.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 50
Time Stand Still

Hayabusa se miró al espejo antes de salir a la calle, despidiéndose de Tatsuya. Notaba que algo le sucedía, claro. Kai había salido antes de su hora poco menos que como una exhalación y para nada feliz como era habitual en el rubio. Claro que no iba a meterse en eso. Entró en el ascensor y se miró al espejo de nuevo, colocándose las mechas rubias en el cabello y saliendo a buscar su coche.

Mientras, Toru, se sentaba en su cama, mirando su móvil, y preguntándose si estaría molesto. Pero no podía evitar estar emocionado. Hayabusa-san lo había llamado después de todo. Carraspeó, marcando el número y esperando, su corazón, golpeándole en el pecho, sus nervios diciéndole que cerrara.

– Diga…– el moreno giró el volante, mirando por el retrovisor a la mujer del coche de atrás y a la carretera de nuevo.

– Ha... Hayabusa-san... Es... Toru... – contestó el chico, más nervioso imposible. – Disculpa por no haber atendido ayer... no me di cuenta hasta ahora.

– Toru…– el hombre sonrió levemente. Le había extrañado que no le cogiese, pero no había querido llamarlo de nuevo por no ser insistente. –Te había llamado para invitarte a cenar… ¿estás ocupado esta noche?– sintió que se ponía un poco nervioso y sonrió, parando el coche a un lado de la carretera.

–No... No, me encantaría cenar contigo... Hayabusa-san... – sonrió, enrojeciendo y sintiendo que se iba a morir de la emoción. A duras penas, controlaba el tono de su voz.

– ¿Quieres que te recoja en algún lugar? ¿Estás en casa? Puedo ir a buscarte si quieres… Estoy en el coche…– golpeó un poco el volante con uno de los anillos que llevaba en el dedo. Sabía que estaba sonriendo y se pasó la mano por la mandíbula para controlar un poco su expresión.

– Mi casa... – miró a su alrededor, pensando que no podía permitir que Hayabusa-san viese aquello. – Sí, claro, te esperaré abajo... es un edificio... queda a dos cuadras del Olimpo... a mano derecha...

–Vale… estoy ahí en cinco minutos… ciao… – susurró colgándole y llamando a Takara.

Toru casi saltó de la cama, dejando escapar un grito de alegría, aunque luego le dio la risa por hacer eso. No tenía tiempo, tenía que arreglarse al menos un poco, pero... marcó el móvil de Koya igual. Necesitaba avisarle.

…….


Hayabusa se asomó por la ventana un poco, tocando la chapa del techo con un dedo para llamar la atención del pelirrojo que parecía en otro mundo. –Toru…– sonrió levemente.

– ¡Hayabusa-san! – exclamó el chico, casi saltando, y sonriendo apenado después. – Disculpa... estaba distraído.

– Sube…– le abrió la puerta sonriendo y esperando a que se sentase a su lado. –Puedes llamarme Hayabusa… – le concedió, colocándole el cinturón de seguridad y besándole una mejilla. –Estás muy guapo… te has puesto el color que sabes que me agrada…

– Gracias... Hayabusa... – sonrió, algo cohibido de no tratarlo con más respeto. Lo cierto es que se había comprado esa ropa especialmente por lo que había dicho el moreno de invitarlo a salir. – Creí que se había olvidado... Iba a ir a verlo mañana.

– No me trates de usted…– le apretó un poco una pierna con la mano y lo miró de soslayo. – Dime… ¿A dónde quieres que te lleve? … tú eliges… esta vez invito yo… – le dijo, para indicarle que no se preocupara por cuestiones de precios.

– Hayabusa-san... – se rió, porque le era muy difícil no llamarlo así. – Me gusta la comida italiana, pero no conozco mucho de restaurantes...

