Capítulo 38
Yours
Noviembre 11, martes.
–¿Aún te duele? Insisto en que debiste ver
a un médico –Gale colocó la taza de té
caliente frente al chico, sentándose con la suya de café,
y abriendo otro de aquellos libros.
–No, estoy bien… –se rozó la mejilla
con un dedo –Sólo es una magulladura, y lo mismo me
diría un médico. Además, odio al médico
de la isla. No utiliza guantes, es repulsivo –cogió
la taza y se calentó las manos con ella. Se había
encerrado con Gale en la biblioteca, y Vargas estaba rondando por
el internado, para luego cuando todos se hubiesen retirado, ir al
cuarto con Jari. Sólo esperaba que no dejase allí
a aquel espíritu o lo que fuera.
–No puedo evitar preocuparme –le sonrió un
poco, tocándole la mejilla –. Estás bien, no
tienes demasiado frío, ¿verdad?
–No... –se acercó más a él, metiéndose
bajo su brazo como quien no lo hace –Me molesta todo esto.
No lo comprendo, y además nos ha agredido. Y no vuelva a
abandonarme –frunció el ceño, mirando el contenido
de la taza.
–No te abandonaba, sólo buscaba ese libro, te pedí
que salieras –lo apretó un poco contra sí, serio
–. Creí que me seguiría a mí, lo siento.
–Me da igual, no quiero alejarme… y que le pase algo
mientras yo estoy como si nada a salvo. ¿No recuerda lo que
hablamos?
–Sí, pero tenía que buscar ese libro –le
explicó como si eso tuviera mucho sentido, bebiendo un poco
más de café.
Sneik se apartó, tocando la taza con los dedos y haciendo
un tintineo con el anillo que llevaba, contra el borde de la porcelana.
–Sneik… –Gale lo miró, dejando la taza
sobre la mesa –No te enfades, lo lamento. Prometo que no volveré
a hacerlo.
–No, si el libro es más importante, pues muy bien.
Puedo comprenderlo –bebió un poco, mirando hacia delante
sin embargo.
–No es más importante, es importante, pero no más
que tú. ¿Qué quieres que haga para demostrártelo?
–No quiero que haga nada. Esas cosas no se demuestran con
hechos que se realizan ex profeso para demostrar un punto en cierto
momento. Se demuestran a la hora de la verdad… Sólo
se me ocurren métodos crueles de todas formas.
–Estoy seguro de que sí –sonrió recostándose
hacia atrás en el sofá –. ¿Vas a continuar
enfadado hasta que tenga la oportunidad de demostrarlo? No sabes
cómo me asusté allá arriba, sin poder llegar
a ti.
–Bueno, eso no tendría por qué haberle ocurrido,
si no me hubiese abandonado… –bebió un poco,
temiendo que se le enfriase, y sonrió –No sé
cuánto tiempo voy a estar enfadado… ¿cuánto
cree usted que sería apropiado? –lo miró, jugando,
desde luego.
–¿Apropiado? Hasta mañana, pero no me es conveniente
–alzó una ceja –. Prefiero que me perdones y
continuemos con nuestra velada.
–¿Sólo hasta mañana? Yo pensaba castigarlo
una hora por cada página del libro… Me preguntaba si
estaba siendo demasiado duro –sonrió para sí,
apoyándose contra el respaldo otra vez.
–Es demasiado terrible, no me hagas sufrir más –se
tocó el pecho, dramatizando un poco, aunque sin sonreír
–. Te necesito.
–Pero no más que al libro… –le dijo,
apoyándose en su pierna con una mano y hablando contra sus
labios, aunque ahora ya lo hacía sonriendo. Pese a todo no
iba a olvidarse de ello.
–Sí, más que al libro –le aseguró,
tocándole la mejilla con cuidado de no hacerle daño
y aproximando sus labios a los del chico.
–Hum… –lo miró con desconfianza –No
lo sé, el libro no era suyo después de todo –lo
besó de todas formas, rodeándole el cuello con los
brazos y pasándole las manos por el cabello.
El rubio lo rodeó por la cintura, besándolo una
vez más antes de contestar:
–Pero tú lo eres, y eres muy valioso.
–¿Cuál es su libro preferido? –le preguntó,
tocándole la mandíbula con un dedo y moviéndose
para sentarse sobre sus piernas.
–“Historia mágica del mundo” –le
contestó sonriendo un poco y entrecerrando los ojos.
–¿Es un ejemplar raro? –sonrió también,
apoyándose en su hombro y besándole el cuello de forma
superficial.
–Sí lo es… –le explicó, ahora
cerrando los ojos por completo –Cuenta la historia a través
de los mitos y leyendas antiguos.
–¿Está en su casa? –le pasó el
dedo por las clavículas, abriendo un poco su camisa.
–Sí, al lado de mi cama –contestó sin
moverse, sólo sintiendo su roce.
–Pues ahora ya sabe por qué no tiene que enfadarme
hasta tal punto –metió la mano por entre la camisa
y le tocó un hombro, pensando que echaba de menos el calor
de su cuarto.
