.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 7
The Do’s and Dont’s of Hosting

– Así… no… No me gusta… Que el pantalón sea una talla menos… – el pelirrojo se movió de un lado para otro con los brazos cruzados, observando al rubio y cómo le sentaban los pantalones del traje gris perlado. De hecho, ya habían ido a la peluquería para que le arreglasen el cabello que ahora caía algo sobre uno de sus ojos.

– Esto es realmente extraño. Si me lo hubieran dicho ayer, no me lo hubiera creído... – se rió el chico, sintiéndose un poco como en un sueño surrealista. Ni siquiera estaba acostumbrado a usar ese tipo de ropa.

Kenzo lo miró a los ojos y se sentó en el asiento frente al cambiador. –Confía en mí… en cuanto entres por esa puerta… te van a odiar…– sonrió con algo de malicia el pelirrojo. –Y a amar…

– Menos mal, no me gusta tanto el odio... – sonrió, mirándose frente al espejo, y quitándose los pantalones luego para ponerse los nuevos que le habían traído, una talla menos, tal como había especificado Kenzo.

–Me refería a la competencia…– se echó un poco a un lado para ver cómo le iban quedando, sonriendo levemente. –Estos sí… nos llevamos este pantalón también… y las camisas esas…– le indicó al caballero que los atendía.

Se levantó para acercarse al chico y le apartó un poco el cabello de la cara. –Me debes mucho dinero… así que desplúmalos rápido…– le dejó uno de sus anillos y se lo colocó en el dedo. –Vas a estar perfecto… ya no te quites esos… te los llevas puestos…

– Nada es gratis... Más vale que sea un éxito o acabaré haciendo cosas que prefiero no hacer... –suspiró, sonriendo un poco y observándose. No se reconocía en el espejo.

–Serás un éxito… y si no… te perdonaré la deuda… fíjate si estoy seguro de lo que digo…– se paró a su espalda y observó su reflejo. –Estás perfecto… ¿te gusta?– esperó mientras el hombre pasaba su tarjeta cobrándole la mercancía. –No te preocupes… siempre hay una salida… para quienes quieren salir a flote…

– Me gusta, aunque es la primera vez que me visto así. – sonrió, observándolo. – Te creo, me pregunto si tendré un ángel de la guarda y si no serás tú – se rió, bromeando.

–Yo no soy un ángel…– sonrió y cogió una de las corbatas que acababan de cobrar, pasándosela por el cuello y anudándosela floja, abriéndole dos botones de la camisa. –Aunque tú sí pareces uno…

–Buenas tardes…– el moreno entró con su hijo en la tienda de moda. Observando al chico que había venido a atenderlos. –Quiero ver un traje… preferiblemente negro…

– ¿Algo elegante, Hayabusa-san?

– Sí… debo ir a una boda…

El chico paseó su mirada por la tienda, reconociendo al instante a Kenzo, hablando con un rubio que obviamente no conocía. Enrojeció de inmediato preguntándose si sería un cliente o qué. Por otro lado... no quería que su padre lo viera.

– Puedo ver por qué tienes tanto éxito, Kenzo. – sonrió el rubio, sin percatarse de que lo miraban de aquella manera.

– Buscaré un traje… un momento…

– Claro…– Hayabusa observó uno de los trajes que estaban cobrando en la caja y se medio volteó.

El pelirrojo sonrió levemente y se volteó para ir a pagar en la caja. Se quedó quieto al observar a Hayabusa y a Takara allí, delante de él. Apretó las mandíbulas nervioso y al momento sonrió recuperando toda su compostura. –Ah… Hayabusa-san… Veo que compartimos el gusto a la hora de comprar un traje…– miró a Takara después y le sonrió guiñándole un ojo. –Y qué bien acompañado estás…

– Kenzo… este…– se quedó callado un segundo, preguntándose lo que ocurriría si iba diciendo por ahí que tenía un hijo. – Es mi hijo – el moreno se quitó las gafas de sol, observándolo a los ojos directamente y colgándoselas de la camisa.

– ¿Tu hijo? No sabía que tuvieras un hijo… y mucho menos uno tan…– le sujetó la mano y se la besó. – Encantador…

– Sí– el moreno lo cortó pasándole la mano por encima del pecho a su hijo y aproximándolo a él, el chico sonriendo nervioso, aunque ya veía que Kenzo tampoco iba a delatarlo.

No se hubiera imaginado que conocía a su padre. Seguro para él también había sido una sorpresa.

