.Devils Throat- Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 35
To need and be needed

Noviembre 11, martes.

Gale pasó la página de aquel libro sobre anatomía, no era un tema que le fascinase precisamente, pero ahora tenía razones para interesarse por el mismo. De todos modos, era interesante.

Escuchó cómo se abría la puerta de la biblioteca y alzó la mirada, sorprendido de recibir aquella visita.

–¿Puedo ayudarlo?

–Eso me pregunto yo –el moreno fue hacia la mesa y se quedó de pie frente a él, observándolo fijamente –. Ayer volvió a ocurrir, esta vez en mi casa. No creo que tenga ningún sentido que te hagas un recorrido por las dos, pero si quieres –le mostró la llave.

–¿Está seguro? –le preguntó, mirando la llave sintiéndose fascinado en realidad, mucho más ahora que el fenómeno no se
encontraba restringido a una sola casa.

–Sí, sólo… necesito dormir en algún sitio esta noche.

Gale lo miró a los ojos preguntándose si le estaba pidiendo un favor. Lo cierto es que aquello lo ponía incómodo, pero no creía que fuera a organizar una fiesta de adolescentes esa noche.

–Puede… quedarse aquí si quiere. Hay un sofá en la parte de atrás. Sólo… tenga cuidado con los libros.

–Estaba pensando en quedarme en el cuarto de Jari, y sé que Sneik es su compañero de cuarto –le explicó sus intenciones –. También sé que iría contra las normas entrar por la ventana y que él saliera…

–Ya comprendo –sonrió un poco, claramente aliviado, aunque había creído que el profesor estaba con Ash –. No será un problema, estoy seguro de que a Sneik no le molestará.

–Bien –le entregó las llaves por fin y luego se apoyó un poco en la mesa –. Y ya que va a entrar, si pasa por mi cuarto me trae un libro que hay sobre la mesita. Lo iba a coger hoy…, pero no tuve huevos a subir.

–No se preocupe, cuando se trata de libros, soy capaz de meter la mano en el fuego –le aseguró sinceramente, guardándose las llaves y pensando que Sneik estaría contento.

–Lo supuse, de todas formas va a tener todo el cuerpo en la hoguera –le adelantó, sentándose en el borde de la mesa sin mucho respeto –. La verdad es que pienso que… tal vez tiene algo que ver conmigo.

–¿Por qué piensa eso? –le preguntó interesado, apoyándose un poco en la mesa, decidiendo pasar de largo aquella manera de sentarse.

–La he escuchado llamarme, y Ash también… –se guardó las manos en los bolsillos de la chaqueta, suspirando.

–¿La ha escuchado? ¿Es una mujer? –lo miró preguntándose si simplemente la llamaba así por cosas suyas.

–Tiene voz de mujer…

–¿La reconoce? La voz…

–No, no es una voz reconocible, es algo deformado, y de todas formas no conozco a nadie que fuera a perseguirme.

–¿Seguro? –insistió, pensativo –¿Había ido a ese agujero antes? Ya sé que dijo que no, pero… ¿podría haberlo olvidado? Tal vez cuando era pequeño.

–No, no fui. Pero el día que estuvimos allí… Ash y yo estuvimos en la boca, ya lo sabes. Nos pareció sentir que ya entonces algo subía, y nos seguía.

–Sí, suponía que había comenzado ese día. Tal vez deberíais dormir en la ciudad, por ver si puede seguiros hasta allí –lo miró de nuevo –. Tal vez no sea algo personal, quizás solo intenta engañarlo –sonrió, de pronto pensando que se estaba dejando llevar demasiado y otorgándole cualidades al asunto que probablemente no tuviese.

–Sí, lo he pensado también, pero primero quiero saber si me sigue a mí o al él, por eso he pensado en pasar esta noche separados.
–Ya veo –alzó una ceja preguntándose con quién estaba finalmente. Se levantó de pronto, dirigiéndose hacia uno de los libreros –. Nunca he sido supersticioso, ¿sabe? Sin embargo, esto es algo que no puedo negar por completo, habiéndolo visto con mis propios ojos –regresó con dos libros bastante desgastados en las manos –Puede que esto le sirva, tienen información sobre tipos de protección sobrenatural y esa clase de cosas. Tendrá que firmar por ellos, claro.

