.Pitfall - Novela yaoi / homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 10
The first move

Caleb suspiró, dejando salir el humo del cigarro entre sus labios en una línea fina. ¿Por qué le tocaba a él hacer la primera guardia solo? Y con ese capullo.

Miró al extranjero, poniéndose de pie frente a él, estaba dormido, le daban ganas de escupirle en la cara en venganza por lo de antes. Pero le cortaba un poco el rollo que fuese a gritar o algo así, y luego paparse una bronca de Dean.

Se acuclilló frente a Siegfried, mirando su rostro mientras dormía, y moviéndole un poco el flequillo de delante de la cara.
–Despierta.

–Agh, me acabo de dormir –protestó el chico, aunque no era cierto, entreabriendo un poco los ojos y cerrándolos de nuevo por el peso de sus párpados.

–Dios, qué plomo –suspiró el otro, recostándose en el suelo y observando a Vin entonces –. Doctor –susurró delante de él.
El pelirrojo continuó con los ojos cerrados, sonriendo ligeramente. En vez de eso, estirando el brazo para sujetarlo como si fuese una almohada.

–¿Qué sucede?

–Me aburro –le dijo serio, aunque dejándose sujetar –. Si haces eso, sólo voy a dormirme y a joderla.

Dean entreabrió un ojo, ya que estaba al lado de Vin y lo habían despertado, lo empujó un poco y suspiró.

–Estate a lo que debes.

–No, quédate... –se rio Vin, pensando que era gracioso, pero siendo interrumpido por la voz de Siegfried, que ya despierto, se encontraba sentado y restregándose un ojo.

–No… que se largue a hacer guardia –Dean los soltó, frunciendo el ceño y girándose de lado para que lo dejasen dormir.
–¿Qué pasa? No dejáis dormir...

–Pasa que no quiero hacer la guardia solo –le dijo el moreno, levantándose y sujetando al otro de la muñeca para que lo acompañase, quisiera o no –. Además, me debes una, no seas zorra.

–No me digas zorra, perra... –se rio un poco, aún perezoso, pero levantándose, mientras que Vin se daba la vuelta para abrazar a Dean de manera maldita.

–Joder… pensé que me iba a morir del tedio mirándoos dormir. Hasta el piojoso ese se ha dormido ya –le dijo señalando al oriental –. Escucha… ¿Oyes eso?

Siegfried se quedó en silencio, prestando atención. Podían escucharse varios sonidos afuera, puertas cerrándose, gritos... Inclusive algo parecido a un avión. Eran lejanos, pero muy distintivos si te esforzabas en comprenderlos. Asintió, mirándolo a los ojos.

–¿Qué es? Lo mismo sucedió durante el bombardeo.

–Yo qué sé… –susurró el otro, llevándose el cigarro a los labios –Pero me pone la carne de gallina –Alguna vez me han dicho que algunas fortalezas de este fortín ya estaban construidas hace muchos años ¿no? Que las habían arreglado y unido a unas nuevas para cerrar toda la línea de frontera… o algo así.

–Sí, a mí me dijeron lo mismo. Las habían abandonado hace mucho tiempo porque ya no había guerras tan masivas –lo miró aún sintiéndose medio atontado por haberse despertado tan recientemente. Esperaba que Caleb no lo notase –. Una vez escuché que los eventos pueden quedarse grabados en los edificios. ¿Crees que sea algo así?

–No tengo ni idea de esas cosas. Aunque puede que esto sí quede grabado –lo miró a los ojos, llevándose el cigarro a los labios otra vez –. ¿Qué crees que va a ocurrir cuando mañana bajemos? Creo que no se dan cuenta de que si en todos los fortines hay toda esta cantidad de gente, y están infectados… vamos de culo para conseguir llegar a algún lugar. Además ¿a dónde? ¿Acaso sabemos si dejaron algún lugar sin bombardear?

–No lo creo. Creo que ya nos jodimos, digan lo que digan ellos. Y para colmo, llevamos a un enemigo. Genial, ¿no? –Siegfried frunció el ceño, resoplando –. Yo más bien creo que quieren hacer algo porque no saben qué más hacer. Tal vez estaríamos más seguros viajando por la superficie. Al menos ahí afuera no todos tienen armas –dijo mirándolo de soslayo, pensando que siempre estaban de acuerdo en todo. –Pero tal vez prefiera el subterráneo, porque piensa tan sólo viajar en metro, revisar las cámaras de gas e irse. O tal vez tiene un plan –murmuró, deseando que lo tuviese en realidad.

–Bueno... Yo... No sé. Creo que debe tenerlo. Es el sargento, siempre tiene un plan –asintió para sí mismo, negándose a confesar que confiaba en un superior del ejército, aunque acababa de hacerlo en otras palabras. Eso no le quitaba el miedo ni las dudas, claro –. ¿Crees que encontraremos a otras personas?

–Eso espero, porque todos sois muy feos… –Caleb decidió molestarlo un poco, mirándolo serio y echándole el humo a la cara.
–Idiota. Tú no eres un modelo –lo empujó, riéndose un poco, y tosiendo luego –. Agh... ¿Para qué has hecho eso? Contamina tus propios pulmones.

–Así es mejor, los dos jodidos –torció una sonrisita malvada –. En realidad, creo que estás bastante bueno.

–Deja de meterte conmigo. Sabes que no me gusta –protestó, enrojeciendo aun más y empujándolo un poco, aunque no lo miraba.
–Iba en serio –se rio, dejándose empujar –. Ten cuidado cuando te duermas, de no poner el culo hacia mi lado –siguió molestándolo. Llevándose el cigarro a los labios y tocándole las costillas con los dedos a ver si se reía.

