.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 47
Honesty

–Toru–san…– el moreno apartó la mano del teclado de su portátil, telefoneando al chico desde el cuarto de su hotel. – ¿Estás libre ahora?

– Murakami-san... claro... – sonrió, pensando que era sorpresivo, tan de pronto. – ¿Vendrás a mi piso o prefieres que te encuentre en algún lado en particular?

– No, ven al hotel que te dije ayer… Coge un taxi, ya te lo pagaré… La 302, recuérdalo… no tardes– le colgó el teléfono. Se sentía increíblemente caliente, sonrió levemente, golpeando con los dedos en la mesa. Todo era a causa de aquel maldito Tsubasa y su forma de meterse en tu mente hasta que ya no podías sacártelo.

Sólo eran pequeños retazos… miradas, gestos… no las palabras… Eran sus gestos lo que permanecía en su mente, repitiéndose una y otra vez. Se sentía como un perro en celo… aquel viaje estaba resultando más sorprendente de lo que había esperado, pero no se iba a dejar llevar… Para eso estaba Toru…

El chico miró su móvil antes de salir, dejándole un mensaje a Koya, para que supiera a donde iba y para disculparse por lo de los uniformes. Esperaba que no se enfadara ni nada así. No le gustaba retractarse de pronto, pero ambos sabían que a ciertos clientes no los podían hacer esperar. Bajó con rapidez, metiéndose al primer taxi que lo quiso llevar aunque el conductor no dejaba de mirarlo por el retrovisor.

Cuando por fin llegó al hotel, se quedó como petrificado. Era un sitio muy elegante, jamás lo llevaban a lugares así. Se metió en el ascensor con rapidez, un poco rojo.

El moreno abrió la puerta en cuanto el chico llamó discretamente, haciéndolo pasar y cerrándola a su espalda. Arrinconándolo contra la puerta y apoyando la mano en la madera mientras se inclinaba sobre él. –Te pagaré el doble si me dejas besarte cuanto desee…

– ¿Besarme? – el chico lo miró a los ojos, algo cohibido. Le parecía que besar era algo muy íntimo, algo que sólo guardabas para tu pareja. Aún así, él no tenía pareja. – No lo sé...

– No hagas que me ponga insistente… Toru… – el moreno se aproximó más, respirando contra sus labios. – ¿Cuánto quieres?

–No es eso... Es algo íntimo, ¿no? – sonrió, nervioso.

Murakami se echó hacia atrás, separándose de él y llevándose la mano a la frente. – Vete…

El chico se giró, desilusionado, deteniéndose antes de salir. – Está bien, te besaré... No importa. – murmuró, esperando que no lo creyera prepotente. Pero después de todo, estaba a la venta, era un poco inmaduro de su parte aferrarse a ese tipo de principios.

– No, siéntate…– le señaló la cama, meneando un poco la cabeza. –No quiero besarte a la fuerza, no pago por tener sexo a la fuerza… Siéntate…

Toru se fue a sentar, un poco confundido. Le parecía la cama más suave que hubiera sentido jamás. – No es a la fuerza si yo accedí. Es sólo que... supongo que es una regla tonta.

– Es igual, son tus reglas… Está bien, no me vale otro – se fue frente a él y le acarició el cabello, deslizando la mano por su rostro y desabrochándole la camiseta. Observando su pecho y tocando su piel. Tenía algunos morados, no se había fijado antes. – ¿Te has duchado?

– Luego del último cliente, pero puedo hacerlo de nuevo, si quieres... – sonrió, tocándole el pecho con ambas manos.

–No, te creo… – observó sus manos y las tocó con las suyas por encima, apoyando una rodilla en el suelo entre sus piernas y desnudándolo por completo. Acariciando una de sus piernas y besándola, su lengua arrastrándose por las planta de uno de sus pies, lamiendo sus dedos y besándolos uno a uno.

– Ah... – gimió el chico, observándolo. Era curioso, ser tratado así. Tal vez había sido un estúpido rechazando aquel dinero, pero ahora se preguntaba si el error no habría sido otro. A lo mejor se hubiera sentido bien, ser besado. Estiró la pierna, moviéndola frente al rostro del moreno e inclinándose para acariciar su cabello.

Murakami le besó la rodilla, quitándose la camisa lentamente y lamiéndole el muslo, rozando sus testículos con la nariz y arrastrando la lengua por su sexo. Lo miró a los ojos y bajó de nuevo los labios por él, succionando sus testículos, mordisqueándolos con suavidad. Sus manos sujetando las del chico y llevándolas hacia él para que lo tocase, acariciándole los brazos y deslizando las suyas por ellos.

– Murakami-san... – susurró el chico, excitado, acariciando su rostro, su cuello y su pecho con suavidad, estremeciéndose un poco.