–Ya… –los miró con escepticismo, finalmente decidiendo que si no, por lo menos le servirían para entretenerse. Firmó antes de que apuntase nada en la libreta y los sujetó, suspirando –Me los llevaré.

Sneik abrió la puerta y los miró desde el marco en silencio por un momento, cuando el profesor ya se levantaba de la mesa.

–Buenos días –dijo entonces.

–Hola, Sneik, ya me iba –le dijo el moreno mientras pasaba por su lado.

Gale se puso de pie para ir a recibir al chico, sonriéndole de manera muy distinta.

–Hola, Sneik, quería hablar contigo.

–¿Sí? ¿De qué? ¿De su presencia aquí? –le preguntó, apoyando el canto del libro que llevaba en la mano, contra su pecho como poniendo distancia.

Gale sonrió un poco más, complacido en realidad.

–Te aseguro que no estaba teniendo un affair… Vino a darme las llaves de su casa, anoche volvió a sucederles, esta vez allí.

–Oh… lo sabía –apartó el libro y lo besó, apoyándole una mano en el pecho y preguntándose por qué se sentaba sobre la mesa con esas confianzas –. Estará complacido.

–Lo estoy y además… ¿Te gustaría quedarte conmigo esta noche? Aquí… Ya que tu profesor quiere quedarse con Jari.

–Claro… ¿aquí? –sonrió, pensando que le gustaba la idea de dormir en la biblioteca, aunque era un lugar frío y eso no le gustaba.

–Hay un sofá en la parte de atrás, está protegido de las ventanas, no te preocupes –le tocó el cabello imaginando lo que le preocupaba, inclinándose para susurrar en su oído –. Será nuestro secreto.

Sneik se rozó un poco contra él, ya que le había hecho cosquillas.

–Me parece bien, pero espero que tenga unas mantas escondidas también… –sonrió un poco y se apartó, sujetándole el brazo para que lo siguiera –Me pregunto… por qué quiere Vargas dormir con él.

–Yo esperaba que tú pudieras decírmelo –se rio, asegurándole –. Tengo de todo, siempre estoy preparado.

–Eso no me sorprende… –sonrió de nuevo, rodeándolo por la espalda y pensando que le hacía feliz pasar la noche con él allí –Entonces le habrá dado sus llaves, ¿no? ¿Iremos al final de las clases?

–Claro, por cierto, piensa que puede tener algo personal con él, porque lo llama por su nombre –le comentó, resumiendo.

–Bueno, eso es algo que sólo él puede saber. Yo no creo haber escuchado ningún nombre –apoyó la cara entre sus omoplatos, pensativo y tocándole el pecho con las uñas, moviendo la tela del jersey. Se apartó, alejándose un poco para ir a sentarse en aquel sillón entre las estanterías que solían utilizar –. Hay gente que siempre se cree la culpable de las cosas.

–Sí, pero él dice que no hay motivos –lo siguió, sentándose frente a él –. Tal vez se siente responsable porque atacó a Ash.

–Tal vez…, ¿pero por qué se siente responsable de Ash? Todos lo vimos… –cruzó una pierna sobre la otra, mirándolo y dejando su
libro a un lado.

–Me dio la impresión de que tenía una relación especial con él, aunque ahora… ¿quién sabe? Quizás porque vive enfrente.

–A lo mejor conoce a su familia. Digo… ya sabe cómo son en los pueblos, al final resulta que todos son primos… –se rio, pasándose la mano por el cabello.

Gale se rio también.

–Sí, podría ser. Se me ha ocurrido otra cosa. Ellos dos estuvieron allí arriba, en la boca de ese agujero –lo miró a los ojos –. Puede que sea por eso, o puede que aun no haya encontrado a los demás.

–Pues vamos a buscarlo, ¿no? Y si no lo encontramos en su casa, tal vez sí en la boca –cruzó los brazos, mirándolo –. Tengo frío…

Gale se acercó, poniendo un brazo alrededor de los hombros del chico y frotándolos.

