.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 58
Regret

Hayabusa se dejó caer en el sofá. Sus clientes ya se habían ido y los de los demás estaban por hacerlo, se sentía cansado y adormecido, había bebido demasiada aquella noche a causa del cumpleaños de uno de sus clientes. Se pasó la mano por la frente, entrelazando los dedos en su cabello y revolviéndolo para dejárselo caer sobre los ojos, tumbándose en el asiento como si fuera a quedarse allí a dormir. Hoy tocaba hacer recuento… saldrían un poco más tarde.

– Hayabusa-san... – canturreó Tsubasa, algo mareado de por sí, y dejándose caer a su lado en el sofá. – Te has olvidado de mí...

– No, eso es imposible… No se ven ángeles todos los días… – el moreno le pasó el brazo por el pecho sin moverse de donde estaba y sonriendo un poco. –¿Estás cansado? No es normal en ti… estar tan cariñoso…

– ¿No? – se rió, recostándose contra él. – Es que escuché un rumor sobre ti y un cliente... Dime que no es verdad. Tras que no has vuelto a quedar conmigo.

– No es verdad…– se rió con suavidad, complaciéndolo. – Pero es cierto… – suspiró girándose un poco para verlo bien. –Con un cliente de hace años… tiene la edad de mi hijo… un año más… No sé qué estoy pensando…

– Yo tampoco lo sé. Sabes que eso no acabará bien... Tú no puedes dejarte llevar por algo así. – lo miró a los ojos, serio, acariciándole la mejilla luego. – No lo digo por lastimarte, lo hago por tu bien...

Hayabusa lo miró a los ojos, serio. No quería escuchar eso… fuera cierto o no, de los labios de nadie. –Tal vez no sea así, esta vez…

– Pero siempre lo es... – suspiró el chico, aún observándolo. – No le gustará la vida cotidiana contigo, o lo atraerá otro host que sí pueda proveerle de la fantasía o... – dejó bajar el tono de su voz, a la vez que su mirada. – O tú comprenderás que sólo querías esa adoración ciega.

– Adoración ciega… No… Él es mi tipo, por eso me agrada y no porque me vea de ese modo… Admito que es agradable ver que le gusto de ese modo…– bajó la vista a sus labios y lo miró a los ojos de nuevo. – Él sólo me veía a mí… no visitaba a otros host… y no me menosprecies… Tal vez soy una persona aún más interesante en mi vida cotidiana… ¿no crees? Tsubasa-san… – lo miró a los ojos, sintiendo que le estaba golpeando con todos sus miedos.

– No te menosprecio, a mí me pareces bastante interesante, Hayabusa-san... – le sonrió, notando que se estaba molestando. – No te diría estas cosas si no me importaras. En realidad... creo que estás cometiendo un error. Pero también estoy celoso.

– Tsubasa-san… eso ya lo he notado… – el moreno le pasó la mano por la mejilla con suavidad, acariciándolo y sonriendo levemente. – Pero todo este tiempo he estado aquí… y nunca te habías acercado a mí hasta ahora porque sabes que ya no estoy disponible, no te preocupes… Se te pasará…

– Espero que los hombres se acerquen a mí y no al contrario. No me menosprecies tú tampoco... – le quitó la mirada, molesto porque lo tratase así.

– Tsubasa-san… yo espero lo mismo… – sonrió con algo de cara dura, observando su rostro orgulloso y acariciándolo. – Creí que mi reina decía no tener esa clase de sentimientos banales.

– No los tengo – lo miró, un tanto dolido. – ...porque cada vez que olvido las razones, esto me sucede. Pero aún pienso que estás cometiendo un error.

Hayabusa lo miró serio, acariciándole el cabello y la espalda con delicadeza. –Debiste decirme lo que sentías… y no actuar contrariamente a tus sentimientos.

– Contrariamente... ¿Crees que hago el amor con cualquiera que me lo pida? – exhaló, intentando controlarse. No quería sacar a colación su secreto, pero tampoco era alguien que fuera a enredarse en una relación con un hombre que tuviese un hijo. Sólo a él se lo hubiese aceptado. – Me conoces muy poco, Hayabusa-san.

– Pero no será porque no haya intentado conocerte más. Si me lo hubieras dicho… las cosas serían diferentes ahora… Hay que conocer el punto entre la seducción… y la resistencia… – le pasó la mano por el pecho, sintiéndose mal por él. –Me gustas pero ahora no puede ser… Lo siento…

– Lo sientes... No sabes rechazar a un chico, Hayabusa-san... O al menos, no sabes rechazarme a mí. – lo miró, sonriendo un poco, aunque muy feliz, no estaba. – No se supone que me critiques.

– No quiero rechazarte… No es una excusa, me gustas, pero ahora no puede ser… y sí, lo siento… Pero no por ti, por ambos… Porque sé que podrías haberme hecho feliz…

Tsubasa suspiró, bajando la mirada, y pasándose una mano por el cabello, orgulloso, intentando recuperar algo de su compostura. – Eso ni se duda... No es que podría, es que lo habría hecho. Pero ni modo, supongo que tendremos que seguir así. Espero que ese chico al menos cumpla tus expectativas... – sonrió, aún pensando que cometía un error. Pero ya no tenía sentido repetírselo, pensaría que era por despecho.

– Si no las cumple, me haré responsable de mi error y si aún tengo la oportunidad, volveré a ti y me pondré a tus pies Tsubasa-san… – le tocó la cara con la mano de nuevo, observando sus ojos, que no se veían tan orgullosos como siempre. Le dolía hacerle daño.

– No digas cosas peligrosas, no soy fácil de complacer, ¿sabes? Y luego de hoy... tal vez no vuelva a bajar la guardia. – continuó sonriendo, a pesar de todo. Era una estupidez, pensar en tener una relación con alguien. Eso le pasaba por dejarse confundir, la culpa era de Koya.

– Pero yo podría hacer que la bajases… – sonrió, pasándose la mano por el cabello. – De todos modos… sabes que me gustan los retos… así que no te preocupes por mí…

– No tengo por qué... – suspiró, mirándolo a los ojos, sintiendo como si fuera una despedida, a pesar de que lo vería al día siguiente de nuevo. Pero claro, las cosas cambiaban, eso era obvio.

– Tsubasa-san… – el moreno se giró sobre él para poder levantarse del asiento. – Este modo… no pensé que fuera tu estilo de conseguir a un hombre…– sonrió, besándole los labios y levantándose.

– No lo es... – respondió, resignado a su pequeña broma y poniéndose de pie también. – El que tengas una relación no implica que no me puedas llevar a casa, ¿verdad? Porque sigo odiando caminar...

– Te llevaré a casa… – le ayudó a ponerse la chaqueta, llevándolo de la cintura con él hacia el ascensor. –Seguirá agradándome tu compañía…

– Por supuesto, sigo siendo igual de encantador. Incluso te arrepentirás. – se rió, con suavidad el chico, dejándose llevar.

– Ah… Tsubasa-san… creo que ya me estoy arrepintiendo…– bromeó el moreno, besándole la mejilla y pensando que era encantador.

 

 

 


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