Siegfried se rio, pero aun así no lo miraba por nada del mundo.

–Eres un idiota, Caleb. Además, ya sé que te gusta el médico.

–Está bueno, y es amable, pero no estoy por él –lo sujetó desde atrás, rodeándolo con sus brazos –. Así no pareces un soldado –se metió con él, mirando a un lado, para que no fuera hacer el loco y se quemara con el cigarro que tenía sujeto entre los labios.

–E... Estás loco... déjame... –se revolvió, aunque intentando no hacer demasiado ruido. Estaba seguro de que su rostro ya podía arreglar el problema de que se apagase el generador –. ¿Qué se te ha metido, eh?

Caleb se rio un poco, sujetando el cigarro con la mano y apoyándola en su hombro, aunque sin soltarlo con el otro brazo.

–Para, capullo.

–Pues dime qué haces. ¿Para esto me despiertas? –le preguntó, ahora seguro de que se estaba metiendo con él. No le parecía gracioso, en realidad.

–Abrazarte, tomando las precauciones necesarias para que no me golpees –le aclaró, apretándole un poco el hombro y acariciándoselo –. ¿No quieres que te abrace? –le preguntó al oído.

Siegfried se quedó quieto de pronto, por poco aguantando la respiración.

–¿Por qué te metes conmigo ahora? Debimos robar un videojuego o algo...

Caleb no le dijo nada, pero siguió sujetándolo de ese modo, mirando de soslayo a los que seguían dormidos.

–¿Tú crees?

–Sí... ¿Tú no? –le preguntó indeciso, aunque ni sabía muy bien a qué se refería.

–Nah… –sonrió, metiéndose con él y llevándose el cigarro a los labios de nuevo –. Creo que prefiero esto.

–Agh, estás idiota. Yo creo que te gusta joder –aprovechó para soltarse, poniéndose de pie, y más que peinándose, alborotándose el cabello, como para distraerlo de su rojez. Se había puesto nervioso.

–¿Y a quién no le gusta? –el moreno se rio, apoyando una mano tras su propio cuerpo, sobre la mesa. Se llevó el cigarro a los labios otra vez, torciendo un poco la cabeza, como si estuviese escuchando algo raro. Llevaban todo el tiempo escuchando sonidos extraños, pero ese parecía más cercano.

Alzó la vista al techo, como si el sonido proviniese de arriba, pero no era posible, estaban en el primer piso. Golpeó arriba con el rifle donde suponía que podía estar el conducto de ventilación.

Se escuchó un golpe fuerte, como contestándole, y Siegfried casi da un salto, sujetando su rifle con ambas manos, justo en el momento en el que se abría un hueco sobre ellos, uno de aquellos dementes cayó al suelo.

–¡Despertad! ¡Nos atacan! –gritó el chico, disparando.

Dean se despertó bruscamente, observando el cadáver en el suelo y de dónde había provenido. Pero no parecía venir nadie más. Por la alerta había imaginado a un ejército tratando de tirar la puerta.

–Nos atacaban –dijo Caleb, que se echó para atrás de golpe, al escuchar el estruendo contra la puerta de la sala. –Muy bien… –dijo, pensando que era culpa de Dean por dejarlos allí metidos con todos los hombres que aún quedaban con vida en el comedor.

La puerta se movió un poco de sus goznes, signo inequívoco de que la estaban tratando de tirar.

Siegfried retrocedió, apuntando hacia la misma, respirando agitado. Estaban atrapados allí, y si venían en conjunto, serían más que ellos.
Bjorn sujetó a Ward contra sí, pegándose tanto como podía a la pared, como si aquello fuese a hacerlos desaparecer.

Sin embargo, el silencio reinaba afuera por el momento. Habían escuchado tantos sonidos extraños durante la noche que ahora incluso se sentía incómodo. El mismo fue roto por un golpe violento contra la puerta y la risa del extranjero.

–Estúpidos occidentales, os encerráis con vuestros propios enemigos…

Dean ni siquiera le prestó atención, pero Caleb por poco le pega un tiro.

–¡Cállate o te lanzo afuera como cebo!

Dean movió la mesa también delante de la puerta, además del armario que Caleb y él habían colocado por la noche. Sólo trataba de ganar tiempo para pensar en algo.

–Hasta ahora no se ayudaban entre sí, estaban tratando de matarse unos a otros.

–Los que atacaban a nuestro invitado también parecían trabajar en conjunto. Es como si desarrollasen una sola mentalidad... –le respondió el pelirrojo, acercándose al herido, por si tenía que ayudarlo a huir.

–¿Y si nos vamos por el conducto de ventilación? Como ese –señaló Ward, al hombre muerto en el suelo, a pesar de que su hermano no le dejaba ni moverse de su lado.

–Cualquier cosa que sea salir de aquí, me parece buena idea –Dylan miró hacia arriba, casi dispuesto ya a saltar.

–Yo lo haré –se ofreció Siegfried, a pesar de que no le tentaba demasiado la idea, pero era igual, él cabía, y de todas maneras tendría que luchar. Se subió sobre la mesa antes de que alguien pudiese protestar, examinando primero que no hubiera más sorpresas dentro.

–Voy con él –Caleb saltó tras él por el estrecho conducto, una para salvar su propio culo, y otra para no dejarlo solo. Excedió una linterna y la empujó entre las piernas del pelirrojo para que la cogiese –. Toma eso.

