.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 73
Be Mine

Hayabusa se acabó de poner la camisa negra, abrochándosela tan sólo un poco por abajo y encamisándosela antes de salir, estaba todo manga por hombro, no comprendía por qué Tatsuya y Kai no querían ayuda para recoger un poco antes de que se fueran –¿Y Tsubasa-san?... – preguntó buscándolo con la mirada.

– Creo que fue a cambiarse también... – le contestó Tatsuya, mirando a Kai de soslayo y enrojeciendo.

– Pero no demasiado... – anunció el chico, acercándose a Hayabusa por detrás y guindándose de su cuello. – Sigo siendo guapo, ¿no?

– ¿No lo estás aún más?– preguntó el moreno sujetándolo por la cintura y aproximándolo a él, mirándolo a los ojos. – Sí, yo creo que sí…

– Ay… qué miedo…– suspiró Kai al verlos así. – Vaya pareja…

– Tú déjalos... Mejor sigues limpiando... – le sonrió Tatsuya, aunque igual lo ponían un poco nervioso esos dos juntos.

– Vamos, que aún tengo ganas de divertirme... – le sonrió Tsubasa al moreno, sintiendo que se perdía en su mirada, y apartándola para no mostrarse débil.

– Vamos… – sonrió apartándose un poco algunas mechas rubias que le cubrían los ojos. Despidiéndose de su jefe y del otro chico con la mano, llevándose a Tsubasa por los hombros hacia el coche.

– ¡Se fueron! Al fin…– Kai saltó por encima de la barra, cerrando las puertas y las verjas y volviendo hacia la barra con una sonrisa de oreja a oreja. – Tatsu…

………...
Hayabusa miró hacia las olas desde la terracita privada que habían pagado para estar a solas. Soplaba una brisa agradable, hacía calor en realidad. Observó al rubio apoyado en la barandilla, su cabello agitándose un poco y acariciándole el rostro, haciéndolo parecer aún más hipnotizante. – Tsubasa-san…– se levantó, apoyándose a su lado en la barandilla. – Quisiera que habláramos sobre algo…

– Claro, la noche es joven. – sonrió, bebiendo de su copa, aún observando el mar y luego al moreno, sus ojos violetas. Tenía curiosidad por lo que le fuera a decir.

– ¿Piensas dedicarte a esto siempre?... A ser un host… – bebió un poco de su copa también, apoyándose y mirando a Tsubasa.

– No, ya te lo he dicho antes... No pienso quedarme a ver cómo pierdo clientes, cómo prefieren a otros más jóvenes. A lamentarme... – le sonrió, pensando que era un poco extraño decírselo a él luego de su confesión.

– Lo sé… pero eso es a largo plazo… aún eres muy joven… y demasiado perfecto como para que alguien prefiera a otro…– le apoyó un dedo en la quijada, alzándosela y pensando que parecía un gatito con aquellos ojos rasgados. –En realidad… durante mi relación con Toru… le conseguí un trabajo como dependiente en una tienda de trajes de marca… para que dejase aquello – lo soltó con suavidad, bebiendo y moviendo la copa entre los dedos.

– Salió bien parado entonces, ¿no? – desvió la mirada, un poco molesto de que mencionara al chico durante su cita. – Y muchos empiezan a preferir a Hide... aunque no ha logrado quitarme mi lugar.

– Sólo son niñatos que te tienen miedo… No perderás nada con ellos, Tsubasa-san…– sonrió y lo miró de soslayo. – ¿Bien parado? No, en realidad te lo comentaba porque rechazó el empleo y se molestó conmigo por haberle comprado un traje y arreglarle una entrevista… Según él… estaba decidiendo las cosas por él y… algo así como manipulándolo… Por eso quería saber qué opinabas tú.

– Yo opino... que no supo comprenderte. Otros chicos hubiesen sido felices en su situación. Hay personas que simplemente no tienen solución. – lo miró de nuevo, con una sonrisa enigmática. – ¿Aún estás preocupado por él?

– Como amigo… sí, pero esto me interesa porque no quiero cometer errores contigo. – le sujetó una mano con suavidad, besándosela y sonriendo. –Tsubasa-san… ¿te estás celando?

– Hayabusa-san, tú dijiste que te postrarías a mis pies si eso fallaba. Y ya sabes cómo soy. No es necesario tanto, pero no me interesa ser plato de segunda mesa... – contestó, directo y altivo, intentando no ceder a sus encantos.

– Tienes razón… debería ser justo con mi promesa…– lo miró a los ojos y dejó la copa a un lado. Sujetándole una muñeca y apoyando una rodilla en el suelo. Besándole la mano y deslizando la suya por esta, mirándolo fijamente de nuevo. –Sé mío, Tsubasa-san.

– Te dije que no necesitabas hacer eso... – le sonrió, enrojeciendo apenas. – Si digo que sí, ¿qué obtendré a cambio?

– A mí. – sonrió, levantándose frente a él y pasándole un dedo por la quijada de nuevo. – Eso es mucho más que suficiente…

– ¿En serio te obtendré a ti? – lo continuó mirando de aquella manera, pediéndose un poco en sus ojos de nuevo. – Hayabusa-san... sabes que hace algún tiempo prometí no volver a amar a nadie. Si voy a romper esa promesa, será porque estoy seguro de que no me defraudarás.

– Es tarde… Ya me amas… – se rió con suavidad, sujetando su cintura y aproximándolo contra él, besándole los labios. – Nunca he estado más seguro de algo… quiero cuidar de ti… te haré feliz y te haré olvidar el rastro de cualquier otro hombre… Sólo te pido ser el único hombre para ti a cambio… Nada más…

– Contrario a lo que se pueda pensar de mí, soy una persona muy fiel. Pero si me rompes el corazón... – le tocó el pecho con un dedo, jugando un poco. – ... ten por seguro que te arrepentirás.

