.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 13
Dangerous

– Ah... estoy cansado... – se quejó el pelirrojo en voz alta, como si no estuviera caminando solo, le daba igual, la verdad. Entró en el local, sonriendo, y acercándose al bar. – Buenas noches, Tatsuya–san...

– Toru, hola. – le sonrió el bartender, que ya estaba más que acostumbrado a verlo por allí. – Enseguida te llamo a Hayabusa – le indicó, haciendo una seña a otro de los chicos para que fuera a avisarle. – ¿Vas a pedir algo ya?

– ¿Acaso soy mal cliente? – bromeó, riendo un poco. – Una botella de champán, que la envíen al privado...

El hombre se levantó al poco de ver acercarse a Saji, suponiendo que se trataba de Toru, que ya había llegado. –Tenéis que disculparme… Os dejo con Hideyoshi y Kai por un momento…– sonrió en realidad pasando un poco de las quejitas y caminando hacia la barra. Era uno de los pocos clientes por los que sentía un interés real, generalmente no le importaban demasiado.

– Toru-san…– lo llamó apoyando una mano en la barra sin terminar de aproximarse del todo, completamente serio. –Has tardado mucho en visitarme esta vez… cuatro días…los he contado… ¿debería empezar a sentirme celoso?

– ¿Celoso? ¿Tú? – sonrió el chico acercándose y tocándole el rostro con suavidad. – Sabes que no hay nadie que se compare contigo. He estado trabajando, día y noche para verte.

– ¿Sí? No trabajes demasiado…– le sujetó la mano con la suya y le besó la palma mirándolo a los ojos antes de llevárselo con él al privado que le habían indicado. –Al menos estaremos en un cuarto privado… así podrás compensarme la separación… sabes que eres mi preferido…
– ¿Lo soy? – se rió, a sabiendas de que era su trabajo decirle esas cosas, pero prefería no pensar en eso. Le gustaba escucharlo. – Tengo que trabajar si quiero verte. Y no eres algo a lo que quiera renunciar...

–Me harías daño… ¿lo sabes? Si no vuelves…– separó la cortina y lo guió al sillón antes de cerrarla y sentarse a su lado. Girándose un poco para verlo mejor y pasándole la mano por el cabello. – Hoy estás más guapo que nunca… – sonrió levemente y lo miró a los ojos. – ¿Has estado pensando en mí?

– Claro que sí, siempre pienso en ti – le sujetó la mano contra su rostro, recostándose un poco en ella. – Eres importante para mí.
–Gracias…– el moreno sonrió, observándolo y acariciándole el cuello con suavidad. –“No deberías trabajar demasiado…te ves un poco cansado…”

– Lo estoy, mucho, en realidad, pero no me importa ahora... – confesó, cerrando un poco los ojos. – “Siempre pienso en ti cuando estoy trabajando... espero que no te moleste”

–No, me halaga…– sonrió aproximándose a él y besándole los labios mientras tenía los ojos cerrados, separándose lentamente y no demasiado en realidad. –“Yo también he pensado en ti de ese modo…”– susurró como haciendo una confesión.

El chico abrió los ojos, ligeramente sonrojado por aquel beso, lo que le parecía una tontería a esas alturas claro. Lo miró serio. – A ti no te cobraría, ¿sabes? – sonrió después, sacudiendo la cabeza. – Era una broma... sé que no es cierto.

– “¿El qué no es cierto?”– Hayabusa lo siguió mirando a los ojos serio. – ¿Que haya pensado en ti de ese modo?... – se aproximó más y le habló al oído. – “¿O que sí me cobrarías?”– se rió con suavidad contra su mejilla y se la besó.

– No, claro que no, lo otro... – se rió, recostándose contra su hombro, y quedándose quieto mientras entraba un chico para dejarles la botella de champán. – No te cobraría jamás, pero no creo que seas ese tipo de hombre.

– ¿El tipo de hombre que paga por sexo? No… nunca lo he hecho…– observó la botella, pensando que tampoco le había hecho falta jamás y la sujetó para abrirla y verter parte del contenido en dos copas. Le acercó la copa al chico y lo rodeó por los hombros con el otro brazo. –Sí que he pensado en ti de ese modo… ¿Por qué no me crees? Yo también necesito inspirarme cuando tengo necesidades…– se rió con suavidad, jugando.