Gale sonrió, abriendo los ojos de nuevo y mirándolo.
–Eres deliciosamente malvado. Nunca pensé conocer
a alguien a quien le sentase tan bien ese término.
Sneik sonrió un poco, haciéndole inclinar la cabeza
para que lo besase, y le revolvió el cabello con la mano,
acariciando su rostro y bajando por su pecho hasta meter la mano
bajo su jersey. Empezó a desabotonarle la camisa, y deslizó
después la mano por su pecho desnudo, jadeando contra sus
labios debido al secreto placer que aquello le causaba.
–Te amo, Sneik –casi suspiró el rubio, deslizando
las manos bajo la ropa del chico, tocándole la piel de la
cintura y besándolo de nuevo.
Sneik se estremeció un poco, pensando que sus manos estaban
cálidas contra su piel, y se quedó sobre sus piernas
de aquella manera, besándolo por largo rato y dejando que
lo acariciase mientras le tocaba el pecho y le pasaba las uñas
con delicadeza por la piel.
Se escurrió entre sus piernas poco a poco, acalorado por
la excitación y tirando de su abrigo, dejándolo en
el suelo para arrodillarse sobre él. Besó su sexo
sobre el pantalón, sus testículos, le pasó
las manos por las piernas y arañó la tela suavemente
por sus muslos.
Gale jadeó, acariciándole el cabello, metiendo los
dedos por las finas hebras del mismo. Lo soltó, sacándose
el jersey junto con la camisa por encima de la cabeza, a pesar del
frío. Estaba seguro de que lo prefería así
y luego de lo que había pasado, quería complacerlo.
El rubio le besó el pecho mientras abría su pantalón
poco a poco, apretando un poco la cremallera contra su sexo para
que la sintiese bajar. No era algo que hiciera por torturarlo, simplemente
era su forma de hacer las cosas. Se lo abrió y le ayudó
a quitarse los zapatos y calcetines, sin dejar de besar su piel
y lamerla mientras le sacaba la ropa.
Después se apartó un poco, echándose hacia
atrás y observándolo. Su sexo estaba erguido, y su
piel tan blanca, a la vez que el rubio pálido de su cabello,
le provocaban un aspecto especialmente atractivo para los ojos de
Sneik, bajo aquella luz mortecina. Lo observaba como si disfrutase
que su estado fuera obra suya, y pasaba las manos por sus piernas
de arriba abajo, acariciándose la mejilla con uno de sus
muslos después.
Gale jadeaba suavemente, observándolo a su vez, en realidad
pensando que era el chico más guapo que hubiese visto en
su vida. Casi como la ilustración de un libro, perfecto.
–Ven aquí, encima de mí –lo llamó,
extendiendo una mano hacia él y alzándose un poco
con el otro brazo.
Sneik le sujetó la mano y fue con él, sentándose
sobre sus piernas a horcajadas y dejando que se recostase con él
encima. Se sacó el jersey, aunque hacía frío,
pero en ese momento no era consciente del mismo ya, y apoyó
una mano en los cojines, mientras se desabotonaba la camisa, observando
sus ojos fijamente.
–Te amo –le repitió el bibliotecario, deslizando
una mano por su pecho a medida que el chico se abría la camisa,
sintiendo su piel fina y cálida, su propio sexo pulsando
deseoso.
–Y yo lo amo, Gale… –susurró contra sus
labios, inclinándose sobre él para besarlo profundamente.
No se sacó la camisa, y le lamió la quijada al salir
de su boca, arrastrando la lengua por su garganta y besándole
el cuello antes de morderle con suavidad, apretando un poco al final,
y bajando luego por su pecho.
Le iba pasando una mano por el muslo, y deslizó un dedo
por su sexo, sintiendo que el mismo lo seguía pulsando y
cayendo de nuevo contra el abdomen de Gale. Volvió a torturarlo
de aquel modo, mojándose con el líquido que empapaba
la punta del mismo y tocando allí en círculos, pringándolo
y pasando aquel dedo por los recovecos que unían la piel
con el glande.
El rubio se estremeció, sujetándole las caderas
y apretándoselas. No sentía el frío porque
su propio cuerpo estaba ardiendo de deseo. A cada roce del chico,
lo necesitaba más. Deslizó las manos hacia su sexo,
alzando un poco la cabeza y los hombros para ayudarse a llegar bien.
–No… –le riñó, apoyándole
las manos en el pecho para acostarlo otra vez –Hoy me toca
a mí enseñarle lo que sé hacer –sonrió,
gateando hacia atrás por el sofá y besando su sexo,
pasando los labios por el mismo y probando aquel líquido
con el que había estado jugando. Lo lamió de él
con intensidad después, empujándolo con la lengua
para poder metérselo en la boca, inclinándose sobre
él para tragárselo por completo, hasta que sus labios
rozaron el vello rubio y sus testículos. Arrastró
la lengua al dejarlo salir de su boca, y respiró agitado,
repitiendo de nuevo aquella acción.
