.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 69
Behind the Mask

Hayabusa se ató un trozo de cuero en las caderas, alrededor del trozo de piel negra que llevaba como única prenda, además de la ropa interior, aunque por poco se le veía todo. Se acabó de enroscar unas cuerdas en las pieles que llevaba en los tobillos y se calzó unas sandalias. Revolviéndose más el cabello hacia delante y saliendo del cambiador.

Kai apoyándose en su hombro con una mano, disfrazado de ángel, con una gasa blanca y una sola ala en la espalda. –Das miedo… ¿tienes un objetivo?– preguntó el rubio, haciéndolo sonreír.

– Tú…– le contestó tocándole el paquete “por accidente” para molestarlo. El rubio riéndose y apartándose, sentándose en la barra con Tatsuya. –¿Qué? ¿Aún no llegan esos dos?

– Aún no... – contestó el chico, vestido de negro, aludiendo a la muerte, aunque su rostro estaba lo suficientemente rojo como para evidenciar que vivía. No le hubiera molestado tanto si hubiera sido sólo una túnica normal, pero Kai había insistido en hacerle ciertos “arreglos”, llevando como consecuencia, que el chico se sintiera un poco expuesto.

– Más para mí... – sonrió Tsubasa, pasando de largo, enfundado en aquellas telas con diseño de piel de serpiente, que se ajustaban a su cuerpo estratégicamente, revelando suficiente piel propia como para no dejar a nadie insatisfecho. Se colgó del hombro de Hayabusa, observándolo a través de los lentes de contacto, y agitando su cascabel a modo de juego. – ¿Hoy sí caes a mis pies?

– Lo haría más que encantado, pero alguien me dijo que yo era demasiado orgulloso como para rogar… y sí, tenía razón… – lo miró a los ojos y sonrió levemente, recorriéndolo con la mirada y aproximando su rostro al suyo. No había llegado a confesar jamás a nadie que lo suyo con Toru no había funcionado, tan sólo a Takara. Pero seguramente ya todos se habían dado cuenta. Aún así, su orgullo permanecía intacto y lo necesitaba de ese modo en su empleo. Lo miró entre el flequillo negro que caía sobre su rostro y le rozó el cuello con dos dedos hasta la quijada. – Me pregunto si tienes la lengua bífida, Tsubasa-san…

– Depende de lo que estés pensando... – se rió el chico, coqueteando casualmente con él como siempre. Lo había notado, que aquel chico ya no iba por allí. Claro, era posible que Hayabusa no quisiera hacerle pagar ahora que eran una pareja, pero aún así, no le parecía normal que siguiese yéndose solo cada noche, que jamás lo fuera a ver. Y había algo más que notaba en su mirada... claro, no pensaba mencionárselo.

– Es mejor no saber nunca lo que yo estoy pensando, Tsubasa-san… Creí que a estas alturas ya sabías eso… – sonrió, pasándole una mano por el cabello. Estaba muy sexy, claro, Tsubasa siempre le había parecido terriblemente sensual, aún más con aquel atuendo. Le gustaba… pero no podía demostrar su derrota tan fácilmente… Aún si temía poder perderlo si seguía actuando con aquella presunción.

– Y yo no soy uno de esos chiquillos que se asusta con facilidad, Hayabusa-san... Creí que a estas alturas ya sabías eso... – le devolvió, sonriendo. No pensaba rendirse, aunque le pareciera inútil. Los dos eran demasiado orgullosos para ceder. Y últimamente sentía que estaba fallando con todos. Pero tampoco era algo que fuera a demostrar ante los demás.

– No, tú no eres un chiquillo, aunque lo parezcas… – le tocó el cuello con dos dedos, rozando la tela de serpiente y acariciándole el brazo hasta sostener su mano, besándosela y apoyándola en su pecho. –¿Recuerdas lo que me dijiste?... – sonrió de medio lado. – Sobre Toru…

– Por supuesto que lo recuerdo... No suelo decir esas cosas a cualquiera... – asintió, desviando un poco la mirada, por no perder aplomo.

– Tienes razón, no era lo que yo buscaba… – maquilló su confesión, aunque ciertamente no lo era, eso estaba claro. –Supongo que ahora debería ponerme a sus pies… su majestad… – le sujetó el rostro con suavidad y lo miró a los ojos, sonriendo con algo de picardía. El rostro de Tsubasa tomó una expresión dulce, muy poco característica, aunque apenas por unos segundos.

