.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 38
Sweet and Smooth

El rubio se giró en la cama, mirando el reloj sin saber si preocuparse o qué. Por fin se puso de pie, yendo a la cocina, a beber algo de leche a ver si así conseguía dormir. No tenía derecho a ponerse así, ni derecho ni deber, la verdad.

Kenzo abrió la puerta en silencio, esperando no despertarlo. Aunque en realidad, lo que en realidad esperaba con ansias… era que estuviese allí…

Se sentía gilipollas por haber comprado un helado… pero lo llevaba en una bolsa, por si acaso no se atrevía a dárselo. Se quedó apoyado en el marco de la puerta. La cama estaba deshecha… como siempre… pero el rubio no estaba. Dejó caer la bolsa al suelo y dio unos pasos hacia atrás. Cogiendo el teléfono y llamándolo. ¿Qué demonios hacía? ¿Qué derecho tenía a preguntarle donde estaba?

– ¿Hola? – Hideyoshi contestó en la cocina, extrañado de que lo llamase alguien a esas horas. Pero le había parecido escuchar la puerta, aunque estaba de espaldas en ese momento. Se dirigió a la habitación, deteniéndose tras el chico, sonriendo al ver que tenía el móvil junto a la oreja.

– El pelirrojo se quedó callado, respirando un poco acelerado por el miedo. – ¿Dónde estas?– preguntó de todos modos. Derecho o no.

– Lo sabrías si te dieras la vuelta... – contestó, un poco maldito, pero no podía evitarlo.

Kenzo apartó el teléfono de golpe, al sentir la voz detrás de él, empujándolo un poco, enrojeciendo y frunciendo el ceño. – Capullo…

– Sólo bromeaba... – contestó, alzando una ceja, y recostándose contra el marco de la puerta, guardando su móvil. – ¿Por qué me llamabas? ¿Te preocupaste?

– No… creí que te habías ido…– refunfuñó, sentándose en la cama y señalándole la bolsa al lado de sus pies.

–Y yo creí que deseabas eso... – lo miró, un poco dolido, pero alzando la bolsa, revisándola, y cambiando de expresión al instante. – ¿Me trajiste... helado?

– Te gusta ¿no?....– cogió un cigarro del rubio, prendiéndolo y haciéndose el loco con el helado. –No sé de dónde sacas que quiero que te vayas

– Porque estabas enfadado hoy, por tu frialdad... Siendo un host... no puedo creer que no te des cuenta de esas cosas – sonrió, casi abrazando el helado. – Me encanta. ¿Vienes? No puedo dormir... – le pidió, dirigiéndose a la cocina.

– Voy…– se quitó la chaqueta del traje y la lanzó a una silla, acompañándolo y sentándose en una de las banquetas de la cocina – ¿Vas a comerte eso a estas horas?– preguntó serio con el cigarro en los labios pese a que le hacía ilusión. Se sentía estúpido.

– Claro... el helado sabe mejor cuando te lo regalan, y mejor aún cuando te lo acaban de regalar. Además... ya te dije que no puedo dormir, el dulce ayuda... – se rió, buscando un plato. – ¿Quieres un poco?

– No, creo que no me gusta el helado… el dulce… me da nauseas rápido…– se apoyó en un codo y lo miró, apoyándose mejor en la mesa, no recordaba por qué habían discutido. –Seguro que te dará dolor de tripa…

– Seguro, pero ya el alcohol hace eso... Al menos esto lo disfruto más. – le sonrió, sirviéndose un poco, y guardando el resto en el congelador, preguntándose si sería su manera de disculparse. De todos modos, era lo suficientemente inteligente como para no mencionarlo. – ¿Tuviste una cita esta noche?

– Un cliente…– lo miró, sonriendo un poco y sacudiendo la ceniza. – ¿Por qué?... Olvidé avisarte…

– Porque me preocupé, por eso... – lo miró, lamiendo la cuchara, y metiéndose otra cucharada a la boca luego.

El pelirrojo irguiéndose un poco por encima de la mesa. – A ver…– se apartó el cigarro de los labios y le cogió la cuchara, aún intrigado en realidad.

– A ver... – sonrió el rubio, observándolo para ver cual era su reacción. Sabía que se había hecho el loco, pero al menos lo prefería así. Realmente le había dolido discutir con él, más de lo que esperaba.

– Bueh… no me pone mucho… pero podría ser peor…– se echó atrás de nuevo, sonriendo levemente y levantándose para beber un poco de agua, llevándose el cigarro en los labios y sirviéndose un vaso apoyado en la encimera. – ¿Por qué nos cabreamos?

