.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 56
The Definition of Happiness

Murakami se volcó sobre el pelirrojo, mirándolo a los ojos y aún moviéndose sobre él pese a que el chico ya estaba cubierto con su propio semen. Lo besó profundamente, corriéndose en su interior, mordiéndole el labio inferior mientras lo hacía, descargándose por completo en su cuerpo y apartándose de sus labios tan sólo un poco. Mirando sus ojos azules sin pronunciar palabra.

El chico se rió, con suavidad, suspirando. Estaba cansado, aunque lo había tratado tan bien como en las otras ocasiones. – Murakami-san... al menos diré que sabes aprovechar bien tu tiempo.

– Toru… – el moreno lo miró y se pasó la mano por la frente sin apartarse de encima de él. –¿Estás seguro de que quieres dejar esto?

– Claro... te dije antes que no me gustaba... – suspiró pasándose la mano por el rostro, y secándose el sudor. – Y Hayabusa-san... No creía realmente que fuera a fijarse en mí.

– Entonces me voy a tener que ver obligado a hacer otro trato contigo… que no te va a gustar…

– ¿Qué no me va a gustar? – sonrió, pensando que era extraño, con ese rostro tan serio. – Si no me gusta, sólo lo tengo que rechazar, ¿no es así?

– Claro… – sonrió levemente aún sin apartarse. – Retiraré la oferta de empleo a Hayabusa-san…

– ¡¿Qué?! – el chico se alzó un poco sobre sus codos, observándolo, la sonrisa borrada de su rostro. – ¿Por qué harías eso?

– Ya te lo he dicho… Te quiero a ti… Si él puede prohibirte que lo hagas conmigo… no me deja más remedio que tomar otros medios… para conseguir lo que quiero… Lo siento, Toru, no me gusta conformarme.

– ¿Cómo puedes hacer eso? No es justo... – negó con la cabeza, aún mirándolo, tratando de hacerlo entrar en razón. – Hayabusa-san sólo... No hizo nada malo.

–Tampoco es justo para mí quedarme sin ti… – apretó un poco las sábanas a un lado del pelirrojo, sin dejar de mirarlo a los ojos.

– No es lo mismo, tú... No es lo mismo. Sólo soy un capricho para ti. – protestó, desviando la mirada por unos segundos, y mirándolo de nuevo, casi rogándole. – Murakami-san... no hagas esto...

–¿Por qué? ¿Cómo sabes que sólo eres un capricho? ¿Porque tú lo dices? Eso no lo convierte en una realidad…

– Porque lo es. Murakami-san... – le tocó el rostro con una mano, suspirando. – Ni siquiera me conoces. Sólo soy un chico de la calle que te parece atractivo y agradable.

El moreno relajó la mano de pronto en las sábanas, mirándolo a los ojos y suspirando, dibujando una sonrisa en sus labios. –Sí… tienes razón… No sé qué estoy diciendo… – se apartó de encima de él, sentándose en la cama y tirando un poco de las sábanas para cubrirse las piernas, negando un poco con la cabeza como si lo hubieran cachado en un renuncio.

Toru se sentó también colocando una mano en su espalda. – No es para tanto, hay muchos chicos mejores que yo, te lo he dicho... – Por alguna razón, tampoco lo quería deprimir, aunque dudaba que lo hiciera.

–Ya… lo que tú digas… – sonrió de medio lado, mirándolo de soslayo sin voltearse. –Es la primera vez que hago el ridículo así… – se rió con aquella cara de insensibilidad habitual, encendiendo un cigarro. – En toda mi vida… Esta vez sí, sé discreto.

– No hiciste el ridículo... No estás acostumbrado a que te digan no, ¿verdad? – continuó acariciándole la espalda, intentando consolar a alguien que no parecía necesitarlo. – Seré discreto...

– Podría hacer que dijeras que sí y lo sabes… – le dio una calada al cigarro, entrecerrando los ojos al tacto de su mano. –Ha sido ridículo… interesarme en alguien que no fuera yo, es todo.

– No, no lo ha sido, ha sido un poco... ingenuo interesarte por alguien como yo, pero no es malo interesarse por alguien. – cerró los ojos, pensando que tal vez si esto hubiera sucedido antes, no le hubiera sido tan difícil.