De cualquier modo, Dean cogió su arma, preparándose por si lograban apartar el bloqueo de la puerta.

Siegfried sujetó la linterna, apuntándola como podía, y preguntándose si el plan no era que fuese uno. Sin embargo, se sentía aliviado. Continuó arrastrándose hasta llegar a la otra habitación, observando desde arriba.

–Hay dos –susurró para que Caleb lo escuchase, apuntando el rifle, y disparándole al primero desde arriba, moviéndose con rapidez, aunque su plan había sido matarlos a los dos de aquella manera, pero el segundo casi le había dado.

–Joder… –murmuró el moreno, que por poco se quedaba sin cabeza por la bala de aquel tarado. Al menos tenían la suerte de que no parecían pensar muy bien. Ahora se había puesto a aporrear el conducto con la culata en lugar de seguir tratando de pegarles un tiro. Y afuera, continuaban tratando de tirar la puerta contigua sin acudir a los gritos de odio del que estaba bajo ellos.

Caleb se puso como pudo sobre el hombro en el conducto, preguntándose si no sería una idea horrible abrir fuego con tan poco espacio sobre la tubería cerrada.

Pero antes de que pudiese continuar meditando, los tornillos se aflojaron con el peso, y se cayó sobre aquel tipo. Rodó por el suelo y le pegó dos tiros, tratando a la vez de cubrirse de su sangre. No quería acabar así.

–¿Estás bien? –le preguntó Siegfried, que sentía que aquellos golpes los iba a lamentar en unas horas, pero ahora no tenían tiempo de ponerse a pensar. Ayudó a Caleb a ponerse de pie, corriendo hacia el pasillo. Ya debían de haberlos escuchado y si los atrapaban allí, sólo repetirían la situación de los demás. Le disparó al primero que vino hacia ellos, aunque los demás continuaban aporreando aquella puerta –Dios, son muchos...

–¡Granada! –les gritó a los otros para que se apartasen de delante de la puerta, sacando la anilla y lanzándola contra el cúmulo de soldados que estaban delante, sin darles ocasión a apartarse.

Se puso contra la pared, colocándose de cara a Siegfried y cubriéndolo de la sangre contaminada, más que de la explosión. Aún así sintió cómo la sangre caliente caía en su espalda y cómo algo blando le golpeaba los gemelos.

–¡Caleb! ¡Idiota! –le gritó el chico, consciente de lo que hacía, pero resistiéndose a empujarlo, precisamente por eso. Escuchó cómo el armario se movía desde adentro, el sargento llamándolos –¡Estamos bien!

–Dios… –Dylan observó los trozos de cuerpos por el suelo, y la cantidad horrenda de sangre en la que se patinaba al tratar de salir de allí. La puerta había quedado reventada, al igual que parte del armario por detrás.

Caleb se quitó asqueado la camiseta, limpiándose la nuca y el cabello con ella.

–Me he manchado de sangre –le dijo a Vin, aproximándose a él como si fuera a tener un remedio para eso.

Dean le echó agua por encima de la espalda, limpiándole un poco el cabello y empapándolo para limpiarlo por detrás.

–De todos modos, no creo que se trasmita sólo por tocar su sangre, tranquilo.

–Tranquilo una mierda… –murmuró el chico, tirando la camiseta al suelo y caminando por aquel asqueroso charco para entrar en la sala de al lado y buscar allí la camiseta de alguien entre las mudas de ropa bajo las hamacas.

Ward lo observó marcharse, aún sin salir de dentro del cuarto, observando los trozos por el suelo. Era repugnante, y olía fatal allí.
–No toques nada de todos modos –le susurró su hermano, asustado y sintiéndose un poco impotente.

–¡¿Eres idiota?! ¿Para qué has hecho eso? –Siegfried había seguido a Caleb, y lo reñía, más que nada, porque también tenía miedo de que le pasase algo.

–Para que te calles –protestó el moreno, frunciendo un poco el ceño.

–Chicos... tenemos que ir a un lugar más seguro para que pueda revisar a Caleb, pero si de algo os sirve, yo tampoco creo que se transmita así. Él también se manchó y está perfectamente bien... dentro de lo que cabe –Vin intentaba tranquilizarlos, señalando al extranjero que sujetaba Dean.

–No podemos ir a la enfermería ahora, estará llena de ellos. No, nos iremos así y si Caleb enferma… –Dean lo miró a los ojos –Lo tendremos separado hasta que pase un tiempo prudencial.

–Joder… –se quejó el chico, que de todos modos lo comprendía, pero quejarse formaba parte ya de su ser.

–¿Bajamos en el ascensor al metro entonces? –Dylan llamó al mismo, apartándose después, no fuera a ser que tuviese sorpresa dentro.
–¿Y eso es todo? ¿Lo dejamos a su suerte, a ver qué pasa? –Siegfried frunció el ceño, mirando al sargento. No podía ser, no era justo.
El médico lo sujetó por un brazo, tirando de él para que dejase de causar problemas.

–Estoy seguro de que estará bien. Y aún tengo algunas cosas útiles aquí. No es el momento de ponerse cabezota, Siegfried –miró a Caleb como pidiéndole su apoyo, ya se temía que no saldrían nunca de allí si seguían así, pero el chico se soltó, cabreado, guardando silencio por fin, justo cuando el ascensor abría sus puertas. Estaba vacío.

