.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 19
One Step at a Time

– Koya... ¡Koya! ¿Ya terminaste? – lo llamó el pelirrojo, corriendo un poco hacia la puerta y tocando. Estaba deseando ir al club de nuevo, ni siquiera estaba seguro de que tuviera un cliente, pero no le importaba mucho.

–Sí… me estaba vistiendo…– el moreno se rió al verlo tan hiperactivo, poniéndose una chaqueta por encima del jersey y la camiseta, como si fuera a hacer frío o algo así. – Me he duchado… – le explicó innecesariamente, encendiendo un cigarro mientras cerraba la puerta de la casa. –¿Así de hiperactivo te pones cuando vas a verlo?

– Sí, me hace feliz verlo. Además, le compré un regalo. – sonrió, guindándose de su brazo. – Ya te veré cuando conozcas a uno que te agrade...

– ¿Un regalo? ¿Qué es?– preguntó cotilleando un poco y guardándose las manos en los bolsillos de la chaqueta, preguntándose si realmente le gustaría eso de conocer a un host. Sabía cuando le mentían, no era idiota… ¿o sí?

– Una tontería, un anillo... Lleva muchos, imagino que son otros regalos... – se sacó a cajita del bolsillo abriéndola, y mostrándole el anillo de oro, con aquella piedra azul al igual que sus ojos. – ¿Te gusta? ¿No es muy ostentoso?

–No lo sé… supongo que no para ser un host…es bonito… y seguro que te dejaste una pasta… ya espero que lo aprecie… Yo no me voy a gastar esa pasta en un tío…– murmuró aunque no estaba muy seguro de ser nada fuerte como para no caer en la trampa. De hecho… De hecho quería caer… y no pensar en nada… – ¿Cómo se llama?

– Hayabusa Shingo, pero no lo trato de primer nombre claro... Eso sería irrespetuoso. – le contó, sonriendo, y halándolo para ponerse en camino. – Ya lo conocerás... es muy amable.

– Seguro…– sonrió levemente, sujetándole la mano con la suya. De todos modos, ya estaban acostumbrados a que los insultasen o los mirasen mal, no iba a importar si alguien más les decía un improperio por ser homosexuales. –Yo quiero ver la carta esa…– dijo parándose delante del lugar que le había dicho el pelirrojo y mirando el cartel. –¿Es este no?– señaló la foto donde ponía el nombre que le había dicho, notando que era el número uno y luego al dos. –Ese me gusta… pero se ve pérfido… no quiero que me despellejen… Hay mas que esos digo…

– Bueno, hay muchos más, no sólo tienes que fijarte en los primeros... aunque yo sí lo hice, y no me arrepiento. – se rió, entrando, y acercándose al bar. – No está Tatsuya-san... qué extraño...

– Estará en el baño…– se burló el moreno que estaba un poco nervioso, tocándose las mechas violetas que caían delante de uno de sus ojos y cogiendo una carta porque estaba sobre la barra.

Hayabusa se levantó de donde estaba charlando, al verlo llegar con su amigo y sonrió pasándole la mano por el cabello. –Toru…– le besó la mejilla, sonriendo – Qué pronto has vuelto… ¿es tu amigo?

– Koya…– le dijo el chico, soltando la carta por si acaso no podía cogerla así como así.

– Encantado…– se rió y cogió la carta, llevándolos hacia unos sillones algo más tranquilos. –Puedes mirarla, adelante. ¿Vais a tomar algo?– preguntó por cortesía.

–Supongo… hay que hacerlo además…– el moreno miró al otro con cara de pregunta. – Vino tinto… lo que sea… no tengo ni idea…

– Baka... – se rió el pelirrojo. – Vale, compremos una botella de vino tinto... ¿está bien que se siente con nosotros mientras ve la carta? Hayabusa-san...

– Claro…– el moreno sonrió, aunque estaba un poco desconcertado con la actitud del chico y le pasó la mano por los hombros al pelirrojo, acariciándole el cuello y aproximándolo a él para recostarlo en su pecho. Le acarició el pelo con la cara y se la alzó un poco para verlo a los ojos. –Así tengo una excusa para estar a solas contigo un poco…

Koya los miró de soslayo, pensando que seguro que era una mentira como una casa, y mirando las fotos de los chicos, pero todos parecían demasiado “guays o felices”. La abrió del revés para ver qué había “al fondo del cajón” que era donde se sentía él y se quedó mirando al rubio en la primera página, comenzando desde atrás. Leyó su perfil y sonrió pensando que comer helados no era una afición. – ¿Este?– preguntó sintiéndose como si comprase un kilo de fruta.

– ¿Ya elegiste? – sonrió el pelirrojo, muy cómodo contra el pecho de Hayabusa, sonriendo. – “Te traje un regalo...” – le susurró, y miró a Koya luego. – Pero no tienes que preguntarnos, si quieres a ese, elige a ese.