El hombre se levantó, abriéndose el pantalón y atrayéndolo con suavidad hacia su sexo. –Pero no dejes de tocarme…

– No lo haré... – le aseguró, lamiendo su sexo sus manos bajando hasta su abdomen. Se introdujo el sexo del moreno en la boca, succionándolo, jugando con la lengua, una de sus manos recorriendo la curva de una nalga ahora, como dibujándola.

– Oh…Toru…– le acarició el cabello, con ambas manos, moviéndolo contra su sexo y entrecerrando los ojos. Imaginándose por un momento el rostro de Tsubasa y riéndose suavemente, abriendo los ojos y mirando al chico. Le hubiera gustado sugerirle un empleo y ayudarlo, pero lo necesitaba ahora… para no ser débil.

El chico lo miró, sonriendo un poco sin poder evitarlo, aún con su sexo entre los labios, succionando luego con más fuerza, sus manos subiendo de nuevo, tocando su espalda ahora, apenas con las puntas de los dedos.

– Sigue…– le sonrió con suavidad, acariciándole la mejilla y observando su sexo erecto en la boca del chico, la saliva resbalando por él, el color de los labios del pelirrojo brillando más conforme se frotaban contra él. – ¿Puedo correrme… sobre ti?

El chico lo miró de nuevo, parpadeando una vez, de manera lenta para decirle que sí, sin tener que detenerse en su tarea. Seguramente era por cómo lo trataba, pero le agradaba aquel hombre. Jamás se había sentido tan a gusto con un cliente.

Murakami salió de entre sus labios con suavidad y lo levantó por debajo de las axilas, cogiéndolo en brazos y llevándolo hacia donde estaba la mesilla. Cogiendo un preservativo y abriéndolo con los dientes de nuevo, colocándoselo mientras lo miraba a los ojos y guiándolo un poco hasta su sexo, penetrándolo profundamente y sujetándolo por las nalgas, moviéndolo contra él.

– Mura... kami-san... – Toru entrecerró los ojos, gimiendo, y sujetándose de su cuello, dejando que el moreno lo moviese como mejor le gustase.

El hombre lo pegó más a él, haciendo que su sexo se rozase contra su abdomen marcado, sintiendo cómo se arrastraba húmedo contra su piel morena. Le lamió el cuello, besándoselo con fuerza aunque no tanto como para hacerle daño, en realidad, arrastrando labios y lengua por él, sintiendo cómo se estremecía en sus brazos, haciéndolo jadear y moverlo con más fuerza sobre su sexo.

El pelirrojo apretando los muslos contra sus piernas, sintiendo cómo lo penetraba, su sexo rozando contra sus abdominales, y su lengua caliente, en su cuello. Subió las manos por su nuca, sintiendo su cabello de nuevo, alborotándolo un poco sin darse cuenta.

Murakami se acostó en la cama con él, penetrándolo con más fuerza ahora bajo su peso y pasándole una mano por la frente, apartándole el cabello de la cara y mirándolo con deseo, jadeando en sus labios y besándole una mejilla, lamiéndole la quijada.

Toru gimió ante el calor que lo recorría, acariciando la mejilla del moreno, observando sus ojos, la manera en la que lo miraba. Antes de que pudiera contenerse, lo estaba besando, apretándolo contra él.

– Hmpf…– el moreno lo besó más profundamente, moviendo su rostro un poco contra el suyo y sintiéndose arder, su sexo parecía derretirse dentro del cuerpo del chico. Salió de él rápidamente, tirando del látex y echándolo a un lado, sujetando ambos sexos y apretándolos con fuerza, corriéndose por encima de él y sobre su abdomen sin dejar de besarlo. Sus ojos aguzándose sobre su mirada.

Los ojos celestes del chico, aún entrecerrados, su mirada reflejando un poco aquella vulnerabilidad que por alguna razón sentía. Sintió el orgasmo recorrer su cuerpo, aunque no había pensado correrse realmente, el semen derramándose entre ambos, quisiera que no, mientras crispaba sus manos en la espalda del moreno, sin apartar los ojos de los suyos.

Murakami se dejó caer sobre él, cubriéndolo con su cuerpo y besándole los labios de nuevo, pasándolos después por su cuello y respirando cansado en su piel. – Quédate… te pagaré la noche… – murmuró.

– Gracias... – sonrió, antes de que pudiera detenerse a pensar. No tenía que dar las gracias, si era él quien prestaba el servicio, no era un acto de caridad. – Hay alguien a quien debo avisarle... – jadeó, algo cansado, acariciándole el cabello de nuevo.

– Hazlo… puedes usar el teléfono del hotel…– se apartó de él un poco para dejarlo llamar y se levantó a buscar una toalla húmeda, limpiándose y pasándosela antes de acostarse de nuevo, acariciándole la espalda mientras llamaba y encendiendo un cigarro.

