.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 43
Love is Strange

Hayabusa se pasó la toalla por el cabello empapado, aproximándose a su hijo que estaba sentado en el escritorio, para no variar, en el ordenador. Se inclinó y le mojó la cara con el cabello, besándole una mejilla después. – Lo siento… no hemos hablado nada desde que te viste con tu madre… ¿estás enfadado?

– Porque me mojaste... – protestó, sacudiéndose y mirándolo luego. – No... ¿estás molesto tú?

–No… baka… ¿Por qué iba yo a molestarme?– se sentó a los pies de la cama y le giró la silla con un pie para que se voltease. Cerrándose un poco el albornoz. – ¿Qué te pareció?

– No me agradó, me enfadé mucho, pero... creo que fui muy duro... – le confesó, bajando la mirada. – Estaba dolido. Y dijo cosas...

–Ya sé qué cosas…– tiró de él un poco para sujetarle las manos. – Es verdad que yo quería que dejase la prostitución y que sin embargo yo no quise dejar mi empleo… Pero si fue así… fue porque sabía que ella no iba a estar con alguien que no ganase un buen sueldo… y tu padre no puede trabajar de otra cosa… ¿hum? Tampoco me gustaría trabajar de otra cosa, me gusta lo que hago… y yo no le era infiel… Un host… no es lo mismo que un gigoló… ¿no crees?

– Ya lo sé, se lo dije... Bueno, no así. – continuó sin mirarlo porque se sentía un poco vulnerable hablando de esas cosas. – Incluso le grité, pero... ella estaba llorando.

–Bueno, ella seguro comprendió tu actitud…Además… se merecía unos cuantos gritos tuyos… ¿no crees?– sonrió levemente y le alzó la cara para que lo mirase, levantándose y cogiéndolo en sus piernas a horcajadas. – Siempre puedes volver a llamarla si un día ves que te apetece hablar con ella… Estoy seguro de que estará feliz de escucharte…

– Sí, pienso hacerlo. Supongo... que al menos me buscó, aunque sea ahora... – sonrió un poco, aunque claramente incómodo. – A ti no te molestaría ¿verdad? No voy a irme con ella.

– No… No me molestaría…– sonrió levemente, le daba miedo que lo dejase. –Siempre puedes ir a visitarla… te hará bien conocer otros lugares… aunque yo no quiero que te vayas lejos de mí… Soy un padre pegajoso…– lo abrazó contra él y lo dejó separarse un poco de nuevo. – ¿Qué te parecería ir a Tokio?

– ¿A Tokio? ¿En serio? – se emocionó, enrojeciendo luego. – Me encantaría, pero.... ¿qué hay del tutor? ¿Y tu trabajo? ¿Podemos hacer eso?

–He hablado con un hombre… ayer por la noche….y me ha ofrecido trabajar en un local de Tokio… ganaría mucho más dinero… y eso… creo que hará falta. No voy a poder seguir trabajando en esto para siempre… mejor será tener dinero ahorrado… – sonrió, aliviado conque le pareciese buena idea. –Irás a un colegio allí… tal vez allí sí te agrade… y si no… buscaremos otro tutor… esta vez que no sea tan feo… daña la vista…– bromeó con él.

– No... – negó el chico, poniéndose de pie inmediatamente. Había creído que eran unas vacaciones o algo así, pero esto... no podía alejarse de Kenzo. – No quiero irme... papá. Aquí está mi vida, mi... No quiero.

– ¿Pero no acababas de decirme que sí?– preguntó extrañado y sin pasársele por alto lo que decía. – No es un amigo ¿verdad? Es tu novio…

– Lo amo... y creí que eran unas vacaciones... – confesó, nervioso, echándose un poco hacia atrás. – No quiero irme, papá.

– ¿Lo amas?– preguntó sorprendido por escuchar eso de su hijo, sin poder ocultar su asombro en el rostro. – Bueno… tranquilízate…No está nada decidido ¿vale? Aún hay tiempo para pensárselo.... Pero quiero conocer a tu novio… si lo amas… querrás que conozca a tu padre al menos ¿no?

– Sí, pero... déjame hablar con él porque... es tímido. – mintió, sin saber qué otra excusa poner. – Y además, tú asustas un poco... cuando no eres host.

– Cuando no soy host… Yo soy host siempre… – sonrió levemente, mirándolo a los ojos, más bien escrutando, podía saber cuando su hijo le estaba mintiendo. –Así que tímido… ¿y cómo es que os conocisteis? Si él repartía volantes… eso ya es difícil siendo tímido… Además… te habló… a ti, que también eres tímido… y ahora son novios… – se rió sin poder evitarlo, recostándose en la cama y apoyándose en los codos. – Baka… mentiroso… sólo quiero ver cómo es… No sé qué te estás imaginando… – la sonrisa se borró de su rostro de pronto. – ¿O es que no quieres que él me vea?– preguntó suavemente porque no se quería ver dolido.