Toru se rió, bebiendo de la copa y mirándolo. – No lo sé, ¿por qué pensarías en mí? Seguro te visitan chicos más atractivos... Por eso lo digo. Además, creería que no necesitas inspirarte. Es distinto, a veces tengo clientes que son positivamente funestos.

Hayabusa sonrió con suavidad. – Sé que ninguno está a tu altura…– dijo refiriéndose a los clientes del chico. –Al igual que mis clientes… no importa si son más atractivos… la belleza exterior… sólo eso… ha perdido todo el sabor…

– A mi altura... – negó con la cabeza, seguro de que sólo lo adulaba, pero se sentía bien escuchar aquello. – No creí que me fueras a decir algo así... Creí que siempre hablabas bien de todos tus clientes, Hayabusa-san...

El moreno se rió con suavidad. – Sh… eso es porque contigo siento que puedo hablar con franqueza y ser sincero… no se lo digas a nadie…– le acarició el cabello con suavidad, observándolo y bebiendo un poco de champán de su copa. –Hoy cuando estaba duchándome… se me rompió una de las estanterías de cristal de la bañera y me corté… tal vez la cicatriz no se vaya…

– ¿Te cortaste? ¿Dónde? – lo miró, sinceramente preocupado. – Y ¿por qué no fuiste al médico si fue tan profunda?

– Porque no me gustan las agujas…– sonrió levemente. –Ya no me duele… no sé si es muy profunda porque no la veo bien…– se levantó y se abrió la camisa hasta donde se juntaba con el pantalón, dejándola caer por sus brazos y girándose. –Fue en la espalda… ¿crees que es profunda?

– Déjame ver... – le tocó la piel ligeramente, sintiendo como si lo quemase. – No... Yo creo que sanará... pero debes pensar en los demás, Hayabusa-san. Si algo te sucediera, me pondría muy triste.

– … de haber sido más importante habría ido al médico…te lo prometo– se volteó subiéndose la camisa por la espalda sin abrochársela, sujetándole las manos y apoyándolas en su pecho desnudo, atrayéndolo después contra él con suavidad. – ¿Se siente bien?…

– Sí, muy bien... – sonrió, sintiendo su calor, y un poco de melancolía como siempre que hacía aquello. – Gracias.

–No me des las gracias… también es agradable para mí…– le acarició el cabello y miró abajo para verle mejor el rostro. –Eres especial para mí, Toru-san… sé que no puedes creerme… pero yo no hago esta clase de cosas con cualquiera…

– No, te creo, sabes que necesito creerte. – contestó, realmente deseando que esas palabras fueran ciertas. – No seguiría volviendo contigo si pensara que todo son mentiras.

–Toru-san, tienes que volver… siempre he querido preguntarte algo…– hizo que lo mirase a los ojos aún si imaginaba que el chico preferiría estar pegado a su pecho. – ¿Visitas a otros host?... en otros locales…

Toru negó con la cabeza, sincero. – No, ¿no sabes que estoy enamorado de ti? – sonrió, tocándole el rostro. Parecía que realmente le preocupaba aquello. – No podría si quisiera, y no quiero...

– Eso…lo he escuchado muchas veces… pero tengo amigos en otros clubes y los he ido a visitar… no es la primera vez que me encuentro con uno de mis… enamorados…– lo miró a los ojos aún serio, pensando un poco en lo que su hijo le había dicho. – ¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos?... ¿Lo recuerdas?...

– Claro que sí, dos años. Me colé con una identificación falsa que me hizo un cliente para mi cumpleaños... – se rió, sacando la lengua un poco por su travesura. – Puedes creerme, no he ido con ningún otro, no soy tan superficial.

Hayabusa sonrió levemente al escuchar aquello. – Qué tramposo…– le apartó el cabello del rostro con cuidado, le gustaba su forma de reír. Lo llevó con él para que se sentase de nuevo, al percatarse de que lo tenía allí de pie, de forma completamente descortés. – ¿Y qué es lo que tanto te agrada de mí?...– le pasó la mano por la pierna, jugando con la tela negra.