–Aunque tenga esa mierda, no importará saberlo antes o no. Ya que no tenemos cura –dijo el chico, encogiéndose de hombros –. Pero si me vuelvo tarado, prefiero que me pongáis un bozal y no me matéis, por si encontráis la cura luego –torció una sonrisa, tratando de tranquilizar a Siegfried, a pesar de que él no se sentía nada feliz con eso.

–Entrad en el ascensor, nadie se va a volver tarado –dijo Dean, empujando un poco al prisionero y esperando a que todos entrasen, marcando el piso inferior.

–¿A dónde iremos? –preguntó Bjorn, recostándose contra la pared del ascensor, su voz temblando un poco.

Vin lo miró y luego a Ward, contestando.

–Estos fortines se unen entre sí por un tren subterráneo. Creí que lo habíamos explicado anoche. De todos modos, no os separéis de nosotros y estaréis bien –miró al extranjero por un momento, preguntándose si tendría alguna idea de lo que eran esas bombas. Ya se lo preguntaría cuando la situación se calmase.

–Tranquilo, iremos a un lugar seguro, pero antes quiero comprobar que no quedan más personas con vida en otros fortines –le dijo el chico, mirándolo a los ojos, serio.

–¿Y qué lugar se supone que es seguro? –Caleb suspiró, mirándolo y apoyándose contra la pared antes de salir del ascensor, pero aquel lugar parecía desierto. A nadie se le había ocurrido meterse en el metro con los tumbos que daba el subterráneo durante el bombardeo.

Dean avanzó sin contestarle, con el extranjero delante de él, abriendo la puerta del vehículo y metiéndose dentro con el resto. Se adelantó hacia la cabina de mandos, observando el panel, confundido. No tenía ni idea.

–No pienso alejarme de ti –susurró Siegfried al pasar junto a Caleb, aunque seguía con aquel gesto de enfado. Caleb siempre había ido a acompañarlo cuando estaba en el calabozo, no sería el mismo caso, pero no le importaba.

Bjorn se quedó mirándolos a todos, nervioso, finalmente acercándose a la cabina de mandos.

–¿Necesita ayuda? Tal vez... No estoy seguro de poder conducir, pero estudiaba ingeniería... Quizás pueda ayudar.

–Inténtalo, al menos sabrás más que yo –Dean sonrió levemente, rascándose la nuca con las yemas de los dedos –. Esto no se parece nada a un avión.

–No, no está diseñado para volar –le sonrió de vuelta, acercándose a los mandos y pensando que se veían muy complicados, pero sorprendiéndose al descubrir que recordaba los ejemplos de sus libros y algunos de los proyectos hechos en clase. Movió una palanca, y el tren tembló de una manera brusca –. Lo siento –murmuró, intentándolo de nuevo, esta vez consiguiendo que se encendiese.

–Al menos lo has conseguido. Ahora espero que sepas detenerte en la próxima estación, creo que nos llevará un buen rato llegar. Unas tres horas o así –alzó una ceja, observándolo y suspirando levemente.

–Creo que podré detenerme, pero podría ser algo brusco –asintió, concentrado en no perder el control, aunque una vez que aquello se ponía en marcha, no parecía necesitar muchas direcciones –. ¿Realmente cree que ese chico estará bien?

–Creo que deberías de tratarme por mi nombre, y no como si fuera un viejo –se apoyó con las manos en el panel, mirándolo de soslayo –. Creo que estará bien –le aseguró, observándolo ahora directamente –. Sé que no te gustan mucho los militares, pero… lo comprendo, no creas que siento rencor o algo así porque os hayáis escondido.

–No, es sólo que... eres sargento. No sabía cómo hablarte –sonrió, enrojeciendo un poco –. No te odio. Odiaba al ejército y creí que los militares eran unos hijos de puta, con perdón –lo miró de soslayo, un poco nervioso de todos modos, por haberlo dicho así –. Debo parecerte un cobarde.

–No, simplemente hay personas que han nacido para luchar, otras para proteger, para curar, para construir… No espero que los demás sean como yo. Ni porque a mí me parezca que algo está bien, y vaya a defender mi posición como sea, espero convencer a nadie de ella –sonrió un poco, tocándole el hombro con la mano –. Yo hubiera hecho lo mismo, no habría dejado que me alistasen, abandonando a mi hermano a su suerte en un refugio.

Bjorn le sonrió agradecido.

–Perdimos a nuestros padres, sólo nos tenemos el uno al otro. Y Ward es... En muchos aspectos es un chiquillo aún y quiero proteger eso.

–Lo comprendo, y sí, lo he notado, no es muy maduro para su edad. Caleb tiene diecinueve años –sonrió un poco, sólo de pensar en compararlos.

–¿Sólo diecinueve? –lo miró sorprendido, desviando la mirada al frente de nuevo –Es precisamente lo que trato de evitar, supongo. No puedo darle una vida normal, pero por lo menos no tiene que luchar, aunque es un cabeza dura.

–Ya, también es normal. De todos modos, por más que tú lo veas como a un niño… tiene 23 años y ya es un hombre.
Probablemente está deseando valerse por sí mismo –se rascó un poco el cuello, mirando hacia fuera –. Tu hermano no sería como Caleb ni después de cinco años aquí –bromeó.

Bjorn se rio sinceramente, relajándose un poco.

–No, supongo que no. No se parecen en nada –dejó de reírse gradualmente, aliviado por la situación. Se sentía seguro ahora que estaban en movimiento –. ¿Y tú? ¿Cómo llegaste aquí? Dijiste que esto no se parecía a un avión... ¿Eras de la fuerza aérea?

