Capítulo 48
Motel confessions
Noviembre 15, sábado.
Vargas se rascó la cabeza, habían encontrado un
motel más barato, aunque no era ningún palacio, y
a decir verdad, no podía seguir con eso eternamente.
Se sentó con el café en la mano y lo dejó en
la mesa, llevándose el cigarro a los labios.
–Lo siento… –se disculpó Ash, aunque
realmente no tenía por qué, simplemente no le gustaba
verlo así y no sabía qué más hacer.
Se levantó de la cama, sentándose a su lado –¿Te
duele la espalda?
–No, estoy cansado –le sonrió un poco y lo
miró fijamente –. No entiendo nada, eso es lo que pasa.
–Yo menos aún –le sonrió de la misma
manera, acariciándole una mano –. ¿Estás
seguro de que no recuerdas algo? No podemos seguir huyendo.
Vargas se quitó las gafas como si le agobiasen, y se las
colgó de la chaqueta, mirándolo a los ojos y bajando
la vista a su mano después, pasándole el pulgar por
encima.
–Es algo… de lo que no me siento muy orgulloso.
–No importa, no me va a importar. Será nuestro secreto
si eso quieres –le aseguró, mirándolo, aún
acariciando su mano –. Te quiero, Vargas y… –enrojeció
bajando la mirada a sus dedos ahora –tengo miedo de perderte.
–Eso no va a pasar –respiró con fuerza y le
subió la mano para besársela –. Yo salí
con esa chica y… sus padres no querían. Me costó
“dios y ayuda” que accediese, pero luego nos veíamos
todos los días a escondidas. No te imaginas lo cerrados y…
religiosos que eran todos entonces.
–Bueno, puedo imaginarlo un poco –sonrió recordando
a sus abuelos y exhalando. Nunca se había atrevido a decirles
que era gay siquiera.
Vargas sonrió, y luego apartó la mirada.
–Lo cierto es que sucedió algo… y no nos dejaron
vernos más. A ella la enviaron a la ciudad con unos parientes
para… –carraspeó, se le hacía un poco
difícil decírselo a alguien. En su casa había
sido un auténtico tabú, un “nunca ha ocurrido”
y jamás había sido vuelto a mencionar.
–¿Para qué? ¿Qué fue lo que
sucedió? –le preguntó tensándose y pensando
que se saltaba lo más importante. No quería presionarlo,
pero necesitaba saberlo.
–Tener un hijo… –lo miró a los ojos,
serio, apartando la vista luego y llevándose el cigarro a
los labios. Negó con la cabeza, echándose contra el
respaldo.
–¿Estaba embarazada? –preguntó sólo
como reflejo, ya que aquello era más que obvio. Negó
con la cabeza, seguro ahora de que eso había causado la relación
entre su abuela y ella. Sin embargo, no explicaba esto, a menos
que… –¿No la volviste a ver nunca? ¿Qué
fue de su bebé?
–No, no volví a verla. Cuando sus padres se enteraron…
bueno, no la dejaron salir de casa más. Traté de ir
a buscarla o hablar con ella por todos los métodos, pero
estaba rara y no quería verme, luego… no sé,
estaba muy rara. Después se la llevaron, y cuando me pude
ir al fin, a la ciudad a estudiar, quise buscarla, pero no había
manera. Finalmente di con su tía, y me dijo que estaba casada,
y que la dejara en paz. Y eso hice… –se llevó
el cigarro a los labios otra vez –No… no quise arruinarle
más la vida.
Ash suspiró, entre pensativo y angustiado. Aquello lo ponía
nervioso, por más de una razón. Por otro lado, él
mismo se sentía un poco descontrolado.
–¿A qué te refieres con rara?
–Pues no sé… –no quería decir
que parecía haber perdido el juicio –Con la mirada
perdida y casi sin hablar, y se ponía histérica si
no la dejaba en paz. ¿Qué iba a hacer? Pensé
que me odiaba, de todas formas fue culpa mía… ¿Lo
entiendes? Dios… –se frotó la cara, sintiendo
que no debería haber regresado –Debería ir a
hablar con su tía, necesito verla y saber que está
bien. Yo no puedo seguir así, sin saber si está bien
o no.