–Yo te llevaré a un restaurante italiano…– sonrió. – Está bien… llámame como más te guste, mientras no me trates de usted… – torció de nuevo unas calles, apartándose las mechitas de cabello que caían de nuevo sobre su rostro tras trabajar toda la noche –Mi hijo me riñó, dijo que eras un poco joven…

Toru se rió con suavidad. – Pero tú también eres muy joven... Además, soy maduro, ¿no lo crees?

– ¿Tú crees? A mí no me pareces maduro… pero a mí no me agrada la fruta madura… sabe a podrido… prefiero la verde… igual que la gente… Los hombres maduros… son aburridos… y me duermen…– sonrió, aparcando el coche y bajándose, abriéndole la puerta y ofreciéndole su mano. – Ven, aquí será agradable…

– Pero tú eres muy maduro, y no eres aburrido, para nada, Ha-ya-bu-sa-san – se rió, tomando su mano y bajando del coche, impresionado. – Este lugar es hermoso... Parece una mansión más que un restaurante...

–Es adecuado para cenar contigo…– sonrió, llevándolo con él. – Y yo no gusto de mí mismo… Eso sería muy egocéntrico… ¿no crees?– se rió suavemente y lo llevó escaleras arriba, indicándole al camarero que querían intimidad.

El chico los guió a través del pasillo por donde estaban distribuidas otras personas separadas por biombos a media altura, más que nada allá arriba había hombres ricos con sus amantes.

– Sí, supongo que sí... para eso me tienes a mí. – sonrió el chico, sujetándose de su brazo con algo de nerviosismo. – Esto es como un sueño.

El moreno le separó la silla para que tomase asiento y se sentó después frente a él, esperando a que les entregasen la carta y observándolo. Le daban ganas de meterse con él todo el tiempo. – Macarrones a las putanesca…– ordenó al camarero. – Y la carta de vinos…

– Y para mí, tortellini a la carbonara, gracias... – sonrió, entregando su carta al camarero y mirando a Hayabusa. – ¿Hice algo extraño?

–No… ¿Por qué?– sonrió, ordenándole al camarero y esperando a que se fuera. Observando después al pelirrojo.

– Por cómo me miras... lo noté. – sonrió, apoyándose un poco en la mesa. – Hayabusa-san... no me he quitado tu alianza...

–Yo tampoco me he quitado el anillo que me regalaste… – se lo mostró en su dedo y le cubrió la mano con la suya, acariciándosela. –Te miró así porque me agradas y me dan ganas de meterme contigo… – confesó.

– Y yo pensando que eras un ángel, Hayabusa-san... – se rió, observando cómo lo acariciaba. Sentía que le faltaba el aire. – Me sentí muy mal de no haberte contestado ayer.

–No pasa nada… supuse que estarías ocupado, es normal… Estoy habituado a que me sucedan cosas así a mí mismo como para no comprenderte… – retiró la mano con suavidad cuando vinieron a servirles. – Quiero ser sincero contigo, Toru… Me preocupaba esta cita…

– ¿Por qué, Hayabusa-san? – lo miró un poco más serio, nervioso. – Es porque... ¿piensas que me perderás como cliente?

– No… es porque pienso que estoy enamorado de ti… y eso me da miedo… – lo miró serio también, su mirada fija en la suya sin poder apartarla.

Toru se le quedó mirando, pálido, sintiendo como si le acabara de retumbar el corazón en el pecho. ¿Realmente había dicho eso? Sus manos estaban frías. – Tú... ¿tienes miedo? ¿Enamorado?

Hayabusa sonrió levemente –A veces yo también tengo miedo… y a veces yo también me enamoro… Toru… soy tan humano como tú…

– No quise decir eso, es sólo que... – enrojeció, sujetando su mano de nuevo. – Me sorprendió... Hayabusa-san, sabes que yo también... estoy enamorado de ti.

–Sí… – le acarició la mano con suavidad, observando sus dedos finos y tocándolos con su pulgar, serio. –Pero yo no soy sólo lo que tú ves dos veces a la semana… espero que quieras conocerme mejor a partir de ahora…

– Por supuesto... ya lo sé. Yo quiero conocerlo todo acerca de ti, Hayabusa-san. – le sonrió, pensando que de todas maneras, le parecía perfecto. En realidad, el que estaba nervioso era él.

