.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 37
A Sunrise for the Blind


Hayabusa enroscó la ramita que tenía en la mano alrededor de su dedo, haciendo que tomase forma de espiral y girándola, dudaba mucho que eso contase con el ideal de lugar apacible que Tsubasa había tenido en mente… pero lo cierto es que sí era el suyo. Al menos se podía respirar aire puro. – Está amaneciendo…

– Sí, hace mucho que no veo el amanecer... – se rió el chico, sintiéndose extraño de estar en un lugar así. – Me hace recordar un poco a cuando era adolescente.

– No ha pasado mucho tiempo desde eso… – el moreno se rió, mirándolo de soslayo después, si sólo tenía 22 años. ¿Cómo podía decir eso? – ¿Lo echas de menos?

– Por supuesto que no... – le sonrió, complacido porque dijese eso. – Solía venir a lugares como este... sin importar con quien. Bebiendo vino barato... y soñando con salir de eso... ¿Quién extrañaría algo así?

– ¿Te prostituías?– preguntó en tono lineal a pesar de estar un tanto sorprendido.

– No... – se rió, negando con la cabeza, mirándolo. – No... aunque le robé dinero a alguno.

Hayabusa se rió abiertamente sin poder evitarlo. Era realmente bizarro imaginárselo haciendo eso. – Menos mal que no he bebido tanto como para eso…

– ¿Para robar? No es nada si necesitas el dinero y el tío resulta ser un cabrón... – sonrió con más suavidad, apoyándose en sus rodillas. – Lo consideré pago por daños emocionales... – se rió de nuevo, pensando que no había bebido tanto desde hacía mucho, pero claro, ahora no estaba vomitando.

– ¿Hay algo de lo que te arrepientas? Algo de lo que te arrepientas cada día de tu vida… – marcó la arena con un palito, dibujando en ella.

Tsubasa se quedó serio, pensativo casi, y lo miró de soslayo. – Haber sido ingenuo... ¿Tú tienes algo?

– Haber sido tan orgulloso… y tan egoísta…– hundió el palito en la arena y se pasó la mano por el cabello, despeinándoselo sin darse cuenta, estaba demasiado cansado y demasiado borracho para que le importase su aspecto. De haber tenido alcohol cerca hubiera seguido bebiendo.

– Creo que este lugar no es bueno para ninguno de los dos... – lo miró directamente, sonriendo de nuevo. Lo cierto es que no se hubiera mostrado así ante nadie. No sabía qué le pasaba. – ¿Crees que algún día dejes de arrepentirte de esas cosas?

–No lo sé… tal vez llegue un momento en el que sea feliz y pueda dejar de pensar en ellas… algunos días, pero no las olvidaré y no dejaré de arrepentirme…– lo miró a los ojos y sonrió levemente. – ¿Por qué no es un buen lugar? ¿Se te cae la máscara? Yo nunca he temido tu veneno, ni tus garras… Sé que sólo eres un gatito…

– O tal vez, tú sólo piensas que soy un gatito porque eso quiero que pienses... – le sonrió más ampliamente. – Así que ellas, ¿eh? Plural...

– En ellas… en esas cosas… no en mujeres…– se rió de nuevo con ganas y le revolvió el cabello. – ¿Así que quieres que piense que eres un gatito, eh? Puede ser… si tú lo dices… – miró hacia el mar, cruzando las piernas estiradas. –Las mujeres… Sólo una fue algo para mí… no la puedo olvidar… pero no me arrepiento de mis decisiones con ella…

– La madre de tu hijo, imagino... – asintió, aunque no tenía que ser necesariamente ella. – Yo creo que dejaré de arrepentirme el día en que logre lo que quiero. Pero creo que mañana me arrepentiré de haberte dicho estas cosas...

– ¿Por qué? No voy a juzgarte y mi opinión sobre ti no ha cambiado…– siguió mirando el mar y luego lo miró a los ojos. – Me sigues pareciendo el hombre más atractivo sobre la faz de la tierra…– sonrió y le pasó un dedo por la quijada para alzarle el rostro un poco más. –Tan orgulloso… y tan agresivo…

– Hayabusa-san... siempre sabes qué decir... – le devolvió la mirada, sonriendo altivo. – A juzgar por nuestros rankings... en este lugar se encuentran los dos hombres más atractivos del mundo en este momento... Si tan sólo supiera cómo sacarle provecho a eso... – se rió.