– Porque eres un energúmeno... – bromeó, sacudiéndose el cabello, y probando otro bocado de helado. – No lo sé... te molestaste y no quisiste admitirlo supongo. Eso me molestó a mí...

– Ah…creo que ya recordé…– bebió un trago de agua, de espaldas a él. –Fue porque me puse celoso y tú no eres…

– Yo no soy ¿qué? – dejó de comer, observándolo intrigado.

–Tan cute como te haces ver…– se volteó sonriendo, no quería profundizar, mejor desviar el tema, lo señaló con un dedo. –Tienes mala hostia…

– Yo nunca dije que era cute, eso lo asumiste tú. Y... – sonrió un poco, observándolo. – ... admites que sí estabas celoso.

– ¿Y? Tú también te celas conmigo… si yo saliera con Tsubasa… seguro te molestarías… ¿A que sí?....– alzó una ceja serio.

– Yo no odio a Tsubasa, Tsubasa me odia a mí... – contestó, girándose en la silla, y poniéndose de pie. – ¿Fue porque salí con Hayabus-san? ¿Específicamente?

– Tal vez si hubiera sido con alguien menos atractivo, me hubiera importado menos…– lo miró notando que ya se estaba alterando para variar. Aguantándose la risa. En realidad daba miedo ese carácter.

– Con alguien menos atractivo ¿eh? Entonces los celos son por ti, no por mí... – se giró de nuevo, tomando el plato y dejándolo en el lava trastos. – Admite que te desagrada Hayabusa, y eso es todo.

Le sujetó el brazo, aprovechando que se acercaba y lo miró de soslayo. – No admitiré eso sólo porque te dé la gana a ti.

Hideyoshi lo miró a los ojos, molesto de nuevo. – ¿No lo admites porque no es la verdad? O ¿simplemente no quieres?

El pelirrojo mirándolo también y tirando de él, girándose para encerrarlo contra la encimera, besándolo profundamente a la fuerza.

Hideyoshi se quedó tieso por un segundo, abrazándose a él luego y devolviéndole el beso apasionadamente, su corazón latiendo como loco mientras cerraba los ojos.

– Estúpido… – Kenzo le revolvió el cabello hacia arriba, besándolo de nuevo y profundizando aún más en su boca, devorando sus labios, ansioso. –Sabes a helado…

– Así que este era tu truco... – sonrió, acariciándole una mejilla. – Necio...

– Sí… me has descubierto…– torció un poco la sonrisa, sujetándolo por las nalgas y pegándole una cachetada, deslizando la mano entre sus piernas desde atrás hasta meterla un poco entre su trasero, aún sonriendo.

¡Kenzo! – le riñó el chico, negando con la cabeza, algo rojo. – Estoy enamorado de ti. – soltó de pronto sin poder aguantarse.

– Eso no es justo…– subió las manos por su espalda, así no podía seguir con ese juego. –Puede que yo también…– miró a un lado, sin querer admitirlo, sintiendo que se le hacía un vacío en el estómago al pensar en Takara. No… Se suponía que lo odiara… Eso…

– ¿Puede? – le preguntó el rubio, sonriendo con un poco de tristeza. Ya no sabía si era por su necedad o en verdad tenía dudas. Le tocó la quijada, besándolo con suavidad. – No importa entonces, es tarde...

– ¿Y qué importa? La hora que sea…– suspiró con pesadez pensando que siempre huía. – ... Yo no soy bueno con estas cosas… no sé lo que siento… estoy confundido… y tú… siempre estás huyendo…

– Huyendo... No quiero que me aceptes sólo por lo que yo pueda sentir, o porque te sientas obligado, es todo... – le aclaró, mirándolo a los ojos.

– No es eso… Es sólo que ahora todo es muy complicado para decir te amo…Es todo… – apoyó las manos en la encimera a su espalda, soltándolo sin dejar de mirar.

– ¿Qué tiene de complicado? No importa... – suspiró, dejándose acorralar así. – Dime, Kenzo, ¿Hubieras preferido que no te lo dijera? Que las cosas siguieran iguales...