Hayabusa sonrió levemente y le soltó la mano porque si no le parecía difícil que comiera. –Deberías comer… no te he traído aquí para que me mires sólo…– se rió, metiéndose con él un poco. –Últimamente las cosas en el club están muy extrañas… incómodas incluso… – empezó a contarle por distraerlo y que no estuviera nervioso. No se lo hubiera dicho en ningún caso como cliente, pero trataba de hablar con él de cosas personales.

– ¿Incómodas? ¿Cómo puede ser? – sonrió, empezando a comer, recordando la noche anterior, e intentando ser más delicado frente a Hayabusa. – Todos me parecen muy amables allí. Claro, que soy un cliente...

– Claro… – sonrió, comiendo y pensando que estaba salado, bebiendo un poco, aunque no demasiado. Ya bastante había bebido, pero no le parecía cuestión ponerse a beber agua con él. –Pero antes de que los clientes lleguen… Kenzo y Hideyoshi se veían extraños y Kenzo ayer no fue a trabajar, dijo que estaba enfermo pero hoy se veía perfecto… De todos modos Kenzo siempre ha sido extraño…

– A lo mejor tuvieron una pelea. Creo que están viviendo juntos, ¿no? – le preguntó, un tanto animado a conversar. – No lo sé, es lo que me han dicho...

– Sí… pero Hideyoshi me dijo que sólo eran amigos… No sé… a veces no me parecen amigos a mí…– sonrió levemente, mirándolo a los ojos e imaginando que su amigo le habría dicho eso, no le parecía muy buena idea que Hideyoshi fuera por ahí contando esos detalles de su vida. – No… definitivamente besó a Hideyoshi y lo abrazó al volver… Tal vez sí habían discutido… pero no debería faltar al trabajo por cosas así.

– No, supongo que no, pero... yo tampoco podría trabajar si peleara contigo, por ejemplo... – se quedó pensando y suspirando. – Bueno, a lo mejor sí lo haría pero eso es distinto...

Hayabusa lo miró, tocándose el labio. – ¿Dejarías tu empleo por mí?

Los ojos celestes del chico se centraron en los suyos, sorprendido de nuevo. – Sí... si pudiera ser de otra forma, dejaría mi empleo, pero... no sirvo para nada más, ¿sabes?

– Claro que sí… yo te ayudaría a encontrar un empleo mejor… – el moreno siguió comiendo, pensando que al menos había dicho que sí pese al pero. –Tú sirves para mucho más… estoy seguro de ello.

– No... Hayabusa-san... tú tampoco me conoces fuera del club... – sonrió débilmente, pateándose a sí mismo por dentro por ser tan idiota de mostrarse así. – Aunque alguien... me ofreció un empleo, anoche... – se rió, porque no lo creía posible. Recordando entonces lo demás. Pero no podía preguntarle eso, ¿o sí? – De host, ¿puedes creerlo? Pero luego me dijo que podía ser un camarero si lo prefería... Claro... – lo miró a los ojos, enrojeciendo un poco. – Puede ser... que sólo estuviera hablando por hablar.

– No creo… en todo caso me parece bien, creo que podrías ser un buen host. Todo se aprende y la gente que se ha dedicado a “eso”– dijo por no ponerlo en evidencia en el local. – ya por definición sabe muy bien cómo soportar clientes ¿verdad?– sonrió pese a que no le gustaba mucho que le estuviese debiendo nada a un cliente después. Ya sabía cómo eran esas cosas.

– Hayabusa-san... eres el único que diría algo así de mí... – negó con la cabeza, bajando la mirada. – A ti... te gusta ¿ser host?

