.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

 

Epílogo 4
I Love You... See? It’s Easy

–No sé por qué siempre me pide a mí que le mida los trajes Aikawa-san… ¿es que no sabe que tengo empleados para ello?– el pelirrojo se agachó a recogerle el tiro al hombre, midiendo y rozando deliberadamente su sexo con un dedo. Levantándose después y recogiéndole las mangas de la chaqueta. – ¿Lo ajustamos así?

– Sí… Kenzo-san… tú eres el único que sabe cómo quiero las cosas… y no te quejes… Me he comprado seis trajes este mes y no sé ni para qué quiero tantos…

– Siempre hay una ocasión especial… y si no… siempre es el momento para crear una… – le sonrió el pelirrojo que no podía evitar ser de ese modo, después de todo.

– Como ahora, yo venía a crear una, pero veo que estás ocupado... ¿Cómo está, Aikawa-san? – sonrió el rubio que llevaba un minuto observándolos. Kenzo jamás dejaba de comportarse así, pero él sabía cómo vengarse. – Bueno, regreso luego. – se giró, saliendo del vestidor sin quitar aquella cara de tranquilidad.

– Discúlpeme un segundo, Aikawa-san…– el pelirrojo, que no había contado para nada con la presencia del rubio allí, se rió por lo bajo. Temiéndose uno de sus accesos de genio y saliendo para decirle a otro que lo atendiera. Parándose delante del rubio con aquella sonrisa de quien hace algo malo y supuestamente no le importa. –Hide-chan… ¿Cómo es que saliste antes? Nunca llegas a esta hora…

– Y ¿esto es lo que haces antes de que llegue? – lo miró, pensando que era muy mala excusa. – Tendré que contratar un detective...

– “¿Para averiguar a qué hombres de mediana edad les meto mano?”– sonrió, aproximándose y sujetándole el paquete con la mano. –Si te celas, también tengo para ti…

Hideyoshi suspiró sujetándole la mano para que no la fuese a mover. – No es “también” es “sólo”. Mientras más mano les metas a otros, menos oportunidades tienes conmigo. Lo sabes, ¿no? – le sonrió de manera maldita.

– Ya, ya… ¿y quien es el que luego entra por las mañanas en la ducha a ponerme jabón… según él?... – se burló y le sujetó las nalgas con la otra mano, acercándose para besarlo.

Hideyoshi le devolvió el beso, dejándose vencer y rodeando su cuello con el otro brazo. – “No tengo la culpa de que no te restriegues bien” – susurró sobre sus labios.

– Lo hago adrede… para que vengas tú a restregarme… – el pelirrojo sonrió, besándole el cuello y atrayéndolo más hacia sí por las nalgas. Hideyoshi había estado con él incluso después de lo que había hecho, no lo había abandonado ni un sólo día. Procuraba ni siquiera recordar lo sucedido y simplemente seguir adelante, de cualquier modo… a veces pensaba en Takara. –¿Por qué no nos vamos y les digo que ya cierren ellos la tienda?

–Eso venía a proponerte... – sonrió acomodándole el cabello y separándose de él. Al final había conseguido ganar a pesar de que la lucha no había sido lo que llamaría justa. A veces sentía que seguía luchando con él. Pero si algo podía reconocer es que no era aburrido para nada.

– Vale, espérame aquí. – se fue a hablar con uno de los empleados y se metió en el vestidor para ponerse los jeans y la camiseta con los que había salido de casa. Despidiéndose y sujetándole la cintura al rubio para salir cuanto antes, evitando que le molestasen más antes de irse. – ¿Quieres ir a tomar algo por ahí?– le ofreció de todos modos encaminándose hacia aquella zona.

– Claro, ya no me repugna tanto el alcohol. – se rió, apoyándose en él. – ¿Has tenido un día duro o sólo te has dedicado a tocar hombres de edad mediana?

– Eso es duro… – el pelirrojo protestó frunciendo el ceño. – A ver si te crees que me pone cachondo… – suspiró soltándose el cabello y pasándose la mano por la nuca antes de sujetarlo de nuevo. –Han venido unos a devolver los trajes luego de haberlos usado claramente… Pero aparte de eso… poco más… De todos modos no les he devuelto el dinero… – se rió con un gesto de superioridad. –Voy a ver si te emborracho esta noche…

– ¿De verdad no extrañas ser host? – se rió el rubio, pensando que no lo iba a lograr. – Yo creo que parte de ti sí que lo extraña...

– Supongo, a veces… pero no extraño el tener que vomitar sin parar cada noche y no tener tiempo libre…– suspiró con fuerza, cogiendo un cigarro del bolsillo y encendiéndolo. Miró al rubio de soslayo. – ¿Para que me dices eso? Te ibas a pasar el tiempo celándote ¿eh?– se burló sonriendo de medio lado.

– Sí, pero como te la pasas hosteando con los clientes... y conmigo... – sonrió, robándole un cigarro aunque tenía los suyos propios. No podía evitarlo, preguntarse a veces cómo le habría ido a Hayabusa y si a Tatsuya le habrían salido chispas por los ojos cuando no había llegado al día siguiente. – Pero ahora me celo más porque no es parte de tus obligaciones... Y porque te conozco. – añadió, por molestar. Sabía que Kenzo no le sería infiel.

– Idiota… – el pelirrojo frunció el ceño, pegándole una nalgada. –Ya te dije que no me la ponen dura los salaryman… además… “seguro que ninguno pone esa cara que tú pones cuando vas a correrte, parece que vas a echarte a llorar…”– se burló, hablándole al oído y mordiéndole el lóbulo, entrecerrando los ojos. Lo cierto es que Hide le volvía loco, siempre sabía cómo llegar a él y romperle los esquemas.

– Es que me haces llorar con tu gran... – dejó escapar un gemido fingido, echándose a reír luego. – Dime, Kenzo, ¿eres feliz conmigo?

– ¿Para qué me preguntas esas cosas? Si no lo estuviera ya te habría pegado la patada… – lo miró reírse, sonriendo levemente. – ¿Por qué? ¿Quieres casarte conmigo?

– ¿Hablas en serio? – lo miró, sin saber si hacer un chiste o no. – Sólo quería escucharlo de tus labios.

– No… – se rió y lo miró serio entonces. – Sí, estoy bien contigo… pero no me pidas que te diga que soy feliz porque no sé si estoy preparado para afrontar el miedo que me daría pensar en dejar de serlo… – le sopló el cabello y se llevó el cigarro a los labios de nuevo.

– No tienes que tener miedo, pero ya te conozco... – sonrió, encendiendo el cigarro que le había robado. Había intentado dejar de fumar pero con Kenzo cualquiera lo lograba.

–No hables como si fuera un cagado, cualquiera diría que te acuestas conmigo para que no tenga pesadillas… – le apretó las mejillas y le mordió el labio inferior. –Creo que estoy empezando a dejar de pensar en beber alcohol… e irme a casa.

–Sé que no eres un cagado. Eres valiente, te metes conmigo... – se rió, separándose un poco, jugando. – Al menos dime que me quieres... Sabes que me gusta escucharlo...

– Que me quieres… – se burló el pelirrojo, riéndose y tocándole la espalda, sujetando el cigarro con los labios. – Te quiero…

– Yo también te quiero Kenzo... – sonrió más ampliamente, quitándole el cigarro de los labios para besarlo, mirándolo a los ojos al romperse el beso. – Ahora sí podemos ir a casa, pero compremos helado primero, para después.

– O para mientras… será el único modo de que me guste… habrá que probarlo…– se rió entre dientes. Pegándole otra nalgada y llevándolo con él.

 

 


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