.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 44
People Like Us

Toru se acercó a la puerta del piso de su amigo, silbando bastante alto, por saber si tenía un cliente, y luego tocando la puerta. Así sabría que era él.

– Pasa…– el moreno le dejó sitio, sonriendo, había bebido de nuevo y bastante, aún más por haber sido rechazado también en la tienda de discos, esta vez porque no necesitaban más gente, la excusa le era lo mismo.

– Koya... ¿dónde has estado? – se quejó el chico, entrando y observando una botella al lado de su cama. Se tiró junto a él, boca abajo, mirándolo, imaginando que le habría sucedido algo. – ¿No me dejaste? Yo te venía a invitar a comer... – le pasó el brazo por el pecho, recostándose.

– Comamos… tengo hambre…– sonrió levemente y le ofreció la botella. –Ayer salí con mi host… y no me cobró… Soy un genio… ¿verdad?....– se rió como si lo hubiera conseguido adrede.

– Eso es porque eres encantador, ya te lo he dicho. – Tomó la botella, bebiendo un trago largo, y riendo un poco, besándolo con suavidad en los labios. Se sentó, halándolo un poco de la mano. – Vamos... tuve un buen cliente ayer...

– ¿Me invitas?– sonrió, levantándose y poniéndose una camiseta y un jersey, caminando a la cocina para lavarse la cara con agua fría. –Yo acabo de tener uno horrible… hace unas horas… se fue sin pagar…– suspiró lavándose la cara de nuevo y la nuca.

– Claro que te invito. Para eso vine... – bebió un poco más siguiéndolo, y dejando la botella en la cama. – Olvídate del bastardo, mejor cuéntame de tu cita...

– Todo fue muy bien… hasta que me di cuenta de que me gustaba y se lo dije…– cogió un cigarro del bolsillo de los jeans y salió afuera con el pelirrojo. – Y claro… no me corresponde… le gusta su compañero de piso… Ya lo había notado… Pero debía tener ganas de dejarme mal a mí mismo… por segunda vez en la noche en realidad…

– No es así, ¿te dijo algo que te lastimase? – se sujetó de su brazo, deseando darle consuelo. Tal vez era su culpa por haberlo llevado a ese sitio. – ¿Por qué dices que por segunda vez?

–Antes pedí trabajo en un local y me dijeron que no era adecuado… así que me fui después de que nos sirvieran… y no pagué…– sonrió de medio lado y meneó la cabeza. – Me dijo que no me corresponde… y eso duele… pero fue muy amable… Seguiré viéndolo… Me gusta…

– No te rindes, entonces... – sonrió, pensando que él tampoco lo haría de estar en su lugar. Pero claro, no podía hacerlo ahora, no después de lo que había sucedido. – ¿Sabes? Mi cliente.... me dijo que debía buscar otro trabajo, que esto es peligroso.... – se rió, un tanto amargo. Nunca comprendían nada.

– Ya… flipan… creen que nosotros tenemos las mismas opciones que ellos… Ya he visto que no…– lo sujetó por la cintura y le besó una mejilla. – ¿Te he dicho que te quiero?... Tú también me gustas mucho, Toru…– sonrió en su mejilla y se la besó de nuevo.

– ¿Más que tu host? – sonrió, seguro de que no. – Yo también te quiero, Koya...

–No sé… no puedo decidirme así como así… – sonrió, apretándolo un poco. No sabía por qué estaba tan feliz, seguro que después se le venía el mundo encima, cuando pudiese dejar de actuar sin pensar. – ¿Te gusta el helado?

– Hum... sí, pero me gusta más el licor... – se rió, molestando, sin saber a que venía la pregunta. – Bueno, supongo que no como muchas cosas no necesarias...

– ¿Por qué? Estás perfecto… – lo miró sorprendido por si se preocupaba por su peso. – Ah… te vi con un cliente cuando salía con Hide… era atractivo… Me fui por otro lado para no desconcentrarte…

– Hide, ¿ya? Cuanta confianza – se rió, asintiendo. – ¿Iba vestido de negro? Seguro era él, de quien te hablaba... Aparte de sus consejos, fue genial. Creo que va a ser regular, por cierto.

–Ya sabes que no tengo educación…– se rió por lo de las confianzas. – Sí… era ese de negro… qué suerte… Yo también querría un cliente guapo para variar… Antes de ayer se lo tuve que hacer a un pavo de 43 años virgen… ah… qué horror…

– En serio, horror... – se rió, meneando la cabeza. – No, con este... en realidad lo disfrute. Si todos los clientes fueran así, no me deprimiría mucho. ¿A dónde quieres ir?

