.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Capítulo 77
Have a Nice Day

Toru dejó resbalar un poco la manga de su camiseta, suspirando. En algún momento tenía que trabajar por más que le pesase. Pero estaba un poco mejor, se estaba haciendo un experto en apagar su cerebro y sólo dejarse hacer. La mayoría de los clientes preferían eso de todas maneras. Suspiró, sentándose en una de las bancas, observando a la multitud.

Hayabusa iba saliendo de una joyería con Tsubasa, rodeándole la cintura y besándolo pese a estar en público. De todos modos, todo el mundo sabía lo que eran y estaba demasiado feliz como para contenerse. – ¿Vas a querer trabajar en algo?... Hasta ahora nada te vale. – se rió. Lo cierto es que le daba igual encargarse de él por completo.

– ¿Yo? No nací para trabajar... – se rió, seguro de que lo comprendía. Estaba seguro de que hubiera sido bueno administrando aquel club, pero... eso estaba fuera de consideración ahora. – No lo sé, tal vez ponga un negocio algún día... Pero por ahora... disfrutaré... – sonrió, aunque enseriándose un poco al ver al pelirrojo sentado en aquella banca.

– Poner un negocio… no sería mala idea… invertir el dinero… – se quedó mirando una de aquellas cafeterías de lujo, pensando que sería interesante algo de ese estilo, al menos para él. Miró al rubio, siguiendo su vista y observando a Toru, el aspecto que tenía… – Toru-san. – lo llamó. Sin saber por qué realmente, no podía simplemente ignorarlo.

Los ojos celestes del chico lo miraron como si le hubiera dado un golpe. Se sentía incluso agitado. – Ha... Hayabusa-san... – murmuró, deseando salir corriendo. Pero no podía comportarse así. Se suponía que habían partido amigablemente. Se acercó, ante la mirada desconfiada de Tsubasa, que más bien parecía querer desaparecerlo. – Hayabusa-san... Tsubasa-san... ¿cómo están?

– Muy bien… estamos juntos – le explicó, sujetando con más fuerza la cintura del chico que lo acompañaba, notando su mirada y lo tenso que estaba. –Tsubasa y yo, estamos viviendo juntos – observó sus ojos y le alzó un poco la cara con la mano. – ¿Y tú?... ¿Cómo te ha ido?

– Bien, estoy sobreviviendo... – le sonrió, haciendo su mejor esfuerzo. No podía evitar que le doliera aquello, que lo hiciera sentirse más solo que nunca. Aún llevaba su anillo. – Me alegro... por vosotros. Hacéis bonita pareja.

– Por supuesto, somos el uno para el otro... – le aseguró Tsubasa, besándole la mejilla a Shingo, demostrándole que esa batalla ya la había ganado él.

Hayabusa sonrió levemente sin poder evitarlo, Tsubasa era demasiado encantador como para hacerlo. Lo abrazó un poco, mirando al pelirrojo después, fijándose en que también él conservaba el anillo que le había regalado. – ¿Las cosas no salieron bien con Murakami-san? – no podía evitar estar preocupado.

– No... Murakami-san se fue... – se encogió de hombros como si no fuera un asunto demasiado importante. No quería que se sintiera responsable, allí el único responsable era él. – No se pueden ganar todas...

– Lo siento… – el moreno se apretó un poco los labios, sin saber qué decir. Lo habría abrazado pero sabía que ofrecerle su cariño sólo complicaría las cosas, había sido su decisión después de todo. – Sabes que si necesitas algo… puedes acudir a mí… Ya sabes donde estoy… como amigo… también.

– Gracias, Hayabusa-san... Pero no tienes que preocuparte, estaré bien... – sonrió de nuevo, en realidad con deseos de echarse a llorar. – Realmente... siento lo que sucedió.

– No, está bien… olvídalo… – le tocó la cara con la mano, sabía de sobra cuando Toru tenía ganas de llorar y lo acercó a su pecho sin poder evitarlo, abrazándolo. – Todo irá bien… Hasta lo malo se acaba algún día, eres muy joven…

Toru apretó los párpados, sintiendo que se desmoronaba sólo con aquello, sin poder evitar soltar algunas lágrimas. Claro que se acababa, tenía ganas de acabarlo él mismo. – Lo siento... estoy bien, en serio. Tsubasa-san es muy afortunado.

– Lo sé. – interrumpió de manera un tanto seca el chico, cruzándose de brazos, más que nada para aguantar los deseos de arrancárselo a Hayabusa y lanzarlo lejos.

Hayabusa le limpió las lágrimas con la mano y le tocó los labios con un dedo. – Deja de llorar ya… Ven a verme esta noche… Te presentaré a alguien agradable… ¿está bien?

– Siempre tan atento... Pero creo que mis días de visitar hosts se han acabado... – negó con la cabeza, sonriendo y tratando de limpiarse las lágrimas él mismo. – Algún día tenía que volver a la realidad...

– Bueno… pero la realidad es que los host también somos humanos… – sonrió levemente, y le apretó un poco el hombro, sujetando la cintura de Tsubasa de nuevo y atrayéndolo a su lado a pesar de que notaba que estaba crispado. – Ven cuando quieras, Toru… de todos modos…– lo alentó, pasando a su lado con el rubio para continuar su camino.

– Gracias... – murmuró casi inaudiblemente, sujetando la alianza con un dedo y dándole una vuelta. Apenas permaneció quieto el suficiente tiempo como para que lo perdieran de vista, antes de dejarse caer en la banca, cubriéndose el rostro con las manos y sollozando. No le importaba hacer un espectáculo, nada podía importarle menos.

 

 


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