–Vale… ya lo elegí… ¿ahora presiono un botón y aparece?– preguntó a la defensiva por vergüenza.

–Yo lo aviso… “No debiste…”– lo miró, sonriendo y besándole los labios fugazmente mientras se levantaba. –Disculpadme…– se acercó al rubio y le apoyó la mano en el hombro. –Ya tienes tu primer cliente… ven…

– Estoy nervioso…– Koya miró a su amigo y se pasó la mano por el cabello. –Seguro que lo paso mal…

– Claro que no... ya verás que te gustará. Y ese debe ser nuevo, si está al final, nunca lo había visto antes... – le comentó, como para que se sintiera más a gusto. – Koya, sólo relájate...

– Mucho gusto, me llamo Hideyoshi – se presentó el rubio de pronto, sentándose a su lado, y estrechándole la mano, sonriendo. – Muchas gracias por elegirme...

– Dejémoslos solos…– Hayabusa le ofreció su mano al pelirrojo y se le sujetó con suavidad para que lo acompañara, aún así, sin volver con los otros chicos y llevándoselo a unos sofás apartados. – Quiero saber qué te ha hecho pensar en mí…

Koya lo miró irse como si se fuera su última esperanza y luego miró al rubio, sonriendo levemente. – Koya…– le estrechó la mano y lo miró a los ojos. –Te elegí por lo de los helados…

– ¿En serio? – se rió, rascándose un poco la cabeza. – No estaba seguro de si eso calificaba como una afición, pero... nunca he llenado uno de esos antes. – le confesó, pensando que lo mejor era actuar con naturalidad. No creía tener el talento de los demás para mentir, y además, el chico se veía confundido.

Koya miró a los ojos del rubio, observando sus expresiones y sonriendo ligeramente, se veía un poco… baka. Había esperado que todos fueran “perfectos” como ese Hayabusa y había sentido reparos en si estaba haciendo bien. – Bueno… yo no estoy muy seguro de si he hecho bien en venir, mi amigo me convenció… Me dijo algunas cosas que me hicieron pensar que era buena idea… ¿Podemos hablar de lo que sea?– cogió un cigarro del bolsillo y se lo apoyó en los labios. – ¿Te molesta si fumo?

..................

– La última vez... cuando me besaste y me abrazaste... pensé que debía darte algo. No lo sé, no espero nada a cambio. Sólo... – Toru sacó la cajita, enrojeciendo. – .... Para que puedas pensar en mí sin cortarte...

Hayabusa sujetó la cajita con los dedos, sonriendo levemente y abriéndola de forma cuidadosa, observando el anillo y la piedra azul en este. Aquello era demasiado dinero para Toru, estaba seguro... No deseaba menospreciarlo o no demostrarle que estaba complacido. –Es precioso…como tus ojos…– se quitó la alianza tallada en platino que llevaba en el anular sustituyéndola por aquel anillo. – Así… podré mirarlo mientras “pienso en ti”y sentiré que estás conmigo – sonrió jugando y sujetando la mano del pelirrojo, colocando su anillo de platino en el dedo corazón del chico ya que sus manos eran bastante más grandes que las del pelirrojo. Lo observó mirar el anillo y sonrió inclinándose hacia él y susurrando en su oído. – “¿Podemos tener un cuarto para estar a solas?”– le preguntó, aún así animándolo a gastarse más en él. Ya no sabía ser de otro modo.

El chico enrojeció, por un segundo pensando en que casi no tenía dinero ya. Lo había gastado casi todo en aquel anillo, y ahora... Se miró el dedo, con la alianza, conmovido, sin creer que hubiera hecho algo así. No podía decirle que no. Lo miró a los ojos asintiendo y sonriendo. – Por supuesto...

–H estado pensando mucho en ti… desde la otra noche…– le confesó, rodeándole la cintura con un brazo y avisando a uno de los chicos para que le apuntase un privado y que no los molestasen. Entró con el pelirrojo y cerró las cortinas sentándose. – Me estado preguntando…– sonrió jugando con su mano sobre la mesita que había en el medio de la salita.

– ¿Qué has estado preguntándote? – le sonrió, observando cómo tocaba su mano. – Por lo general soy yo el que se pregunta...
– Me preguntaba… si realmente te gustaría yo… de verdad… y no sólo lo que pagas por ver…– sonrió de nuevo y se apoyó con la espalda en el sofá, recostándose un poco hacia atrás y soltando su mano.

Toru suspiró sonriendo y recostándose también. – Hayabusa-san... realmente me gustas tú. Yo no pago... por ver un acto, pago por tu compañía. Porque me agradas, porque.... quiero pensar que eres sincero conmigo. – Se giró la alianza en el dedo, bajando un poco la mirada. – Sé que no eres perfecto, sé que probablemente te enfadas como cualquiera, y amaneces despeinado. Pero esas cosas no me importan, no me importarían.

