.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 46
Juegos de Manos

Tsubasa se puso de pie, musitando una excusa a sus clientes, aunque ya les había advertido que tendría un privado a esa hora. Se alejó sonriendo y dejándolos a cargo de uno de los nuevos. No Hideyoshi, por supuesto. De igual manera, algunos preferirían irse si no los atendía él, estaba seguro. Sonrió ampliamente, sujetando con delicadeza el brazo del moreno que acababa de llegar. – Murakami-san... me alegro de que hayas podido venir tan pronto.

– Me prometiste no aburrirme… ¿recuerdas? Y he venido a comprobarlo…– se quitó el abrigo dejando que el rubio lo recogiese, al igual que su chaqueta, y siguió a Tsubasa hasta el privado, sentándose en la zona interna de los sofás y esperando a que le sirviese un poco de licor en este caso. Aunque no de un licor cualquiera desde luego, si no uno de los whiskey mas caros del mundo. Era su manera de ser agradecido. Lo había mandado a pedir especialmente para esa noche.

– Murakami-san... no lo hubiera llamado si pensara que iba a aburrirse conmigo, ¿o sí? Me ofenderá... – se rió, sentándose a su lado y pasándole un dedo por el pecho. – Me preocupaba un poco que otro hubiese captado tu atención más que yo... eso estaría mal...

– Eso no te lo diré…– sonrió levemente, observando cómo su dedo bajaba por su pecho. –De hecho, he conocido a unos cuantos hombres interesantes estos días… cada cual con su personal modo de atenderme… Fue muy agradable Hayabusa-san… aunque no sea mi tipo desde luego…– se rió. – Pero no tan encantador como tú…– le sujetó la cara con suavidad, alzándosela para que lo mirase a los ojos

– Hayabusa-san.... él no me preocupa. – se rió, observándolo. – Ya sabía que no sería tu tipo, aunque el secreto del Olimpo, es que en realidad hay dos número uno, ¿no lo sabía, Murakami-san? Nuestros clientes son distintos, es por eso.

– Lo sé… estoy aprendiendo del asunto… Hasta ahora no había visitado nunca este tipo de lugares… De todos modos, ya tengo contratados a 20 host de Tokio… listos para comenzar a trabajar en cuanto el local acabe de acondicionarse…– murmuró fumando y bebiendo un poco del vaso con hielos.

– ¿20? Eres ambicioso.... – lo miró, sorprendido. Pero ahora más quería trabajar para él. Se sirvió un poco de aquel whiskey, bebiendo un poco. – Seré el número uno en tu club también, ¿lo sabes?

–Eso espero… no me gusta perder el tiempo… Y siempre que lo hago sé que es por mi culpa… así que no suelo hacerlo, porque odio admitir mis errores…– bebió de nuevo sin dejar de mirarlo. – En realidad, serán una cadena de locales… pero estaba pensando que tú eras más apropiado para los clientes VIP…

– Sabes distinguir... – se rió con suavidad, a pesar de que se había emocionado. Pero no era conveniente demostrarlo. – Dime una cosa, ¿te interesa que te lea la mano? Aunque no sepa hacerlo realmente – bromeó, acariciándola.

– Hazlo…– volteó la mano, sonriendo levemente y preguntándose qué pensaba hacer. En realidad, tentado a consultarle algo y dudando de su sinceridad.

– A ver... creo que vas a tener una larga vida. Sí, eso sí lo sé. – sonrió, recordando algunas cosas que le habían dicho, aunque sólo lo hacía por diversión. – Y vas a conocer al amor de tu vida pronto... tal vez esté muy cerca. O tal vez sólo sea un host – sonrió, mirándolo a los ojos, moviendo su dedo índice por la palma de su mano. – Tal vez sea el host de tu vida.

El moreno se rió entre dientes, bebiendo un poco más. –Con lo que fumo y bebo no creo poder llegar a Matusalén… debes practicar mas… – le sujetó la cadenita que colgaba del pecho y lo atrajo un poco hacia él. –Quiero preguntarte algo del empleo… ya que tú tienes más experiencia… pero debes contestarme objetivamente…

– Bien, te responderé a lo que quieras hoy, ¿qué tal eso? – se relamió el labio inferior, coqueteando de aquella manera.

