres
que te vaya a buscar ropa yo?
–No, supongo que tengo que ir a ver qué más
está roto –exhaló con desgano –. Además,
no te voy a dejar entrar allí solo. Cerró la puerta
de la casa de Vargas, sacando sus propias llaves y mirando hacia
la suya.
–Bueno, Bronco está aquí. No sé si
a ti te tranquiliza, pero a mí sí –apoyó
la mano sobre la cabeza del perro, y el mismo lo miró a los
ojos.
–Sí, los perros pueden sentir esas cosas –asintió
mirándolo y pensando que se veía igual que siempre,
antes de abrir la puerta. Intentó encender la luz de la sala,
pero tal y como lo había supuesto, la bombilla estaba fundida.
–Abriré las cortinas –le dijo el rubio, caminando
por el salón y pisando algo que se rompió todavía
más bajo su playero –. Creo que me he cargado algo…
–murmuró, notando que era una figurilla que Ash le
había dicho, que no le gustaba nada –, aunque me darás
las gracias –intentó reaccionar con naturalidad, corriendo
las cortinas y pensando que era extraño que Bronco no entrase.
Miró a la puerta, el perro estaba cuadrado en el umbral,
con el pelo del cuello erizado, mirando hacia las escaleras. A él
mismo se le puso de punta el vello de la nuca al verlo actuar así,
Bronco no era ningún perro miedoso precisamente.
Ash lo miró también, cada vez más nervioso.
Incluso empezaba a sentir aquel frío extraño, seco,
como el de la cueva.
–Gracias… –se rio, intentando calmarse y se asomó
a la cocina. Los platos rotos ya no estaban en el centro de la misma,
sino regados por todo el suelo –Me… mejor voy a buscar
la ropa y nos vamos. ¿Me acompañas?
–Voy… Bronco, ven –le ordenó.
El perro entró, aunque primero se volteó una vez,
como haciendo desistir a su dueño de sus intenciones, acompañándolo
finalmente al ver que no funcionaría.
–Sube –le dijo, mandándolo a él primero
escalones arriba. Subió despacio en lugar de su habitual
trote pesado, con las orejas completamente tiesas.
–Bronco… no es así normalmente, ¿verdad?
–le preguntó Ash, caminando detrás del perro,
aunque parecían una procesión.
–No, está vigilando –le explicó tenso,
rascándose un poco el brazo.
Cuando llegaron al pasillo, esperó a que Ash abriese la
puerta de su cuarto y mandó entrar al perro negro, que pasó
al mismo con aquella desconfianza todavía, sentándose
en el suelo de pronto y mirando al techo.
Roi alzó la vista, pero no había absolutamente nada
extraño. Sin embargo el perro estaba girando la cabeza un
poco, y el rubio sabía que veía algo. Cuando se levantó
y comenzó a ladrar al techo con el lomo erizado de nuevo,
por poco pegó un grito.
–¡Ah! –Ash sí que gritó preguntándose
qué demonios pasaba ahora. Abrió un cajón sacando
un montón de ropa de un solo golpe, tampoco tenía
tanta. Recordó tomar ropa interior limpia también,
aunque le temblaban las manos y el perro seguía ladrando
–Ya la tengo, vá… ¡Ah! –saltó
hacia delante, por poco estrellándose contra Roi. No sabía
si eran sus nervios o qué, pero podía jurar que algo
le había tocado la nuca.
El rubio le sujetó la mano, corriendo afuera. El perro
todavía seguía en la habitación, y caminaba
hacia atrás, ladrando al techo y gruñendo, protegiéndolos
de algo que sólo el veía, colgando del techo boca
abajo y observándolo con una mueca horrenda.
–¡Bronco! –Roi lo llamó, y el perro esta
vez sí trotó por las escaleras, saliendo con ellos
de la casa y ladrando desde afuera todavía, realmente furioso.
Su dueño nunca lo había visto así.
Ash cerró la puerta, casi golpeándose con la misma
cuando una violenta y nada normal ráfaga de viento la empujó
contra él. El chico hizo fuerza, aunque le temblaba todo
el cuerpo ahora, y más aun gracias a los ladridos de Bronco.
Consiguió cerrarla, girando la llave en la misma y apartándose.
–En esa casa ocurre algo –Roi se quedó mirando
a la puerta, apoyando la mano sobre la cabeza del perro para que
se tranquilizase, y para agradecerle que los protegiese. Estaba
alterado, eso era decir poco –. ¿Quieres quedarte conmigo?
–Me estoy quedando con Vargas, me lo había ofrecido
de todos modos –lo miró enrojeciendo un poco, a pesar
de que seguía alterado –. No sé qué hacer,
¿eh? Vamos adentro…
–Vamos… –lo siguió, mirando atrás
un poco nervioso, sin quitar la mano de encima del cuello del perro
–Ayer dormiste con él entonces.