–Ah… –Gale gimió, sonriendo, se le veía
mucho más seguro, posesivo incluso, le gustaba. Entrecerró
los ojos, alzando las caderas un poco, sintiendo cómo rodeaba
su sexo por completo con sus labios, sólo para liberarlo
una vez más. Era una tortura lenta y poderosa, tal y como
era de esperar.
Sneik se aventuró por sus testículos, separando
sus piernas y succionándolos, apretándolos uno contra
otro con la lengua, dentro de su boca. Subió hacia su sexo
de nuevo, deslizando los dedos por la humedad y empujándolos
despacio en su cuerpo. Alzó la mirada a sus ojos, asegurándose
de que disfrutaba y deslizando los labios hasta el glande, dejando
que el sexo cayese de su boca y subiéndose sobre él
otra vez, sin poder evitarlo al ver su expresión.
Lo besó, necesitaba sus labios y que sus manos le tocaran.
–Acarícieme, Gale –le pidió.
–¿Cómo no hacerlo? –jadeó, deslizando
las manos por su pecho nuevamente, hasta su sexo, acariciándolo
por encima de la tela primero. Le apretó las caderas, mirándolo
a los ojos, con los labios abiertos, para luego abrir su pantalón,
bajándolo –Eres hermoso, como una visión. La
obra de un artista…
–Ah… –el aliento del chico tembló un
poco, y se apretó contra su mano, mordiéndose el labio
inferior y besándolo profundamente –Guíeme –le
pidió contra sus labios, no porque lo necesitase, si no porque
le gustaba sentir su mano en su sexo, tan cálida…
–Hacia donde quieras… –le aseguró, relamiéndose
ligeramente, y masajeando el sexo del chico, liberándolo
por completo. Lo colocó contra su entrada, sin dejar de acariciarlo,
alzando un poco las piernas para que lo penetrara. No podía
dejar de observar la expresión de placer en su cara, era
exquisito.
Sneik entrecerró los ojos, penetrándolo lentamente,
hasta el fondo. Se empujó allí, apoyándose
con las manos en el sillón e inclinándose sobre él,
rozando sus labios húmedos con los suyos y embistiéndolo
profundamente de golpe. Se dejó ir, apoyando el rostro contra
su pecho y sujetándose de sus caderas, golpeándose
contra él de pronto con urgencia, con fuerza, haciendo profundas
las embestidas.
No le llegaba, deseaba su calor y tenerlo por completo. Se acostó
sobre él con todo el peso de su cuerpo, rodeándole
el cuello con un brazo y sujetando sus nalgas con la otra mano,
mientras sus caderas se movían solas, haciéndoselo
de forma profunda mientras su abdomen se endurecía al tensarse,
apretando su sexo entre ellos. Tenía calor, estaba sudando
y se alzó un poco sólo, lo suficiente para besarlo.
La lengua de Gale lo recibió gustosa, su boca succionándolo,
mientras lo rodeaba con una pierna, moviendo las caderas. Aquello
se sentía increíble y su sexo se apretaba completamente
erguido contra el abdomen del chico. No necesitaba nada más,
era perfecto.
Los gemidos se escuchaban apagados en la biblioteca de techos
altos, perdiéndose por los pasillos sin atravesar las pesadas
puertas de madera. Sneik se sentía completamente fundido
con él, incluso más que la primera vez, su aliento
temblaba y no podía abandonar sus labios a pesar de que ambos
gemían y los besos eran torpes.
Subió la mano desde sus nalgas y la pasó por encima
de su sexo, envolviendo el glande entre sus dedos y bajándolos
alrededor, casi sujetándose a él al notar que el orgasmo
lo recorría.
–Omf… –el bibliotecario gimió a medias,
apretándolo más contra él. Sus ojos se entrecerraban
automáticamente, pero aun así se obligaba a mirarlo,
no quería perder ni un segundo de aquella expresión.
Se entregó completamente, dejándose llevar por su
propio orgasmo y sólo conteniendo los gemidos porque se hallaban
en la biblioteca.
Sneik lo besó con suavidad todavía mientras terminaban
y se apartó un poco para mirarlo a los ojos, percatándose
de que estaba sonriendo.
Se recostó sobre su pecho, acomodándose sin salir
de su cuerpo.
–Te amo –le volvió a repetir Gale, con voz
cansada, acariciándole la espalda con delicadeza –.
A la luz de las velas… la próxima vez.
–Me gusta… –susurró Sneik, pensando que
haría calor de esa manera, y su piel se vería dorada
por la luz del fuego. Le pasó los dedos por el pecho, acariciándolo
después con suavidad. No quería que aquello terminase
nunca.
–Soy tuyo –susurró el rubio, observando sus
ojos, como si no se atreviese a perturbar la paz de aquel lugar.
Sneik lo miró a los ojos fijamente como evaluando el peso
de aquellas palabras y luego lo besó, deslizando la mano
por su rostro.
–Y yo suyo –contestó con la misma seriedad.
Gale sonrió, acariciando su cabello ahora, sin decir nada
más. No era necesario.

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