–Sí, a mí me encanta ser host…– sonrió amablemente y extendió el brazo, tocándole la cara para que alzase la mirada. – No he sido el único ¿verdad? Si alguien te ofreció ese empleo… Creo que me pondré celoso…

– Bueno... pero creo que puede haber sentido lástima... No tienes que ponerte celoso. – le sonrió de nuevo, mirándolo a los ojos. ¿Realmente era aquello cierto? Sentía como si estuviera soñando.

– No creo…– bajó la mano y sujetó la del pelirrojo, bebiendo un poco de nuevo. – ¿Quieres tomar algo más?

– Un poco de vino, si es posible... – respondió, su mano temblando bajo la del moreno. No solía ser así, se sentía como un chiquillo. – Hayabusa-san... no estás... ¿jugando conmigo, verdad?

– Por supuesto que no…– le sirvió vino en la copa y apartó un poco la botella a un lado, sosteniendo su mano de nuevo y apretándola con suavidad. – ¿Por qué haría algo así?

– No lo sé, porque eres un host, y yo... no soy precisamente un blanco difícil – se rió, desviando la mirada con vergüenza. – Yo no creo que tú seas así, pero... ahora tengo miedo.

– Toru… dame tiempo para demostrarte que estoy completamente serio cuando te digo que me he enamorado de ti… No es algo que puedas comprobar en una noche ¿verdad? Sé que soy un host… pero esta es mi vida privada…– le señaló el reloj. – Ahora no estoy trabajando… – le habría dicho que si quisiera aprovecharse de alguien, habría utilizado a algún hombre rico, pero no quería herirlo.

Toru negó con la cabeza de nuevo, sonriendo. – No, yo te creo... Es sólo que soy un poco idiota, ¿ves? Y me asusto porque ahora es real. Antes... me hacía ilusiones pero una parte de mí, siempre estuvo consciente del juego.

Hayabusa lo miró a los ojos. – ¿No será que en realidad no deseabas esto? Que sólo te gustaba la fantasía que jamás se realizaría… Puedes decírmelo… no me voy a enfadar…

– Por supuesto que no. Yo siempre he deseado esto... Pero ahora tienes mi corazón en tus manos, ¿comprendes? –bajó la mirada de nuevo. – No soy uno de esos chicos, no mentía cuando te dije que nunca he ido con otro host.

– No ¿verdad?– sonrió porque le había costado creerlo, pese a que finalmente lo había hecho. Llamó al cartero para que le trajese la cuenta y le dio la tarjeta. –Tú tienes el mío… así que no tienes por qué temer…– se giró mejor hacia él y se apoyó en sus manos con la quijada, observándolo. – No sigas menospreciándome… Eres todo lo que me agrada en alguien y estoy seguro de que las cosas no pueden ser tan diferentes cuando te conozca bien.

– Gracias, Hayabusa-san... – lo miró de manera un tanto indirecta, enrojeciendo un poco. – Yo no te menosprecio, qué cosas dices... Como si pudiera... Eres el único que me pone nervioso además... –se rió, mirándolo a los ojos por fin.

–Tú también…– sonrió abiertamente y le tocó la mejilla. –Así que si te menosprecias… estás menospreciando también mis gustos…– cogió la tarjeta y firmó el recibo, levantándose al poco tiempo. –Vámonos… aquí no puedo besarte…

– Hayabusa-san... – se rió, poniéndose de pie también, sintiéndose en el cielo. De nuevo estaba pensando en lo del empleo. Quería preguntarle, pero tampoco podía traicionar la confianza de Murakami-san. Después de todo, los clientes querían discreción.

El moreno lo sujetó por los hombros, atrayéndolo hacia él y llevándolo afuera, observándolo y sonriendo levemente. –Vamos… – salió a la calle con él y le abrió la puerta del coche para que entrase, sentándose él por el otro lado y girándose a mirarlo. – ¿Quieres venir a mi casa? Sólo para estar juntos… – lo miró y le tocó la mejilla con la mano, apoyándose en el asiento.

– Y ¿qué hay de tu hijo? ¿No le molestará eso? – lo miró, recostándose contra el asiento. Su hijo tenía que oponerse, ¿no? Esto iba demasiado bien... Se rió, por las tonterías que estaba pensando.