–Está bien…– el moreno sonrió levemente, mordiendo el cigarro un poco. –Luego le preguntaré a Hayabusa-san… y alguno más… Me disgustará ver que no coincidís en vuestra opinión…– le tocó la mandíbula con un dedo como si fuera un gato. – He conocido a un gigoló… y me preguntaba si sería capaz de dedicarse a esto… con éxito… y sin excederse en su “amabilidad”, no quiero ser ese tipo de local…

– Un gigoló, ¿eh? – suspiró, pensando que no le convenían esas preguntas. – Depende del chico supongo. De qué tanto le guste lo que hace... De sus modales... Kai solía ser un gigoló, por ejemplo, pero... Kai no es muy buen ejemplo. – se rió, pensando que sí no le dejaría una buena impresión.

– Kai… es ese chico rubio… Sí, le pedí a Hayabusa-san que me hablase de todos… ya que es el que más tiempo hace que trabaja aquí… Me dijo que trabajaba desde el inicio allí como él… y que sin embargo no está muy bien situado debido a sus… escarceos… Es lo que me preocupa… Por otra parte, era demasiado atractivo para dejarlo perder su potencial así….

– ¿Te refieres al chico que conociste? Porque Kai no se irá... de ninguna manera. – sonrió, dando gracias al cielo por los pequeños milagros, y sirviéndole un poco más de whiskey.

–Hablo del chico que conocí… No sé si Kai es muy atractivo o no… No me lo parece… sinceramente…– se rió pensando que desde luego no era su tipo. – Un poco vulgar… Y también Kenzo… y Hideyoshi… lo son…– lo miro a los ojos fijamente y sonrió.

– Me alegro de que te des cuenta... – le acarició el rostro entregándole su copa. Lo cierto es que no tenía problemas con Kenzo, le agradaba, pero no pensaba cargar con ese rubio toda su vida.

El moreno se rió, en realidad lo había dicho sólo para animarlo a criticarlos a ver qué decía, pero no había dado tanto efecto como esperaba, era bastante discreto. Seguía sin saber qué hacer respecto al chico que había conocido, suponía que podía darle un empleo de otro tipo para poder llevárselo con él… Alzó sus ojos verdes al techo un momento. Preguntándose por qué tanto empeño, tal vez debiera alargar su estancia allí unos días más en lugar de partir tan pronto, asegurarse de que no se le pasaba el capricho sin más.

– Murakami-san... – Tsubasa le tocó el rostro con suavidad, girándolo un poco hacia el suyo. – No estás pensando en mí, eso está mal... ¿Tan terrible soy? – le preguntó con voz suave, sonriendo ligeramente.

–Eres terrible, Tsubasa… manipulador… venenoso… y ambicioso… Eres terrible… – lo miró a los ojos de nuevo, echando los brazos atrás por encima de los respaldos de los sofás. –Si quieres tener mi atención… consíguela… quejarte no te servirá…

– Murakami-san... eres el reto de todo host... – se rió, pensando que veía a través de todos sus trucos. Era increíble. – Te dije que contestaría a todo lo que quisieras saber, hoy y sólo me has preguntado sobre un chico que bien podría ser mi competencia. Yo creí que no era alguien tan fácil de ignorar... – se quitó la chaqueta con movimientos suaves y claramente estudiados, pasándose la mano por el cabello luego.

– Eres muy guapo, Tsubasa… y agradable… Estoy seguro de ti como empleado… pero si lo que buscas es sacarme pasta… tendrás que hacerlo mejor… Porque yo sólo estoy pagando por compañía…porque deseo tener a los mejores empleados… No la necesito y jamás me he sentido solo…– lo miró a los ojos de nuevo y bajó la vista a cómo se dibujaba su pecho entre la camisa. Era muy deseable… pero eso no le haría perder la sensatez.