– Hum… tailandés…– sugirió mirándolo y sonriendo. – ¿Te has prendado? De un cliente… – se rió bromeando y luego suspiró. –La verdad… quiero hacerlo con ganas… Tal vez debería hacerlo… con alguien como tú y yo… alguien que me guste para variar… No recuerdo lo que es tocar a alguien con deseo…

– Yo creí que lo disfrutabas conmigo... – se rió, aunque comprendiendo y caminando hacia el restaurante. – Lo sé... fue extraño, sentirlo así, a veces me siento como un muñeco ¿sabes? Ni siquiera estoy allí...

– Yo tampoco… lo hago por mecánica… Aún me pregunto cómo mis clientes lo disfrutan… Creo que siempre hago lo mismo a no ser que el cliente repita…– suspiró y le sopló el flequillo. – Contigo lo disfruto… pero a ti no voy a usarte para echarme un polvo de capricho… baka…

– ¿Por qué no? Si no te voy a cobrar... – se rió, apartándose el cabello del rostro. – Si no son regulares, ni quiero saber sus nombres.

–Ah… yo tampoco… ni se lo pregunto vaya… A no ser que me pidan que lo diga mientras tanto…Hasta vergüenza me da…– se quejó aunque estaba riéndose. – ¿Qué pasa, Toru? Estás insistente… ¿es que quieres hacerlo conmigo?– se metió con él, besándole el cuello.

– No es eso, aunque no es un castigo precisamente. – le sonrió, suspirando. – No lo sé, tal vez no quiero que lo hagas con cualquiera, es una tontería supongo. Pero me preocupo.

– No es como que no vaya a usar chaleco…– sonrió levemente y lo miró, sujetándole la mano y entrelazando los dedos con los suyos, llevándosela al pecho. – Tienes razón… no voy a ganar nada con eso… Pero es que no me acuerdo cuando fue la última vez que lo hice… con alguien que… me hiciese pensar en ello una y otra vez…acordarme de sus expresiones y estremecerme…

– Lo sé... – se recostó contra su hombro, sonriendo un poco. – Yo pienso en Hayabusa-san cuando... Bueno, casi siempre. Me lo imagino y así no es tan malo. Aunque no tengo idea de cómo será en la cama en realidad.

–Igual lo averiguas ¿no?... ¿No habías dicho que quedaríais?– sonrió, metiéndose con él.

– Sí, espero que no haya sido sólo una idea pasajera. Creo que iré a verlo mañana... He estado ahorrando de nuevo, y con este último cliente me fue bien... No me rebajó ni nada. – se rió, moviéndole el brazo, deteniéndose frente al restaurante. – Yo creo... que realmente podría... tener algo con él.

– Ojalá… qué suerte… Al menos tú sientes que puedes tener algo con alguien…– se mordió un poco el labio inferior por donde se sujetaba la cadenita. – Aunque no me quiero rendir con Hide… pero no tengo mucha oportunidad con ese tío… Sé ver la diferencia… puf… – se sentó en una mesa, menando la carta antes de mirarla.

– Mira, tal vez no sea tan terrible... Accedió a salir contigo sin cobrarte ¿no? Eso es que le agradas... – sonrió, revisando su propia carta. – De todos modos, sabes que sólo estoy así porque me invitó a salir, pero no soy estúpido... Tal vez no le agrade mucho una vez fuera del club. Cuando vea cómo soy en realidad.

– ¿Y cómo eres? Guapo y encantador… Más me preocupa que él sea un estúpido cuando no le pagan… y que vuelvas desencantado…– suspiró y abrió la carta, pasando las hojas para ver qué se tomaba. – Además… calla… yo también quiero que me invite a salir un tío bueno… ya es algo…– se rió pasando de comentarle acerca de Hide y compararse innecesariamente con Kenzo.

– Pues te estoy invitando yo, ¿no? – bromeó, tocándole la mano, agradecido porque dijera esas cosas. Pero se preguntaba ahora si Hayabusa-san se daría cuenta de lo que realmente era, era muy distinto estar en el club, sólo con él.

– Sí, pero tú no tienes esa clase de interés en mí… así que no me hace la misma ilusión…– se quedó mirando a un chico que pasaba con otros dos más, riéndose, llevaban uniforme… seguramente venían del instituto.

– Tampoco soy tan joven como los que te gustan... – bromeó, siguiendo su mirada e interrumpiéndose sólo porque se acercaba el mesero. El chico le sonrió encantadoramente al ver cómo los miraba, pidiendo su comida sin inmutarse. Tenían tanto derecho como cualquiera, ni que fuera un lugar de lujo.

–Yo quiero lo mismo y un camarero más guapo… pero si sólo estás tú, tendré que conformarme…– el moreno lo miró y le sonrió. – Era broma…– le guiñó un ojo por la cara de enfado y luego le mostró corazón cuando se hubo dado la vuelta. –“Capullo…”– susurró mirando al pelirrojo. –No seas memo… tú tienes la edad de los que me gustan… además, Hide es más mayor y me gusta…

– Te gusta mucho, ¿eh? Bueno... tendré que comprarme un uniforme de escuela, a algunos les gusta eso, ¿sabes? Haré cosplay... – se rió, bebiendo algo de agua y mirando hacia fuera. – Cuando yo iba a la escuela... era como si hiciera cosplay de mi yo futuro.

