Capítulo
16
Choices
–¿No deberíamos ir a buscarlos? –preguntó
Vin, colocando antiinflamatorio en crema sobre el golpe que tenía
Dylan en la cabeza. Se le estaban acabando las medicinas, eso era
todo lo que podía hacer.
–Ya fuimos al generador, allí no hay nadie. Y no tenemos
ni idea de donde pueden estar los otros dos –Siegfried lo
miró, aún sujetando su arma como si la vida se le
fuera en ello. Estaba asustado, no quería admitirlo, pero
no podía negarlo tampoco. Se sentía perdido.
–Creo que deberíamos irnos, hemos estado horas aquí
y no hay manera de que regrese ninguno. ¿Qué vamos
a hacer? No podemos seguir perdiendo el tiempo y arriesgarnos a
que vuelva a apagarse el generador –Caleb los miró,
poniéndose en pie, ya que veía que si no, nunca se
decidirían a irse. En realidad se estaba preguntando, qué
habría recomendado Dean en su lugar, y no estaba seguro de
que fuera eso, no estaba seguro de nada. Suspiró con fuerza,
mirando a los demás –. Vámonos…
Dylan se pasó una mano por la cabeza, él no estaba
muy de acuerdo en irse, ni creía que pudiesen sobrevivir
fácilmente sin el sargento.
–Prefiero esperar por él.
–Yo también. No podemos ir abandonando a todo el que
caiga o... No podemos –negó el pelirrojo con la cabeza,
pensando que era terrible –. Él lo dijo. “No
quiero perder a nadie más”.
Siegfried se quedó mirándolo como golpeado. ¿Por
qué tenía que repetir esa frase?
–¡¿Y qué se supone que hagamos?! ¡¿Quedarnos
aquí a morir?! ¡No va a regresar! Si lo pudiera hacer,
ya lo hubiera hecho. Nadie va a regresar.
–Él se habría ido si no hubiéramos regresado.
Fue a encender el generador, pero ni siquiera llegó allí.
¿Es que no lo veis? La puerta estaba cerrada con llave, eso
significa que jamás llegó allí. ¿Qué
hacemos? ¡No podemos quedarnos a esperar por un muerto! O
nos moriremos también –Caleb resopló, simplemente
girándose para irse caminando por la vía.
–¡Caleb! –Dylan lo llamó, molesto porque
se separase, pero no iba a ir tras él. Esperaría por
Dean, él no creía que el sargento se hubiera ido sin
ellos, sin buscarlos siquiera.
Siegfried se quedó confundido, sin saber qué hacer.
Aquello se sentía fatal. Finalmente echó a correr
detrás Caleb, aunque en silencio.
–Ya ves... Si no te mueves, yo tampoco me puedo ir –el
pelirrojo le sonrió a Dylan, sujetando su mano, antes de
desviar la mirada. No sabía quién estaba haciendo
lo correcto, pero definitivamente no iba a dejar al rubio allí
solo.
–Si vamos abandonando a cada uno que se pierda o… lo
que sea. ¿Al final qué? ¿Nos meteremos la zancadilla
para que cojan al de atrás? Esto es una mierda… –murmuró,
pasándose una mano por el cabello y recostándose contra
su hombro.
–Sí, es lo que pienso –asintió el chico,
mirándolo de soslayo y finalmente rodeando sus hombros –.
No me metas la zancadilla, soy delicado –bromeó sin
muchas ganas, intentando aligerar el ambiente. No los culpaba, las
cosas le empezaban a parecer inútiles, pero no tenía
por qué deprimir a Dylan.
El rubio lo miró también, al sentir su mirada sobre
él, suspiró, acariciándole la mano que le sujetaba.
–De todos modos, me duele demasiado la cabeza para ir de
paseo durante horas hasta otro fortín –le confesó,
sonriendo levemente sin poder evitarlo.
Vin sonrió también, apretando su mano.