–Claro que lo entiendo, iré contigo –le sujetó
la mano de nuevo, apretándosela –. Vargas… ¿aún
piensas en ella?
–Claro, sí. Fue algo muy duro y… tengo un hijo
al que ni siquiera he visto. ¿Y si ese hijo es una niña?
Esa niña… –lo miró a los ojos, negando
con la cabeza porque no se lo quería creer.
–¿Crees que la niña haya muerto? Quizás…
–bajó la mirada, pensando que no se había referido
a eso precisamente, pero eran demasiadas emociones para una misma
noche –Deberías dormir un poco.
–No… no, no tengo sueño –se pasó
la mano por los labios, negando con la cabeza –. Pienso que
ella no estaba bien para tener un bebé, y no sé lo
que podría haber hecho. Pienso que es normal que no me dijesen
dónde vivía para ir a verla, pero tengo derecho a…
No, en realidad no tengo derecho a nada –cerró los
ojos y se frotó la frente.
–En realidad no tenían derecho a hacer eso –comentó
el chico, aunque le pesaba decirlo, y se apoyó en los brazos,
mirándolo. Seguramente a él lo habrían echado
de casa de enterarse que era gay, no lo había creído
en ese momento, a pesar de tener miedo –. No es tu culpa.
–Sí, sí lo es… Yo le dije que no iba
a suceder nada, y ella me creyó. Debí habérmela
llevado, o… no sé –suspiró y lo miró
a los ojos –. Sabes que esto no cambia nada, ¿no? Te
amo. Sólo… las cosas no debieron ser así.
–¿Estás seguro? No… No me hagas caso
–suspiró pensando que nunca podía quedarse callado,
no era el momento.
–Estoy seguro –le apretó la mano y lo atrajo
para abrazarlo, aunque luego le alzó la cara y le dio dos
besos en los labios.
Ash sonrió, sintiéndose demasiado emocional y bajando
la cara contra su pecho.
–Me sentí muy triste de pronto, eso lo recuerdo, era
terrible.
–Yo también lo sentí, cuando lloraba…
–suspiró con fuerza y le tocó el cabello –Ash…
¿desde cuándo vives con tus abuelos? ¿Desde
bebé?
–Creo que tenía dos o tres años, no recuerdo
esa época –sonrió un poco, pensando que no era
precisamente un bebé genio –. Ella ya se había
ido.
Vargas lo miró a los ojos.
–¿Nunca la has visto? Ni a tu padre…
–No, creo que mi madre era soltera. No se hablaba de eso
tampoco, pero es comprensible.
–Ya… –suspiró con fuerza, pensando que
al menos lo había cuidado durante esos primeros años
–¿Y si tomamos el tren esta noche? Puede que todavía
podamos.
–Hagámoslo, no vas a dormir de todas maneras, ¿verdad?
–le sonrió suponiendo que a eso se debía aquel
interrogatorio acerca de su vida.
–No –negó con la cabeza, sonriéndole
un poco también, y se levantó, sujetándolo
de las manos y abrazándolo de nuevo, besándolo con
suavidad –. Te amo –volvió a decirle.
–Yo a ti… –contestó el chico, rojo, y
apartándose para ponerse la cazadora. Suspiró, tranquilizándose
un poco y sonriendo luego para no preocuparlo –¿Puedes
cancelar la habitación?
A Vargas le dio la risa irónica.
–No, pero es igual. Voy a tener que prostituirme luego de
esto.
–No digas eso, tonto –le dio en un brazo con el puño,
sonriendo de todas maneras –. Trabajaré doble turno.
–Nooo… No me dejes solo –le pidió, sintiéndose
un poco penoso después.
–Sólo quería ayudarte con los gastos, no es
justo.
–Ya encontraré una manera –le aseguró,
pensando en pedir un adelanto en realidad, pero más le valía
haber regresado el martes, ya que el lunes era festivo.
–Una manera es que yo trabaje un poco más –insistió,
aunque no quería alejarse de él justo en ese momento.
–He dicho que no –le repitió serio, cogiendo
la bolsa con sus cosas, y también la de Ash antes de salir.
–Está bien, gruñón –frunció
el ceño, siguiéndolo y metiéndose las manos
en los bolsillos. Seguro que si le decía que podía
con su propia bolsa, se molestaba de nuevo.

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