El moreno observándolo fijamente. –Cualquier hombre estaría feliz cuidando de ti… es lo que deseas ¿no?... Entonces sí has sabido sacarle provecho…– sonrió. Le hacía demasiada gracia su forma de reír, todo en él era altivo.

– Me refería a este momento, Hayabusa-san. Provecho instantáneo... – se rió, acomodándose el cabello de nuevo, como si alguien le fuese a tomar una foto.

Hayabusa lo rodeó con un brazo, aproximándolo a él y besándole el cabello. –Sé que esto no es digno de un rey…

– Son ellos los que no son dignos de nosotros, ¿no es así? – sonrió, dejándose abrazar.

–Tal vez… dependiendo del cliente en cuestión…– sonrió levemente, acariciándole un hombro. – ¿Alguna vez has sentido algo por un cliente? No hablo de los primeros días…

– Si no hablas de los primeros días, entonces no... – contestó, con un velo de melancolía en la mirada, aunque intentase ocultarlo inmediatamente. – Cuando estoy trabajando, los sentimientos no existen. Aunque tampoco creo mucho en ellos fuera del trabajo.

–No digas eso… No es verdad, sí que tienes sentimientos… lo noto…y son tan válidos como los de cualquiera– le sujetó la mejilla y el cuello, acariciándoselo con suavidad. – Sé que no sólo quieres alguien que cuide de ti… En realidad deseas alguien que te haga sentir… Todos lo hacemos… no hay un sólo ser humano que no quiera ser amado… y amar…

– No digas tonterías... Eso no es para mí. – negó, sonriendo con frialdad. – Sabes que no creo en esas cosas, y los únicos que las creen... no se van a encargar de mí jamás.

Hayabusa sonrió levemente. – Puedes decir lo que quieras Tsubasa-san… pero tú no lees la mente de los demás…

– Ni tú... – lo miró, sonriendo de otra manera. – Así que eso es lo que quieres, ¿Hayabusa-san? ¿Alguien que te haga sentir?

–Supongo que sí… Pero ya casi nunca siento nada que no sea rabia… aburrimiento… soledad… cariño… nada más… Estoy muerto por dentro…– se separó un poco de él, apoyándose en las piernas con los codos.

– Y ¿eso es tan malo? Lo haces sonar terrible... – bromeó, apartándose el cabello de la frente de nuevo, como si no acabase de acomodárselo. – ¿Por qué quisiste quedar con alguien como yo entonces?

– Porque me seduces… y necesitaba saber qué había debajo…– lo miró a los ojos. – ¿Y tú? ¿Por qué has aceptado? ¿Es que quieres que cuide de ti? No sería por amistad… si tan frío eres…

– Acepté porque creí que podía ser divertido... Siempre me has parecido atractivo y simpático... – se acercó un poco a él. – Y si quieres saber qué hay debajo, ¿por qué no lo averiguas?

– Dejé de hacer esas cosas en la calle hace demasiado tiempo…– se rió acercándose de vuelta y besándole el cuello. –“Tampoco quiero utilizarte, lo siento, te tengo mucho más respeto que eso”

– Respeto... – se apartó, mirando hacia otro lado, ligeramente serio. – Nadie me utiliza, Hayabusa-san, a mí nadie me utiliza.

El moreno lo miró, notando que estaba indignado, se lo había temido, causar esa reacción. –No, nadie lo hace y yo no lo haré… – le dio la razón a pesar de que notaba que había algo detrás de eso y lo que había querido decir. –Mírame…

Los ojos turquesa del chico se centraron en los de Hayabusa, observándolo, serios. – Sé que no lo harás.

– Te deseo– le sujetó la mandíbula con la mano, mirándolo a los ojos también y besándole los labios. –Utilízame…

– Siento que tratas de utilizarme... – bromeó, besándolo de vuelta, y subiéndose un poco sobre él.

–No… ya te dije que no lo haría…– sonrió, observando su sonrisa de nuevo y sujetándole el cuello mientras lo besaba, deslizando la mano por su pecho y abriéndole la camisa poco a poco, la mano del chico subiendo por el cuello del moreno, hasta descansar en su nuca, sus labios besándolo aún apasionadamente.

Se sentía extraño, por alguna razón. No le gustaba sentirse así, no le gustaba sentir. Pero precisamente por eso, era mejor perderse en aquello. Olvidarlo todo.