– No, prefiero saberlo– lo miró a los ojos y bajó la vista a sus labios y la forma que tomaban cuando suspiraba. –Es sólo que parece que tú vayas a darme el portazo sólo porque no puedo contestarte todavía… Sólo quiero… No te quiero engañar… ni decir las cosas a la ligera…

– Yo no he dicho eso... – negó con la cabeza, sonriendo un poco. – Pero no te quiero incomodar. Pensé que tal vez... sólo estás siendo amable conmigo. Y si me agarro de eso, puedo molestar, ¿comprendes? Pero tampoco soy de los que se da por vencido.

Kenzo se rió entre dientes, mirando a un lado y metiendo un dedo de cada mano en sus bolsillos y atrayéndolo un poco hacia sí. –No soy amable… y si lo soy… seguro que es por algo.

– Entonces, asumiré que quedaste prendado de mí cuando me viste junto a tu coche... – bromeó el chico, enredando sus propios dedos en el cabello del pelirrojo.

– Pensé… “¿Qué hace un tío tan macizo con una ropa tan fea?”… Y tuve que adoptarte…– lo sujetó por las caderas, mirándolo a los ojos y besándolo despacio. – “¿Hay alguien más Hideyoshi?”

– Ey, a mí me gusta mi ropa... – se rió, rodeando su cuello, y bajando la mirada. – “Hay alguien que me agrada, y me hace sentir bien, pero sólo es eso... Ahora, me duele no estar contigo o pensar en que quieras que me vaya.”

– No voy a querer que te vayas… nunca…– le tocó la espalda con las manos, acariciándosela y marcando sus músculos con los dedos, apoyando la frente contra la suya para poder mirarlo a los ojos. –Me duele… pensar que te agrada alguien más…

– Pero a ti también te agrada alguien más, ¿no es así? O las cosas no serían complicadas... – sonrió con suavidad, sin apartar la mirada. – No mentía cuando dije que te amo.

– No lo sé… es algo demasiado complicado… No es como tú crees… No es tan simple…– lo miró a los ojos serio, sólo de pensar en ello, preguntándose si podía contárselo a alguien. No, Hideyoshi… se opondría a aquello, lo arruinaría todo. – No se lo puedo contar a nadie, lo siento…

– Está bien... –Ya te dije que no tienes ninguna obligación conmigo. – cerró los ojos, suspirando de nuevo. – Si necesitas tiempo... yo no voy a apresurarte. Vamos a la cama.

– Acuéstate… no tengo sueño… – se pasó la mano por la nuca, soltándolo para que fuese a la cama.

– Olvidas lo necio que puedo ser... – se alejó levemente, escondiendo su soledad tras otra sonrisa, y murmurando. – Te estaré esperando...

El pelirrojo movió un poco la cabeza y lo rodeó por los hombros con los brazos, empujándolo con su cuerpo hasta el cuarto y aplastándolo en la cama con su peso. – Quiero verte sonreír… de verdad…

– Pero yo siempre sonrío, ¿ves? – le sonrió efectivamente, aunque lo cierto era que le agradaba sentir su cuerpo contra el suyo. – No seas baka, duerme... Mañana se preguntarán ¿quién es el host zombie?

– Seguro que este año vuelven a hacer la fiesta de halloween… tendrás tu oportunidad de ser el host zombi entonces…– se rió con suavidad, girándose sobre él para acostarse a su lado y dejar de aplastarlo. Se quitó la camisa y se la echó en la cabeza, sonriendo.

– Pues entonces, tú serás el amo del castillo, porque es tu culpa... – se rió, sacándose la camisa de la cabeza, y acurrucándose un poco. – Gracias por el helado, Kenzo.

– No me des las gracias por eso…– le tapó la cara con la mano, aproximándolo más a él y besándole la frente. – ¿Cuándo es tu día libre?

– Tatsuya-san dijo que el jueves, pero como trabajé este... me dará el domingo libre. – lo miró aprovechando una abertura entre sus dedos, sonriendo un poco. – ¿Por qué quieres saberlo?

– Pareces un gato…– se rió y le apretó una mejilla con el dedo. –Salgamos… el sábado por la noche… hasta que me tenga que ir a trabajar…– le apretó la cara para ponerle labios de pececito y se rió.

–Baka... no puedo ser un gato y un pez a la vez. Me comería a mí mismo... – se rió, luchando contra su mano, y le robó un beso de todas maneras. – Acepto.

– Vale… pero ya duérmete… me harás portarme mal…– se sacó el pantalón tirándolo a un lado y subiendo las sábanas para taparlos. Abrazándolo de nuevo y apretándolo contra él.

– Duerme tú o me harás portarme bien– bromeó, aunque cerrando los ojos, y acomodándose un poco.

 


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