.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 21
The One I’ve Always Loved

– ¿Por qué abriste un club de host? En lugar de cualquier otra clase de local…– Kai miró a Tatsuya, acababan de terminar con las compras y volvían a su casa para “repoblar” su nevera. Al final por la mañana se habían entretenido en arreglar un poco su piso.

– Supongo que porque me pareció un buen negocio. Y porque era lo más cercano a lo que conocía, sin... entrar en lo otro. – le contestó, pensativo. – Fue más duro de lo que creí, pero creo que ha valido la pena.

– Claro… ahora estás ganando una pasta…– se rió el rubio, cargando la bolsa que llevaba a la espalda y abriendo el portal de su edificio. –Para mí eres como un ángel… – pasó delante de él, subiendo tres escalones antes de llamar al ascensor.

– Un ángel... Sí que dices tonterías – protestó, enrojeciendo un poco. – En realidad, a veces me siento culpable. No tenía malas intenciones pero no sé.

– ¿Culpable? ¿Culpable de que?– lo miró, sonriendo levemente al ver que estaba rojo. –No digo tonterías… Lo que pasa es que tú te mueres de vergüenza… – se rió preguntándose si le daría algo por no poder huir ya que estaban en el ascensor.

– ¡Claro que no! – lo miró, con deseos de lanzarle el molde de pan, pero carraspeando en vez de eso. – No importa, me siento culpable, porque sé lo que tienen que hacer los chicos. Por tu malestar, por engañar a los clientes, aunque... bueno, eso no lo sé. Es su decisión supongo.

– No digas esas cosas… Si a mí me pasa esto, es sólo mi culpa… y de nadie más, todos somos adultos como para echarle la culpa a otro de nuestras acciones. Si no fuera por ti yo estaría en un lugar mucho peor y lo sabes, jamás habría salido de allí– salió del ascensor y le sujetó la puerta antes de abrir la de casa. –Los clientes saben muy bien que sólo jugamos con ellos, en realidad a ellos tampoco les importa demasiado lo que nos pase… es lo que desean… Desean a alguien que los haga sentir bien y por el cual no tengan que preocuparse… Alguien a quien con pagarle sea suficiente para recibir cariño, sexo, compañía o lo que sea… Si realmente se sintieran tan solos… si realmente quisieran dar y recibir cariño… buscarían una relación de verdad…– siguió divagando mientras caminaba por el pasillo de la casa hacia la cocina. – Pero nosotros somos más cómodos… somos de usar y tirar…

– No lo sé, hay muchos que no lo ven así, ¿sabes? Siguen viniendo porque se sienten cautivados por alguno... – sonrió el moreno pensando que cuando le daban cuerda, no paraba, y siguiéndolo, dejando las cosas sobre la mesa un momento. – Y ya lo sé, es parte del por qué, sé que los chicos están mejor conmigo que afuera en la calle, o con otro club... Y que probablemente no sea tan buen administrador como los demás. Jamás puedo botar a nadie. Pero quisiera poder hacer algo más.

–Ya haces suficiente… ¿Qué más quieres hacer?– lo miró abriendo después la nevera y empezando a meter las cosas, nunca la había visto tan llena antes. –Yo creo que los chicos están a gusto contigo… Yo querría quedarme contigo para siempre…

– ¿Cómo que querrías? ¿Acaso piensas irte a algún lado? – lo miró pasándole algunos frascos.

–Algún día ya no valdré para eso ¿no? ¿O es que piensas hacer un club de abuelos? Podemos entretenernos jugando a petanca y hablando de nuestras dentaduras postizas…– se rió y lo miró de soslayo desde donde estaba agachado.

– De igual manera, me ayudarás en el bar, ¿o no? ¿O seguirás resistiéndote hasta el fin? Además... falta mucho para eso. – le aseguró, deseando que su salud no empeorase como siguiera así.

–Vale… Sí, claro que lo haré porque quiero estar contigo…– sonrió sintiendo como si se metiese con él cada vez que le decía algo así, siempre le estaba gritando. Se levantó y sacó el sushi que habían comprado preparado de una de las bolsas. – ¿Cenamos?

– Cenemos... – asintió, rojo de nuevo, y girándose rápidamente para que no se le notase. – ¿Dónde tienes los platos?

– En esa estantería– le señaló a la izquierda y lo miró de soslayo, sonriendo levemente y haciéndose ilusiones, cómo no, sin poder evitarlo. –Tatsu… ¿tú saldrías con un gigoló?– preguntó tratando de alejar el tema de él en cierto modo. – ¿No te parecería asqueroso?...

– No, bueno... No saldría con un gigoló en el plan en el que lo hacen nuestros clientes. – se puso serio, buscando dos platos y unos palillos. – Pero si me gusta, si estoy enamorado, entonces no veo por qué no. Las personas no son sus profesiones.