–Tienes muchas ganas de encontrarlo.

–Es interesante –echó la espalda hacia él, aproximándose y dejándose hacer –. Usted también las comparte.

–Por supuesto, nunca había visto algo así –sonrió sin dejar de calentarlo de aquella manera –. Siempre creí que había algo de verdad en estas leyendas, pero no imaginaba que fuera literal.

–Así que ahora siente que puede demostrar su teoría y machacar aunque sólo sea un poco, y metafóricamente a aquellos tan escépticos de los que hablamos la primera vez –sonrió, alzando una mano y tocando la suya, dibujando las venas sobre sus tendones –. ¿Sabe que hay un animal inmortal? Como el ave fénix, pero real.

–No, no lo sabía, tendrás que iluminarme.

–Se trata de unas medusas. No se mueren como las demás, tras reproducirse. Cuando lo hacen se regeneran… y vuelven a su primer estado. Cómo una mariposa que después de poner sus huevos se convirtiese de nuevo en pupa –sonrió, mirándolo –. Eso también parecería algo de superchería antes, ¿no?

–Sí, pero también me parece algo hermoso –asintió, sonriendo –. Hay muchas cosas que aún no se descubren.

–Sobre todo en el mar… –lo miró, pensando en lo atractivo que era, siempre tan inteligente y viendo las cosas de esa forma que iba más allá. Le besó la mandíbula, pensando que era la primera vez que se sentía ligado a alguien –No es muy agradable sentirse así –le tocó con un dedo la garganta, pasándolo por la nuez.

–¿Sentirse de qué manera? –lo miró sorprendido por su comentario y apretándolo un poco más contra él –¿Aún tienes frío?

–Ya no… –le tocó las clavículas con aquel mismo dedo, dejándose apretar así, mirándolo y buscando una palabra que le gustase para definir aquello –Dependiente.

–¿Te asusta necesitar a alguien? –le preguntó, acariciando su cabello ahora –Yo también te necesito, me siento ligeramente inmaduro.

–No lo es… –se rio, pensando que eso era descabellado –No me asusta, aunque sí me angustia –le pasó la mano por el pecho, mirándolo.

–¿Por qué? –se giró un poco para mirarlo a los ojos –Sneik, nunca he sido un hombre al que le dé miedo el compromiso, sólo me asusta comprometerme con cosas estúpidas.

–Porque podría cansarse de mí, o irse, o morirse, y entonces… ¿qué pasaría conmigo? –lo miró a los ojos, como esperando una respuesta matemáticamente demostrable.

–No puedo decirte que no moriré, eso ni yo lo sé, pero no voy a cansarme ni a abandonarte –le acarició una mejilla con delicadeza, mirándolo a los ojos –. He encontrado algo irreemplazable en ti.

Sneik se apoyó contra él, no muy satisfecho con su respuesta, ya que no dejaba de angustiarle el no saber lo que ocurriría. Por una vez, no quería conocer una respuesta a algo que le daba muchas vueltas a la cabeza.


–No me gusta necesitarlo todo el tiempo.
–Eso no se escucha muy bien –se rio un poco sin dejar de acariciarlo –. Eres un chico fuerte e inteligente. Me siento honrado de ser necesitado por ti.

–Todo el mundo necesita a alguien, ¿no? Eso es así… –le apoyó la mano en la mandíbula, mirándolo –¿Se sentía solo?

–Odio admitirlo, pero sí. No importa con cuantas personas hables o a quién te lleves a la cama si no encuentras un alma que se compenetre contigo.

Sneik sonrió un poco, pensando en su noche juntos y bajando el dedo entre sus pectorales.

–Yo no entiendo lo que significa necesitar llevarse a alguien a la cama, pero eso también lo tiene prohibido.

Gale se rio, asintiendo.

–Ya no lo necesito, he encontrado mi equilibrio en todos los sentidos. Mi complemento perfecto.

–Hum… ¿y cada cuánto se llevaba a alguien a su casa? Me molesta pensar que los llevaba a su casa –lo miró serio, apartándose un poco.