–Seguro estabas bueno… hm…– se rió y le guiñó un ojo. –Yo siempre iba bien vestido… tal vez deberíamos ponernos el uniforme del colegio e ir al parque… seguro que nos pagan más si hacemos eso… No lo había pensado… Igual cuela…– se rió. –Tú sí cuelas…

– ¿Crees que me paguen más? – se rió, imaginándolo. – Yo creo que tú también colarías, te ves joven... Si nos hacemos los pobrecitos, tal vez algún alma caritativa nos ayude.

Koya se rió. – Pobrecito… No, me haré el niño malo… es lo que hago… A los ukes no les gustan los pobrecitos…– se pasó la mano por el cabello. –Lo haré… Me apetece aunque sólo sea para echarme unas risas… a ver si me vale el uniforme…

– Hagámoslo juntos, ¿quieres? Se ve divertido... – se rió, recostándose contra la silla. – Me pregunto si me recogerá algún profesor, sería mejor aún.

– Dios… –le iba mal de la risa, se apartó un poco cuando el camarero les puso los platos con un gesto de desagrado y le echó la lengua. – Ojalá estuviera ese…– se rió revolviendo los fideos con verduras. – Podríamos hacer tríos… alguna vez me lo han preguntado.... Habría que probar… o mejor no… que como se ponga grosero contigo, lo mato…– alzó una ceja comiendo.

– Koya... – le sonrió, empezando a comer también. Lo cierto es que era agradable, tener un amigo como él. Bueno, ambos se tenían el uno al otro. – Sabes que es imposible que alguno no se ponga grosero. He tenido alguno... que le da por insultarme. Pero no me importa mucho si al final me paga...

– Comprensible… pero aún así no lo aguantaría… que te insultasen estando yo delante…– meneó la cabeza un poco, continuando con la comida y mirándolo. – Hagamos eso esta noche… a ver si me enfado o no… sólo con ver cómo te ligan… – se rió, bebiendo un poco de agua.

– Vale, baka... – se rió, esperando a que terminase de beber y subiendo un poco sobre la mesa para besarlo, sólo por molestar a los demás clientes y al mesero, por supuesto. Aunque, en realidad, también lo hacía por cariño.

– Baka… nos van a echar…– se rió, enrojeciendo un poco porque le diera un beso por eso. – Yo te quiero… ¿vale? No hace gracia…– se rió.

– Sí la hace, además, quería agradecerte. Sólo es un beso... – se sentó bien, continuando con su comida como si nada. – Esas cosas se agradecen, ¿no lo sabes, Koya?

– No hace falta… si ya nos odian bastante así…– suspiró y le quitó un poco de su comida para probarla. –Igual, creo que regresaré… para hacerlos infelices con mi presencia…

– A mí me gustó la comida... Y no lo hacía para que nos odiasen. – le sonrió, robándole de la suya.

–Lo sé… necio…– suspiró, sonriendo levemente. –Cuando veas a Hayabusa… no te acuestes con él… así como así…– murmuró, preguntándose si sólo querría eso de él. Le parecía una tontería… no era como que fuese alguien difícil de conseguir… aunque tal vez en su situación…

– ¿No? Sí, entiendo lo que quieres decir, pero... ¿qué tal si es mi única oportunidad? De ser abrazado por alguien así... – murmuró, bajando un poco la mirada.

– Tienes razón… sólo haz lo que sientas… Haz que sea el mejor día de tu vida… y después que pase lo que sea…– le sonrió y tocó el anillo que le había puesto el host en el dedo. – Supongo que no le da sus anillos a cualquiera…

–No, ¿verdad? No puede... se quedaría sin anillos. – se rió un poco, aunque tenía los ojos aguados bajo el flequillo. – Y este... es muy hermoso.

–Tú también…– lo miró, notando que estaba afectado. –No hagas eso… estoy seguro de que tú le agradas…– le animó pese a que le daba miedo hacerlo, cuanto mas subías… mas dolorosa era la caída.

– Gracias, seguro que sí, ¿verdad? O no me hubiera dicho nada de eso. No lo estaba inventando, lo sé... – lo miró a los ojos, sonriendo un poco, intentando convencerse. No se había quitado aquel anillo casi en ningún momento.

Koya le sonrió, mirándolo a los ojos y suspirando. – Vamos… luego de esto invito a un helado…

– Vale, no sé qué tienes con los helados, pero acepto... – se rió, pasándose la mano por un ojo, sintiéndose un tanto estúpido.

 


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