–Sí, pero debido a la escasez de combustible, sólo les daban aviones a los mejores pilotos, y yo no entré en esa lista. Así que me destinaron a infantería –le explicó a él también –. No me gusta, pero… –miró afuera a los demás, que parecían haberse recostado por los asientos de cualquier manera.

Caleb estaba sentado en uno de los del fondo. Posiblemente estaba preocupado a pesar del gesto en su rostro. Siegfried estaba sentado más adelante, aunque mirando hacia el chico fijamente todo el tiempo. Había intentado ir con él, pero parecía que Caleb le huyese.

–Pero no tuviste opción –finalizó Bjorn, pensando que nadie parecía haber tenido opciones en esa guerra.

–No –lo miró a los ojos y le tocó la espalda con la mano –. Perdona, voy a ver qué hacen –salió, dirigiéndose a Caleb, que lo miró con cara de pregunta.

–Aún no me he convertido en mi padre… –se rio entre dientes. Entregándole sus armas por si acaso.

–Y no lo harás… –le dijo a pesar de aceptar las armas.

–Pero por si acaso…

–Por si acaso, si te duermes y no contestas te ataremos y te lanzaremos a la vía.

–Eh... ¡No! –le gritó Siegfried, que no se perdía nada, logrando que Vin se riese.

–No me digas que te creíste eso. Ingenuo...

–Ah, déjame... –el chico frunció el ceño, enrojeciendo y volviendo a hundirse en su asiento, mientras que el médico se acercaba al extranjero, observando su rostro.

–¿Y a ti, cómo te va?

–Genial, ¿no ves? Me encanta tu compañía… –le dijo con pesadez, girando un poco la cara para el otro lado, suspirando.

–Te castigará con el látigo de su indiferencia… –de burló de él Caleb. Guiñándole un ojo a Siegfried.

–Hazme caso a mí entonces –le pidió Dylan, sonriendo ligeramente, a pesar de que estaba deprimido por haberse tenido que ir sin sus fotos. Y más, teniendo en cuenta que ya no iba a ver más tíos que esos que tenía delante para el resto de su vida.

–Aaaah... qué dolor me causa su indiferencia –se quejó el médico, sentándose junto a Dylan, ya que veía que el herido estaba bastante bien –. Ahora tú, dime por qué tienes esa cara... –le preguntó, cumpliendo con su petición.

El chico se recostó un poco sobre su pecho, suspirando.

–Me quedé sin mis fotos, ahora sí tendrás que posar para mí, como sea.

–Bien, bien, pero sólo porque no soporto verte así –le tocó la quijada con dos dedos, susurrando. –¿Sabes lo que necesito? Una buena botella de vino, el que sea...

–Sólo tengo whiskey… –le dijo en un susurró, sacando una petaca del bolsillo lateral de los pantalones y ofreciéndosela –.Si me das un beso –se rio.

–Un beso... –Vin le tocó la mejilla, besándolo profundamente. Después de todo, él también necesitaba uno.

–Agh... por Dios... –se quejó Siegfried, mirando a Caleb de nuevo, aunque tenía el rostro rojo, pero prefería que no se pusieran a dar espectáculos.

–Por Dios no, lo hizo por alcohol –se rio el rubio, entregándole la petaca y recostándose en sus piernas, sujetándole una mano y acariciándole los dedos porque necesitaba cariño.

Dean suspiró con fuerza, mirando a otro lado también, pensando que eran unos inadecuados, pero no quería ponerse en plan de dar órdenes. Observó a Caleb, que se estaba riendo como si nada, malditamente.

–Vamos, sólo ha sido un beso, será como el barco del amor ese…

–Cierra los ojos, entonces –Vin se rio, bebiendo un poco de whiskey y entrelazando sus dedos con los de Dylan. Él también se sentía cansado y preocupado, pero se esforzaba por mantener la calma –. No es mi culpa que no me deis suficiente cariño.

–Es porque Sigfri ya es tan cariñoso conmigo… que no me queda nada para los demás –murmuró Caleb, molestándolo y tocándole la quijada con dos dedos. Observando cómo Ward se levantaba, entrando en la cabina con su hermano. La verdad es que no acababa de acostumbrarse a estar con otras personas, y de cualquier modo, se sentía infantil e inmaduro con todos.

Se apoyó contra su espalda con la frente, sin decir nada.

Bjorn sonrió, ignorando los gritos enfadados que llegaban hasta ellos desde la parte de los pasajeros.

–¿Qué sucede?

–No sé –murmuró, colgando los brazos de sus hombros, rodeándole el cuello y pegándose más –. No me gusta mucho estar con gente. Prefería seguir como antes.

–Claro que no. Es sólo que no estás acostumbrado –sonrió un poco más, sintiéndose estúpidamente reconfortado por tenerlo a su lado –. Tú querías relacionarte con otras personas. ¿No es así?

–Ya… –se soltó, sentándose en una de las sillas y mirando el panel, preguntándose qué ocurriría si tocaba alguno de esos botones –. Pero es un coñazo, me divertía más a solas contigo.

–¿Lo dices en serio? Creí que yo era el coñazo –murmuró, repitiendo lo que su hermano le había dicho tantas veces antes –. ¿No te caen bien?

–Más o menos. No tengo nada de que hablar con ellos. Si no he hecho nada nunca de todos modos –suspiró, cruzando los brazos por detrás de la cabeza –. Y me siento muy crío… por tu culpa.