– ¿Jamás? No lo creo... O sí. Alguien como tú no debe pasar mucho tiempo solo. – suspiró, sonriendo y recostándose en el sofá. No se la estaba dejando nada fácil. Aún así, se preguntaba qué hacía un hombre como él con un gigoló. Si tenía tantas dudas, no creía que hubiese ido a buscarlo por negocios. – Y realmente dudo que estés buscando un show como la otra vez. Creo que he sido demasiado complaciente contigo, y ahí está el problema...

Murakami lo miró, serio ahora, increíblemente sorprendido, no de que se pusiera a la defensiva, si no de sus palabras. – ¿Qué quieres decir?

– Pues, que logré mantener tu interés para lo del empleo... Pero no te fue muy difícil convencerme de eso ¿o sí? Y ahora que sabes que estoy interesado, ya no te intereso tanto. Como empleado sí, pero me das por sentado... – le sonrió un poco, observándolo desde la misma posición.

El moreno sonrió de forma diferente, tapándose la boca a medias con dos dedos y dejando que se marcase un hoyuelo en su mejilla. –Pero eres el único al que he visitado por segunda vez…– le explico sólo para ver qué decía ahora.

– Pero vienes porque te llamé, ¿no es así? – sonrió un poco más, debatiéndolo. – O ¿pensabas venir de todas maneras? Ya ves que no soy bueno leyendo manos, menos aún las mentes.

–Pensaba venir…– le dio una calada al cigarro y dejó salir el humo lentamente entre sus labios. – Qué celoso eres, Tsubasa… quieres que todos se centren en ti… y sólo en ti…

– Y ¿de qué otra forma debería ser? Los clientes no regresan porque todos los host les parezcan iguales... – le aseguró, acercándose un poco más. – Te diré, la diferencia entre el número uno y los demás. La mayoría de los chicos piensan que todo es acerca de agradar al cliente, consentirlo, mimarlo... estar a su servicio. Pero no es cierto, es un balance delicado entre ambos. Debes lograr que el cliente desee agradarte a ti.

El moreno lo miró interesado en lo que le contaba, bebiendo un poco más y observando sus labios mientras hablaba. – ¿Es que quieres convertirme en tu cliente, Tsubasa?

– Creí que ya lo eras, Murakami-san... un cliente VIP... – bromeó, tocándole la mejilla con un dedo. – Y te he dicho mucho más de lo que un cliente debiera saber... Lo más importante para mí, es ser apreciado.

– No soy tu cliente ¿eso creías?… Nuestras citas son por tu empleo… y si consumo estas bebidas, es porque me agrada beber y por demostrarte mi gratitud de algún modo, además de no ser desagradecido y hacerte perder el tiempo de ganar más dinero… pero no necesito tu compañía ¿comprendes? Espero que no te sientas insultado… Piensa que rechazando el trabajo no me harás un mal a mí, si no a ti mismo…– sacudió la ceniza, observando el cristal del cenicero y luego al chico.

Los ojos turquesa del chico lo observaron serios, penetrantes. – No hago las cosas por causarle mal a los demás, eso no me da ningún beneficio. Y si no te interesa mi compañía y el trabajo ya es mío.... ya no estoy a prueba ¿o sí? Pero a ti no te gusta perder el tiempo. Ese es el misterio... – sonrió ligeramente. – En realidad, a mí me agrada tu compañía. Al menos esperaba que pudieras decir lo mismo. No se trata de necesitar nada...

–Me agrada… es interesante ver lo mucho que te enfadas cuando no comen en tu mano Tsubasa… Me recuerdas a mí de joven…– le dio con la mano en el cabello suavemente como si fuera un crío. Así lo veía de todos modos. –Siempre se está a prueba hasta que se firma el contrato ¿no lo sabías? Y no olvides que busco a alguien que dirija el club… Creí que te interesaba ese puesto…

– Por supuesto que me interesa... – asintió, observándolo intrigado. – Para eso necesito que no te olvides de mí. Murakami-san... – sonrió un poco, relajándose. – Yo te veo joven.

