Capítulo 57
The one by your side
Noviembre 18, Martes.
Roi llegó al hospital en taxi. Se había ido de clase
en cuanto se había enterado de lo sucedido por la noche.
La tormenta había desaparecido por la mañana, sin
dejar ni rastro, y al llegar al internado les habían informado.
Tenía el número de la habitación de Ash apuntado
en la mano.
Atravesó las puertezuelas metálicas y corrió
hasta el ascensor, esquivando de milagro a una enfermera que le
riñó sin recibir mucha atención. No podía
ni siquiera imaginarse cómo debía sentirse Ash. Egoístamente
se sentía incómodo por tener que ser él quien
lo consolase, y a la vez no quería que nadie más lo
hiciera.
Se topó con el médico saliendo de la habitación.
–¿Es un familiar? –le preguntó.
–Su hermano –mintió por reflejo.
–Pase, pero no mucho rato, necesita descansar y no debe
hablar.
–Vale –lo ignoró casi, entrando y cerrando
la puerta a su espalda.
Ash giró la cara hacia la puerta, mirándolo pasivamente
por un momento y luego echándose a llorar de nuevo sin poder
evitarlo. Se cubrió la cara con ambas manos, tratando de
tranquilizarse, pero realmente su orgullo no era algo que le importase
mucho en ese momento.
–Roi… No debimos regresar…
El rubio se aproximó deprisa, aunque se había quedado
casi congelado al verlo allí con esa bata de enfermo y el
suero en el brazo. Se sentó en la cama y lo abrazó
con cuidado, ocultándolo contra su pecho. No sabía
qué decir. ¿Lo siento? Qué tontería.
Sin embargo, Ash no necesitaba que dijera nada, le bastaba con que
estuviera allí, abrazándolo, era la única persona
a la que quería ver en ese momento de todas maneras, aparte
de Vargas, claro está.
–Fue ella…
–¿Qué sucedió? ¿Ella se lo llevó?
Dios… –le tocó la espalda, apretándolo
más.
–Sí, hay tantas cosas que tengo que decirte…
–se aferró a él, entreabriendo los ojos de nuevo,
casi con furia –. Voy a destruirla, ya no me importa lo que
me suceda –casi jadeó, rompiendo en llanto de nuevo
y mordiéndose el labio inferior para controlarse.
Roi no le dijo nada, ni siquiera si no pensaba dejarlo hacer ninguna
locura, no sin él. Sabía lo furioso que estaba, de
alguna manera, porque sabía lo que era perder a un ser amado.
–Yo estoy contigo… voy a estar contigo –le aseguró,
sin mirarlo porque a él no le hubiera gustado que lo viesen
así. Prefería seguir abrazándolo.
–¿Sin importar lo que pase? –le preguntó
sabiendo que estaba siendo egoísta, pero lo necesitaba a
su lado, no podía estar solo ahora. De todos modos, él
no permitiría que le pasara nada.
–Sin importar lo que pase… –le aseguró,
apretándolo con fuerza por un momento. No podía decirle
que no, tampoco sentía que pudiese hacer lo contrario, realmente
era su hermano para él.
Ash se separó un poco de él para mirarlo, haciendo
un esfuerzo por hablar con algo más de calma.
–Es mi madre… y Vargas… –se detuvo un momento
porque le costaba pronunciar su nombre sin que se le quebrara la
voz, sentía que iba a morir cada vez que pensaba en él
–es mi padre. Íbamos… a investigar, él
quería ayudarla.
Roi se quedó congelado, sin saber qué decir realmente.
¿Vargas era su padre?
–¿Estás seguro? –se sintió estúpido,
pero ahora ya lo había preguntado.
–Sí, fuimos a hacernos las pruebas, él tenía
los papeles. Es igual, no lo veíamos así –se
tocó la frente, frunciendo el ceño como si quisiera
arrancarse aquel dolor, odiaba hablar en pasado.
–Dios… –aflojó un poco el abrazo, mirándolo
y tocándole la cara para secarle un poco las lágrimas
–Nosotros encontramos algunas cosas en la antigua iglesia,
tal vez sirvan para hacer… Lo que tengamos que hacer.
Ash asintió, tocándose un dedo ahora como si estuviera
distraído, pero sólo intentaba no darle rienda suelta
al dolor de nuevo.
–Quiero salir de aquí, estoy bien.
–Ahora… pronto sales –miró hacia la puerta
–. Luego hablo con ellos, cuando entren a sacarme, porque
yo de aquí no me voy.
–No, no te vayas, no quiero estar solo –le pidió
casi con desesperación, sujetándose a su brazo –.
No puedo.
–No voy a ningún lado –le apoyó la mano
sobre la suya, acariciándosela y apretándosela después
–. Encontramos unos papeles que decían que te habías
bautizado aquí. El cura tiene que saber algo. A Zeus, Skylar
y Jari les estaban echando la bronca por pasar la noche fuera. Sneik
fue con Gale a hablar con el cura, tal vez sepa algo –quiso
distraerlo con su venganza, o al menos con la ilusión de
una.
–Sí, todo es un lío. No sé nada ya,
eres el único que no me ha mentido –se quejó
recostándose contra la almohada porque se había mareado
un poco –. Conocimos a una mujer que supuestamente me cuidaba
cuando era un bebé, ahora está muerta –le aclaró
haciéndole un gesto por si comprendía que no había
sido una muerte natural –. Y mis abuelos realmente eran mis
abuelos.
–Es una locura… –susurró, sujetándole
las manos –El cura tenía unas libretas con crucecitas
puestas a varias personas. Mi padre estaba tachado… bueno,
no era el único.
–¿Sí? Vargas…–respiró por
un segundo, cerrando los ojos –Estábamos hablando de
que hay muchas muertes extrañas como las de tus padres…
Primero el hombre y un año después, la mujer. Sucedió
con tu padres, con los de… y con mis abuelos.
–Vargas también estaba tachado –casi susurró,
sin saber qué podría querer decir aquello, pero tenía
razón. Allí sucedía algo muy extraño
–. Pero parece que ya sucedía algo antes de…
esa chica, porque ese cura parecía obsesionado con los exorcismos.
–¿Tú crees? –lo miró pensando
que le era difícil emocionarse con todos esos hallazgos,
sólo quería destruirla a ella por habérselo
llevado. Aunque ahora se preguntaba si aquello significaba algo,
el que el nombre de Vargas estuviese tachado.
–Eso creo, no lo sé… Ella nos atacó,
estuvimos encerrados en esa iglesia del bosque hasta… bueno,
no sé cuándo paró, por la mañana ya
estaba todo en calma.
–Yo sé cuando paró –sonrió con
algo de sarcasmo, aunque tampoco les deseaba algo malo a ellos por
supuesto –. Tengo su foto… debería estar en mis
jeans, si es que sobrevivió.
–Es igual… ya la vimos en otra –suspiró
con fuerza, sujetándose una mano con la otra, pensativo.
Quisiera hacer algo por él, pero no podía. En esos
casos no se podía hacer o decir nada que mejorase las cosas.
–Roi… –Ash lo miró, colocando una mano
sobre las del chico y apretándolas. Sabía lo que estaba
pensando y también sabía que no era la mejor compañía
en ese momento.
El rubio se acercó a él y se sentó en la
cama a su lado, simplemente decidiendo permanecer allí sin
hablar, acompañándolo.

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