.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 11
Not Drunk, Just Dizzy

Hideyoshi se dejó caer en la cama, suspirando sonoramente y llevándose una mano a la cabeza. – Dios, ¿alguna vez te acostumbras? Me palpita el cerebro. – se quejó claramente describiendo la sensación.

–Sí, te acostumbras… Además, ya te dije que debías ir al baño de vez en cuanto y vomitar… – el pelirrojo se tiró a su lado mirando la lámpara que colgaba del techo. –¿Quieres un vaso de leche?... – se rió sin apartar la mirada del foco.

– Sí, aunque seguro y me hace vomitar ahora... – se rió también, observando la lámpara como si ejerciera algún mágico poder de hipnotismo en ambos. – ¿Crees que lo hice bien? No lo sé... no puedo verlo objetivamente.

– Creo que sí… lo que pasa es que Tsubasa-san no estaba muy partícipe a la hora de enseñarte… Te ha considerado un rival desde el momento en que te vio… se nota… Quería echarte lejos de su terreno… – se rió y se abrió la camisa poco a poco mientras se la sacaba de dentro del pantalón. –Fue divertido en realidad… creo que mejor pasamos de pedirle que te deje acompañarlo un día…

– Sí, me miró como si hubiera matado a su madre... – se rió, de nuevo sin poder evitarlo, aunque no le gustaba llevarse mal con nadie. – Tal vez pueda convencerlo de que no me interesa quitarle su puesto, aunque lo dudo.

– No… ¿para qué? Déjalo así… es más divertido ahora… – se rió y le dio una palmada en el muslo, levantándose y calentándole un vaso de leche. Se lo acercó, dejándolo en la mesilla mientras se sacaba la camisa. –Después de todo lo que bebimos… les prometí que me acostaría con uno y no lo hice… – se sentó en el colchón, recostándose de nuevo.

– Creí que dormiría solo esta noche. – lo miró, sentándose y sacándose la camisa por fuera también, antes de beber la leche. – ¿Por qué lo hiciste? Prometer eso... ¿Crees que lo recuerden?

– Sí… claro que lo recordarán… De hecho, hablé con él después y le dije que me perdonase por decir algo así y tomarme tan a la ligera algo tan importante para nosotros como nuestra primera vez… – le sujetó la mano mientras ponía tono de melodrama. –Nos daremos el tiempo necesario ¿verdad? Y eso es todo…– se recostó de nuevo, jugando con uno de los sellos dorados en sus dedos. –El motivo es obvio, quería ganar…

– Eres increíble... – lo miró, realmente admirado, los clientes parecían fichas de ajedrez en sus manos. – Me estoy empezando a preguntar en qué me he metido. No compiten así todas las noches, ¿verdad?

– No… en realidad, no… pero los fines de semana son especiales…– sonrió levemente y se pasó la mano por la cara, cansado. –Verás… Hayabusa-san por ejemplo… es mucho más tranquilo en cuanto a eso… supongo que es la edad…– se rió con maldad y negó con la cabeza después. –En realidad es una persona muy ingeniosa… – murmuró mucho menos agradablemente.

– Esa es tu verdadera competencia, ¿no es así? – lo miró, como estudiándolo. – No me parece que Tsubasa y tú vayan a por los mismos clientes...

– No… yo no me llevo mal con Tsubasa-san… es una persona agradable e inteligente, lo admiro y lo respeto… Me gusta su forma de hacer las cosas…– se pasó la mano por el pecho, acariciándose con suavidad. – Hayabusa-san… él sí… No quiero estar por debajo de nadie…

– Pero en cierta forma lo admiras, Me parece loable, tener respeto por tu rival... – le sonrió, sintiéndose mejor. No le gustaba beber tanto, a ver si lograba conservar el empleo. – Quiero verlo en acción, me siento curioso.