La lengua de Hayabusa se deslizó por su cuello, bajándole la camisa por los brazos y acariciándole la espalda con las manos, atrayéndolo de golpe contra él y besándolo, haciéndolo sentir su sexo erecto bajo su cuerpo. Era precioso… No, magnífico, precioso no era adecuado para él… Respiró con fuerza contra sus labios, observando sus ojos mientras lo besaba. Sus manos sujetándole las nalgas con fuerza.

– Hayabusa... san... – jadeó el chico contra sus labios, empezando a desabrocharle la camisa también, acariciándolo, y sonriendo un poco, bajando una mano para sentir su sexo a través de la tela.

– Debimos ir… a un “sitio más tranquilo”– se rió en sus labios, jadeando al sentir su mano tocándolo, abriéndole el pantalón y alzándolo un poco por debajo de los brazos, lamiendo sus pezones y mordiéndolos ansioso. –No sabes cuanto he deseado este cuerpo…

– Hayabusa-san... pues no tenías que esperar tanto... – se rió, un poco jadeante, gimiendo suavemente luego. Siempre le había atraído, pero claro, él no era alguien que se entregase así por así.

– Así lo tomaré con más ansias…– lo echó hacia atrás, apoyando una mano en su pecho y deslizándola por su cuerpo para inclinarlo, disfrutando de su visión, de su tacto. No era como acostarse con un cliente… eso desde luego. Lo tumbó en la arena, subiéndose sobre él y desnudándolo. –Espero que no nos detengan… – observó sus ojos y después su sexo, acariciándolo y sonriendo.

– No...lo harán... No dudes de mi poder... – jadeó, sonriendo aún, y revolviendo más su cabello, observando sus ojos violeta. Colocó su mano sobre la del moreno, ayudándolo a acariciarlo.

–Sé cómo hacerlo… – jugó con él, echándose sobre él de nuevo y lamiéndole el abdomen, besándole las caderas y sonriendo ante sus estremecimientos. Le sujetó los muslos, apretándolos con firmeza y separándoselos para ver su sexo. Deslizó la lengua lentamente a través de él, succionándolo y alzándolo un poco de la arena con sus manos.

– Ah... nnh... – los ojos del chico se entrecerraron en un gesto de placer, sus labios abiertos, dejando escapar los gemidos. No le cabía duda de que sabía cómo hacerlo. Su sexo estaba pulsando contra las suaves pero certeras lamidas del moreno.

El moreno le alzó las piernas, doblándolo contra sí mismo y tirando de sus caderas para atraerlo hacia él, besando sus nalgas y su ano, acariciándolo con la lengua suavemente antes de penetrarlo con ella, una de sus manos regresando a su sexo para acariciarlo. – Eres precioso, incluso aquí… Tsubasa-san…

– No cambio... con la escenografía... – se rió, de aquella manera sensual, excitada, mientras se sujetaba una pierna con una mano, la otra, atrayendo al moreno de nuevo para que lo besase. – Hayabusa-san...

–No estaba pensando en el escenario…– lo besó profundamente, deshaciéndose de su propia camisa y jugando con sus dedos dentro de él, moviéndolos profunda y estudiadamente en su cuerpo, haciéndolo moverse bajo su peso por el placer. Le excitaba terriblemente simplemente ver cómo disfrutaba él, cómo su cuerpo temblaba y sus labios jadeaban aquel aliento caliente contra los suyos.

– Oh... – el chico se llevó una mano al cabello, estrujándolo un poco, sin percatarse mucho. – Ya... entiendo... – se rió, jadeante de nuevo, subiendo una pierna junto al cuerpo de Hayabusa, como modelándola, su ano apretando los dedos dentro de él, las corrientes de placer recorriéndolo por completo.

Los labios del moreno se deslizaron de nuevo por su pecho, besándolo y mordiéndolo a la vez, acariciando su axila y el contorno de su brazo con la lengua. Apartó los dedos de su interior, abriéndose el pantalón y apretando su sexo contra su ano, jadeando al entrar en su cuerpo y besándolo apasionadamente, mordiéndole la lengua, su cuerpo lo succionaba. –Tsubasa-san… – le apretó un muslo con fuerza, subiéndole la pierna mejor sobre su cuerpo y empujándose con fuerza dentro de él.

– Así... así... así... – gimió, sonriendo, y moviéndose bajo él, sujetando sus nalgas para atraerlo con más fuerza, mirándolo a los ojos ahora. Le gustaba cómo lo miraba, con ese deseo, le hacía arder la piel.