– Cómo me tratas. Me siento como si realmente te importara, aunque creo que sí me tienes cariño, ¿no es así? – sonrió de nuevo, jugando un poco también. – Eres amable y cortés... y me escuchas, aunque sólo esté hablando tonterías.

–Tú nunca dices tonterías… es agradable tratar contigo… siempre trato de huir de las conversaciones tediosas a las que a veces me sentencian…– se rió con suavidad, sujetándole la mano y jugando con sus dedos. Naturalmente… que le gustaba por eso… por cómo lo hacía sentir… Bebió un poco de champán y luego llenó la copa de nuevo, ofreciéndosela al chico. – ¿Quieres que te hable de mí, hoy? Pero recuerda… no se lo cuentes a nadie…

– No lo haré. – lo miró, asintiendo con energía y bebiéndose casi todo el champán de golpe. – ¿En serio confías en mí de esa manera?
–Tú confías en mí ¿no es así? Yo también puedo elegir en quien confío…– sonrió y le llenó la copa de nuevo. –Antes de trabajar aquí… era host en un local de heterosexuales… no era tan popular… tan sólo el número tres… aunque estaba ascendiendo…Lo dejé cuando Tatsuya abrió este local…

– ¿El número tres? Esas tías no tenían buen gusto – sonrió, convencido de lo que decía. – Pero me alegro... No te hubiera podido conocer si no. Pero entonces... ¿eres bisexual o sólo...?

– Bisexual… en realidad… quería explicarte por qué era sólo el número tres… Me enamoraba cada dos por tres de mis clientes…– se rió abiertamente al acordarse de los errores que había cometido tiempo atrás. – Creo que todos lo hacemos al principio…– casi susurró después, meditativo.

– Hum... ¿no será que te inclinas más por las mujeres? Tal vez este trabajo sea más seguro para ti. O tal vez debí conocerte cuando empezabas... – se rió, observándolo y bebiendo un poco más de champán. – Supongo que es igual de difícil del otro lado...

– Las mujeres en realidad son mucho más caprichosas que los hombres, mienten más y mejor que los hombres y son más infieles… Es algo que he aprendido… con el tiempo…– sonrió levemente. En realidad, el hecho de que fuera más seguro para él, había sido uno de los motivos que lo había inclinado a tomar ese empleo. – Lo cierto es que acabé harto de ellas…– se rió y lo miró a los ojos. –A mí también me han traicionado… muchas veces… todos estamos en el mismo barco…

Toru sujetó su rostro con las manos, tentado a besarlo pero sabía que no debía. – Esto va a sonar cliché, seguro te lo dicen todo el tiempo, pero no puedo evitarlo... Quisiera que esto fuera real, que no estuviéramos aquí... y yo no fuera yo.

Hayabusa sonrió levemente y le acarició el rostro con la mano. –Toru… – lo miró a los ojos preguntándose si estaba bien que lo tratase familiarmente. –Esto es real…y no estamos aquí… Estamos en nuestro mundo… y tú…tú eres tú… y eres hermoso del modo que eres… No cambiaría nada de ti… absolutamente nada…

– Hayabusa-san... – sonrió, sin poder evitar que algunas lágrimas resbalasen por su rostro. – Lo siento, soy un tonto – se disculpó, limpiándose con un dedo.

– No… no lo eres…– lo abrazó contra él de nuevo, suspirando con fuerza y entrecerrando los ojos. No le gustaba verlo llorar ni siquiera cuando era por felicidad. – Toru… dime… ¿tienes a alguien? … familiares… amigos… amantes…

– Sólo un amigo, Koya, aunque a veces tenemos relaciones pero... – sonrió, pensando que ese tipo de cosas entre ellos solían suceder más por necesidad que por otra cosa. – Lo he invitado a venir. Creo que le haría bien... Y no, no tengo a nadie más.

– Has hecho bien… Hay un chico nuevo… que aún no está… – “podrido” pensó para sí. – muy al corriente de cómo van las cosas, es encantador… y muy guapo… Estoy seguro de que le encantaría… y a mí también que viniera… Así tú lo acompañarás… y me visitarás de nuevo… ¿verdad?

