.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 55
Dulce pero no Idiota

Kenzo cerró el teléfono. Takara le había mandado un mensaje de nuevo, preguntándole si no podían verse a pesar de que ya le había dicho que no. Le había hecho sonreír, aquello era bueno para él, claro. Le había dado la excusa de que estaba ocupado de nuevo. Haciéndose la víctima.

Se giró un poco en la toalla, mirando al rubio que tomaba el sol de espaldas y echándole crema congelada en la espalda. Sonrió al ver que se estremecía y se la extendió con la mano, acercándose un poco más a él para levantarle el borde del speedo. – “Tienes marca…”– susurró como adormecido por el calor, pasándole la mano por la espalda resbalosa de nuevo.

– No me voy a asolear desnudo. – giró el rostro, sonriendo ya que casi se había quedado dormido y eso no era bueno. – Pervertido...

– ¿Por qué?... Si no hice esto… – bajó la mano metiéndola bajo su bañador y tocándole entre las nalgas. – Culo blanco…

–A ti te gusta así... – se rió sujetándole la mano, y girándose un poco. – Mira que me lo demostraste anoche...

–A mí me gustan de todos los colores… – apartó la mano del todo sin moverse de como estaba boca abajo en la arena y se apoyó en un codo, pensando que se le había levantado. – Estoy haciendo una toma de tierra…

–En serio, si tus clientes te conocieran como yo... – se rió de nuevo, dándole una nalgada como para ver si la forma se hacía más profunda. – Hace tiempo que no me divertía así... – murmuró de pronto, más serio.

– Yo también… – meditó, aunque le había parecido un insulto lo de antes. Lo miró de soslayo sin que se le pasase la expresión que tenía, él también estaba serio, pero en él era lo normal. – Dame más fuerte… onegai…

– No seas baka... arruinaste el momento... – sonrió, bromeando y poniéndose de pie de pronto. – Una carrera hasta el agua...

– ¿No pensarás que voy a correr, no? ¿Y si me ve un cliente?– se levantó con toda la parsimonia del mundo, sacudiéndose la arena y empujándolo antes de echar a correr.

– ¡Trampa! – echó a correr el rubio, acelerando e intentando alcanzarlo, aunque ya era muy tarde. De todas maneras, saltó sobre él al llegar al final, tumbándolo en el agua, riendo.

– Ah… qué bestia eres… y yo pensaba que eras todo dulce cuando te vi desamparado… – lo sujetó en brazos para lanzarlo al agua, poniéndose a nadar y mojándose el cabello, apartándoselo de la cara luego, mirando hacia el sol. Normalmente usaba sus días libres para trabajar más, era la primera vez que lo dedicaba a pasar el rato.

– Soy dulce, pero no idiota... – se rió, nadando a su alrededor por molestar, y porque le agradaba nadar. Se sentía feliz, fuera pasajero o no, igual pensaba disfrutarlo. – Mi salvador... – se le guindó del cuello, besándolo.

– Eh… van a vernos… – se giró de espaldas a la playa, sujetándolo por la cintura y besándolo de nuevo. – Me gusta que seas así… – le dio una nalgada y lo empujó. – No soporto a los críos parados… – se tumbó en el agua, dejándose flotar y huyendo un poco del contacto del rubio porque siempre le hacía desear no soltarlo.

– ¿No? Entonces seré peor aún... – se rió, observándolo flotar, él mismo sólo sumergiéndose hasta los hombros. No había podido evitar pensar en ese chico, el hijo de Hayabusa, y preguntarse cómo sería.

 

 


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