.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 45
The Backroom

– Kai... Kai... – lo llamó el moreno, observando cómo iba y venía, sin detenerse. Y ni siquiera tenía clientes aún. – Kai... ayúdame a buscar unas botellas atrás. – le pidió, echando a caminar, seguro de que lo seguiría.

El rubio sonrió levemente y se le abrazó por detrás dejando que lo cargase hasta el almacén. –Ayer volvió ese tipo y estuvo hablando con Hayabusa-san.

– Ya veo... – lo miró, frunciendo el ceño, cambiando por completo de expresión. – Hayabusa... por lo menos Hayabusa es un poco más centrado. No se irá corriendo tras él.

–No me hagas imaginar a Hayabusa-san correteando detrás de alguien y menos detrás de ese tío… jo, qué horror…– se agachó a coger las botellas, apilándolas un poco sobre las otras cajas. –Tienes esto hecho un desastre, Tatsuya…

– Será porque siempre lo tengo que hacer solo... – protestó, porque se metiera con él, girándose para mirarlo. – ¿Te vas a quedar en mi piso esta noche?

– Claro…– sonrió levemente, apartándose el flequillo de la cara y subiendo otra caja para apilarla. –Igual sí que tomo tu oferta y dejo esto… sólo dame un poco de tiempo para hacerme a la idea…

– ¿En serio? – sonrió, cambiando su expresión de nuevo. No había esperado escuchar eso. – ¿En serio, Kai? – lo tomó por los hombros, besándolo. Daba igual, allí nunca iba nadie más que él o quien él mandase a ayudarlo.

–En serio…– admitió, sonriendo levemente y besándole los labios mientras lo rodeaba por la cintura. Alzándolo un poco. –Ay… pesas…– se rió, metiéndose con él de nuevo y apoyándose en la pared con la espalda, tirándole del chaleco un poco para desabrochárselo reído.

– Para tu información, suelo hacer ejercicio todos los días... – protestó, un poco rojo. Lo cierto es que esa semana no había tenido energías. – Y no es momento para esto, baka...

– Siempre es momento para esto con tu amor… – sonrió aproximándolo un poco más y besándolo de nuevo mientras le acariciaba el pecho. – Ya se nota que haces ejercicio… ¿Quién dijo que yo quisiera que estuvieses delgado?... Prefiero que estés fibroso y peses… No quiero una maricona…

– Bueno, pues no lo digas así. – le dio en la cabeza, aunque con suavidad. – Tenemos que regresar en algún momento... – le recordó, a pesar de que en realidad nunca había necesitado esas botellas para empezar.

Kai se apoyó más en la pared, sin hacerle nada de caso y sonriendo aún más mientras seguía desabrochándole la camisa blanca. Aproximándolo a él con la tela por su cintura y besándolo otra vez. –No me importa que me pegues ¿eh? Pero no sabía que eras sádico…

– No soy sádico, eso ni dolió. – frunció el ceño, enrojeciendo un poco. –Siempre con esas bromas... eres un necio.

– Tú también… déjate hacer ya…lo estas deseando también… No… seguro que más que yo aún…– se rió, besándole el cuello y el pecho, sus labios recorriendo su piel y lamiendo sus pezones. – Seguro que ya vino alguno y está esperando en la puerta…

– Kai, no digas eso... – protestó, más que nada, porque prefería que no hubiese llegado nadie. Ya se sentía agitado, no podía evitarlo. Y tampoco podía evitar el sentirse excitado de estar haciendo aquello en ese lugar.

– ¿Por qué no? Seguro que te pone… – se arrodilló en el suelo y le mordió el pantalón, rozando su sexo con los dientes y los labios, endureciéndolo antes de bajarle la cremallera despacio, tirando de la ropa interior con un dedo y metiéndoselo en la boca a medida que lo dejaba salir. Le sujetó las nalgas aproximándolo más a él y bajándole el pantalón para que no le molestase. Sus propias mejillas enrojeciendo mientras lo miraba.

– Kai... – murmuró, aguantando la respiración luego por unos segundos, para no jadear. Su sexo estaba caliente y erguido. El rubio lo excitaba con mucha facilidad, a pesar de que no quisiera confesárselo. – ¿Por qué... me miras tanto? – le preguntó, exhalando por fin, con la respiración entrecortada.