– Kenzo, ya estoy... – Hideyoshi se detuvo al ver con quienes estaba. ¿Otro host? Por como vestía, él diría que sí, pero el chico con el que iba, definitivamente no. – ¿Amigos tuyos? Mucho gusto, y disculpen la intromisión, me llamo Hideyoshi. – extendió la mano sin más ceremonia.

– Hayabusa, es un placer…– el hombre le dio la mano, acariciando la suya suavemente, observándolo a los ojos, era muy guapo.

– En realidad, Hideyoshi…Hayabusa–san… es mi fuente de inspiración…Él es el número uno de nuestro establecimiento…– sonrió abiertamente y el moreno sonrió levemente. –Hayabusa–san… Hideyoshi estaba pensando en presentarse a Tatsuya-san…esta noche… ¿no es así?

– Más que pensando, es un hecho. Necesito el dinero. – le sonrió, preguntándose si se llevaban tan bien en realidad. Era obvio que Kenzo querría ocupar su lugar. – ¿Cree que tenga oportunidad?

– Claro… si realmente deseas dedicarte a esto… nunca se sabe quien podría tener la oportunidad. Hay hosts de todas las clases y a veces es más importante el deseo de ser host o la ambición que el ser atractivo… En tu caso eso tampoco es un problema ¿verdad?– sonrió amablemente y le tocó la cara con una mano. – De todos modos, no pierdes nada por probarlo… estoy seguro de que Tatsuya-san estará encantado de ofrecerte la oportunidad, no dudes en venir a mí cuando lo desees…

Kenzo miró a Takara mientras los otros se distraían y le señaló su propio reloj al hijo de Hayabusa, marcando el numero “11”. Lo miró a los ojos de nuevo por ver si lo comprendía.

El chico asintió, sonriendo y mirando luego a su padre, asegurándose de que no lo hubiera visto. Seguro estaría dormido a esa hora, de todos modos, con lo cansado que estaba el resto de la semana. Si no, inventaría alguna excusa.

– Muchas gracias, aunque por un momento pensé que me decía feo... – se rió el rubio, sacudiendo la cabeza.

– No…eso es imposible…– Hayabusa se rió. –Tenéis que disculparme… Le dije a mi hijo que pasaríamos el día juntos…– miró a Takara preguntándose por qué tenía esa cara, tal vez le daba vergüenza estar entre hosts.

– Hayabusa–san… ¿desea probarse estos?– preguntó el hombre.

– Sí… ¿quieres venir?– le preguntó a Takara.

– Sí... – enrojeció sin motivo aparente, despidiéndose con una última mirada mientras seguía a su padre.

– Su hijo, se ve joven para tener un hijo... – comentó Hideyoshi, girándose para mirar a Kenzo. – No sabía que los hosts tenían hijos, con las horas que tienen...

– No… ¿verdad? Es extraño, yo tampoco lo creía… que pudiera tener un hijo…– recogió las bolsas y miró a los chicos un momento. –Hasta luego… – sujetó por la cintura al rubio mientras salían y metió las bolsas en el coche. – ¿Cuántos años tendrá?... Seguro que unos cuantos ya… Debe tener un pacto con el diablo…

El rubio se rió, pensando una vez más que era bastante gracioso. – A lo mejor tuvo el hijo muy joven, ya sabes, esas cosas pasan... – entró al coche, abrochándose el cinturón de seguridad. – Parece un buen padre.

– Sobre todo cuando eres un host… a veces no se pueden rechazar algunas ofertas… son demasiado tentadoras… Aunque no debes ceder demasiado… Todo depende del que te lo ofrezca… Si ves que busca sexo… no se lo des… si busca amor… ¿Por qué no reforzarlo? Debes valorar eso… es muy importante para que vuelvan… ¿comprendes? Me acuesto con uno o más al día…

– Lo intentaré, aunque no sé si pueda darles eso... – confesó, pensando en acostarse de aquella manera. Permaneció mirando al chico en silencio por unos momentos, disimuladamente. – No me parece tan mal... Lo de darle amor a quienes lo necesitan.

–Sí… pero no seas idealista, esto no es una obra de caridad… – el pelirrojo siguió conduciendo sin percatarse de su mirada. –Es un negocio… si no atacas… sólo serás un reserva del banquillo sin pena ni gloria… Te acostumbrarás… En cuanto al sexo… yo no me acuesto con nadie que no me agrade… da igual lo que me ofrezca.

– No, supongo que no. – sonrió, suspirando. Realmente era una persona ambiciosa, sus motivos tendría. – Déjame mis ideales, no tiene nada de malo ver las cosas de mejor manera. Es la razón por la que te pagan, además, ¿no es así?

