.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 32
Street Wise

– Anda, sólo prueba. Mira, es precio especial, y si no te gusta, te vas – sonrió el rubio, alborotándose un poco el cabello. – Sé que te va a gustar por cierto. –se rió, tocándole el brazo al prospecto de cliente, y arrancándole una sonrisa también.

– Bueno... pero luego del trabajo... – accedió por fin el chico, suspirando. – Que si me botan, igual no puedo pagar.

– Pero te voy a estar esperando, no me dejes plantado. Puedes decirle a tus compañeros si quieres y les conseguimos a alguien.

– O mejor que tú, consígueme alguien a mí…– Kai se apoyó en Hideyoshi sonriendo. – ¿Sí, cielo? No sabes lo mal que me trata la vida… consígueme alguien bonito…

– Bueno… vale…– el chico se rió haciendo lo que podía por irse luego, completamente rojo.

Kai correteando al momento a por unos chicos de universidad que pasaban hablando, tratando de liarlos y sujetándose de sus hombros sin ningún respeto.

– Ahora comprenderás por qué siempre consigue meterse en jaleos ¿no?– preguntó Kenzo a Hideyoshi. – ¿Cómo fue ayer?

– Pero es divertido, ¿no? – se rió, observando a Kai. – Bastante bien, fue divertido también... – le comentó, sin dejar de observar su rostro para ver su reacción.

–Así que… ¿te gusta?– preguntó el pelirrojo que lo miraba con la misma “inexpresión” estudiada. – ¿Saldrás con él de nuevo?

– No lo sé, tal vez. Es muy agradable y atento... – lo continuó mirando, notando que no cambiaba de expresión. – Y ¿eso que estabas fuera anoche?

– Aprovechando que dejé al niño con el abuelo… salí a tomarme unas copas…– mintió, sonriendo de manera que los dos supiesen que lo hacía. –¿Debería pasarte el parte de lo que hice anoche?

– No, sólo me extrañaba, es todo – contestó, ligeramente molesto, aunque intentando ocultarlo también. – Tal vez deba conseguirme una guardería, así te dejo libre... – murmuró, girándose para sonreírle a un chico que pasaba, entregándole una volante del club.

Kenzo alzando una ceja y sujetándole la cintura por detrás, besándole la nuca. – No seas tan frío conmigo… no te va… – se quejó pese a que sabía cómo se las gastaba el chico cuando se enfadaba.

– No seas encantador entonces. Prefiero que me digas que no quieres decirme, la verdad... – suspiró, enrojeciendo apenas, y separándose de él.

El pelirrojo sonrió levemente, perdiendo de vista completamente el motivo por el que estaba en la calle y parándose delante de él para que lo mirase. –Vamos… sólo salí para no estar solo en casa…– le sujetó la cara con suavidad. –La cama está helada sin ti… Dame un beso…

El rubio sonrió un poco, aunque no de manera amable precisamente. – ¿Seguro que quieres besar a un niño? ¿Qué sigue luego? ¿Besas al abuelo? – bromeó, no sin estar un poco lastimado por su cinismo.

–No, no es mi tipo… ¿Qué ocurre? ¿Por qué te pones así? Sólo era una broma… No me digas que ya llegó el momento… Sucedió algo ¿no?– frunció el ceño ligeramente, sonriendo después de medio lado, poco había tardado… y él comiéndose el tarro…

– ¿De qué hablas? ¿Qué momento llegó? – se giró, mirándolo. – Me pongo así porque no me gusta que me trates de esa manera, ni que digas esas cosas. Sé que eres mejor que eso, Kenzo.

– Tsk…– el pelirrojo se giró de espaldas a él. ¿Qué demonios sabía él? Eres mejor que eso… No, era peor, mucho peor que eso. Se apartó y volvió al trabajo, sentándose con un chico que estaba leyendo y rodeándole los hombros.

El rubio lo miró, dolido, aunque sabía que sólo estaba siendo necio. Se giró, acercándose a un chico él también, esforzándose por sonreír un poco. – Oye, ¿no estás interesado en...?

El chico lo hizo a un lado, apenas refunfuñando. – Aléjate de mí, desviado...

Hideyoshi lo miró por un momento, como si lo fuera a matar, suspirando luego y acercándose a otro chico.

Kai se aproximó a él y le sujetó los hombros. – Déjalos… mira… ¿sabes qué es una buena opción también?– le dio un beso en la mejilla porque lo veía afectado. – ¿Ves a esos chicos haciendo lo mismo que nosotros? Otros hosts… Ve a hablar con ellos… va… yo te espero por aquí…

– Claro, Kai... – le sonrió, porque eso no era realmente lo que lo había afectado, pero era muy simpático. Se alejó a hablar con esos chicos, a intentar convencerlos de que pasasen luego por su club.

 

 

 


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