–Sí, pero no te hagas ideas, sólo dormimos.
Estaba preocupado por ti, pero parece que se quedó en la
casa… –miró hacia atrás también
mientras abría la puerta.
–No me hacía ideas, hasta que me has dado la idea…
–murmuró, aunque estaba sorprendido y lo miró
mientras entraban, no sin cierta presteza ambos –Te gusta.
–No… ¿De dónde sacas eso? –sonrió
enrojeciendo más y dejando la ropa sobre el sofá –No
es el momento además.
–Oh… –se sentó en el sofá, esperando
a que se vistiera y despachurrándole la cara al perro negro
–Tienes cara de oso –le dijo, a pesar de que más
bien en todo caso parecía un lobo o un pastor alemán.
–Tú tienes cara de oso –se rio Ash mientras
se cambiaba, aun rojo y sentándose luego a su lado, ya se
daría una ducha después. Ya no se ponía nervioso
por cambiarse frente a Roi, eso era extraño.
–Yo no… –se rio también, pensando en
esos tipos peludos vestidos de cuero –A mí me había
parecido que pasaba algo extraño cuando se fue, pero luego
pensé que estaba preocupado. Aunque la verdad, también
os fuisteis juntitos ayer por la noche. ¿No os pasaría
algo entonces?
–Bueno… te lo voy a decir, pero se supone que no lo
haga –le advirtió, aunque confiaba en Roi –.
Escuchamos unas cosas cuando subimos a ese agujero, como gemidos…
y el viento estaba muy raro.
–Tal vez ocurrió algo entonces. ¿Pero qué
se supone que hagas? Si la casa está maldita o algo así…
¿no vas a poder regresar? Bueno, no es la tuya por lo menos.
–No lo sé, puedo ir a buscar al padre, pero me parece
un poco dramático –exhaló hundiéndose
más en el sofá y estirando un brazo para acariciar
a Bronco –. Por lo menos se ha quedado allí.
–Sí, bueno, y tal vez se vaya si esperamos un poco
o algo así –sugirió, ya que eso de los curas
no era lo suyo de todas formas. Lo miró de soslayo, quitándose
la gorra y poniéndosela a él, bajándole la
visera para taparle los ojos, antes de abrazarlo.
–Tonto, ¿para qué haces eso? –se rio,
pero dejándose abrazar así mismo, lo cierto es que
lo necesitaba –¿Cómo estás tú?
–Con resaca… –se apartó después
de estrujarlo, y se puso la gorra de nuevo, suspirando y hundiéndose
en el viejo sofá –Tampoco sucedió nada.
–¿Pero vais bien, o no? No será porque te
quedaste dormido… –le preguntó por ver si sonreía
de nuevo.
El rubio sonrió efectivamente, ya que poco le había
faltado al final.
–Sí, vamos bien, dentro de lo que cabe. Discutimos
bastante, no me comprende muy bien, ni yo a él, pero me gusta…
es muy cariñoso conmigo además –se metió
las manos en los bolsillos del pantalón, pensando que se
notaba que además estaban hablando para no pensar en lo sucedido
–. Pero no sé, no quería que pasara algo estando
medio borracho y eso.
–Sí, eso no sería agradable –asintió
acomodándose contra él –. Creo que tienes que
ser paciente con alguien como Jari, se distrae con facilidad –le
aconsejó, riéndose un poco y pensando que era extraño
lo cómodo que se sentía ahora –. Me tienes a
mí si quieres hablar de cualquier cosa…
–Lo sé –apoyó la cabeza contra la suya,
y Bronco se acostó en el suelo a dormir –. Dice que
nos ayudará como camarero, aunque no le paguemos.
–¿En serio? Pero para eso… –se puso serio
ya que no quería lastimar a Roi, pero se preguntaba si el
chico realmente se quedaría en esa isla.
–Lo sé, bueno, él dice que se quedará,
ya veremos… –apoyó la cabeza contra el respaldo
del sofá, mirándolo –Pues yo creo que a él
le gustas, a Vargas.
–Vargas… Está bien, sí me gusta –confesó
frunciendo el ceño –, pero no sé, es un profesor
y acabo de conocerlo.
–Ya, bueno… No creo que eso importe mucho. Yo no conozco
a Jari tampoco, estamos en ello. Supongo que es parte de lo bueno…
–lo miró de soslayo, riéndose porque frunciese
el ceño –En cuanto a lo de ser profesor, bueno, a mí
eso me la pelaría.
–Pero es extraño, ¿no? No me pueden sacar
del internado por eso, ¿verdad? Ni a él… –le
preguntó preocupado de pronto –Casi nos besamos anoche.