– Pero él se acuesta con otros… ¿no te da miedo que te contagie algo?... ¿No te celas de que esté con otras personas? – cogió unos palillos y los colocó sobre la bandejita donde había puesto el sushi. – ¿Quieres cerveza? Así se la bebe alguien y no la tiro… Yo tengo que beber agua…
– Todo sea por tu bien... – bromeó, aunque serio. – Y sí, me pondría celoso, me molestaría. Pero eso no impide que la persona te guste... Supongo que intentaría hacerlo cambiar de opinión, pero en caso de no conseguirlo...

–Ya…– sonrió levemente y se fue hacia el salón con la bandeja y la botella de cerveza debajo del brazo. – ¿Traes el agua y los vasos?– le preguntó, sentándose en el sofá delante de una mesita baja y mirando hacía la cocina.

– Vale... – contestó, llevando las cosas, serio, pensativo, nervioso en realidad. Se sentó a su lado, mirándolo de soslayo. – ¿Sucede algo?
–No… – se giró a mirarlo y miró a otro lado de nuevo. – ¿No estás cansado de estar solo?

– ¿Cansado? No tengo tiempo para eso. Y... no me siento solo. – enrojeció, porque mentía, pero no iba a admitirlo. Lo cierto es que lo tenía a él y a los chicos, pero no era lo mismo al regresar a su piso, con las luces apagadas y ese silencio.

– ¿No? Yo sí… ahora estás tú aquí… y pienso que ojalá fuera así siempre… poder compartir mi vida con alguien… No con alguien… Contigo…– lo miró a los ojos, muerto de miedo en realidad. –No… vayas a gritarme…

Pero el moreno no le gritó, más bien se quedó pálido, luchando por no escupir el trago de cerveza que tenía ahora en la boca. Tragó, cambiando de color al rojo. – ¿Con... conmigo? ¿Por qué?

Kai se rió revolviéndose un poco el cabello y apoyándose en el respaldo. Le daba vergüenza claro… y tenía miedo también. –Porque tú hace años que me gustas… y siento que te importo… e incluso que a lo mejor te gusto… y ya no lo soporto más… esta incertidumbre… el tira y afloja… Quiero saberlo ya… Así si piensas que es una locura a lo mejor dejo de obsesionarme…

– Baka... ¿Por qué eres tan baka, Kai? ¿Por qué tienes que decir las cosas de esa manera? – frunció el ceño, completamente rojo, cubriéndose el rostro, y murmurando luego. – Claro que me gustas, me has gustado desde que trabajábamos en aquel lugar. Creí que... no ibas a fijarte en mí.

– ¿Y cómo querías que te lo dijera?– lo miró y sonrió levemente, pasándole la mano por el cabello y atrayéndolo hacia él para abrazarlo, se sentía nervioso e incluso un poco eufórico. –Tenía miedo de perderte… aunque sólo pudiéramos ser amigos…– le sujetó las manos descubriéndole la cara. –Deja que te vea… no seas malo… – se rió, observándolo sin poder creérselo demasiado. Como si en algún momento fueran a decirle que había entendido mal.

– Perderme... El que tenía miedo era yo. Siempre hablando de cuando dejases de trabajar, rehusándote a cualquier manera de permanecer conmigo... Mira que eres un tonto. – suspiró, sonriendo un poco, y acariciando su rostro aunque el suyo propio seguía rojo.
– … me obsesionaba dejar de trabajar y no poder verte más… y eso… porque me da vergüenza… y prefería no estar mucho rato a solas… tenía miedo… de que llegara este momento y me dijeras “lo siento…” Así… podía seguir soñando…– observó su rostro y sonrió levemente. – Qué guapo eres… – se acarició con su mano y le revolvió un poco el cabello con la suya. – ¿Por qué me miras así? ¿Quieres que te bese?– se rió, metiéndose con él.

– No seas baka, ya... – negó, cohibido, y bajándole la cabeza con una mano. – Y la próxima vez, no salgas huyendo cuando te digo que te quedes... – suspiró, mirándolo a los ojos, y halándolo por la camiseta de pronto, besándolo profundamente. Se sentía increíble, era todo lo que había esperado y más.

El rubio le pasó las manos por el cabello, devolviéndole el beso y lamiendo su lengua, desesperadamente, besándole los labios con fuerza y jugando con ellos. Había deseado tanto aquel beso que sentía un cosquilleo por todo el cuerpo, le ardía la piel… ya no recordaba qué era eso… – Tatsuya…– lo miró a los ojos, besándole los labios con suavidad y sujetándolo. –Quédate conmigo toda la noche…

– Deja de dormir con los clientes... – sonrió, aprovechando, y acariciándole la mejilla. – Siempre he querido protegerte...

– No has tardado nada en decírmelo…– se rió, mirándolo a los ojos y besándole los labios de nuevo. –No lo haré más… ya no iba a hacerlo cuando me dijiste que te molestaba… Ahora sólo dormiré contigo…– le dijo para meterse con él sobre todo.