–¿Koya? Voy a pasar la noche, no quería que te preocuparas, ya sabes... – sonrió naturalmente sólo por la confianza que se tenían.

– Vale… ¿estás bien?– preguntó discretamente sólo por estar seguro, no podía fiarse.

– Sí, como dije, no te preocupes... Murakami-san es una buena persona. – le aseguró, aunque no creía muy sabido decir algo así delante del cliente, pero era lo que realmente pensaba.

Murakami le sujetó el brazo con suavidad, atrayéndolo hacia él para que se acostase a su lado. – ¿Tienes hambre o algo? No pases vergüenza…

– Un poco, sí.... – sonrió, algo cohibido de todas maneras, observándolo. – Me alegro que no te haya molestado, que te besara así de repente.

– No – sonrió levemente. En realidad le daba la risa aquello porque se había salido con la suya. Cogió el teléfono para ordenar algo para el chico y se recostó en la cama de nuevo. – ¿Tienes familia aquí, Toru?

El chico negó con la cabeza, sonriendo enigmáticamente. – No soy de aquí originalmente...

– ¿Quieres venir a Tokio conmigo cuando me vaya? Te ofrecería un trabajo normal… – se giró en la cama de medio lado y lo miró a los ojos. El cigarro colgando de sus labios.

– ¿Qué tiene de anormal el mío? – se rió, girándose también para mirarlo. – No sé hacer nada más... Y la única persona que se preocupa por mí en este mundo está aquí... Bueno... tal vez la única. – murmuró, mirando su alianza.

– Bueno, entonces quédate…– sonrió levemente y miró hacia la puerta porque llamaban pese a que ya se escuchaban los pasos del botones al irse. –No desprecio tu trabajo…– le explicó mientras se ponía una bata negra. – Era para que supieras que no iba a ofrecerte algo extraño.

– Realmente eres una buena persona ¿no es así? – lo siguió con la mirada. – Lo sabía...

– No creo ser muy buena persona…Es sólo que tú me agradas– le dejó cerca la comida y se acostó de nuevo. Recordando cómo había hecho enfadar a Tsubasa, pero aún así, con él era agradable porque no podía evitar ser débil a ciertos encantos.

– A mí me pareces buena persona. De todos modos, es natural ser amable con quien te agrada... – se rió, sentándose con las piernas cruzadas y empezando a comer sin demasiada delicadeza.

Murakami lo miró y sintió que le daba la risa. Se tapó los labios con dos dedos sin dejar de observarlo, pasándole su camisa por la espalda. En realidad, le parecía bastante gracioso el chico. – ¿Está bueno?

– Mucho... – lo miró, enrojeciendo de pronto y cubriéndose con la servilleta, limpiándose los labios. – Lo siento, creo que... está mejor de lo que esperaba.

– No, está bien, adelante… no te cortes…– siguió con los labios tapados, sonriendo de todos modos, aunque no quería que pareciese que se reía de él o algo así. Suponía que podría dormirse tranquilo, parecía bastante honrado. Se preguntaba si le pediría el doble por haberlo besado finalmente.

– Murakami-san... ¿puedo preguntarte si tienes familia? – lo miró de soslayo, esperando no estarse pasando. No quería enfadarlo ni mucho menos. Pero le daba curiosidad.

– Sí, tengo a mis padres y un hermano mayor que se dedica a la banca… y sobrinos… – lo miró preguntándose si se refería a si tenía esposa. – ¿Por qué te interesa o sólo cotilleabas?....

– Sólo cotilleaba... Era curiosidad. No lo sé... – se rió, observándolo. – Es que nunca he tenido un cliente como tú. Bueno, no exactamente...

– ¿Qué quieres decir? ¿Con dinero… o amable?– preguntó, recostándose un poco más y recordando esas marcas que tenía por la piel.

– Con dinero y amable... – le aclaró, comiendo un poco más, ahora con más cuidado a pesar de todo.

–Ya… He visto que tienes marcas por el cuerpo… Es bastante normal supongo… todos soléis tener… Supongo que a veces no te pagan… o te pegan… y aún así quieres quedarte aquí… para estar con una persona… Tú deberías ser el más importante para ti… Piénsalo bien, si esa persona haría lo mismo por ti…

– Sí lo haría, somos como hermanos. – contestó sin ninguna duda. – Sólo nos tenemos el uno al otro. No puedo dejarlo solo. Además... estoy enamorado de alguien. – se rió, ocultando un poco el rostro.

– Oh…– se rió interesado. – ¿Un cliente o tu amigo?

– Ninguna de las dos cosas – negó con la cabeza, sonriendo. – Y ahora es cuando dices que soy un estúpido... Es un host, de un club que frecuento...

