.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 23
Enter the Enemy

–Guárdeme el abrigo y la chaqueta del traje… – murmuró el altísimo hombre moreno que acababa de entrar en el local, hablándole al primer host que se le había cruzado por delante, entregándole su ropa sin sacarse el cigarro de los labios para hablar y remangándose las mangas de la camisa gris platino mientras miraba a su alrededor, pasándose la mano por el chaleco negro, como el traje que llevaba.
Sus ojos verdes se quedaron observando a Tsubasa en medio de unos cuantos clientes y se cruzó de brazos, simplemente viendo la situación por un buen rato.

Para los host que lo veían, era obvio que se trataba de alguien con mucho dinero. Se notaba en su porte y en la carísima ropa, hasta en los cigarros que fumaba. – Chico…– le dijo a Kai de pronto, apoyándole la mano en el pecho para detenerlo al notar que se cruzaba por delante de su visión, sacándose el cigarro de los labios y dejando salir el humo lentamente, ordenándole antes de que se marchase.
Kai se fue hasta Tatsuya y le tocó el brazo con una mano. – Tatsu… hay un tipo nuevo que quiere tener ahora, sin cita, un reservado con Tsubasa… y ha ordenado dos botellas de champán de las de seiscientos mil… Está…– se giró para mostrarle quien era pero el hombre ya no estaba allí. Miró a su alrededor y entonces notó que estaba parado delante de Tsubasa, entre sus clientes.

– ¿Tsubasa-san?– preguntó el decidido moreno, llevándose el cigarro a los labios de nuevo y observando la expresión de sus ojos.
– ¿Sí? – el chico alzó su mirada, un tanto molesto de ser abordado así, sin ningún aviso. Sin embargo, sonriendo al ver el porte del hombre, y poniéndose de pie. – No te había visto antes...

– Tsubasa-san... no nos vas a dejar solos, ¿verdad? – protestó un chico moreno que había estado sentado a su lado hasta ese momento, sujetando uno de sus dedos con cuidado. El chico se giró, para mirarlo, sonriendo encantadoramente.

– ¿Acaso haría yo eso?

– Disculpe, me ha dicho Kai que quiere un privado. Por lo general hay que reservar con previa cita... – intervino Tatsuya tras él. No podía ser grosero con un cliente, pero tampoco iba a dejar que cualquiera se metiera en un privado con uno de los chicos, sin siquiera saber su nombre.

– Disculpe, a los clubes que he acudido hasta ahora, no han tenido problema en facilitarme un privado sin cita previa…– el moreno sonrió, mirándolo a los ojos. – ¿Es el dueño? Supongo…

– Soy el dueño, y no dije que hubiera problemas, siempre y cuando firme en el libro de citas y me provea de alguna identificación. – le contestó, sin poder evitar ponerse serio, sospechando un poco. – No me gusta no saber con quien están los chicos.

– Tatsuya-san... siempre tan protector... – sonrió el chico de cabello castaño, apoyándose en su hombro. Por su parte estaba muy interesado en ese nuevo cliente. No pensaba dejárselo a nadie más.

– Claro… estaré encantado…– el moreno se rió con el cigarro en los labios, divertido por la actitud defensiva del moreno. Miró al chico tras él y luego al dueño. – Firmemos ese libros entonces ¿no?....

– Sígame por favor... – Tatsuya se giró, algo molesto por esa cara de confianza que tenía. Al menos, sabía que Tsubasa no era alguien para tomar a la ligera.

– Tsubasa–san... vine solo a verte a ti... – protestó uno de sus clientes de nuevo, el chico sonriendo y sentándose, acariciando su cuello.
– Lo siento... sabes que el dinero manda... Pero si vienes mañana de nuevo... – se rió, sin prometer nada en realidad. – Puedes quedarte, pero no me seas infiel, ¿eh?

El moreno se apoyó en la mesa y miró la hoja que le extendía el dueño, observándola y sacándose una pluma del bolsillo del chaleco, rellenándola. –Parece que no está muy feliz de mi visita…– comentó sonriendo mientras escribía. – Al menos deje que me presente antes de que lea mi nombre en la ficha…– la extendió hacia él, aún sonriendo divertido. –Murakami Koza… un placer...

– Tatsuya... – se presentó como siempre, mirándolo a los ojos, serio. – Espero que venga en calidad de cliente sólo...

Murakami sonrió sacudiendo la ceniza en el cenicero de cristal y mirándolo a los ojos. – Esto no es una cárcel de máxima seguridad ¿cierto? Prefiero contarle mis asuntos a Tsubasa… No se moleste… por mis preferencias…

– No, para nada, mis chicos son libres de tomar sus propias decisiones. – le sonrió el moreno, aunque su sonrisa era bastante gélida. No podía evitar ponerse nervioso.

– Tatsuya-sama... ¿Ya terminaron con el protocolo? – se acercó Tsubasa, sonriendo y apoyándose en el hombro de lo que él veía como su nuevo cliente. – ¿Puedo llevármelo?

– Llévame… soy todo tuyo…– el moreno se rió mirando a Tatsuya y guiñándole un ojo. – Las botellas de champán por favor… ¿o preferías alguna otra cosa?– le preguntó a Tsubasa mirándolo a los ojos, aunque en realidad parecía que estuviese escrutándolo.

– Bueno... ya que ofreces, ¿Por qué parar en dos? Que sean tres. – le sonrió con aquel rostro de estar totalmente convencido de su propio poder de convencimiento. – No es a menudo que llegan hombres como tú. Creo que amerita una celebración... – casi susurró para el final, acariciando su brazo.

– Tres… más te vale que te las bebas… ya que tanto quieres celebrarme…– se rió entre dientes, sabiendo lo que hacía. Claro, que le parecía bien… Al fin y al cabo no estaba ahí por disfrutar de la compañía. Esperó a que el rubio que los precedía, separase la cortina de uno de los privados y apoyase dos copas con las botellas sobre la mesa, descorchando la primera y sirviéndoles. Se disculpó, saliendo y poco menos que correteando junto a Tatsuya.

– ¿Quién era?– preguntó enseguida.

– Murakami Koza, se rumorea que quiere abrir un club de hosts, lujoso... – contestó Tatsuya, aún mirando en la dirección de los privados. – Está buscando a los mejores de otros clubes, para reclutarlos. – lo miró por fin, sonriendo un poco, aunque no de alegría. – ¿Te parece que Tsubasa sea alguien leal?

– Creo que hará lo mejor para él… como todos…– lo miró haciendo una mueca con los labios. – Mira… no es el único chico mono o simpático del mundo… Mira a Hideyoshi… lleva dos días…– señaló a los sillones donde el chico estaba sentado con ocho hombres, entreteniéndolos. –Esto no funciona tan bien sólo por los hosts que haya…

– Ka…i…– un chico le tiró de la mano y el rubio sonrió a Tatsuya alzando una ceja.

–Ya hablaremos luego…

– Sí, luego... – lo miró, suspirando, y pensando que tenía razón. Pero aún así, sentía como si le robaran un miembro de su familia.

 

 


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