– Me pagan por emborrachar a la gente y engañarlos… Por eso me pagan…– lo miró de soslayo y sonrió de medio lado. –Pero bueno… cada uno tiene su modo de actuar, si tú quieres usarlo como centro de ayuda… no serás el único, también está Kai… Es el número cuatro… Aún así no está nada mal… tiene muchos admiradores…pero le duran muy poco… ningún cliente estable…

– Y ¿eso por qué? Qué poco agradecidos... – se rió, bromeando. – Creo que te voy a decepcionar, aunque planeo pagar lo que te debo.

–No vas a decepcionarme… Yo sé que no… ya veo que eres duro de conseguir… y eso es bueno para ti… malo para sus carteras…– se rió girando en una esquina. – Sobre Kai… se acuesta con todos y siempre intenta que no se gasten demasiado dinero, que no beban demasiado… y esa gente… desea gastarse el dinero y beber sin parar… ¿comprendes? Eso les hace olvidarse de todo y ser felices…

– Sí... comprendo eso... – sonrió, misteriosamente, mirando por la ventana luego al paisaje. – No creo que seamos muy parecidos. Yo creo que cada cual es responsable de lo que hace, pero no me parece mal intentar darles algo de felicidad... sin segundas intenciones.

– Les cobras… eso… – se rió y lo miró, aparcando el coche. – No voy a seguir discutiendo contigo porque seas una buena persona… ¿sabes? Así que deja de molestarme… No importa cuales sean tus motivos… hazlo… y si te gusta, sigue haciéndolo… Si dentro de unos meses has sobrevivido a este empleo… y sigues pensando lo mismo… entonces es que en serio eres un ángel y no sólo lo pareces…– sonrió apoyándose en el volante. – Subamos a mi casa… hay algunas cosas que quiero enseñarte…

– Subamos, aunque si sigo quedándome aquí, se te va a quitar esa impresión de mí, pronto. – se rió, bajándose del coche y ayudándolo con las bolsas, eran suyas después de todo. – Alguna vez, ¿pensaste distinto?

– No – bajó del coche y presionó el llavero para que se cerrasen las puertas, completamente serio. –Siempre he sabido que a los hosts no les importan una mierda sus clientes… ni lo que pase con ellos…– giró las llaves en la mano varias veces con el llavero metido por dentro de su dedo mientras esperaban al ascensor.

– Creí que te gustaba ser un host. – lo miró, preguntándose si había tocado una fibra sensible. Ahora se veía casi resentido.

– No especialmente… sólo quiero el dinero… y el trabajo fácil… Fácil para mí, claro… – entró en la casa y dejó las bolsas sobre la cama. –Te explicaré unas cuantas cosas. ¿Alguna vez has ido a un club de esa clase?– cambió de tema mientras se recogía el cabello en una coleta.

– No, no soy de los que fantasean. Y no me hubiera alcanzado ni para mirar a un host – se rió, sentándose sobre la cama y sacando un cigarrillo. – ¿Te molesta?

– No… estoy acostumbrado…– le dio fuego sin darse cuenta y se sentó a su lado. –Básicamente se trata de entretenerlos… La mayor parte de las veces, evitar que te cuenten demasiado sus penas… hacerles beber todo lo que puedas… y de vez en cuando… sugerirles lo mucho que desearías beber un poco de champán…– sonrió y lo miró a los ojos. – Las conversaciones sobre sexo… picantes… siempre son una buena idea… y también los jueguitos…

– En serio eres todo un maestro. – sonrió exhalando el humo y observándolo. – ¿Qué clase de jueguitos?

– Abrazos… toqueteos casuales… el karaoke… – sonrió levemente, observando cómo fumaba. –Recuerda siempre encenderles el tabaco… procurar que jamás se manchen la ropa… o manchar la tuya… Cuando te den datos importantes como su cumpleaños y cosas por el estilo… haz una visita al baño y apúntatelo en una libreta… es importante… ¿comprendes? Debes tener una ficha de tus clientes habituales y no olvidarlos… Debes demostrarles que “realmente” te importan y que tendrán una oportunidad de ser los primeros para ti… aunque no sea así…

– ¿Vas a decirme que no te importan ni un mínimo? ¿Ninguno? Aunque los veas todos los días... – lo miró a los ojos, como buscando y tocándole la pierna luego. – ¿Así?

– No me importa ninguno… ¿sabes por qué?– le pasó la mano sobre la suya con suavidad, acariciándosela con las puntas de los dedos y subiendo un poco por su brazo conforme se acercaba a sus labios. – Porque aunque te digan que te aman… es mentira… se lo dicen a otros hosts… en otros lugares… a sus novios cuando vuelven a casa… Todo es un juego para mí… para ellos… así que nadie sale herido, sólo son berrinches… – se acercó a su oreja y le rozó los labios. – “Hideyoshi-san…¿no vamos a brindar con champán el habernos conocido esta noche?... Así…”– sonrió contra su mejilla.