El moreno le siguió acariciando la cara y luego el cuello como para ver qué pasaba. – Soy joven… pero no tanto como tú…– sonrió sin dejar de acariciarlo casi sin percatarse de que lo hacía ya.

– Soy joven pero maduro, Murakami-san... ¿te gusta mi piel? – se rió, recostándose y dejándose acariciar de todas maneras.

– ¿Cómo decir que no? Me da miedo que vuelvas a tener un acceso de ira…– sonrió, riendo para sus adentros y deslizando la mano bajo su camisa para tocarle los hombros y el pecho, no sabía cuanto tiempo llevaba allí pero desde luego más de una hora. Por suerte, había solicitado dos en su compañía. ¿Pero, por qué seguía allí? En realidad no le veía nada especial… o tal vez era demasiado estúpido para darse cuenta… No solía perder el tiempo así, al menos no si no acababa de hacerlo y le agradaba el chico o algo así.

– Eso no fue un acceso de ira... sólo un ligero enfado... – se rió de nuevo, entreabriendo los ojos, para mirarlo. – Puedes ser sincero conmigo, pero creo que ya no necesito una respuesta...

– ¿Acerca de qué?... De tu piel… Si fueras un gigoló ya estarías en mis sábanas… – se rió, bebiendo de nuevo y acabándose la botella aunque para nada se notaba en su comportamiento o aspecto.

– Pero no soy un gigoló... – sonrió, sin desviar su mirada. Era atractivo, y mucho, eso ayudaba bastante. – No sé por qué estaría alguien como tú con un gigoló, la verdad.

– Me agradan… – apagó el cigarro y encendió otro seguidamente. –No exigen nada que no pueda darles, puedo escoger al que quiera según me apetezca… Y desde luego, saben cómo complacer a un hombre…– se pasó la mano por el cabello y volvió a apoyarla en el pecho del chico, acariciarlo era relajante de algún modo.

– Yo también... y ni siquiera tengo que quitarme la ropa... – comentó, como en broma, aunque realmente lo creía. Por lo menos, no se había ido tan rápido como la vez anterior. – Tienes unas manos muy masculinas, Murakami-san...

–Ellos tampoco necesitan quitarse la ropa para complacerme… necesariamente…– le devolvió el moreno, deslizando un dedo por sus labios. – ¿Te gustan?– le entreabrió los labios con el dedo, pensando en las manos de aquel chico. Estaban frías…

– Por supuesto, no las hubiera mencionado si no... – sacó la lengua, tocando su dedo momentáneamente con ella, riéndose luego. – Apuesto a que eres un demonio...

– … no me gusta ser cruel con ellos, si son tan amables conmigo… – se rió con suavidad, lamiéndose la zona del dedo que el chico había mojado, bajando la mirada a sus manos y sujetando una de ellas, observando sus dedos delicados y las uñas recortadas cuidadosamente. Se la llevó a la cara y cerró los ojos, dejando salir el humo entre los labios con el cigarro colgando de estos.

– ¿Te gustan las mías? – le preguntó “inocentemente”, sonriendo un poco.

– Sí – se la besó y lo miró a los ojos de pronto. ¿Qué hacía? Se la apretó un poco con la suya y frunció un poco el ceño. No debía hacer eso con él… no era buena idea. – Ya es hora… debo irme…

– Aún te queda una hora, ¿no es así? – sonrió, aunque sabía que aquella era una batalla perdida, no como la que sentía, acababa de ganar. – No has perdido el tiempo, concédeme eso...

– No he perdido el tiempo…– repitió, sonriendo levemente sin dejar claro si estaba siendo sincero o no por su tono. – En realidad sólo me quedan cuarenta minutos… pero ya están pagados… así que descansa… – se rió, saliendo del privado para ir a buscar su abrigo. ¿Estaba huyendo? No, ridículo.

– “Vuelve...” – susurró el chico, moviendo su dedo en un movimiento circular, a pesar de que el moreno ya se había ido. Ya no lo podría sacar de su mente tan fácilmente.


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