– ¿Mi hijo?... No, seguro que le alegra conocerte… – sonrió levemente. – Si quieres, te lo presento… si es que no está dormido… – le acarició el cabello y luego se giró para encender el coche. – Él sólo quiere que yo sea feliz… y aunque le parece que eres un poco joven… no creo que eso le importe en realidad… Seguro que sólo le da un poco de vergüenza…

– Vale, a mí me gustaría conocerlo. – asintió, observándolo aún, bajando la mirada a sus manos. – Hayabusa-san... escuché un rumor... de que vas a irte...

El moreno lo miró de soslayo, un poco sorprendido. –¿Te refieres a Murakami-san?– preguntó. Últimamente aquel hombre era tema de conversación por todos los host clubs de la zona.

– Sí... Murakami-san... – se rió nervioso, preguntándose si se habría delatado.

–Últimamente todos hablan de él… ¿eh?– sonrió, sin que se le pasase por la cabeza por qué lo sabía el chico en realidad. –Me lo ha ofrecido… pero no creo que me vaya, mi hijo tiene novio aquí… y no quiere irse… Sin él… no puedo marcharme… De todos modos no es a corto plazo… creo que aún no abrirá el local hasta dentro de unos meses… Tengo tiempo para pensármelo.

– Pero no me dejarías atrás, ¿verdad? – sonrió, pensando que era muy tierno en considerar a su hijo en una decisión así. – En serio lo quieres mucho...

– Toru… si esto marcha… tú vendrás a donde yo vaya… – lo miró de soslayo y volvió la mirada a la carretera serio. Le sujetó una mano y se la apretó contra su pecho. – No tendrás que preocuparte del trabajo ni de nada más…

– Hayabusa-san... no quiero que pienses que tienes que encargarte de mí. No estoy buscando eso... – le aseguró, su corazón palpitando con fuerza, al sentir cómo apretaba su mano. Podía sentir su corazón palpitando también.

–Ya lo sé… pero no me importa hacerlo… Si quieres trabajar, me parece bien… aunque no como hasta ahora… No pienso compartirte con nadie…– sintió que se ponía un poco nervioso y lo miró de soslayo de nuevo, soltando su mano para poder aparcar y echándose hacia él para besarlo de pronto. ¿Para qué se había estado cegando así? Dando vueltas alrededor para no ir a él...

Toru cerró los ojos, recibiendo aquel beso, y acariciando su cuello, besándolo también de vuelta. Se sentía casi desfallecido por sus propias emociones. Lo cierto es que él también se celaría, lo sabía. Pero era distinto, para él era una bendición que Hayabusa-san se fijase en él realmente.

Hayabusa le acarició el cabello, sus labios besándolo sin cesar y abrazándolo con fuerza. Toru le hacía sentir, estaba ardiendo, sus manos lo apretaban nerviosamente, se sentía revivir con aquel chico en sus brazos. –No te dejaré escapar, Toru… – lo miró a los ojos, adoraba su color. Lo besó de nuevo, su mano revolviéndole un poco el cabello. –Te quiero…

– Yo te quiero a ti... – murmuró, sus ojos llenándose de lágrimas, mientras lo besaba de nuevo. No deseaba escapar, ya era suficiente de eso. Lo que deseaba era que la noche no terminase nunca. Tenía miedo de despertar y descubrir que había sido un sueño.

Hayabusa sonrió levemente al ver que lloraba, no le iba a decir que no lo hiciera si se sentía así. Lo abrazó con fuerza, ocultándolo contra su pecho, acariciando su espalda suave y su cabello con su mejilla. – No te vayas esta noche… quiero estar contigo todo el tiempo… hasta que me lo crea… – sonrió, besándole el cabello.

– Hayabusa-san... deja de leer mi mente – bromeó, tratando de controlar un poco su voz, y cerrando los ojos contra el pecho del moreno. – Esta noche... no se me acaba el tiempo.

 


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