.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 66
The Memory of a Smile

Koya se puso a contar los billetes que les había echado por la cama. Se habían acostado con un cliente ambos, les pagaban lo mismo o más a veces, pensando que eran estudiantes, y así podían protegerse el uno al otro. – Toma…– le dio la mitad, sin mirarlo, levantándose después a buscar algo para emborracharse ambos.

– Gracias... – murmuró, recostándose de lado y suspirando. Ahora se sentía peor cada vez que lo hacía. No era lo mismo, luego de haber tenido algo así y perderlo. Pero no podía mostrarlo frente a Koya. Se la pasaba intentando animarlo, cuidándolo... como si fuera un niño casi.

El moreno bebió un trago largo, pasándole la botella de nuevo, mostrándole lo que le habían dado, era éxtasis. Le metió una en la boca y se tragó la otra, era la primera vez que se drogaba con algo así. Bebió más. Ni siquiera estaba seguro de si ocurría algo, bebiendo con esa pastilla. De todos modos le daba igual lo que pudiera pasarle.

– Si esta cosa me mata... – se rió el chico, quitándole la botella para beber él, y abrazándolo luego. – Dímelo de nuevo, que soy especial... y que siempre me vas a querer.

– Lo eres… Eres el mejor y te voy a querer siempre… – lo abrazó, tumbándose en la cama con él. Le daba igual lo sucia que estuviese o lo patéticos que luciesen. Lo besó, cerrando los ojos y apretándolo contra sí. Bajándole la cara y moviéndose un poco al intentar contener el llanto.

– Sh... no te pongas así... – le pidió, sintiendo sus movimientos. Lo conocía demasiado bien. – Estoy bien... ¿ves? Sólo quería escucharlo... – sonrió, haciendo el esfuerzo.

–Yo también estoy bien…– susurró, calmando su voz, ambos mentían. Qué fácil era… mentir así… cuando sabías que no te iban a creer de todos modos. Sintió que le bajaba una lágrima caliente por la mejilla. No podía evitarlo… pensar que ambos iban a estar siempre allí metidos, en ese cuarto… prostituyéndose cada noche… Toru… pensaba que él sí saldría adelante, era más común que los hombres quisieran hacerse cargo de chicos como él… Él ya sabía, sabía muy bien que no había salida para sí mismo… y jamás lo contratarían en ningún lugar…

El pelirrojo se levantó, sus propios ojos brillantes, pasándose una mano por el rostro. – No seas baka, te conozco. Vamos... ¿no quieres salir a algún lado? Un lugar con mucho ruido... ¿No quieres?

– No quiero… – se levantó como si fuera un zombi, cogiendo la ropa del suelo y poniéndose la misma de nuevo. Riéndose y apartándose el flequillo de la cara, mientras se ponía las botas. Pegándole una patada al mueble de cajones frente a la cama y tirándolo al suelo, desvencijando la puerta. Se quedó serio y pasó al lado de Toru con la botella en la mano de nuevo, bebiendo un poco más. –Vamos…

– No tenemos que hacerlo si no quieres... – le quitó la botella, bebiendo otro trago y regresándosela, aún así, poniéndose de pie. – Esto es una tontería... Deberías conseguirte un novio, en vez de pasar todo el tiempo conmigo.

– No… ¿Quién crees que querría estar conmigo? Me prostituyo… ¿te acordabas de ese pequeño dato?– hizo una seña con la mano como diciéndole que era una pérdida de tiempo. – Además… sólo fracasaría también… No puedo… No puedo soportar otro rechazo más… Aún no supero lo de Hide ni siquiera… y no… nos conocíamos de nada… Sólo porque me hizo un poco de caso… Sólo por eso… Soy patético… no quiero a nadie… No quiero que nadie se me acerque…

Toru lo abrazó, pegándolo a sí. – No eres patético, tú no... Yo sé que tú no... – cerró los ojos, deseando poder consolarlo. Pero ¿qué podía decirle? Él no era un buen ejemplo, lo había echado todo por la borda, como siempre. Tal vez las personas como ellos, sólo se tenían el uno al otro. Muchas veces había pensado en estar con Koya de esa manera, pero entonces pensaba en Murakami-san. No le era posible olvidarlo...

– No me abraces, Toru…– se separó suavemente, aunque le había costado no hacerlo con brusquedad. –Si lo haces, me pondré a llorar de nuevo… – abrió la puerta de la casa, saliendo y tambaleándose un poco por el efecto de la drogas y el alcohol. –Vamos… a donde no pueda ni pensar…

– Ese es el espíritu... – sonrió, aunque le dolía por dentro, y se sujetó de su brazo, intentando demostrar alegría. – ¿Recuerdas, Koya? ¿Cómo solíamos divertirnos? Aún podemos hacerlo, que se vaya el resto del mundo a la mierda... – se rió, preguntándose sin embargo, cómo estaría Hayabusa-san en esos momentos, después de lo que le había hecho. Hasta ese consuelo lo había arruinado. Sólo esperaba que se olvidase de él, como de una pesadilla.

– “Ya casi no me acuerdo…”– susurró, pensando que no se acordaba de la última vez que algo lo había hecho reír con ganas.

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