.Pitfall - Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 9
Too close for comfort, yet comfortably close

Bjorn se paseó frente a la mesa, metiéndose las manos en los bolsillos. No sabía qué hacer realmente, en otras ocasiones había hecho guardia para que Ward pudiese dormir tranquilo, pero nunca con compañía, y empezaba a sentirse claustrofóbico en aquel lugar.

–¿Qué pasa? –le preguntó el corresponsal, que estaba sentado sobre la mesa, observándolo caminar como si estuviera esperando que le dijesen que su mujer había parido mellizos. Sonrió levemente –¿Estás inquieto?

–No estoy acostumbrado a tanta compañía –. Se quedó quieto mirándolo y sentándose luego, seguramente estaba poniéndolo nervioso –. ¿Por qué viniste aquí?

–Uf… en realidad estudié periodismo, pero trabajaba como escritor de novelas de ficción. Me libré de ir al frente por mucho tiempo, gracias al dinero de mi familia y todo eso. Pero llegados a este punto… hace cuatro años me mandaron una carta, o bien iba de corresponsal, o como soldado. Claramente, ya que odio las armas, escogí venir como corresponsal –le explicó, sonriendo un poco.

–Oh –el chico sonrió ligeramente, automáticamente aliviado de que no fuese un soldado, aunque eso ya no tenía importancia –. Yo también odio las armas. Nos metimos en ese lío porque Ward insistía en que necesitábamos una. Tenía razón, claro...

–Tal y como están las cosas… ¿Quién no la necesita? –le dijo, alzando la ceja en la que llevaba un pequeño diamante –. En realidad, aquí había pocos que quisiesen estar realmente, pero bueno… aquí estamos. Justo la noche en que eso ocurrió, estuve haciendo entrevistas sobre lo que pensaban de la guerra, de vivir aquí… –suspiró, pensando en la fiesta de aquella noche –Querían regresar a casa.

–Lo imagino... Creo que sí he tenido suerte – murmuró, sonriendo con tristeza mientras lanzaba una mirada a su hermano, el cual estaba profundamente dormido –. ¿Podría ver esas entrevistas luego? Me gustaría...

–Claro –sonrió un poco, levantándose y cogiendo una memoria de su cazadora militar, que procuraba no usar nunca. La colocó, comprobando que era la correcta, poniéndole la entrevista de Vin, que era seguida por la de Dean, y otros chicos más, antes de que todo aquello sucediese –. Tengo más, pero aquí salen dos de los presentes –le dijo, guiñándole un ojo, como si compartiesen un cotilleo. Aunque de algún modo, así era.

Bjorn los observó con actitud seria, escuchando todo lo que decían, aunque a veces se preguntaba qué clase de preguntas eran algunas de las que hacía el reportero. Había pasado tanto tiempo huyendo de los militares, odiándolos, pero no eran tan distintos en el fondo. Le devolvió la cámara a Dylan, murmurando.

–Gracias...

–¿Qué habías imaginado? Esos tíos serios que salen en las películas… son sólo películas –sonrió un poco, mostrándole un trozo del video de los chicos durante la fiesta en el bar –. Estaban todos bastante borrachos –los disculpó, sonriendo levemente, a pesar de que le ponían un poco triste aquellas imágenes.

–No se supone que hagan eso... No quiero ver a un borracho con un arma... –se rio Bjorn, aunque poniéndose serio al recordar que estaban muertos ahora –. No sé qué imaginaba. Los que vinieron a nuestro refugio no eran muy amables tampoco.

–Seguro que no, todos odian cuando les toca ir a los refugios a llevarse a los chicos como les hicieron a ellos –le apoyó la mano en el hombro –. Es más fácil si van allí y hacen las cosas de ese modo, no quieren ponerse a pensar, ni ser comprensivos, porque no pueden, o se morirían cada vez que les tocase hacer eso –trató de explicarle –. Aprendes a comprenderlos, a algunos, siempre hay algún imbécil, sobre todo los superiores –le guiñó un ojo, susurrando –. Pero no Dean… En realidad odia estar al mando.

–¿En serio? Parece muy... competente –contestó, pensando que seguramente esa no era la palabra correcta. Dirigió su vista a donde dormía el sargento, se notaba que todos estaban sumamente cansados –. Creo que me odian, por haber escapado.

–No es así. Siegfried también lo intentó, y Caleb. El único militar profesional aquí es Dean –sonrió levemente, mirando luego al oriental, que seguía mirándolos, a pesar de que se veía adormecido –. Y nuestro encantador invitado. Es guapo… al menos –se rio.

–Maricón… –le dijo el chico desde la cama, susurrando.

–Qué noticia –se rio Dylan.

–¿Eres...? No, bueno, no me importa –Bjorn desvió la mirada, sintiéndose incómodo incluso. Hacía tanto que no hablaba con otras personas... –. No sabía que nos comprendiese. Me sorprendió que lo ayudaseis.