– Porque te quiero…– sonrió, deslizando la lengua por su sexo y sus testículos, acariciándole las piernas con las manos y apretando sus firmes nalgas de nuevo. Alzó una mano a su pecho, acariciándolo y deslizando los dedos por sus labios, metiéndolos en su boca. Un escalofrío recorriendo su cuerpo, como si hiciera algo prohibido al ser con Tatsuya, su boca volvió a ocuparse del sexo del moreno, observándolo sin poder evitarlo. –Eres cute, Tatsu…

– Mno.... – fue todo lo que alcanzó a decir el moreno, ya que estaba más entretenido en succionar los dedos del rubio, su cuerpo estremeciéndose al sentir su lengua. Sujetó su brazo, dedicándose a lamer cada uno de los dedos de su mano, casi devotamente. A ver si seguía diciendo tonterías así.

El rubio se estremeció, levantándose y observándolo mejor, entrecerrando los ojos, agitado. Abriéndose la camisa y moviendo los dedos en su boca, su mano sujetando el sexo del moreno y el suyo a la vez, masajeándolos juntos y lamiendo sus propios dedos para entremezclarse con la lengua de Tatsuya, metiéndose en su boca caliente tanto como podía. Jadeó, lamiéndole la mandíbula y la oreja, mordiéndosela un poco y ocupándose de su cuello. Le sacó la mano de la boca, besándolo y bajándola por su espalda, deslizándose entre sus nalgas y entrando entre ellas, su sexo pulsando de golpe y sus labios asfixiando a besos al moreno.

El chico gimiendo con suavidad entre sus labios, moviendo la lengua tanto como podía, mientras sentía cómo los dedos del rubio se empujaban dentro de su cuerpo, jugando en su interior, su sexo encendiéndose aún más por la fricción. Lo abrazó, pegándose a él, sus besos más apasionados todavía.

– ¿Ya no te importa quien pueda estar en la puerta, eh?– preguntó el rubio, sonriendo de medio lado y apoyándolo contra la pared. Sus manos acariciándole el pecho y bajando por su cuerpo hasta sus muslos, acariciando su tersura. Le besó la espalda con suavidad, lamiéndola después, observando cómo su piel despertaba y los estremecimientos la curvaban sensualmente. – Te quiero…– le repitió al oído, besándole la mejilla varias veces y después el cuello, succionando su piel y buscando con su propio cuerpo, empujándose contra el chico y entrando en él. Su gesto cambiando por completo, jadeando contra su mejilla y dejándose llevar por completo.

– Yo.... ¡también! – gimió, dejándose llevar, sin pensar mucho en nada ya que no fuera sus cuerpos y lo que sentía. No podía creer que hubieran esperado tantos años sin tocarse. Ahora cada roce lo hacía estremecerse, una de sus manos apoyada en la pared, mientras la otra sujetaba la nalga de Kai, intentando apretarlo contra sí, todo lo que podía.

– Tatsuyah…– el rubio apretó un poco las mandíbulas, golpeándose contra él y separándole más las piernas, acariciando el suave interior de estas, una de sus manos subiendo por sus testículos y su sexo, acariciándolo sólo con las puntas de los dedos. – La tienes grande Tatsuya…

– Es... normal, baka... – sonrió, enrojeciendo por razones distintas a su excitación, temblando un poco, por el placer.

– No…– se rió, jadeante, pensando que había visto muchas en su vida como para no saber. Se empujó más fuerte en él. Abrazándolo con fuerza y sujetándole los brazos con los suyos para que no pudiese moverse. Lo apretó contra la pared, penetrándolo de forma más urgente, jadeando contra su cabello castaño. –Tatsuya… dime que me quieres…

– Baka... – protestó, aún rojo, completamente agitado, bajo aquel abrazo fuerte, sudoroso. – Te... quiero... Kai... – le concedió, estremeciéndose de nuevo, ante una nueva embestida, su sexo pulsando con fuerza.

El rubio sonrió, rozándose contra su cabello y bajando la cara para girar la del moreno, besándolo como podía y bajando la mano a su sexo, sujetándolo con fuerza y agitándolo. – Me voy a correr…– le advirtió, moviéndose aún más deprisa pese a que no quería ser brusco con él, apretándolo más fuerte contra su cuerpo con el otro brazo, su mano apretando uno de sus pectorales, estrujándolo ansioso, amarrándose a su cuello después mientras se derramaba dentro de él todo lo profundamente que podía.

– Dios, Kai... – gimió el chico, estremeciéndose hacia delante una vez más, sintiendo el semen llenarlo, dentro de sí, el calor recorriendo su propio sexo erguido. Y antes de que pudiese siquiera pensarlo, corriéndose con fuerza, jadeando sin mucho control. Después de todo allí no había nadie más que ellos. Nadie más que Kai, aún sosteniéndolo de aquella manera.

