.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 20
Al Menos Hay que Intentar Ser Feliz

Hideyoshi acercó el fuego al cigarrillo del chico una vez más, sonriendo. – No te estás aburriendo, ¿verdad? No es bueno que te pregunte eso... – se rió, aunque no veía nada de malo en ser natural. Tal vez pudiese hacer aquello sin necesidad de mentir. Al menos con ese chico.

–No… es que yo soy así… no hablo mucho… ¿te aburres tú?– le preguntó inclinándose hacia delante sobre sus propias piernas y cogiendo la botella de vino para beber de la misma, deteniéndose y sirviéndose en la copa que le habían traído. –Hace mucho tiempo que no hablaba con alguien como tú…– se llevó el cigarro a los labios, mirando a la gente en el ambiente penumbroso.

Hideyoshi lo miró, pensando que debía haberle servido él, pero era muy rápido el chico. – No me aburro, me agrada hablar contigo. Las personas no tienen que hablar todo el tiempo para relacionarse, ¿sabes?

– No lo sé… no me relaciono mucho… Bueno, en realidad sí… “son tanto, lo hago con condón, no hago mamadas y no beso” luego de eso… ya nada mas… – sonrió de medio lado y se sopló un poco el flequillo. –Pero gano bastante…

El rubio se rió con delicadeza, sirviéndole más en la copa. – Cada cual tiene su manera de ganarse el dinero. Me alegra que hayas decidido venir aquí... Siempre es bueno relajarse un poco. – lo miró a los ojos, aún sonriendo.

–Yo quería conocer a algún chico joven… y kawaii… ya sabes… alguien que no estuviese como yo… No es que no conozca a chicos jóvenes… pero nosotros… los chicos como Toru… o yo… ya no somos jóvenes… Por eso vine aquí… Pero no estoy muy seguro de que eso sea buena idea… Después de todo vosotros os dedicáis a engañar a la gente y jugar con ella… a lo mejor… quiero que me engañen un poco…– se tocó el pantalón con la mano que sujetaba el cigarro, dejando que le cubriese el cabello la cara.

– Bueno, puedo engañarte si eso quieres, pero no lo hacía por el momento... – estiró una mano apartando el cabello de su rostro con suavidad. – De verdad me pareces agradable. Además, creo que he tenido suerte.

– ¿Y qué me ibas a decir?...– lo miró de soslayo y apartó la mirada porque quisiera que no, se sentía bien aquella caricia y sus palabras, casi se sentía como un niño idiota. Sonrió sin poder evitarlo, aunque siguió sin mirarlo. – A ver… ¿Por qué has tenido suerte?

– Porque eres mi primer cliente, y me ha tocado alguien como tú. No tengo que esforzarme mucho, porque ya de por sí me eres simpático. Y porque tampoco viniste esperando algo preconcebido, creo... – sonrió, un poco rojo, y le tocó el rostro, haciendo que lo mirase. – Nos han dejado solos, creo que me ponen a prueba. Ahora dime tú, ¿por qué miraste la última página del menú?

– Porque los de delante parecían demasiado felices… y quería a alguien… que pudiese comprenderme en cierto modo… Pero ahora ya sé que no estabas al fondo por nada malo… sólo porque eres nuevo… De todos modos no me arrepiento…también me parecía atractivo ese de la segunda página… pero tenía cara de víbora manipuladora… –lo miró a los ojos un tanto inexpresivo y le tocó la cara con la mano, apartándole el cabello del rostro. – Eres muy guapo… y joven… no deberías quedarte mucho aquí…

– ¿No? ¿Por qué no? – le sonrió, un tanto sorprendido por su comentario, y prefiriendo no decir nada de Tsubasa. Seguro que si se enteraba le cogía más odio. – No es tan malo aquí. Y por cierto, ¿buscabas a alguien malo? ¿Para que pudiera comprenderte? Pero a mí no me parece que seas malo... Bueno, ya sabes.

– Malo… No, malo no… Fracasado… algo así…– se encogió de hombros y se bebió lo que le quedaba en la copa, mostrándosela para ver si le servía más y riéndose un poco porque se sentía como si abusase un poco, pero era agradable. – Creo que si te quedas aquí mucho tiempo dejarás de sonreír así… y serás como ese de la segunda página… Seguro que no le hace gracia lo que le está diciendo ese…– meditó mirando al hombre con el que estaba, era mayor y no muy agraciado. – Seguro que le da náuseas que lo toque…– siguió aunque le estaban dando nauseas a él.