El rubio se rió, enrojeciendo un poco. – Así ¿quién se te resiste? Pero dime la verdad, ¿jamás te ha llegado alguno sincero? Creí que los que iban allí eran personas solitarias, no gente que ya tiene novios...

–No… van muchas personas con novios… o casados… comprende que no todo el mundo tiene lo que quiere en su relación… y otros quieren tontear con jovencitos… Algunos incluso dejan a sus prometidos porque conocen a algún host… – apoyó las manos tras el en la cama y observó su cigarro. – Supongo que alguno sincero habrá… no lo sé…

Hideyoshi se sacó el cigarro, exhalando el humo de lado para no echárselo en el rostro. – ¿En serio eres tan cínico? No me lo creo, ¿sabes?

– ¿No?– se rió y lo miró a los ojos. –Me lo tomaré como un cumplido… que no te lo creas… porque es mi trabajo que crean que soy sincero… ¿Qué te ha parecido Hayabusa-san? ¿Lo hubieras elegido a él o a mí? Observándonos tan sólo… sin conocernos…

– No puedo responder a eso objetivamente, dado el hecho de que sí te conozco y que sé algo de él que no debería saber como cliente... – le sonrió, evadiendo la pregunta. – Las personas cínicas no recogen a chicos desconocidos y les ofrecen techo. Tampoco creo que estuvieras intentando hacerme un make over porque te ofendió mi estilo.

El pelirrojo se rió negando con la cabeza. –Qué necio… ya te he dicho por qué te ayudé… Además… demasiado guapo para dormir en la calle… podría haberte ocurrido algo… – le sujetó la corbata de seda, tirándole un poco de ella hacia él. – Elige injustamente entonces… ¿a quien elegirías?

– Injustamente... a ti – le sonrió, mordiéndose juguetonamente el labio inferior. – Te encuentro intrigante. Aunque no puedo negar que él tiene su atractivo.

Kenzo sonrió levemente y lo soltó, satisfecho con esa respuesta lo suficientemente para dejar de molestarlo. – Pero el hecho de que tenga un hijo… Nunca ha hablado de él… supongo que es normal que le estorbe eso… – murmuró en bajo.

– ¿Crees que le estorbe? – lo miró, un poco más serio. – No lo sé, creo que el que estuviese pasando tiempo con su hijo, sería uno de los detalles a su favor para mí. La mayoría de los padres no lo hacen...

–Ya… pero tú eres diferente… No creo que a ellos les guste saber que tiene un hijo… De todos modos… no vamos a decirlo por ahí…– sonrió levemente, pensando que siempre tenía esa carta a su favor… pero el rubio podía tener razón… ¿y si lo encontraban interesante? Que tuviera un hijo tan joven… Hayabusa siempre sabía cómo darle la vuelta a todo… lo sabía de sus primeros días aprendiendo de él. – Deja eso…sedúceme…– se rió y luego lo miró a los ojos. –Seré tu cliente…

– Una clase interactiva, bien... – se rió, llevándose el cigarrillo a los labios de nuevo y exhalando, mirándolo a los ojos. – Me siento halagado de haber sido escogido por un chico tan guapo como tú... – le pasó una mano por la mejilla, jugando. – Podría hablarme de contabilidad, y lo encontraría fascinante.

–Entonces puede que lo haga…– el pelirrojo le pasó la mano por el pecho, en realidad actuando como cualquier cliente pasado de alcohol – ¿No quieres venir conmigo más tarde?– A ver cómo el chico le negaba aquello y a la vez conseguía ganárselo.

– Aún no, no quiero que termine la magia. – sonrió, sujetando su mano contra su pecho. – Eres demasiado especial para eso. Tú también lo sientes, ¿no es así?

– Lo que yo sienta no tiene importancia… ya sé que sólo estás jugando conmigo…– apartó la mano de debajo de la suya y se giró un poco en donde estaba sentado. En realidad, le costaba soportar el no reírse con ese cambio de actitudes tan distinto de pronto.

– No digas eso... – el chico le rodeó los hombros y le tocó la quijada con la otra mano. – Claro que importa lo que tú sientas, pero no quiero que salgas herido... esta clase de cosas... debes pensarlas bien, con la mente clara. – casi le susurró, jugando un poco, aunque también era lo que realmente creía.