–No es... Sí, es mi culpa –murmuró, decaído, bajando la cabeza. Tampoco había mucho que mirar afuera, sólo oscuridad y más vías –. Lo lamento.

–No importa –murmuró también, había esperado que se molestase y tal vez jugar un poco, no esa respuesta tan derrotista. Eso era simplemente aburrido. Apoyó la cabeza contra la mesa de mandos, girándola de lado para verlo de soslayo.

–Sí importa. Sólo intentaba protegerte –le contestó suspirando. Ya llevaba todo ese tiempo culpándose por haber cuidado demasiado de él, pero no quería perderlo. Seguía viéndolo como a un chiquillo.

–Que me da iguaaal… –insistió, frunciendo el ceño –. Eres un coñazo, ¿lo sabes? –se rio, pensando que de nuevo se lo había dicho.
–Ya lo sé –lo miró sorprendido de que se riera. Sí, seguía siendo un chiquillo –. Tú no te quedas atrás, pesado.

–Cágate… –le dio con un pie en la pierna, pensando que le daba en donde le dolía. Se levantó, saliendo de allí y sentándose de nuevo en uno de los asientos, más como si fuera parte del decorado, que como un ser humano.

–Ah... Dios, que cabezota. ¡Ward! –le llamó, frunciendo el ceño, y estirando un poco la pierna – ¡Ven aquí!

El moreno enrojeció por completo, suspirando y bajando un poco la cara tras su mano.

Caleb se rio, recostándose un poco más sobre el respaldo.

–Ward… te van a reñir… –se burló.

–¡Cállate! –le gritó sin pensarlo dos veces.

El soldado se rio entre dientes, fumando.

–No seas niño, era una broma.

–Déjalo –le pidió Dean, pensando que siempre estaba enfadando a todo el mundo.

–Que no te dé vergüenza. El que está gritando es él, ¿no? –se rio Vin, subiendo un poco sobre su asiento, y mirando al chico –¿Estás molesto?

–Claro que está molesto, cualquiera lo estaría... – refunfuñó Siegfried, sintiéndose identificado sólo porque se metieran con él.

–Claro… –murmuró –No es agradable que me ponga así en evidencia, y tampoco soy un perro, para que me llame así –apoyó las manos en el asiento, aún con el ceño fruncido, y sin muchas ganas de mirar a nadie. Se sentía absurdo de pronto, ni siquiera había sido para tanto.

–Tal vez simplemente se siente solo –comentó el pelirrojo, sentándose bien de nuevo, aunque continuaba mirando al chico. Le parecía encantador con esa actitud.

–Tal vez sólo quiere echarme la bronca porque cree que tengo cinco años –murmuró aún, suspirando con fuerza y alzando la cara un poco, apoyando la cabeza contra el cristal –. ¿Sois novios? Tú y Dylan –le preguntó, ya que el rubio se había dormido sujetándole la mano.

–No, somos amigos... Muy amigos –le sonrió, acariciando el rostro del rubio. Incluso se sorprendía a sí mismo diciendo esas cosas –. Nos protegemos el uno al otro, supongo...

–Pues haciendo esas cosas no vas a tener novio nunca eh… pensarán que tu novio es él –le dijo lleno de razón, apoyando los brazos en el respaldo, inclinando la cabeza hacia atrás un poco y mirando de soslayo a Caleb, porque estaba con aquella sonrisa maldita en los labios y estaba seguro de que era por lo que había dicho.

–Yo creo que tú eres el único que piensa eso... Todos aquí me conocen, y no creo que nadie esté interesado en ser mi novio precisamente –se rio, pensando que era bastante ingenuo –. No tiene nada de malo. Dylan necesita cariño, yo necesito cariño... ¿Qué vamos a hacer? ¿O es que tú querrías ser mi novio?

Ward enrojeció de nuevo, pensando que ahí todos se metían con él, igual que su hermano. Pero en ese mismo momento se le ocurrió la única salida a una pregunta tan vergonzosa.

–Tendrías que pedirle mi mano a Bjorn… –bromeó.

El pelirrojo se rio espontáneamente. , aunque intentando no despertar a Dylan.

–Ten cuidado. Tal vez lo haga, ¿eh? Aunque no creo que tu hermano me acepte.

–No, yo tampoco lo creo –el chico sonrió un poco, recostándose más y dejándose resbalar por el asiento. Se levantó de pronto, sentándose al lado de Vin para que no lo escuchasen el resto –. ¿Parezco infantil?

El pelirrojo se rio en bajito, observando sus ojos azules.

–Tienes unos ojos preciosos, ¿lo sabías? –le comentó antes de contestarle por fin –No, no me pareces nada infantil. Es sólo la manera en la que te comportas, pero yo diría que es parte de tu encanto.

–Qué asco de encanto entonces… –suspiró con fuerza, cruzando los brazos tras la cabeza y mirando al cristal de enfrente del vagón. Sólo se veía la oscuridad pasar, y de vez en cuando, franjas de luz del alumbrado del túnel. No podía evitar pensar en que le gustaría ser de otro modo, pero comportarse así… sólo sería fingir.

–¿Por qué dices eso? No sabes lo refrescante que eres... –Vin continuó mirándolo, aún sonriendo, pero había algo serio en su mirada –¿Te sientes solo?

–A veces, pero sobre todo me siento un lastre e… inadecuado. No lo sé –lo miró de soslayo, observando después las luces de nuevo.