– Y seguro que me pondré celoso si sigues mirándolo a él. – se metió con él, sirviéndole un poco más. – No lo sé, a todos les han de tocar clientes que no les agraden, pero no por eso significa que no tienen derecho a un trato amable, a un poco de cariño quizás... – lo miró a los ojos, un poco más serio, aunque no del todo. – Trato de no considerarme un fracasado, porque sigo luchando por no dejarme vencer. Pero podría decirte algunas cosas.. aunque creo que sería un error. Al menos puedo decirte que no pareces un fracasado.

– ¿No? Eso es porque no me ves encima de hombres que podrían ser mi padre… follándomelos mientras pienso en mi mejor amigo de forma desesperada para poder mantener una erección… Podría contarte cosas… yo también… de esas que no puedes olvidar… por más que lo intentes… Puedes contarme lo que quieras… Eso no hará que dejes de agradarme…

– No lo hará, pero es poco profesional. ¿Ves? No te conozco de nada. Debería ser más cuidadoso. – le puso todas las objeciones por delante, sonriendo. Por algún motivo, aquel chico le inspiraba confianza. No iba a durar nada en ese negocio así, podía sentir a Kenzo riñéndolo mentalmente. – Y tampoco podré superar lo tuyo supongo.

– ¿Lo mío?– lo miró a los ojos y le sujeto un mechón entre los dedos, rozándole la nariz con él para molestarlo un poco a ver qué pasaba. – Cuéntame… no seas plasta… quiero conocerte… no quiero que me vendas un producto…

– ¿No? Entonces ¿no me vas a comprar la colonia Hideyoshi for men? – se rió, sirviéndole un poco más en cuanto escapó de su juego. – Bien, te diré, pero... luego no me digas que te deprimí, ni me hables como si no tuviera cerebro.

–No haré eso… – se rió y se apartó un poco el cabello de la cara aunque resbaló de nuevo sobre uno de sus ojos mientras bebía. –Y no puedes deprimirme mas de lo que yo soy de por sí…

– Entonces, intentaré hacer lo contrario, luego – le apartó el cabello de nuevo con suavidad. – Bien... mi padre era alcohólico, y mi madre se fue por eso. No me llevó con ella porque... seguro me quería más de lejos. – bromeó, suspirando. – Así que dejé la escuela y empecé a trabajar. Y tiempo después, sorprendentemente, mi padre dejó la bebida. Para mí desgracia, resultó que no era tan simpático nada sobrio. Sabes, como esas chicas gordas a las que les dicen que tendrían un rostro bonito si fueran delgadas. Pero luego rebajan y... no. – se rió, sirviéndole aún un poco más, y de paso, bebiendo él también. – Así que me fui, la segunda vez que me golpeó. La primera me rompió el brazo, y le dije que si me volvía a tocar, me iba. Así que no podía echarme para atrás.

–¿Y por eso estás aquí?– preguntó el moreno, llenándole el vaso para que bebiera otra copa, que sentía que le hacía tanta falta como a él. –A mí también me han golpeado varias veces… aunque nunca me han roto nada… y no era mi padre claro… no es lo mismo…– bajó la vista un poco. Estremeciéndose un poco sólo de pensar en ello. – No soporto que me golpeen…

– Estás de suerte, entonces... – le tocó la pierna, sonriendo, porque le parecía que lo había afectado de todas maneras. No era un tema que le divirtiese tampoco, pero no veía por qué ocultarlo. – Estoy aquí... porque necesitaba un empleo que pagara lo suficiente para vivir. Y alguien me ayudó en un mal momento...

– Está bien… Es un buen empleo si tienes lo que hay que tener para dedicarte a esto…– le miró la mano y se la tocó con la suya, rozándole los dedos con las puntas de los suyos. Estaba suave… para variar… no era un tacto ansioso, uno de esos tactos que te hacían sentir “cosificado” –¿Has tenido novio alguna vez?– preguntó aún mirando su mano mientras la acariciaba.

– ¿Novio? Hum... Sí, he tenido algunas relaciones, pero todas cortas o superficiales. – lo miró sonriendo, dejándose llevar aunque sabía que no debía. – La verdad es que no suelo lanzarme tan fácilmente, pero con la mayoría... no he sido capaz de profundizar. No suelo ser como estoy siendo ahora tampoco... Se supone que hablásemos de ti... – se rió.

– Pero yo no me resulto interesante… – el moreno se rió con suavidad, le gustaba escucharlo y verlo sonreír. –Yo tuve un novio en el instituto… antes de dejarlo… – se levantó, notando que se habían acabado la botella de vino ellos dos solos. – ¿Bailas conmigo? Mientras hablamos… No sé bailar… sólo quiero abrazarte… Es una excusa… pero bailemos…

– Bailemos. No te preocupes, tampoco fui a la escuela de baile... – se puso de pie, ayudándolo a su vez, y apartándose un poco del sofá para no tropezarse, sujetándose a su cuello. – No lo haces mal...