– ¿Para qué?... Lo mejor es preocuparse sólo por uno mismo… Es el único modo, Toru – lo miró y sonrió levemente, con el cigarro en los labios, disfrutaba y odiaba sus caricias en la misma medida.

– Claro que no, no puedes decir eso. – negó con la cabeza. – Tú no puedes decir algo así. Quiero que sepas... que me sentí muy bien contigo. Fue agradable que alguien me tratase de esa manera.

– Voy a ducharme, tengo una cita en media hora – el moreno se levantó. Apagando el cigarro en el cenicero. –Si quieres ducharte… hazlo, sólo acaba antes de que tenga que irme…– le indicó mientras cogía un traje limpio.

– Sí... – se levantó, sintiendo como si la habitación se hubiera llenado de hielo de pronto. Suponía que era una tontería, después de todo, no esperaba otro trato de parte de un cliente. Se dirigió al baño un poco confundido, aún así, prefiriendo ducharse.

Los ojos verdes del moreno lo observaron y se rió. –¿Vas ducharte conmigo?

– ¿Qué? No, creí... – el chico enrojeció bastante, regresando a la habitación y buscando su ropa. – Tal vez sólo deba irme, estoy molestando.

– Ven aquí… – lo sujetó del brazo, sonriendo aún y cogiéndolo en brazos para llevarlo a la bañera con él. –Despidámonos en condiciones… ¿quieres?... Con el servicio al completo… y al menos cóbrame antes de salir corriendo… ¿O es que hacíamos el amor?...– se “burló” jugando con él. – No… No hay nadie como tú…

– Claro que sí... – le insistió, desviando la mirada, aún más rojo por haberse puesto así. Era una tontería a esas alturas. – Es sólo que aún no los conoces.

– Creo que se me van a quitar las ganas de hacerlo después de esto… – dejó correr el agua, sujetándolo sobre sus piernas y mirando cómo se llenaba la bañera. –Creí que nunca volvería a sentir envidia de nadie… cuando alcancé el estatus que deseaba en mi negocio… y ahora… mírame… envidiando a un host… – le tocó los labios con un dedo, entreabriéndoselos. – “Ojalá no te hubiera correspondido…” – susurró fríamente.

– Murakami-san... – murmuró contra su dedo, sin saber cómo reaccionar a eso. Jamás alguien lo había buscado a él sin buscar sólo su cuerpo. Desvió la mirada, lamiendo su dedo, haciendo lo único que sabía hacer bien.

El moreno le tocó la lengua con el dedo, lamiéndoselo después y besándolo, revolviéndole un poco el cabello. Se sentía casi furioso. De no ser porque sabía controlarse, sus manos habrían temblado por la frustración. –Creo… que volveré a Tokio antes de lo previsto…

Toru se recostó contra el moreno, preguntándose si realmente era capaz de causar una impresión así. – Creo que dejaré esto... después de todo. Aunque no sé...

– ¿Qué no sabes?– le acarició el pecho con suavidad, observándolo. Era extraño… pensar que era la última vez que iba a tocarlo… Se levantó cargándolo en brazos y hundiéndose con él en la bañera, derramando un poco el agua y acomodándolo entre sus piernas.

– No es nada... – sonrió, pensando más bien en su futuro, pero no quería que pensase que le pedía un empleo además.

– ¿No me lo quieres decir?– le apoyó la mano en la frente, apartándole el cabello de la cara y mirándolo serio. –Si me hubieras conocido antes a mí...

– ¿Realmente quieres esa respuesta? – le sonrió, acariciándole el pecho. No quería causar ningún daño si era posible. – No era nada importante lo que iba a decir, sólo pensaba en empleos...

– Te daré un empleo de todos modos. – respiró con fuerza, tocando el agua de la bañera con las puntas de los dedos. –Quiero esa respuesta… No es como que vaya a ponerme a llorar… – se rió.

– No, ¿verdad? Si te hubiera conocido antes, no estaríamos despidiéndonos. Pero me pregunto... si me hubieras querido así, en caso de poder obtenerme con facilidad. – suspiró, pensativo. – No creo que a Hayabusa-san le agradase si trabajara para ti. Y tampoco quiero que pienses que es lo que me interesa.