– No te lo decía por eso... – enrojeció, aunque era la verdad. Lo cierto es que tenía muchos motivos para pedirle aquello, pero no podía negar que lo ponía celoso. – Espero que los demás no se molesten... No pienso tener preferencias, ¿eh? En cuanto al trabajo– añadió, por si lo malinterpretaba.
–Lo sé…– lo miró a los ojos y sonrió levemente, aún no se lo creía. –No tienen por qué molestarse… porque seas mi novio… Se pondrán contentos…– se rió infantilmente aunque él no le prestaba atención a esas cosas. –Ven… – le tiró un poco de la mano para que se subiera a sus piernas. – Quiero abrazarte… olerte…

– Pero huelo igual que antes... – protestó, igual subiéndose. – Si lo hubiera sabido anoche, no te hubiera dejado dormir en el sofá. Disculpa...

–Me dio igual… ni siquiera me enteré de que me dormía…– se rió y lo sujetó por la cintura, acariciándosela y aproximándolo a él, hundiendo la cara en su pecho. – Sé cómo hueles… pero me gusta…– le rodeó la cintura con fuerza, apretándolo contra él. – Te quiero… – sujetó su camiseta con una mano, estrujándola y cerrando los ojos.

– Yo también... Te quiero, baka. – contestó, enrojeciendo y apretándolo de vuelta. No lo podía creer, luego de tantos años de estar dándole vueltas.

El rubio cogió un trozo de sushi de detrás de la mesa y se lo metió en la boca con cuidado. – Come…– sonrió mordiéndose un poco el labio y pasándole la cerveza. – Pero no quiero que te saques… eres mío… – le sujetó la camiseta para que no fuera a levantarse.

– No seas baka... Dios, debería dejar de decir eso... – se quejó, una vez hubo tragado. – No soy tu cliente, ¿sabes? No tiene que hacer esto...

–Déjame…no lo hago por eso, lo hago porque quiero… Además yo siempre me olvido de hacerles esas cosas a mis clientes…– se rió con suavidad y lo observó como si con eso ya tuviera suficiente de por vida. – ¿Dormirás conmigo? Seré bueno… por hoy…

– Dormiré contigo, ya te había dicho que sí. – le aseguró, aunque sólo lo había dicho en su mente. – Pero mañana tendré que ir a mi piso, no tengo el uniforme aquí. Pero tú también come, no le vas a hacer más daño a tu estómago.

– Como…– cogió un trozo de sushi y se lo metió en la boca, pero no tenía hambre de lo nervioso que estaba. – Quiero estar contigo… cuando salga del trabajo… todos los días…

– ¿Quieres... que nos mudemos juntos? – le preguntó, sintiendo que le temblaba un poco la voz. Sabía que se estaba apresurando, apenas acababan de empezar, pero llevaban años con ese baile. – No tienes que hacerlo, es que no me gusta regresar a mi piso solo... Pero igual podemos turnarnos.

– ¡No!... Estará bien… mudarnos juntos… donde más te guste… me da igual… A mí me gustará si estás tú… Yo… sé que esto va a salir bien… ¿sabes?– lo miró a los ojos serio.

– Yo también... – asintió el moreno, sin poder evitar que se le vinieran a la mente miles de recuerdos del rubio. En aquel local, cuando le pidió que se fuera con él, cómo solían caminar juntos luego del trabajo... – Dios, ¿cómo pude ser tan tonto?

– No… No eres tonto… estoy seguro… de que tenías miedo… como yo…– le sujetó las mejillas con las manos, atrayéndolo para besarlo de nuevo, cerrando los ojos y respirando pesadamente. Lo miró a los ojos de nuevo al romper el beso. – Pensaba que era mejor… seguir así… antes que perderte del todo… Pero ahora ya da igual… ya no te voy a dejar escapar… Quería matar a Hayabusa cuando se ponía a coquetear contigo… – se rió y le pasó las manos por los hombros.

– ¿Hayabusa? Sabes que es así, por algo es el primero... – se rió, pensando que lo ponía nervioso, pero nunca había dejado de pensar en Kai. – La próxima semana, también me tomaré el día libre... Iremos a ver pisos, algo que nos guste a los dos. – lo besó con suavidad, contento, extasiado en realidad, susurrando sobre sus labios. – Es mejor que comas, no seas necio...

– “No tengo hambre…”– sonrió contra sus labios y lo besó de nuevo, recostándose en el respaldo y llevándoselo con él. –Sólo quiero tocarte…y mirarte… nada más… me parece increíble… – deslizó las manos bajo su camiseta, acariciándole los pectorales y sintiendo su forma, deslizándolas después por su espalda. – Seguro que tú también lo has pensado… que vamos demasiado rápido de pronto… Pero… yo no tengo dudas…Sé que tú eres lo que yo quiero… y voy a hacer lo que sea… para hacerte feliz…

– Baka... Ya soy feliz... – le sonrió, pensando luego en que tal vez debía insistirle con lo del empleo, pero no era el momento. Ahora sólo quería estar con él. Le acarició el rubio cabello, observando sus ojos, y enderezándose un poco para besarlo él de nuevo, cerrando los ojos.

 

 


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