– ¡Claro que no es eso! Eso es estúpido... – protestó, cruzándose de brazos. No quería que pensara eso ni por un momento. – ¿Por qué no iba a querer que te viera?

– No sé… porque no quieres que le cuente que dormimos juntos– se burló, tratando de quitarle importancia.

¡Eso no importa! Si eres mi padre... – lo miró, serio refunfuñando luego. – Baka tú...

Hayabusa se rió. Pegándole con la toalla del cabello en el culo. –No me fue mal con mi cita… ¿sabes?...

– ¡Ah! ¡La cita! – se sentó de nuevo, aunque en su silla, sacudiéndose un poco el trasero. – Entonces... ¿te fue mejor con el Tsubasa ese?

– No lo llames el Tsubasa ese… Tsubasa–san… para ti…– le regañó sin comprender por qué tanta manía con él. – En realidad fue encantador… sentí que nos comprendíamos muy bien…

– ¿En serio? Yo creí que era... – se quedó callado, mirándolo. – Y ahora, ¿van a seguir saliendo?

– Le pregunté si querría volver a salir conmigo y me dijo que sí… quiere dejar de ser host… y alguien que cuide de él… Lo dijo de una forma un tanto fría y manipuladora… pero yo no creo que sea así… Me pareció muy dulce… – explicó serio, suspirando.

– Y yo creo que tú eres un romántico... – lo miró el chico, con cara de que no le creía nada al otro. – No parece estar buscando lo mismo que tú...

– ¿Y qué estoy buscando yo?– preguntó el moreno, pasándose la mano por el pecho entre la abertura del albornoz.

– Ya lo sabes... – enrojeció, desviando la mirada, pero contestando de todas maneras. – Alguien que te quiera, y te comprenda. Que te dé cariño...

–Pero él me comprende… y me dio cariño…– se rió, levantándose para ir a vestirse. –No sé si debería quedar con ese cliente…

– Pero él quiere dinero... ¿no? – lo miró tras el flequillo, preguntándose si su padre no estaría cayendo en la misma trampa de su empleo. No lo creía posible, pero aún así... Además, eso de que “le dio cariño” le sonaba a que habían tenido sexo. Enrojeció más por estar pensando en eso. – Es tu decisión, supongo...

–Me recuerda a tu madre…– salió del cuarto, entrando en el suyo y comenzando a vestirse para ir a trabajar.

Takara alzó la mirada, preocupado súbitamente, y siguiéndolo, quedándose en el marco de la puerta. – Tú aún... ¿aún te gusta mi madre?

El moreno se abrochó la camisa unos cuantos botones. – …no… Supongo que sólo es nostalgia…

– Vale... pues no sé, piensa si te gusta realmente. No salgas con alguien por nostalgia. – le aconsejó, aunque de eso sabía muy poco.

– No, Toru me gusta, nostalgia… eso es con tu madre…Toru…– se sentó en el borde de la cama. – Lo quiero… le tengo mucho cariño… y hace unas noches… yo…– se rió incrédulo. – No pude contenerme… Si no fuera porque nos interrumpieron… lo habría besado… hasta dejarlo sin respiración…

Takara sonrió un poco, escondiendo su rostro. –Yo diría que salgas con él entonces... Si tanto te gusta. ¿De verdad fue tan buen el... – carraspeó, intentando no ser tan juzgón por una vez. No quería entrometerse en lo que su padre deseara realmente. – ... Tsubasa-san?

Hayabusa sonrió levemente. – Fue muy amable y muy sincero… y muy sexy también por cierto…– se metió con él tratando de hacerlo pasar vergüenza.

– ¡No quiero saber eso! ¡Es privado! – se cubrió los oídos, casi huyendo hacia su habitación.

El moreno riéndose mientras se colocaba las mechas rubias en su cabello castaño y entrando en su cuarto para besarle una mejilla. – Voy a trabajar… y te haré caso… sobre Toru… pero odio no llevar las riendas de la situación…

– No puedes llevar las riendas. No se supone que el amor sea así, ¿no? – preguntó, porque al menos él, se sentía bastante descontrolado.

–No lo sé… – se rió y le revolvió el cabello. – Pero más te vale que las lleves o te dejaré el culo peor que rojo… me voy… se me hace tarde.

– Bye... – lo miró, un poco cohibido, y haciéndose el loco sobre lo otro. – Me avisas si piensas salir esta noche.

– No sé si deba…– murmuró mientras se calzaba, sonriendo malditamente para sí. – Pero no creo que salga, te avisaré…– salió afuera, riéndose. Le hacía gracia verlo así de enamorado.


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