–Bueno, no matan a los heridos de otros bandos, como mucho los encarcelan, pero aun así sus heridas se curan. Y al final de la guerra son devueltos a sus patrias, hay códigos que cumplir, no es una guerra en el medioevo –explicó, escuchando la risa del otro e ignorándolo. Ya sabía que había excepciones, pero las había en todas partes, también en la sociedad normal había sicópatas –. Y sí, soy gay, y no soy el único aquí. Pero no vamos por ahí metiendo mano a cualquiera, eso también es de las películas.

–No... No era por eso –sonrió, negando con la cabeza, y mirando a su hermano de nuevo, ahora un poco nervioso –. No me culpes, he escuchado muchas cosas. Sobre la guerra, no sobre los gays.

–No te culpo –le dijo, aún sonriendo levemente. –. ¿Sabes? Además de escribir novelas me dedicaba a tomar fotos eróticas –se rio, contándole cosas para que se relajase y comprendiese que podía hablar con él en confianza –. Me gustaría poder recogerlas antes de irme.

–¿Fotos eróticas? ¿Y las tienes aquí? ¿Permiten eso en el ejército? –le preguntó, consciente de que sonaba como un ignorante, pero había estado convencido de que tenían reglas muy estrictas.

–No pedía permiso –se rio –. Sí, también había algunas señoritas que visitaban el lugar a veces… –lo miró de soslayo –. Supuestamente artistas, y esas cosas, pero en realidad sólo venían a levantar la “moral”

–Oh, ya veo... –se rio, en bajito, mirando a otro lado de todas maneras para que no le viera la cara –. Yo también soy gay, pero no sé si Ward lo sabe. Hace bromas y eso, pero es que es Ward... –comentó como si su hermano fuese mundialmente reconocido.

–¿Qué? –le preguntó Dylan sonriendo –¿Crees que eso le disgustaría? Bueno, no es como que él tenga que dar su opinión acerca de tu sexualidad. De todos modos acabaremos maricones todos o enamorados de nuestra mano –bromeó.

–No lo sé –lo miró ahora, con el ceño ligeramente fruncido por la vergüenza –. No sé si le disgustaría. No quiero decepcionarlo de todos modos.

–No veo en qué podría decepcionarle eso. A no ser que quisiera sobrinos… –sonrió, pasándose una mano por el cabello, apartándoselo de delante de la cara –. A mí me gusta que seas gay, ¿ves? A él también le gustará.

–¿Cómo que te gusta? No es lo mismo... – protestó, enrojeciendo, y moviendo los pies. De pronto se dio cuenta de lo que hacía y se detuvo –. Ya se lo diré... No sé para qué, pero se lo diré.

–¿No sabes para qué? Pues entonces no se lo digas, probablemente ya lo sabe, y si no, ya se dará cuenta cuando te vea haciendo algo con otro hombre –lo miró, sonriendo un poco por lo que había hecho –. Si quieres, yo te ayudo a mostrárselo.

–¡No! –el chico se cubrió la boca, mirando a su alrededor por si había despertado a alguien con ese grito, pero sólo Siegfried hizo un sonido como de queja y se giró hacia el otro lado –. Quiero decir... no soy así. Perdón, no era mi intención alzar la voz.

Dylan se rio, mirando hacia abajo y subiéndose las gafas por el puente de la nariz.

–Era una broma, hombre… –le besó la mejilla, pensando que era muy tímido.

–No fue tan graciosa –lo miró de soslayo, moviendo la mano, pero deteniéndose antes de limpiarse la mejilla. Realmente no sabía tratar mucho con las demás personas. Nunca había sido demasiado bueno en eso, y lo poco que sabía, ya ni lo recordaba. Además, jamás había tenido un novio en su vida siquiera. Era deprimente.

Dylan le pasó la mano por la cara.

–Está seco eh… que no me babeo, no hace falta que te limpies, que lo he notado –se metió con él.

–No es por eso, y no iba a limpiarme –mintió de una manera bastante precaria –. ¿Por qué aún se escuchan sonidos allí afuera?

–Porque aún hay gente en ese estado, o enfermedad extraña… –le dijo, suponiendo que eso debía ser –. De todos modos, creíamos que seguían los bombardeos, y al salir no había absolutamente nada. No lo sé… Es extraño, la verdad es que nunca se lo había contado a nadie, pero no es la primera vez que siento que no estoy solo en este fortín.

–¿De verdad? –Bjorn lo miró intrigado, serio. Le estaba provocando escalofríos –. Bueno, pero es natural, ¿no? Sentirse nervioso en este tipo de situaciones.

–No lo sé, tampoco era como que tuviese miedo, me sentía bastante protegido –contestó mirándolo a los ojos.