– Sé que le dices lo mismo a todos… ¿crees que soy idiota? – se recostó un poco contra su pecho y lo miró desde allí.

– No lo creo, creo que eres alguien sensible que no quiere salir lastimado. – le acarició el cabello, tomándose el papel en serio por el momento. – Y yo no quiero lastimarte.

– Me estoy aburriendo… Hideyoshi-san… ¿crees que pago por tu compañía para que me aburras?– se apartó y lo miró a los ojos con cara de estar molesto aunque en realidad intentaba mostrarle toda clase de comportamientos insoportables en cuestión de minutos.

– No, creo que quieres hacerte el difícil porque sabes que me tienes enamorado... – se rió, sin poder evitarlo. – Vamos a pedir una botella y te enseñaré un truco de cartas...

–¿Qué truco?... – se rió sin poder soportarlo más – A lo mejor me lo tienes que enseñar a mí también… para que no mate a ese tipo de cliente cuando lo estoy deseando…pareces acostumbrado a esto… tienes salidas para todo…

– Es sólo un truco que me enseñó mi padre, aunque creo que todo el mundo lo sabe... eso de adivinar la carta – se rió también, observándolo. – He lidiado con gente necia antes, y no soy de los que recurren a la violencia, así que he desarrollado un poco esas habilidades. Y tú... espero que no haya un cliente tan cambiante.

– No… no lo creo… – sonrió y se levantó de la cama. –En realidad yo no me sé ese truco… soy muy malo con las cartas… Si quieres, te invito a comer y vamos a hablar con Tatsuya-san… quisiera que vieras el local antes de entrar a trabajar…

– Acepto... otro día te invitaré a ti. – asintió, pasándose la mano por el cabello. – Voy a deberte de por vida, Kenzo...

– No te preocupes por eso…en realidad será agradable tener a alguien allí que no esté ya absorbido por los encantos de Hayabusa-san… y Tsubasa-san… – se rió y lo miró en el reflejo mientras se arreglaba el cabello de nuevo antes de salir. – No es que tenga un problema si luego llegas a gustar de ellos, en realidad yo admiro a Hayabusa-san… y Tsubasa-san… me hipnotiza ligeramente… – se rió con suavidad y se volteó para verlo. – Es sólo que no creo llevarme muy bien con ellos… así que no es fácil cuando mis clientes quieren disfrutar de la compañía de alguien más a la vez…

– No sé por qué, a mí me pareces encantador. – se rió, aunque lo decía en serio. – Supongo que en un negocio así, con tanta competencia, es difícil llevarse bien con los demás.

– Tendrás que salir conmigo a buscar clientes… es lo peor del empleo junto con las borracheras… para mi manera de ver… – le explicó mientras extendía la mano hacia él. – Vamos… a las siete nos reunimos en el local y salimos unos cuantos, los nuevos… en busca de clientes… Eso tendrás que hacerlo una buena temporada… Verás que es el mejor modo de que después te elijan a ti…

– No tengo problemas con empezar desde abajo. – aceptó su mano, sin soltar el cigarrillo con la otra, ya que no quería dejarle una mancha en el suelo. – Me voy a sentir muy extraño hablando con los clientes a solas.

– No… podemos pedirle a Tatsuya-san que te deje acompañarnos hasta que te costumbres… Si quieres, tal vez te vendría bien unos días… Hoy puedes quedarte un rato con Kai y luego conmigo… y mañana con Hayabusa-san y con Tsubasa-san…– tomó la chaqueta del traje y también la del rubio. – Toma… hará frío cuando salgamos…

– Gracias, ya pareces mi hermano... – sonrió, tomando su chaqueta y poniéndosela. – Bueno, supongo que no estará mal ver cómo trabajan todos. – acordó, preguntándose si habría alguna razón por la que no quisiera que lo acompañase esa noche.

– Eso me ha dolido… – Bromeó el pelirrojo, saliendo con el chico y tomando el ascensor de nuevo. – Esta noche a las once tengo una cita a solas… también pueden solicitarte de ese modo… Si no, por lo general… estarás rodeado de todos tus fans a la vez… Es agobiante atenderlos a todos… Te quedarás con Kai hasta entonces… procura no aprender demasiado de él… – se rió pensando que en realidad creía que se parecían el chico y él en su forma de pensar respecto al empleo. – En cuanto acabe iré a salvarte…

– Estaré esperándote, no me abandones... – le sonrió, dejando caer el cigarrillo apenas estuvieron fuera. – Me pregunto si podré atender a varios a la vez o acabaré liándome.

– Debes recordar apuntar sus datos…– sonrió levemente y volvió al coche. –Vamos… primero comemos…

 

 


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