– No tiene nada de malo pedir ayuda si sabes que puedes obtenerla… Hayabusa-san de nuevo… Piensa un poco por ti, no es tu dueño… – frunció el ceño un poco y se pasó la mano por el cabello. –Ni es un milagro que esté contigo… ni es demasiado para ti… ni nada de eso… Sólo es un hombre como tú y como yo… Así que deja de actuar a su merced…

El chico se rió con suavidad bajando la mirada. – No es un hombre como tú y como yo. Para comenzar, yo no soy un hombre como tú. – la alzó de nuevo, mirándolo a los ojos. – No sabes cuanto he esperado para que se fijase en mí... En mí... Sólo quiero ser lo mejor que pueda para él.

Murakami se dejó caer contra el respaldo de la bañera, preguntándose si podía rendirse… incluso él… cuando sabía que podía haber sido suyo… cuando era la primera vez que alguien captaba su atención realmente… Con aquel modo descuidado de tratarlo, como si no fuese alguien importante y a la vez tan cálido… que parecías importarle más allá del bolsillo. –Está bien pues… Toru… será que es un Dios…

– Claro que no... Es humano, pero no como yo, no comprendes... – negó con la cabeza, apartando el cabello húmedo de su rostro. – Todos estos años ha sido el único que me ha tratado como si yo fuera alguien importante. Y todos estos años he deseado que fuera verdad... Supongo que no debería estar hablando de esto.

– No me afecta – sentenció, realista. – Puedes hablar de lo que quieras… pero te estás menospreciando… ¿Por qué él es mejor que tú?

– Porque... desde que tengo memoria, las personas sólo se han acercado a mí, dependiendo de lo que puedan conseguir. Porque tuve que vender mi cuerpo parra vivir. Porque... no tengo modales realmente ni educación. Y Hayabusa-san... tampoco ha tenido una vida especialmente fácil, pero no se rindió como yo... Es elegante, sofisticado... dulce...

– Que las personas que has conocido sean patéticas no te convierte en patético a ti, no te has rendido, estás vivo ¿verdad? Si tú has superado todo lo que dices sin rendirte…. A pesar de no tener modales o educación… ¿entonces quien es mejor?... No soporto que te estés menospreciando… Menospreciándote a ti… nos haces quedar como unos estúpidos a mí y a tu adorado Hayabusa-san… Pues si gustamos de esa miseria de persona que te consideras… debemos ser unos anormales…

– Por eso... me resulta tan difícil de creer... – comentó sin inmutarse. No era como si no le doliese, pero estaba acostumbrado a ese sentimiento. – Yo no creo que sean estúpidos, ninguno de los dos. Creo que son... muy amables.

– Suficiente…– se levantó, secándose con fuerza como si estuviera descargándose en ello.

– Lo siento... – el chico bajó la mirada, pensando en que no debía de haber hablado. Tan sólo debía haberse dedicado a su trabajo. Después de todo, para eso había ido allí.

– Deja de disculparte… no te comprendo… No comprendo por qué te menosprecias y no soy una persona amable. No sé qué decirte para que entiendas que un hombre no se mide por su nivel intelectual, su dinero… su estatus, su finura o su fingida amabilidad… Eres la primera persona que ha sido sincero conmigo… que me ha negado, sí… pero formaba parte de tu sinceridad…

– Sigo sin mentirte... – le sonrió, levantándose también, para salir de la bañera. – Y nunca he conocido a alguien como tú. Es extraño para mí, porque aparte de Koya, he estado solo toda mi vida...

El moreno le apoyó la mano en la cabeza y lo acercó a su pecho, mirándolo y pensando que iba a llegar tarde. Seguramente era la primera vez que abrazaba a alguien sin más… para que no se sintiese mal. – Todos estamos solos…

La sonrisa del chico se borró, ahora que no lo estaba mirando, un velo de tristeza cubriendo su mirada. – Pero eso cambia, ¿no? Cuando tienes a alguien...

– No lo sé… Yo no tengo a nadie… Te llamaré… un día de estos, para que me des la respuesta…

Toru sonrió, abrazándolo con más fuerza, como si no se diera cuenta de lo que hacía. – Hay alguien esperando por ti, Murakami-san...

– No… Creo que ya se lo ha quedado otro… pero no importa… – miró a la pared, sintiéndose extraño de estar sintiendo aquel abrazo, rodeándolo un poco y apretándolo también. Por algún motivo se sentía ridículo y bien a la vez-. – Sé feliz…– se separó de él y comenzó a vestirse, mirándose al espejo. – Hoy… seguro… has sido infiel…

 

 


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