– No voy a decir eso…– sonrió levemente y se sentó mejor contra el respaldo, más interesado ahora. – ¿De cual club? Creo haberlos visitado todos… Bueno… los mejores en realidad…

– El Olimpo, es el único al que voy. Igual no podría pagar más... – se rió, recostándose contra el respaldo de la cama. – No creí que fueras del tipo que visita host. No lo pareces...

– Lo hago por negocios, voy a contratar a algunos chicos de aquí para abrir una cadena de hosts clubs en Tokio… ahí también he ido y seguramente dos de ellos firmen el contrato.... Ya veremos si ninguno de nosotros cambia de opinión hasta entonces…

– ¿Dos de ellos? – lo miró, sintiendo que se le paraba el corazón de pronto. – Y acaso... ¿uno de ellos es Hayabusa-san?

–Sí… pero me dijo que debía pensárselo… El otro es Tsubasa, pero él ya está decidido…– lo miró, preguntándose si lo iba a deprimir de pronto.

Toru bajó la mirada, suspirando. Debía ir a verlo pronto, no quería que se olvidara de su salida, por lo menos. – Espero que no me odies, pero no quiero que se vaya...

– Lo comprendo… pero lamento decirte que se veía bastante entusiasmado… Le ofrezco un sueldo fijo además de lo que gane cada noche y la opción de optar a encargado de uno de los locales… Es una buena oferta y además… él ya tiene una edad… igual que yo…– meditó, sonriendo sin poder evitarlo. Había sido muy agradable conversar con él en realidad, había esperado aburrirse.

– No digas eso, ni que fueran abuelos... – sonrió un poco el chico, observándolo. – Me recuerdas un poco a él, aunque no se parecen realmente... Probablemente es porque los dos son muy amables.

–Tal vez…– se rió porque no se consideraba amable. –Y no somos abuelos… pero a él le preocupa poder conservar su puesto mucho tiempo… y es normal… A esa edad la mayoría de los host ya no se dedican a eso… Me dijo que no le hablara de eso a nadie… pero bueno… – sonrió. En realidad se le había escapado. – Lo mejor que puedes hacer cuando no quieres que alguien hable de algo, es no contárselo…

– Murakami-san... eso está mal. – bromeó, sintiéndose en confianza sin poder evitarlo. – Hayabusa-san es el mejor host que hay... Jamás he deseado ir con otro, pero mi situación puede ser distinta claro...

– Yo creo que es el mejor host de ese local… junto a Tsubasa y si no, no le habría ofrecido empleo. Es un hombre encantador, con cultura y muy atractivo. Le he dicho que estoy seguro de que podría ser el número uno de nuevo en Tokio… y así lo creo… Estoy muy convencido de sus encantos…– se rió con suavidad, pasándose la mano por el cabello. – De todos modos, estoy seguro de que tiene un pacto con el diablo y aún podrá dedicarse a eso muchos años más…

– Hayabusa-san es un ángel... – se rió, pensando que seguro protestaría si lo escuchara decir eso. – Estoy enamorado de él... Sé que muchos dirían que es una tontería, pero es cierto...

–No me parece una tontería… Tal vez él sienta algo por ti y si no, por lo menos has sido feliz mientras te sentías así ¿no?– lo miró apagando el cigarro y atrayéndolo más cerca de él. – Ven aquí… eres muy gracioso… Piénsate el venirte conmigo… si Hayabusa-san decide hacerlo…

– No lo sé... Hay alguien más.. Me pregunto si vendría conmigo también. – sonrió, recostándose sobre su pecho, sintiéndose bien allí. – Eres muy comprensivo también, Murakami-san. Pero ¿sabes?... Yo no creo servir para host.

– Es igual… podrías ser camarero…– le acarició la espalda, mirando al techo y encendiendo otro cigarro. – Puedes presentarme a tu amigo… tal vez me interese…

– Koya... Sí, te lo presentaré entonces. – asintió, pensando en el chico, y sonriendo un poco más. – Pero conste que es muy sensible...

– Bueno… – se rió, pensando de nuevo que era muy gracioso. – Pues tendremos cuidado con no herirlo – bromeó. Apagó la luz del cuarto. –Te pagaré por la mañana… – le aclaró. De ese modo no se iría hasta que él se despertase, le iba a hacer falta en la mañana. –Voy a querer otro baño contigo…

– Eres muy limpio, Murakami-san– se rió, bromeando claro. – Estoy a tus órdenes hasta entonces...

– Descansa… – lo cubrió con las sábanas y le sujetó una mano, besándosela y apoyándola en su pecho antes de atraerlo contra él un poco más, sujetándole un hombro. Hacía tiempo que no dormía acompañado. No podías fiarte de cualquiera.


Continua leyendo!

 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back