Así que al final, había tenido razón. Era eso lo que había cambiado en su mirada. – Hayabusa-san... he decidido liberarte de tu promesa, si te comprometes a salir conmigo, esta misma noche.

El moreno lo miró a los ojos, no estaba seguro de estar muy preparado para poder afrontar otro fracaso. Pero tampoco pensaba rechazar a Tsubasa y herir su orgullo, arriesgándose a perderlo. – Estaré más que complacido…– le acarició el cabello y la nuca. En realidad le gustaría hablar con él de lo sucedido con Toru, ver si sucedería lo mismo, antes de que doliese demasiado –¿Quieres ir a algún lugar en especial?

– Ya sabes el tipo de lugares a los que voy, pero por tratarse de ti... Ah, ya lo sé. – comentó de pronto, entusiasmado. Era el lugar perfecto, casi como hecho a la medida para ambos. – Hay un nuevo club, en la playa... dicen que puedes alquilar un espacio por unas horas y estar a solas, pero... con buen servicio claro. – le sonrió, confiado de nuevo, aunque por dentro se sentía nervioso. Él no era así, se la había pasado intentando ignorar sus sentimientos todo este tiempo. Y era demasiado orgulloso para ser plato de segunda mesa.

– Suena más que interesante… – sonrió, tocándole la cintura con una mano y luego la espalda. –Quiero conocerte, mejor Tsubasa… hasta que se te caiga esa piel de cobra… – lo aproximó a él para sentirlo contra su pecho. –No dejé de pensar nunca en ti…

– Nadie lo hace nunca... – sonrió, bromeando un poco. – “Pero eso es una mentira, ¿no es así, Hayabusa-san? Olvidas que no soy un cliente.” – susurró contra su oído, sonriendo. – Y la piel de cobra, es parte del paquete.

El moreno bajó la cara, acercando los labios a su oído también, sonriendo aún más. – “No olvides que te besé en lo que sería mi segunda cita con él… te llevé a casa aunque él estaba esperándome…” – sintió que le dolía recordar, pero debía ser fuerte, debía ser tan orgulloso y tan… host como era en realidad. Así después no tendría que escuchar lloros por las sorpresas…

– “Eso es porque eres un fresco, Hayabusa-san. No creas que no lo sé... Pero yo no soy tan permisivo...” – se rió, sintiéndose un poco vulnerable. No le gustaba mucho la sensación, lo ponía nervioso. Había jurado no volver a enamorarse.

– ¿En serio…? No me importaría tanto sufrir tu yugo… – se rió pensando que era encantador y mirando a algunos clientes que en lugar de protestar para que fueran a atenderlos, seguían observándolos como si fueran una atracción. Bueno… no le importaba ser la atracción principal de la fiesta.

– Pero eso será luego del trabajo... Ahora, creo que nos reclaman. – alzó la cabeza, como mostrándole a los clientes. Esa noche, tendría muchos ingresos, era algo seguro. Más aún porque el rubio apenas acababa de entrar junto con Kenzo. Y estaba muy ocupado con Tatsuya en ese momento como para robarle clientes.

–Tatsuya… además no nos riñas con esa ropa… tan sexy…– el pelirrojo lo molestó un poco, mirándolo de arriba abajo como para reforzar sus palabras.

Kai pegándole con el servilletero en la cabeza. –Vete a trabajar… y deja de tratar de levantarme a mi novio, tú ya tienes a Hide.

El pelirrojo se rió, pensando después en lo que Kai había dicho y mirando al rubio de soslayo. Sonriendo de medio lado, cogiendo su teléfono móvil y rodeando la cintura del chico, colocándose delante de los otros dos un poco más abajo.

Tomando una foto y riéndose, apartándose hacia sus clientes y enviándosela a Takara, desde luego “con buenas intenciones”.

– Bueno, bueno, a trabajar, ambos... No les pagarán por estar molestándome... –los largó Tatsuya, rojo e intentando verse muy serio a la vez.

– Tatsuya-san... sólo queríamos un recuerdo de esta noche... – se rió el rubio, alejándose un poco y mirando a Kenzo a los ojos. – Hasta luego, novio.

– Baka…– le dio con un pie en las nalgas, dando unos pasos y tirándole del kimono para taparle un poco más las piernas. –No seas exhibicionista… – protestó con el ceño fruncido.