–No, no pueden hacer eso. A él sí, a él
se le puede caer el pelo. Lo pueden quitar de la enseñanza,
mandarlo a juicio… –comenzó a enumerar.
–No puedo hacer nada entonces… –exhaló
cubriéndose la cara y protestando de aquella manera extraña.
–Bueno… ¿tampoco tenéis que poner un
anuncio? Aunque tal vez él no quiera arriesgarse. ¿Por
qué no os besasteis al final?
–La cosa esa, atacó en ese momento –lo miró
a través de los dedos. Ahora que lo pensaba era extraño
que no hubiera sucedido nada hasta esa hora, por eso había
pensado que su casa estaría segura durante el día,
no lo comprendía.
–Qué mal… –quiso contenerse, pero le
dio la risa –¿Y luego no volvisteis a hablar de eso?
–No, era incómodo, aunque estuvo leyéndome
para ayudarme a dormir –se rio un poco rojo –. Era una
historia gay y había sexo…
Roi se rio, pensando que sólo Vargas haría algo como
eso, ponerse a leer en alto una historia con sexo.
–Qué tío… ¿eh? Pero a ti te gusta,
¿no? ¿Mucho?
–Sí, es como… si estuviéramos conectados.
¿Sueno cursi? No jodas –se quejó de antemano
–. A veces me desespera, no sé cómo se puede
ser tan infantil a esa edad.
–No jodo –se rio, empujándolo un poco con el
hombro –. A mí también me desespera Jari, no
sé, supongo que es normal en la convivencia, aunque tú
no me desesperas…
–Tú tampoco me desesperas a mí. ¿Seguro
que no quieres reconsiderar? –bromeó dándole
un codazo.
–Me da miedo Jari –se rio, bromeando también
y descalzándose para pasar los pies por encima de Bronco
–. No sé qué decirte… Yo lo haría
igual, estar con él.
–¿Lo harías? –lo miró sopesándolo
–De todos modos me da vergüenza… Sabes que no soy
bueno para esas cosas.
–Si sucediese… bueno, no me detendría por esta
u otra norma. No voy a dejar que me digan de quién puedo
enamorarme –frunció el ceño, resoplando.
–No, pero no quiero joderle la vida, creo que ya la tiene
un poco jodida –se encogió de hombros –. Quiere
que aplique para una beca…
–Una cosa no tiene que ver con la otra y me mareas, pero
bueno… es lógico si se preocupa por ti. Tú eres
un buen estudiante y todo eso. Deberías hacerlo –movió
un poco la mano dentro del bolsillo, nervioso por perderlo –.
Y no creo que le jodas nada, no tenéis por qué hacerlo
público. Si los padres de Jari se enterasen, yo creo que
se lo llevarían de aquí también… –se
encogió de hombros, mirándolo.
–Pero a Jari no le van a prohibir hacer lo que sea que quiere
hacer –insistió, aunque suponía que no le permitirían
ser mesero en un bar de ambiente –. Bueno, pero le prometí
que miraría en las universidades que quedan cerca de aquí.
Yo ya tenía mis planes contigo de todas maneras.
–Bueno, tú tienes que elegir bien lo que más
te haga feliz. De todas formas no tenemos por qué distanciarnos,
¿no? He pensado que venderé la casa de mis padres,
de todas formas no pienso volver. Así tendré dinero
suficiente.
–No, no nos vamos a distanciar, pero… –lo miró
a los ojos –Todavía no he decidido nada.
–OK… –le dio en la pierna con una mano, apretándosela
–¿Has dormido algo?
–No, casi nada. Por eso estaba en pijama aún, acababa
de levantarme, pero… –se encogió de hombros de
nuevo –¿Quieres café? Hay mucho café.
–No… eso me da más dolor de cabeza –se
rio, moviendo el pie sobre Bronco –. Duerme ahora, Bronco
duerme, y yo estoy aquí.
–¿Seguro? Te aburrirás –lo miró,
aunque tentado de aceptar su oferta.
–No me aburro, no dormí nada y te acompañaré
en breves instantes –se rio.
–Vale, voy a buscar una manta –se puso de pie, preguntándose
si debía ofrecerle subir a la cama, pero no estaba seguro
de lo que pensaría Vargas.
–¿Voy contigo? –le dio con el pie en las nalgas,
molestando.
–No, no pasa nada aquí, idiota –se rio, cubriéndose
las nalgas y alejándose.
–Vale –se rio también, empujando un poco con
el pie a Bronco para que fuese con él, cosa que hizo encantado
con tal de explorar.
Ash le acarició la cabeza apenas llegó a su lado,
seguro de que a Vargas le encantaría eso, y riéndose.

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