–Bueno… sólo porque es una de esas canciones en las que no tienes que hacer nada para bailar… Es una de esas para sobar al compañero de baile…– lo abrazó un poco más, olía bien. – ¿Fumas?

– A veces... – lo miró a los ojos, guardándose sus comentarios de cuando fumaba. Ya se había revelado suficiente, aún así le parecía una tontería cuidarse de ese chico. ¿Qué más daba? – Cuando me siento mal, o necesito pensar... Y a veces sólo porque sí. – se rió. – ¿Tienes un super olfato?

El moreno se rió. – Sí… soy el súper héroe del olfato fino… me haré tasador de quesos… No creo que se diga tasador… catador… eso… ¿piensas que es desagradable que te abrace? Porque me lo puedes decir… no voy a molestarme… No quiero ser como uno de esos… tíos que dan asco…

– No, es agradable... – sonrió, negando con la cabeza. – No eres como ellos. Y tampoco me ha tocado nadie así. Pero supongo que todos merecen algo de cariño.

–No todos… algunos se merecen lo peor… y quedarse solos… eso… es lo peor…– se apoyó en su hombro mientras bailaban, le daban ganas de dormirse. –Hace unos días soñé que tenía novio…

– ¿Un novio? Y ¿te gustaba? – le preguntó, acariciando su cuello, tratando de concentrarse en lo positivo. Seguro lo había pasado muy mal, no era bueno que siguieran hablando de esas cosas.

–Sí… era cariñoso conmigo…– se rió mordiéndose un poco el labio después. –Yo le metía mano pero él no me dejaba… Eso… es una idiotez… supongo que sólo estaba teniendo algún recuerdo de cuando era inocente…y esas cosas eran especiales…

– Esas cosas son especiales. Cuando te enamoras... No lo sé, la verdad. Pero yo creo que sí. – lo continuó mirando a los ojos. – Siento que debería conseguirte un novio, pero entonces me quedo sin cliente. – bromeó, preguntando luego. – ¿Crees que vuelvas?

–Seguro…– lo miró como resignado. –Volveré pronto…Tal vez mañana o pasado…me gusta estar contigo… y no me importa gastarme el dinero en eso… De todos modos no me lo gasto en nada más que en la renta del piso… ¿Nunca te has enamorado?

– No, nunca – le sonrió, intentando no sentirse culpable porque gastase su dinero. Era parte del trabajo, aunque realmente le gustaría que regresase. – ¿Tú sí?

– De más joven… pero yo no le gustaba…– se rió mirando su corbata. – ¿Sabes? No tienes nada de cara de usar corbata…

– No la suelo usar... – se rió, sorprendido de que lo notara. – Eres muy observador. Y dime... ¿cómo es que no le gustabas a tu novio? No tiene sentido...

–Bueno, pero es que yo era popular entonces y él quería salir con mi amigo… así que… me dijo que sí para poder acercarse a él… De todos modos le salió mal porque mi amigo era hetero… bueno… lloré mucho… no te pierdes nada…– le sujetó el nudo de la corbata, soltándosela y enrollándola para guardársela al chico en el bolsillo. Sonriendo levemente.

- No hagas eso... baka – se rió, pensando que en serio era gracioso el chico. – Bueno, puede que yo no me pierda de nada. Pero más bien creo que él se perdió de mucho.

–No digas eso… no te sienta ser pelota tampoco…– sonrió de todos modos y le sujetó los brazos para rodearse el cuello con ellos, apoyando la mejilla contra la suya. No sabía cuanto tiempo llevaba ahí… pero ahora comprendía… Podría seguir ahí muchas más horas… incluso sin mediar palabra… y no querría irse…

– No lo soy, lo decía en serio... – sonrió, suspirando y dejando que lo guiara en el baile. – Creo que debes ser un novio muy atento y cariñoso...

– Eso es igual ya… no se puede volver atrás… y ahora no podría ser el novio de nadie… A veces lo hacemos… Toru y yo… pero sólo es… necesidad de calor… o de sexo sin… remordimientos… Le ha comprado un anillo a tu compañero… uno muy caro… que no se puede permitir… Me pregunto si acabaré siendo tan idiota… como él… enamorándome de alguien que nunca me verá como yo a él… Tal vez eso sea lo bueno… así no se acaba…

– Por eso las personas vienen aquí... – le contestó un poco entristecido de escucharlo hablar así. – Pero nunca se sabe lo que puede ocurrir, si te vas a enamorar... si se van a enamorar de ti.... Lo importante es intentar ser feliz.

–Supongo que sí... Supongo que tienes razón... Al menos hay que intentar ser feliz...

 

 


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