–No eres un lastre. Sólo un chico normal en unas circunstancias extrañas. Por lo menos, eso es lo que yo siento, y creo que el resto del grupo opina igual. Bueno... tal vez nuestro invitado no, pero no cuenta. Nos odia a todos –sonrió, acomodándose un poco en el asiento.

–Pobre, ahora te odiará más, por decir que no cuenta –se rio de él. La verdad es que se olvidaba de su presencia la mayor parte del tiempo.

–No cuenta su opinión, sí su vida, porque si tomo en cuenta su opinión, sólo me deprimiré. No quieres que eso suceda, ¿verdad? –se rio, tocándole una mejilla con su mano libre. Comprendía que se sintiese fuera de lugar, no estaba preparado para nada de eso. Miró al prisionero, pensativo –Él también debe sentirse terrible. ¿No lo crees?

–Seguro… él debe sentirse aun más extraño que yo –lo miró de soslayo, observando el tatuaje bajo su ojo –. ¿Sabes qué dice su tatuaje?
–Dice odio –le dijo Dean, que quisiera que no, los estaba escuchando, todos los demás estaban en silencio.

–Sí, se siente terrible. Tan terrible como para matarnos en cuanto nos descuidemos –intervino Siegfried, aunque comenzaba a tener sueño. Después de todo, casi había hecho dos guardias.

–¿Cómo te sentirías tú en su situación? –le preguntó el pelirrojo, suspirando. Sabía muy bien por qué lo decía. Era natural para alguien como él sentirse asustado y resentido, aunque pusiera esa cara de dureza –No puedo decir que no lo comprendo...

–¿Cómo vas tú a comprender lo que es vivir en el desierto? Con tu piel quemándose mientras te mueres de sed… Vosotros vivíais aún con todas las comodidades. No podíais prescindir de vuestras comodidades a cambio de una vida digna para otros… –el joven se decidió a hablar de nuevo. De todos modos le daba igual hacerlos enfadar o no.

Caleb le lanzó un trozo de tela que había sobre el asiento.

–Calla…

El extranjero sonrió levemente, casi como si tuviera la certeza de que escaparía. Pero antes de huir mataría a ese crío de un modo horrible.

–Te mataré…

Dean se levantó, suspirando y sacándole la tela del hombro, a donde había resbalado desde su cabeza. Echándole una mirada a Caleb para que no hiciera nada. Le quitó el paño azul que llevaba al otro, símbolo de su división, y los lanzó ambos por una de las ventanillas.

–Como ves, Ward, tú no eres nada infantil –dijo antes de entrar de nuevo con Bjorn.

–¿Qué está sucediendo ahí atrás? –le preguntó el chico, que no se atrevía a dejar la cabina por miedo a que algo fallase.

–Están haciendo el imbécil, como siempre –suspiró, sentándose en el borde de la mesa de mandos y suspirando. Percatándose demasiado tarde de que eso no había sido muy adecuado, pero al fin y al cabo, eso hacían –. El extranjero… ya sabes.

–Oh... Parecía que discutíais. Y... –sonrió, enrojeciendo un poco porque se sentía transparente –. ¿Ward está bien?

–Parece que se siente inadecuado, no escuché muy bien lo que hablaban. Pero es normal, ¿no? A todos nos ocurre a cierta edad. Aunque es más normal a una edad más temprana, pero… –sonrió, mirando hacia el vagón, parecían seguir discutiendo de todos modos –. La verdad es que estos no son los soldados más amistosos que tenía en mi pelotón.

–¿No? ¿Había unos más encantadores? –se rio, recordando cómo lo miraba Siegfried. Ya hablaría con Ward más tarde, y harían las paces como siempre –Nunca supe que existía algo tan grande como esto bajo tierra.

–Bueno, uno no se hace a la idea de lo grande que es hasta que bajas por primera vez –se giró para apoyarse en la mesa con los brazos.

–¿Interrumpo? –Dylan entró también en la cabina, subiéndose las gafas al cabello un momento y bajándolas de nuevo tras limpiarlas.
–No, le decía que uno no se hace a la idea de lo grande que es esto hasta que baja por primera vez.

–Sí, yo también me quedé asombrado. Creo que empezaron su construcción en la anterior guerra… cuando sólo una parte de oriente nos la había declarado, y al final llegamos a un acuerdo. Por eso se canceló.

–Y se reanudó cuando comenzaron los conflictos de nuevo, hasta que consiguieron rodear por completo la frontera –remató Dean.
–Es realmente sorprendente –los miró por un momento, evidenciando en su rostro que hablaba con sinceridad, y añadiendo luego –. Aunque un poco deprimente... Creo que me hubiera vuelto loco de tener que vivir aquí.

–Pues vas a estar aquí por una buena temporada, menos mal que tenemos un doctor –Dylan sonrió, pensando que seguramente Vin no tenía ni idea de psiquiatría.

–Será un proceso penoso, para llegar a un lugar sin afectar. No queda más remedio –Dean los miró un momento, sintiéndose un poco responsable de no tener una idea mejor.

–Tengo la esperanza de que no sea por años –se rio, medio en broma, pero lo cierto es que lo asustaba un poco. No quería ser un hombre topo.

–No, no serán años –Dean sonrió un poco, suspirando y asomándose al agujero de la puerta –. Si necesitáis dormir… –dijo sujetándose de los marcos de la puerta con las manos –ahora es el momento –les recordó, más que nada porque no dejaba de ver a Siegfried inclinándose peligrosamente hacia delante.

–¿No te recuerda a tu padre? –bromeó Dylan.