–No lo sé con exactitud. Solía ir a beber todos los sábados, pero no siempre regresaba acompañado –sonrió, acariciándole el cabello una vez más –. No estés celoso, no significaban nada para mí.

–No estoy celoso de un desahogo, sólo siento curiosidad –protestó aunque con aquel gesto de dignidad.

–Está bien, dime qué quieres saber. Soy un libro abierto para ti –le aseguró sonriendo un poco.

–Por ejemplo, quiero saber qué tipo de hombres escogía y por qué –se apoyó en su hombro y volvió a tocarle el pecho, pensando que no había estado mucho tiempo manteniendo la distancia, pero ahora no iba a alejarse otra vez, porque sería inmaduro.

–Hum… intentaba elegir hombres interesantes, pero hay escasez. En cuanto al físico, me gustan algo serios, misteriosos. La mayoría sólo lo consigue hasta que abre la boca –se rio, abrazándolo, previniendo que fuera a apartarse, aunque el rubio no pensaba hacerlo, en realidad le había dado la risa aquello último.

–Pero aun así lo hacía con ellos, eso es extraño para mí.

–Puedes ignorar el parloteo y concentrarte en otras cosas. Algunos no eran tan terribles.

–Yo no podría –se abrazó a él, pasando los brazos por encima de sus hombros y tocándole el cabello con una mano –. Me pregunto si no es mucho mejor entonces… “quedarse con uno mismo”, aunque yo nunca lo he hecho.

–¿Nunca? –le preguntó impresionado, mirándolo de soslayo –¿Por qué no?

–Nunca he sentido la necesidad. Aunque lo deseo a usted…, Gale –alzó la vista para que supiera que lo miraba.

El bibliotecario lo miró, serio, intensamente.

–Y yo te deseo a ti, Sneik. Como nunca he deseado a nadie.

El chico sonrió un poco, y le tocó los labios con un dedo antes de besarlo profundamente y arañarle un poco la nuca con las uñas. Lo besó otra vez y se apartó despacio, pensando que era divertido jugar así con él.

–¿Y a quién más ha deseado? ¿A todas esas personas con las que se acostaba?

–No, deseaba compañía, deseaba un cuerpo sobre el mío, no a ellos. A ti te deseo como persona, eres irresistible –sonrió besándole la frente.

–Hay personas que dicen que es mejor el sexo sin amor. Me lo pregunto… –lo miró serio, atento a su respuesta.

–Por supuesto que no lo es. Probablemente son las mismas personas que prefieren ver la película que leer el libro –le aseguró alzando la mirada –. Es algo superficial y a mí me gusta la profundidad.

Sneik lo miró, pensando que lo que decía tenía lógica, y se apoyó en su pecho después.

–De todas formas me da asco.

–De todas formas no creí que fueras de esos –sonrió, acariciándolo –. Eres muy inteligente y único.

–Si vamos a ir después de clase a eso… ¿puedo decirle a Skylar que nos acompañe?

–Claro, no es una cita privada. Eso vendrá después –le comentó de manera sumamente casual, recordando que el chico había expresado interés en ir –. ¿Te agrada mucho?

–Sí –sujetó un botón de la camisa por encima de la tela del jersey, jugueteando y pensando en lo que había dicho sobre su cita privada.

–Sí… –repitió, alzando una ceja –¿Invitarás a su novio?

–No… –le contestó por poco siendo más efusivo en su respuesta –Aunque si él lo hace no me quedará más remedio que aceptarlo.

–Voy a ponerme celoso –le advirtió medio en broma.

–No lo creo… –se rio, mirándolo luego y preguntándose si lo decía en serio –Skylar es muy inmaduro, pero si lo separas de los demás, es sorprendentemente más tranquilo. Además es… diferente y por eso puedo hablar con él.

–Está bien, sólo iba un poco en serio –se levantó, ofreciéndole una mano –. ¿Tienes que regresar a clases o puedo convencerte de que bebas el té conmigo?

–El té con usted, es más interesante –le sujetó la mano, levantándose con él para acompañarlo.


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