Hayabusa sonrió levemente, observándolo y cruzando una pierna sobre la otra. – No, en realidad no amanezco despeinado… me despeino en cuanto llego a mi casa… no me gusta el fijador… – se pasó un dedo por el colmillo que llevaba colgando en el pecho, jugando con él. –Tuve una relación seria…hace años… – lanzó de pronto, hablando de forma casual.

Toru alzó la mirada observando sus ojos violeta, sorprendido. – No dejas de sorprenderme esta noche... – le sonrió, tomando su mano de nuevo. – Tuviste una relación seria...

–Y…– sonrió observando sus ojos y sujetando su mano como si temiese que fuera a salir corriendo. ¿Por qué hacía eso? No lo sabía realmente. – Tengo un hijo…

– ¿Un hijo? ¿Tú? Pero si... Es pequeño ¿no? – lo miró, ahora sí sorprendido. Se veía muy joven, jamás hubiera pensado que tuviera un hijo. Tampoco comprendía por qué le estaba diciendo esas cosas, era extraño.

–Se llama Takara… y no es pequeño…tiene un año menos que tú…– soltó su mano y lo miró a los ojos, observando su gesto sorprendido. –Es mejor si no haces cuentas…– se rió quitándole “plomo” al asunto.

– Seguro lo tuviste muy joven... – decidió, sin dejar de observarlo. – No puedo creer que tenga un año menos que yo, para nada. – se rió, enseriándose un poco después. – Gracias... por confiar en mí. Debe ser un chico muy guapo.

–S e parece a su madre… es muy guapo…– extendió la mano hacia él por si deseaba aproximarse. – ¿Qué haces tan lejos? ¿Ser padre me hace perder atractivo?

Toru negó con la cabeza. – Te encuentro aún más interesante... Creí que no me querías cerca, soltaste mi mano... – se acercó, recostándose en su hombro. – Pero no estás casado ahora, ¿verdad?

– No me casé…vivíamos juntos…teníamos una relación… pero no nos casamos e hicimos bien… Ella se fue cuando Takara cumplió dos años… – lo rodeó por los hombros aproximándolo a él y besándole el cabello. –Yo siempre te quiero cerca…

– Así que lo has criado tú solo... – suspiró, entrecerrando los ojos ante aquel beso. – Ahora me siento extraño, debe serte tedioso y molesto escucharme a mí, hablar y hablar de mis asuntos, cuando tú tienes los tuyos...

– No… a mí me agrada escucharte hablar… Ya te he dicho que eres mi preferido… – le pasó un dedo por la garganta hasta alzarle la cara para mirarlo a los ojos. – Le he hablado a mi hijo de ti incluso…

– Mientes... – renegó, totalmente vulnerable, aunque no lo creía realmente. – ¿Por qué harías eso?

–Yo nunca te miento… baka… – se rió con suavidad porque ahora sí estaba mintiendo y después le sonrió – Él cree que debería salir con alguien… dice que siempre estoy solo, no comprende lo ocupado que estoy… o lo que la gente piensa de su padre realmente. Supongo que él me ve… como cualquier hijo ve a su padre… – le apoyó la mano sobre la mejilla, haciéndolo pegarse a su pecho.

– Seguro eres un padre excelente, y tu hijo te quiere mucho... – murmuró, imaginando cómo sería aquello. – No creí que fueras alguien que se preocupase por lo que la gente piensa de ti. Yo pienso que eres muy amable, y especial.

– No me preocupa especialmente, de hecho, encuentro gracioso cuando vamos por la calle y creen que es mi cliente… Pero sí me preocupa… lo que él pueda estar pasando… Nunca se queja ni me dice nada… pero probablemente si no va al colegio es por culpa de esto… He contratado a un profesor que imparte clases a domicilio… No debería estar hablando de esto…– le sujetó la mano y la deslizó por la abertura de su camisa para que le tocase el pecho. –Dejemos el tema… hablemos de ti…

–No... no me molesta, me agrada. Se siente... real. – sonrió cohibido, y bajando la mirada, aunque sin dejar de acariciarle el pecho ahora, las mejillas un tanto rojas. – Creo que si te preocupa, deberías preguntarle a tu hijo, directamente. Aunque no lo conozco, no sé.
–Yo tampoco lo conozco muy bien… No habla mucho y tampoco tenemos mucho tiempo para estar juntos… Todas las mañanas al llegar a casa… voy a verlo antes de acostarme… y siempre está despierto por mí… es un buen chico… – se abrió más la camisa y se la bajó para descubrirse el cuerpo de ese lado, entrecerrando los ojos y dejando que lo tocara, no sabía muy bien por qué estaba haciendo algo así… le ardía la piel y no podía evitarlo.