Hayabusa se levantó, acercándose un momento a Hideyoshi, sonriendo. –Precioso…– sonrió de nuevo, tocándole la quijada. El pelirrojo sujetando el brazo del rubio y mirando al otro inexpresivo a pesar de que no soltaba al chico. – ¿Podemos hablar un momento?... En privado…

Kenzo se apartó, sonriendo. – Claro…

– No te seré infiel, novio. – bromeó el chico, complacido por ver esa expresión en su rostro, y alejándose un poco con Hayabusa, recordando entonces la verdadera relación entre ambos, sintiéndose un poco extraño por lo que acababa de decirle. – Ha... Hayabusa-san, ¿sucede algo?

– No… En realidad quería saber si por casualidad has seguido viendo al amigo de Toru… – trató de recordar el nombre. – Koya.

– Koya... – suspiró, su mirada reflejando algo de pesadez. – No, le verdad es que no. Me siento un poco mal... ¿Por qué lo preguntas?

– No… por saber si te habría dicho algo de Toru, disculpa. – le apretó un poco el brazo, pensando que estaba extraño con él. Se suponía que según él, eran amigos ¿no? No lo parecía… Le sonrió antes de ir hacia la barra a por unas botellas de champán.

Hideyoshi permaneció mirándolo, le había parecido extraño. ¿No se suponía que él y Toru tenían una relación? Entonces, ¿por qué le preguntaba algo así a él? Lo siguió a la barra, preocupado. Sólo porque supiera algo de su pasado, que no debería saber realmente, no significaba que hubiese dejado de agradarle. En realidad, se sentía culpable por no poder decirle. – Hayabusa-san... ¿está todo bien?

– No, sólo estoy un poco preocupado con él, es todo… – sujetó las botellas, mirando al rubio. –Ya no estamos juntos – sonrió levemente y meneó un poco la cabeza. –Bueno… no estábamos hechos el uno para el otro– lo miró a los ojos entre el cabello, suspirando. No pensaba hablarle de la realidad, de que Toru lo había dejado por otro hombre. – ¿Cómo te va a ti con Kenzo?

– No demasiado mal. Creo que estoy ganando, aunque... es la necedad hecha persona. – sonrió, a pesar seguía sintiéndose ligeramente extraño al saber que hablaba de su hijo. Intentaría conversar con Kenzo de aquello, aunque seguramente lo mandaba a pelar patatas. – Esa noche que salí contigo, me hizo darme cuenta de la realidad. Así que ya sabes si necesitas hablar de algo... Esas cosas suceden.

– No… Kenzo parece querer arrancarme los ojos… y no está haciendo caso a su cliente… – se rió, sujetando al rubio por la cintura para que se girase disimuladamente. Uno de los clientes del pelirrojo tirándole del brazo y este justo apartando la vista al encontrarse con la de Hideyoshi. – De todos modos, estoy bien… no soy la clase de persona que se deja enterrar… – sonrió, pensando que no era así en realidad pero de cualquier manera lo importante era que estaba saliendo adelante. – Parece que mi hijo y yo tenemos la desgracia de que nos llamen agobiantes… – se rió –pero no se lo digas a nadie… sh…

– Bueno, a mí no me agobias... – se rió, mirando a Kenzo y preguntándose si él sería agobiante además. Claro, a él le gustaba su atención. Le guiñó un ojo, sonriendo. – Ya vendrá otro, Hayabusa-san, estoy seguro. – lo alentó, tomando una botella de champán también, por ver si podía convencer a uno de sus clientes.

– No seas ingenuo, Hideyoshi-kun… – se burló, jugando. – Sé que hay otro… “El otro”– le guiñó un ojo. Sonriendo y volviendo con sus clientes, sujetando el tapón de la botella con los dientes y abriendo la botella. Subiéndose sobre las piernas de uno de ellos y haciéndolo beber. Dejando que le acariciase la espalda mientras tanto.

Hideyoshi sonrió, sentándose al lado del chico que lo estaba esperando, que negó con la cabeza, enrojeciendo. – Hide-san... eso es demasiado....

– Es Halloween, vive un poco, vamos... – insistió el rubio, sirviéndole una copa y ofreciéndosela, sonriendo aún. El chico aceptó, bebiéndosela por completo, los demás aplaudiendo alegres, ya bastante ebrios a pesar de la hora. – Hagamos un ritual de día de brujas, chicos... – inventó el rubio, sirviendo otra copa casi hasta el borde.

 

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