–No, mi padre era más viejo... –se rio el chico, recostándose un poco hacia atrás y mirándolo –. No sé si es por su cargo, pero te hace sentir seguro, ¿no? Como si lo tuviese todo bajo control.

–No lo sé, pero sí, será porque siempre tiene esa cara de “yo tengo una solución” –se rio, rodeándole los hombros con un brazo mientras se volteaba.

–Os estoy escuchando… –murmuró Dean, algo avergonzado con los comentarios, aunque nadie lo diría por su rostro.

Ward entró también, mirando a su hermano y apoyándose en el marco de la entrada. ¿Por qué estaban todos allí?

–No lo decía por ofender... –se disculpó Bjorn, enrojeciendo y sonriendo un poco al ver a su hermano–. ¿Aburrido?

–Sí –se encogió de hombros, sentándose en sus piernas y recostándose hacia atrás sobre él.

–Bueno… vaya forma de abusar –Dylan se burló, pensando que no comprendía cómo es que se quejaba de parecer infantil, si luego iba a comportarse de ese modo.

–Aún tengo algunas salchichas –le susurró su hermano para ver si sonreía. Lo cierto es que no quería que se fuese de nuevo –. No pasa nada, soy capaz de conducir así. Y si no lo soy, ya lo averiguaremos.

Ward sonrió, sujetándole una mano para que le rodease la cintura, cerrando los ojos y suspirando.

–Aquí hay varias –susurró de vuelta.

Dean se sentó en el asiento de al lado, decidiendo ponerse a dormir allí, ya que no había mucho ruido como afuera.

Dylan los miró, suspirando.

–¿Aquí todo el mundo se pone a dormir cuando yo me despierto? –se echó hacia atrás de golpe, notando como una mancha blanca contra el cristal. Claramente se la había imaginado, seguramente necesitaba dormir también –Viiin –salió llamándolo –. Algo me pasa –murmuró, sentándose a su lado y rodeándole los hombros –. Creo que necesito sexo, antes de morir.

–Dylan... Yo lo necesito todos los días –se rio el pelirrojo, extendiendo los brazos hacia él, y poniéndose de pie –. ¿Qué te sucede?
Siegfried alzó la cabeza de pronto, como sobresaltado por algo, pero olvidándolo enseguida, molesto por haberse quedado dormido y reanudando su vigilancia sobre Caleb.

–No sé, supongo que odio los problemas… – suspiró con fuerza, rodeándole la cintura con los brazos y aproximándolo un poco más. –. Odio los ambientes deprimentes… y los túneles subterráneos en los que veo manchas blancas de pronto –dijo después, sonriendo –. Creo que Freud diría que en mi subconsciente, era una mancha de semen que proyecta mi deseo sexual.

–Freud era un viejo pervertido –se rio el pelirrojo, acariciando su espalda –. Yo creo que estás cansado, y está muy oscuro aquí abajo. ¿Estabais teniendo una fiesta delante? De pronto todos os fuisteis.

–Creo que… a Dean le gusta el chico inocente y protector, yo me aburría y su hermano se cela. En resumen –se rio, pegándose a él e inclinando la cara cerca de la suya.

–Ya veo... Es una lástima, yo quería tocar el trasero de Dean. Tal vez aún pueda hacerlo –se rio, tocándole el trasero al rubio en vez de eso.

–El mío te consolará mientras tanto –le besó la mejilla –. Creo que sólo le gusta como persona agradable con la que hablar, la verdad –se rio, pensando que no tenía ni idea en realidad. Aunque echó una miradita a la cabina por si acaso, sonriendo malditamente.

–No lo sé, siempre eligen a los buenos chicos, ¿no? No es que me importe, claro –sonrió, soltando a Dylan, aunque le tocó la mejilla nuevamente –. Voy a ver qué tal se siente Caleb, creo que ya ha pasado suficiente tiempo.

–Vale… –el rubio lo observó apartarse, pensando que no le creía una palabra.

Caleb alzó la vista al ver que se acercaba, tentado de pegarle un grito a ver si se asustaba. Pero sin embargo, permaneció observándolo sin hacerlo.

–Aún no muerdo.

–¿No? Yo lo hago a veces, pero eso es otra historia... –bromeó, sin preocuparse para nada, aunque Siegfried había vuelto a abrir los ojos –. No creo que estés contaminado. Ni siquiera te ves débil, y ha pasado demasiado tiempo –. Sacó una pequeña linterna para revisar sus ojos y su boca –. No tienes ningún síntoma.

–¿Has mirado bien? –le preguntó serio, aunque estaba sólo molestándolo.

Vin le sonrió, bajando una mano y tirando de la cintura de su pantalón.

–Todo bien.

–Doctor… aquí no –el moreno torció una sonrisa, subiéndose el pantalón y aprovechando para levantarse –. Iré a echar una meada.

–Te lo dice para que sepas donde encontrarlo –jugueteó Dylan.

–Voy a echarla de verdad –le dijo el otro reído mientras se alejaba por el pasillo.

El pelirrojo se giró, encontrándose con la mirada casi furibunda de Siegfried, aunque el chico no dijo nada, limitándose a ocultar su rojo rostro entre los brazos.

Vin pasó a su lado, colocando su mano sobre la cabeza del chico.

–¿No te alegras? Caleb va a estar bien, es mi opinión profesional –sonrió, antes de ir a sentarse junto a Dylan de nuevo –. Debería ser un casamentero.

–Búscame cariño a mí –le pidió reído, girándose un poco hacia él y besándole la mejilla, pero el chico le sujetó la quijada, besándolo en los labios.


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