– Mañana… Hoy era su día libre, mañana le pediremos que te deje quedarte con él… Seguro que te ayuda complacido… él es así… nunca lo he visto negarle nada a otro host… – se mordió un poco un labio, y se levantó para sacarse los pantalones y abrir la cama. –Vamos a la cama, anda… o me verás en acción a mí…

– No, que sería descortés con tu cliente, ya sabes... “atesoremos nuestra primera vez...” – se rió, dejando la leche a un lado, y quitándose los pantalones también. Estaba más cansado que nunca.

Kenzo se rió y apagó la luz. –Arderé en las llamas del infierno… al menos allá no hace frío…y seguro que tengo mucha compañía…

– Tal vez viaje contigo... – se rió el rubio, girándose de lado. Ahora comprendía en carne propia por qué se levantaba tan tarde.

– No… tú no…– el pelirrojo sonrió, observándolo en la penumbra. –Nunca beses a los clientes… la mayoría se dedican a la prostitución ¿comprendes?... No lo hagas… no sabes qué han bebido antes del alcohol… si me comprendes…

– Sí, ya lo sé. De todos modos, no beso a cualquiera, no lo creas... – negó con la cabeza, observándolo. – Supongo que puedo ser bastante puritano.

–Yo podría hacer que me besaras…– se rió pasando un brazo debajo de la almohada para apoyarse mejor.

– No se vale, no estoy en todas mis facultades. – sonrió, sin apartar la mirada. – No lo dudo... Sé que consigues lo que quieres, no necesito conocerte mejor para saberlo.

– No sé si lo consigo… eso ya lo veremos… cuando lo haya hecho…– lo miró a los ojos y sonrió. –No puedo meterme contigo si no te asustas…

– ¿Lo siento? Creo que estoy cayendo en tu trampa, pero confío en ti. Así es un poco difícil asustarse. – le tocó la nariz, jugando un poco.

El pelirrojo sin moverse de cómo estaba pero entrecerrando los ojos hasta que apartó la mano. –No voy a querer que te vayas después… – se sintió como golpeado por haber sido sincero, hablando sin pensarlo para nada, sintiéndose como si hasta en su expresión se hubiera notado el desconcierto y sonriendo después. –Con eso ya debería poder besarte…– se defendió, disimulando como si bromease.

– Te diré esto, estás más cerca... – le sujetó la mano, suspirando. – Que no te dé vergüenza mostrarte como eres... Lo que dijiste, me hizo sentir bien.

– Es lo que hago… – continuó defendiéndose. –Pero no pretendía llegar tan lejos con esa clase de bromas contigo…– se giró de espaldas en la cama, bajando un poco la sábana hasta sus caderas y aún molesto por haber dicho aquello.

– Bromeabas, ¿eh? – el rubio miró su espalda, sin creérselo del todo. O tal vez, no quería creerlo. – Yo no. – sentenció, girándose de espaldas también.

Kenzo mirando a la pared en la penumbra. Hubiera querido voltearse, pero era como si una fuerza superior lo mantuviese en silencio, en aquella posición.

El rubio observando la oscuridad, por su parte, y murmurando sin poder evitarlo. – No me iré hasta que me eches, aunque... espero poderte pagar la renta.

Las sábanas sonaron un poco mientras el pelirrojo se volteaba, respirando algo pesado por el cansancio y rodeándolo por la cintura con un brazo, atrayéndolo hacia él y apoyando la cara sobre la almohada un poco más cerca de su cabello. Le parecía que tocarlo quemaba. – Los hosts buenos a estas horas están durmiendo…

– Los malos también... – sonrió el rubio, reconfortado por su calor, y cerrando los ojos. Era un necio, eso ya lo veía.

– Pues a eso voy… pero el host bueno no me deja, porque está borracho…– murmuró sin abrir los ojos.

– No estoy borracho, sólo mareado... Y no te duermes porque eres necio. – bromeó el chico, sin querer dejarse ganar.

– Ya veo, ya… qué infantil… quieres quedarte con la última palabra… Has roto la magia…– sonrió levemente, abrazándolo con más fuerza contra él y manteniéndolo de ese modo un rato. –Sh…

– Shhh... – le hizo eco el chico por molestar, sin poder dejar de sonreír. Se sentía bien aquello, demasiado bien.

 

 


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