– Tatsuya…– el rubio lo giró para besarlo, acariciando su sexo empapado y apoyando la mano en el pecho del moreno después, manchándolo y lamiendo el semen para limpiarlo. Abrazándolo con fuerza y suspirando cansado. – Tatsuya…

– Kai... – sonrió, sin creerse lo que acababan de hacen en su lugar de trabajo. – Te amo... Eres un baka enorme, pero te amo.

– No… Soy un baka tamaño Standard… – se rió y le besó con suavidad. –Voy a abrir la puerta ¿vale?– comenzó a vestirse, sin dejar de mirarlo. La verdad es que no tenía ganas de separarse de él. – Hoy me quedo en la barra contigo… Tengo mimos…

– Así aprendes para cuando ya no seas host... – le sonrió, enternecido, quisiera que no. Igual, no era que se divirtiera viéndolo coquetear con otros hombres. Tomó su ropa para empezar a vestirse, esperando poder fingir bien.

El rubio lo besó de nuevo antes de salir a abrir, aunque estaba sudado y algo rojo del esfuerzo, como si nada, corriendo la verja y mirando a los siete chicos que ya estaban ahí esperando. Hayabusa con cara entre cabreo disimulado y risa ahora. – Buenas noches… – dijo, tratando de ser educado igualmente.

Kai sonriendo y dejándolos pasar. –Lo siento…– se disculpó sin sentirlo demasiado, marchando a coger los libros de citas para ponerse al día. – Tsubasa-san… qué guapo estás hoy…

– No, para dejarme esperando, ¿eh? – le sonrió de igual manera, porque era obvio lo que había sucedido. – Por lo menos no tuvimos que esperar con los clientes...

Tatsuya salió poco después, algo rojo y sin ningunas botellas, saludando. – Buenas noches... estábamos atrás... – se explicó sin necesidad.

–Yo estaba más atrás que él…– Kai se rió mirando los libros, Hayabusa tapándose los labios ligeramente porque deseaba permanecer serio al menos para saludar a su jefe. No podía ni mirarlo, estaba demasiado mono.

Tatsuya le lanzó una mirada a Kai, que de no haber sido pareja y haber acabado de hacer lo que habían hecho, hubiera parecido que lo iba a matar.

– ¿Tengo algún privado para hoy? – preguntó Tsubasa, apoyándose en la barra, Hideyoshi por su parte, sin prestar mucha atención a nada.

Más bien, se la pasaba revisando su móvil por ver si ya había recibido alguna respuesta a sus mensajes. Jamás había estado tan nervioso en su vida.

– Uno a las doce con Nita-san una hora… y luego seguidamente otro con… Murakami-san…– murmuró mirando al rubio y luego a Tatsuya. – Tiene cara de malo… ¿te lo cancelo?– sonrió jugando con él y echándole un beso a Tatsuya para que no se enfadara, aunque seguramente causaba el efecto contrario. –Tú, Hideyoshi… tienes un privado – le dio un papelito para que le repasase la ficha al cliente y luego miró a Hayabusa. –Y tú tienes estos cuatro hoy… – se giró de pronto antes de poder seguir hablando con los demás, cogiendo el teléfono. El pelirrojo hablando desde su teléfono móvil. Diciéndole que se encontraba mal y no podría ir al trabajo. El rubio suspiró y llamó a uno de los clientes que tenían cita con él, Hayabusa observándolo mientras el rubio le explicaba al cliente que el pelirrojo no estaría y que si deseaba cambiar la cita. – ¿Está enfermo, Kenzo?– preguntó Hayabusa a Hideyoshi, en realidad lo veía apagado. Además le parecía extraño que no le hubiera dicho él mismo a Kai.

– Sí... se sentía mal... – contestó, intentando fingir, aunque lo cierto es que le hubiera gustado arrancarle el teléfono de las manos a Kai. ¿Dónde demonios estaba Kenzo? Tan sólo esperaba que no cometiera una estupidez. – Lo siento, estoy un poco preocupado porque tenía fiebre... – sonrió, notando la manera en la que lo miraba Hayabusa. No podía decirle nada antes de hablar con el pelirrojo.

–Vaya… es una lástima…– el moreno lo miró un poco extrañado, aunque sin querer ser molesto, decidiendo no decir ni una palabra más sobre el asunto.


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