– Seguro que él sabe... que trabajas tanto por él. Me siento culpable, jamás imaginé que tu vida fuera así. Soy un tonto, ¿no? – sonrió, acariciándolo, y cerrando los ojos completamente contra su pecho, agitado. – Te veía... bebiendo champán, y en fiestas, o descansando en una enorme cama... Aunque siempre trataba de imaginarte haciendo cosas cotidianas.

– Vivo en un piso… aunque sí es muy grande… pero casi nunca estoy en él y cuando estoy… estoy dormido…– sonrió levemente, observándolo y preguntándose si al final arruinaría completamente aquello. Le estaba rompiendo por completo su ideal de él, justo lo que no debía hacer, sabía que estaba en un punto muy peligroso y algo no le dejaba abandonar aquella conversación. – No eres un tonto… yo he proyectado esa ilusión que te creaste de mí… seguramente dentro de unos días ya no vuelvas…

–Hayabusa-san... no voy a dejar de venir, porque me hayas dicho esas cosas. Sólo hacen que me agrades más, y que me sienta honrado. A menos que... – se separó un poco, mirándolo de soslayo, con temor. – ... No me dices estas cosas, ¿para que ya no venga, verdad?
– Claro que no…– le sujetó la cara con una mano, mirándolo a los ojos, serio. –Quería saber cuan fuerte era lo que sentías por mí… Si realmente estás enamorado de mí…

– Hayabusa-san... – le devolvió la mirada, claramente vulnerable aún. – Realmente estoy enamorado... Pero prefería jugar. Porque no creo que vayas a enamorarte de mí – se rió nervioso.

–Eso no lo sabes… pero ya que quieres jugar… jugaremos…y nada más– le soltó el rostro, claramente decepcionado aunque su gesto no se hubiese alterado para nada. –Tu amigo es muy arisco… estaba a la defensiva…– cambió de tema, como si jamás lo hubiera tocado antes.

– Jamás... ha venido a algo así. No tiene muchas maneras, pero es... buena persona. – suspiró, como golpeado, y quitando la mirada. Debió suponerlo. – Estaba nervioso.

–Es comprensible…– frunció ligeramente el ceño y se tocó una ceja, estaba molesto… Sonrió ligeramente y respiró con fuerza. –Pero Hideyoshi es una persona encantadora, además es su primer cliente, estoy seguro de que se llevarán bien.

– Seguro, Koya también, puede ser muy encantador, si quiere – sonrió un poco, no muy cómodo con la situación. Deseaba irse, pero no podía dejar solo a Koya allí. Sin embargo, no iba a poder relajarse ni estar bien ya.

–El lunes es mi día libre ¿estás seguro de que no quieres saber si podría enamorarme de ti? Porque yo sí quiero saberlo, Toru… – lo miró sin alzarle el rostro esta vez, observando su cabello rojo.

– Hayabusa-san... – murmuró, sintiendo que le temblaba la voz. – Hayabusa-san... – repitió, girando un poco el rostro aunque sin alzar la mirada. – Sí quiero saberlo, eso no es lo que quise decir. ¿En serio... quieres verme fuera de aquí?

– Sí – le alzó la cara para que lo mirase a los ojos. –Eres muy dulce, precioso y me divierto contigo… siento que puedo relajarme… y dejar de actuar… Quiero conocerte por completo… no quiero tener que arrepentirme.

Toru sonrió, aunque estaba claramente remecido, sus ojos un tanto brillantes. – Claro, no... Es que no lo puedo creer, que quieras salir conmigo. Con alguien como yo...

– Alguien como tú… ya te he dicho lo que me pareces… ¿Acaso te describirías de otro modo?– le acarició el rostro con suavidad, apartándole el cabello de delante y recostándose hacia atrás, ayudándolo a sentarse a horcajadas en sus piernas y abrazándolo. –Me había jurado a mi mismo no volver a salir con un cliente…

– Alguien como yo... un prostituto... – sonrió, aclarando, y bajando un poco el rostro. – ¿Era una clienta? ¿La madre de tu hijo...?
–Sí, una prostituta– le aclaró, alzándole el rostro de nuevo –Una chica preciosa…

– ¿No tenía el cabello rojo, verdad? – se rió ligeramente, intentando ocultar sus nervios. Se sentía como un chiquillo sin experiencia a su lado. – Entonces... no te importa lo que soy... Es extraño.

–No, lo tenía negro…– sonrió y le tocó el cuello. –No me importa… ¿te importa a ti? Lo que yo soy…

– ¡Claro que no! – se rió, abrazándose a él. – Me sentiría honrado de que alguien como tú, caminase a mi lado.

–No seas baka… – lo abrazó con fuerza contra él, preguntándose qué sucedería o si estaba haciendo bien. De todos modos, prefería no tener que arrepentirse.

 

 


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