Hayabusa se rió. – No me asustas… A mí no…– observó su mano y le acarició el brazo, apretándoselo con suavidad, atrayéndolo un poco para besarlo de nuevo, entrecerrando los ojos y succionando sus labios cálidos. Apoyándolo contra su pecho después. Preguntándose si recordaba que tenía un hijo, suponía que eso era algo que no le gustaba de él.

– No necesito asustarte, sólo necesitaba aclarar la situación. – sonrió, entrecerrando los ojos, sintiéndose débil ante él, como un chiquillo. No estaba para esas cosas. – Shingo...

– Dime…– sonrió, complacido de escuchar su propio nombre de un modo tan familiar en sus labios. Toru no había querido hacerlo… Mejor no preguntarse el por qué… Claro, demasiado obvio. Le besó el cabello, oliéndolo y acariciando sus labios en él. – Querré que vivas conmigo… Lo sabes ¿no?...

– Siempre y cuando tenga mi propio espacio, estaré encantado... – sonrió, mirándolo a los ojos de nuevo. – Y ¿tu hijo? ¿No se opondrá?

–A él le hace feliz que yo lo sea… No se opondrá… siempre y cuando lo trates con respeto…– sonrió, riéndose suavemente y pensando que más bien eso debería advertírselo a su propio hijo. Lo miró a los ojos también, acariciándole la mandíbula, observándolo como si lo tuviese encantado. – Sólo quiero que estés a mi lado… Es suficiente…

–Y yo quiero que te dediques a mí en cuerpo y alma... No es mucho pedir, ¿o sí? – se rió, pensando que era encantador y besándolo con delicadeza. – No te preocupes por tu hijo, puedo ser caprichoso, pero no soy la madrastra malvada.

– Mejor… porque mi hijo no es precisamente la cenicienta… y tiene un genio terrible, como su padre…– sonrió. Besándolo, separándose con suavidad aunque lo que habría deseado sería dejarlo sin respiración con sus labios. – En cuerpo y alma… No, no mucho… No para ti…

Tsubasa se giró tomando la copa de Hayabusa, y sirviéndole un poco más de vino, entregándosela. – Es una celebración entonces. Por primera vez en mi vida, me alegro de que ninguna de nuestras relaciones haya funcionado...

– Tsubasa… querrás decir que te alegras de que la nuestra funcione…– se rió, pensando que era encantador, sirviéndole a él y entregándole la copa antes de beber de la suya. – Así que… no más coqueteos con los clientes… o me escucharán en todo el local…

– Pero eso puede servir en mi beneficio... Y además, ¿cómo quieres que trabaje si no coqueteo? Eso es impensable... – bajó la voz. Sonriendo maldito. – O... ¿vas a dejar de hacerlo tú, Hayabusa-san?

– El moreno se rió, bajando un poco la cabeza a un lado y cubriéndose ligeramente con el cabello. –No trabajes… no sé si podré controlarme… Soy un poco posesivo Tsubasa… Tal vez te arrepientas de esto…

– No lo creo... Yo siempre he querido un hombre que se cele del aire que respiro... – bromeó, enroscando una hebra de cabello en uno de sus dedos. – No voy a renunciar aún... A Tatsuya le daría un ataque. Aunque... supongo que no podré aceptar ese empleo en Tokio...

– Supones correctamente… porque no te voy a dejar marchar… – se puso serio, sólo de pensar en dejarlo cerca de ese hombre. Aún si sabía que él no tenía la culpa de lo sucedido. Deslizó la mano por su cabello de nuevo. – Comprendo lo de Tatsuya… pero prométeme que lo dejarás… No quiero verte con otros… y menos aún quiero ver que entras en un privado con nadie.

– Lo dejaré, pero debo darle tiempo de aviso a Tatsuya, lo sabes. Sabes cómo se pone cuando le cambian los planes. Es como si le estremecieran el mundo... – se rió porque le hacía gracia cómo se agobiaba todo. – Una semana, ¿está bien? Una semana, y luego, te arrepentirás de haberme hecho dejarlo, cuando tengas que darme toda esa atención...

–No… No me arrepentiré… – sonrió pensando que Tsubasa era perfecto no sólo como hombre si no como su pareja. Le sujetó la mandíbula para besarlo, cerrando los ojos y deslizando la mano por la tela suave de la camisa hasta su cintura, sujetándola para sentir lo delicada que era. – No podría pensar en nada mejor… – lo besó de nuevo, deslizando los labios por su cuello antes de abrazarlo.

– Hayabusa-san... – se rió porque sólo lo llamaba así por coquetear. Ni siquiera quería recordar cómo había llorado la noche en la que lo rechazó. Claro, eso no lo sabía ni Dios. – No voy a dejar que te vayas con nadie más...

– ¿Cómo podría, teniéndote a ti?... – lo besó de nuevo, rodeándolo con más fuerza y sujetándole la nuca con firmeza. – Creo que ya es hora de irse a la cama…

– Yo jamás he dormido a ningún hombre... – le aseguró, riendo luego. Estaba algo ebrio. Entre la fiesta y esto, se había olvidado un poco de ser más profesional. – ¿Quieres ir a mi piso?

– Me encantaría…– sonrió levemente. Separándose para coger la chaqueta del rubio, ayudándole a ponérsela y besándolo de nuevo antes de abrir la puerta de la azotea para salir.

El chico lo siguió, sonriendo un poco. No había esperado que aceptase. En realidad, había pensado que le diría que tenía que ir a ver su hijo. Pero así estaba mejor. Hasta era más responsable.

 

 


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