– Por supuesto, no vendría solo, y yo. No pienso perder una oportunidad de verte. – asintió, mirándolo a los ojos, y sonriendo. – Espero que nunca te canses de atenderme.

– No… eso no sucederá…– sonrió, aproximándolo a él y rozando la nariz con la suya, apenas rozándolo, entrecerrando los ojos y acariciando los labios con los suyos, desviándose a su mejilla y besándosela. – “En realidad esta mañana… cuando se rompió el cristal de la estantería… estaba “pensando” en ti…”

Toru se rió con suavidad. – “Entonces soy peligroso para ti... Ten más cuidado”

Hayabusa se rió también y le pasó el brazo por los hombros. – Tienes razón… debería tener más cuidado contigo…

– Sólo cuando estés en el baño, no muerdo... – se rió de nuevo, abrazándose a él. – Se me acaba el tiempo, ¿no es así?

–…no… ¿estás seguro?– observó la hora en su reloj suspirando. – Cierto… así es… Tal vez si nos hacemos pasar por dormidos no nos despierten…– bromeó jugando con él y recostándolo en el sofá bajo él. Observándolo a los ojos y sonriendo con malicia. El colmillo de platino que colgaba de su pecho balanceándose sobre el rostro del pelirrojo.

– No quisiera irme nunca. No soy tan feliz como cuando estoy contigo, Hayabusa-san... – sonrió, sujetando el colmillo con delicadeza, y cerrando los ojos. – Siempre me ha gustado cómo te queda esto...

Hayabusa se inclinó un poco más sobre él, rozando las caderas contra las suyas y apretándose contra su cuerpo, besándole la frente y dejando los labios sobre ella. –Yo tampoco lo soy cuando te vas…– le sujetó las manos llevándolas a su cuello, mirándolo a los ojos, bajando la vista a sus labios e inclinándose un poco más.

Uno de los chicos golpeando suavemente afuera para avisarlos de que necesitaba el privado a causa de la hora.
– Ya salgo…– Hayabusa miró de soslayo hacia la cortina y se levantó, ajustándose la ropa aunque no pensaba abrocharse la camisa ya, de hecho, se alegraba de que hubieran llamado.

Toru se llevó una mano a la cabeza, exhalando con fuerza, y sentándose para beberse lo que quedaba en la copa. Se sentía caliente, y estaba algo rojo. – Ahora me tendrás pensando en ti todo el tiempo. – sonrió, poniéndose de pie por fin.

–Lo siento…– se disculpó sintiéndose un tanto nervioso también a pesar de disimularlo muy bien pese a todo. – Te acompañaré abajo…– corrió la cortina saludando a los que entraban y llevó al chico con él. – ¿Has traído algo de abrigo?

– No... la piel vende mejor. – se rió, dejándose llevar. – No lo sientas... es agradable pensar en ti. Sólo... no te cortes más.
– Procuraré no hacerlo…– sonrió levemente y lo detuvo. – ¿Seguro que no quieres abrigarte con algo? Tengo una camisa en el vestuario… sé que te sentaría enorme…

– No te preocupes... estaré bien. – se giró, mirándolo a los ojos. – Pero gracias por sugerirlo.

– Está bien…– lo llevó con él al ascensor y pasó al interior, abrazándolo contra él y mirando a la puerta, deseando que llegara abajo lo más rápido posible. –Ven a verme de nuevo…

– Sabes que lo haré. – Cerró los ojos contra su abrazo, separándose sin muchos deseos cuando escuchó las puertas abrirse. – Hasta la próxima...

– Vuelve pronto…– lo observó marcharse hasta que desapareció y se pasó las manos por el cabello, retirándoselo hacia atrás y peinándose mejor en el espejo del ascensor. Deseando poder hablar con alguien realmente.

Toru se alejó, sonriendo y apretando un puño contra su pecho. Seguramente no podría comprarle algo tan caro como los demás, pero deseaba darle algo, algo para que realmente pensara en él, aunque fuera de forma pasajera.

 

 


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