–¿Protegido? ¿En un fortín del ejército? A pesar de que está bajo tierra, yo me sentiría nervioso todo el tiempo, pero ya lo hacía de todas maneras –sonrió, admitiéndolo. Por él se hubiesen quedado por varios días en ese refugio nuclear.

–Ya… bueno, creo que soy un poco inconsciente –se rio con suavidad, cruzando una pierna sobre la otra y suspirando. ¿Cuántos años tenéis tú y tu hermano?

–Yo tengo veintiocho, y Ward, veintitrés. Llevamos huyendo desde que él era un adolescente –le aclaró, un poco acongojado, pero no se arrepentía de su decisión.

–Debisteis apuntaros a espías, sabéis pasar desapercibidos –se rio, recostándose un poco contra la pared, aunque estuviera sentado de cualquier modo sobre la mesa –. ¿Qué hacías antes?

–Era espía –le contestó terriblemente serio, echándose a reír luego –. Apenas empezaba la universidad... para ser ingeniero, aunque si te digo la verdad, creo que hubiera terminado cambiándome de carrera. No me gustan mucho las matemáticas, pero sí extraño la tranquila rutina de ir a clases.

–Sí… ah… –suspiró, pensando en sus rutinas –A mí me gustaba estar en mi casa en las afueras, solo. Ya no recuerdo ni lo que significa esa palabra –se rio también, aunque cuidando de no despertar a los demás –. No sabes lo que es dormir todos los días en un barracón lleno de chavales colgando de hamacas….Aunque claro, tú has tenido que cargar con tu hermano todos estos años. Seguro que tampoco recuerdas lo que es la intimidad.

–No, mucho no, pero la verdad... No se lo digas, por favor –le pidió, incluso juntando las manos para que viera que era en serio. No quería una cantidad infinita de bromas por parte de su hermano, ni que se pusiera más rebelde –. No hubiera soportado nada de esto sin él. Yo no quería ir a la guerra, la odio, pero tampoco quería que me separasen de Ward. Lo protegía, pero no lo hice sólo por su bien –finalizó, bajando la mirada, sintiéndose vulnerable y un poco egoísta. No sabía por qué demonios le había dicho aquello, simplemente se sentía natural el hablarle.

–Claro, es perfectamente comprensible –le sonrió, tocándole la espalda con una mano y aproximándolo un poco –. Seguro que necesitas que te abracen a ti.

–No, yo soy un adulto –protestó, aún así permitiéndolo, se sentía cansado y no era algo físico. Desvió la mirada una vez más, sin querer derrumbarse.

–Y yo, pero aún así a veces necesito que Vin me abrace, y me recuerde que yo también puedo tener miedo –le frotó un poco la espalda, suspirando –. Ahora tu hermano no te está viendo, puedes relajarte.

–Creo que si hago eso, no podré volver a recuperarme –sonrió, aún sin alzar el rostro, cambiando de tema nuevamente y apretando los párpados –. Vin es el médico. ¿No?

–Sí, es un hombre encantador. Y una especie de… bálsamo para los soldados, siempre tiene una sonrisa para ti. Yo lo adoro, es encantador.

Bjorn se rio en bajito de nuevo, por cómo se expresaba.

–A mí me confundió. No comprendí por qué sonreía en esas circunstancias.

–Porque quería calmar los ánimos –lo disculpó, sonriendo también –. Bueno, digamos que es también un doctor de almas. No le gusta ver a la gente encontrándose mal –sonrió, observándolo dormir entre Dean y Caleb. Se preguntaba cómo es que las manos de Caleb siempre estaban en algún muslo ajeno.

–Ya... Sé que fui un poco brusco cuando nos encontraron. Mi hermano dice que soy un borde, pero no es cierto –le aseguró, muy convencido de que el problema radicaba en que Ward siempre estaba haciendo cosas que no debía.

–Yo creo que tienes un carácter fuerte, pero eso no tiene nada de malo. A mí me gustan los hombres con carácter –se quitó las gafas, suspirando y estirándose, observándolo –. ¿Tienes buen cuerpo?

–Tengo el cuerpo que tengo –le contestó, echándose hacia atrás y preguntándose si habría sido tan ingenuo de caer en alguna técnica de seducción o algo así.

–Hum… qué respuesta, eso me hace pensar que no –se rio –. Eres guapo, estaba pensando que me habría gustado tomarte unas fotos.

–Yo no creo que sirva para eso. Además... –miró a su alrededor, a las únicas personas con las que se había encontrado. No quería que gente tan cercana a él se estuviese pasando sus fotografías. Sería incómodo.

–Además… te daría una vergüenza horrenda –se rio, revolviéndole el cabello con una mano al levantarse –. Vamos, es la hora del relevo.

–Sí... Eso –asintió, enrojeciendo, aunque no quería admitir que le daba vergüenza. Se sentía como un chiquillo.


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