–Ah… justo como lo imaginaba… – le lamió los labios, mordiéndole el inferior y besándolo de nuevo. Bajó el rostro un poco, lamiendo el sudor en su pecho, sintiendo sus manos sujetando sus nalgas y apretando más los músculos bajo su tacto. – No hay por qué ser gentil ¿verdad?– le preguntó, embistiéndolo con más fuerza pese a que deseaba hacerlo aún más apasionadamente.

– No... ¡Más fuerte aún...! – le pidió, sonriendo, su sexo completamente erguido contra el moreno, húmedo y caliente. – Eres poderosoh... – jadeó, halándolo con más fuerza contra sí, dejándolo penetrarlo por completo.

–Si lo soy… será porque tú me haces serlo…– se empujó contra él con más fuerza, sudando contra su cuerpo, la firmeza del suyo arrastrándose contra la delicadeza del chico bajo él, sintiendo cómo se ofrecía por completo abandonado a sus embestidas. Le sujetó la cara con una mano, besándolo profundamente de nuevo y deslizándola por su pecho y el contorno de su cuerpo, suave y firme, acariciando su sexo y sujetándolo con fuerza. Masajeándolo y observando sus ojos, los propios excitados, la mirada agudizada por el deseo, Tsubasa gimiendo con fuerza, sin importarle nada ya, su rostro rojo por el esfuerzo y la pasión.

Se sujetó de su cuello, arqueando la espalda, levantándose un poco incluso, tan sólo sintiendo aquellas embestidas, la fricción de sus cuerpos, su sexo, clamando por más. – Ha... Hayabusa... san...

El moreno apretó las mandíbulas, luchando contra el orgasmo y las sensaciones de placer que se manifestaban en su rostro. –Tsubasa-san… – su sexo resbalaba dentro de su cuerpo, apretado y succionado dentro de él, era maravilloso… El cabello le entorpecía la visión, los mechones mojados cubriendo sus ojos violeta. El rostro de Tsubasa estaba enrojecido por el sexo… Apoyó la frente contra la suya, besándolo de nuevo, su mano forzando aún más el sexo del chico.

– Ha... Ha... Hayabusa... – gimió el chico de nuevo, estremeciéndose, su cuerpo moviéndose como invadido por espasmos, a la vez que se corría, antes de poder detenerse. Succionó la lengua del moreno, con fuerza, lamiéndola, gimiendo entre sus labios ante aquella súbita intensidad.

Hayabusa moviendo la lengua dentro de su boca, lamiendo su saliva de los labios, mordiéndole la mandíbula y el cuello, conteniendo los gemidos que más bien salían como gruñidos entre sus dientes mientras se corría dentro de su cuerpo. Sus manos drenando el sexo del chico por completo, mientras la otra alzaba su espalda halándola más hacia él.

Ha... Ha... Ha... – jadeó el chico, riendo luego, y pasándose la mano por la frente para secarse el sudor. – ¿No te sientes... mucho más libre, Hayabusa... san?

El moreno sonrió, jadeando pesadamente aún y mirándolo a los ojos, deslizando la mano por su cabello. –No me digas que lo hiciste para relajarte… – se rió, lo cierto es que le daba igual el motivo.

– Lo hice... porque supuse que sería increíble... Pero siempre me relaja el sexo, ¿a ti no? – sonrió suspirando, y acomodándole el cabello a él ahora, jugando con sus mechas rubias.

–Sólo cuando es bueno…– se empujó una última vez contra él, antes de salir de su cuerpo y rozar su sexo empapado con el del chico. –Y sí, este estuvo increíble…Lástima que ahora vayas a tener arena en el cabello hasta dentro de una semana…

– ¿Estás loco? Pienso visitar a mi estilista apenas me despierte... – se rió, aunque lo decía en serio. – No voy a perder clientes de esta manera...

– No los perderás por un poco de arena– le revolvió el cabello con la mano para deshacerse de ella un poco. – ¿Quieres que nos veamos de nuevo, Tsubasa-san?

– No me molestaría... – le sonrió, alzándose un poco, para quedar apoyado en sus codos. – Pero la próxima vez... podríamos ir a un lugar con muebles...

– Sí… lo preferiría… – se rió, haciéndose un poco a un lado y pasándose las manos por el cabello, antes de recostarse en la arena y cerrarse los pantalones. –Al final no hemos visto el amanecer…

–Da igual, tampoco lo veía cuando era adolescente – se rió, sentándose y poniéndose la camisa por encima.

 


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