–Y yo soy tu médico, tengo que vigilar que no te suceda
nada extraño –contestó, preocupándose
de pronto por no poder ayudar a Caleb y a Siegfried si les sucedía
algo.
–¿Preferías irte con ellos? –le preguntó,
sintiéndose ahora el único necio que prefería
esperar a que el sargento regresase, cuando todo apuntaba a que
no lo haría.
–Prefería que se quedasen –lo miró, moviendo
la cabeza con una expresión poco característica en
su rostro –. Esto es peor que la guerra. No puedo hacer nada...
Nunca imaginé algo así.
–¿Y quién podría haberse imaginado esto?
–Dylan se colgó la cámara al hombro, suspirando
con fuerza, se sentía bastante abatido, aunque no era muy
difícil arruinarle la moral a él –Es verdad
eso de que si matas al jefe de un grupo, este se dispersa…
es curioso.
–¿Lo crees? No crees que estemos siendo cursis, ¿verdad?
–Vin se rio de pronto, un tanto descontrolado, porque aún
luchaba por no dejarse caer por completo –Tú no eres
un soldado.
–No, pero tampoco un cursi –se rio, mirándolo
de soslayo y besándole la quijada –. Si te ríes
así, Dean no vendrá porque pensará que no hace
falta –se rio –. Es como papá Noel.
–¿De verdad? Entonces tendré que fingir que
duermo –se rio un poco más, apretando sus hombros contra
sí.
–¿Crees que eso funcionaría? Porque yo no pienso
cerrar los ojos por nada del mundo –sonrió, tocándose
el pantalón con un dedo –. Creo que él tenía
un plan, que pensaba llevarnos a algún lado donde estuviéramos
a salvo. O al menos, disimulaba muy bien en caso de no tenerlo –sonrió,
besándole la mano y recostándose contra su pecho –.
No tengo miedo, debe ser porque soy un inconsciente.
–Lo eres y me alegro –confesó, acariciando su
rubio cabello, y pensando en que él tampoco tenía
miedo en ese momento. Seguramente se debía a una falsa seguridad
provocada por aquel tiempo de tranquilidad. Lo que sentía
era otra cosa. Desesperación, dolor, tristeza..., pero no
miedo –. Yo también creo que Dean tenía un plan.
Tiene... Aunque sigo pensando que fue una estupidez salir solo en
un momento así.
–Estábamos a oscuras allí dentro, el generador
estaba cerca, supongo que se vio en la obligación de hacer
algo para tranquilizarnos, y encender la luz era algo tranquilizante…
–se quitó las gafas, pensando en que diciéndolo
de ese modo, pensándolo bien, las posibilidades de que regresase,
tal y como se habían dado las cosas, eran sumamente improbables.
Se preguntaba si había hecho lo correcto en no querer avanzar,
si no regresaba… ¿qué harían un médico
y un periodista a solas en un lugar tan peligroso? Ni siquiera comprendían
lo que estaba sucediendo.
–Sí, creo que tiene ese problema. La necesidad de
hacer algo –sonrió como si él mismo no se sintiera
obligado a esforzarse por animar a los demás –. Sin
embargo, es por eso que lo espero. No es justo que siempre sea él
quien tenga que cargar con el peso.
–Él es militar, los demás no, o al menos no
por gusto… –Dylan se levantó de encima de Vin,
rodeándose las piernas con los brazos y suspirando, mirando
hacia donde estaba la puerta del generador, deseando que apareciese
allí de pronto, contra toda lógica, y como si eso
fuera a solucionar todos sus problemas.
–Se supone que yo lo soy –le recordó, sonriendo,
y pensando que a un médico nadie lo consideraba un verdadero
soldado. Siguió su mirada, cambiando de tema, a pesar de
que no era más tranquilizador –. ¿Qué
crees que haya sucedido con esos chicos? ¿Crees que están
muertos?
–No, ellos se las han apañado solos todo este tiempo,
así que… imagino que sabrán cómo resistir.
No sé qué será de ellos, ni de nosotros, ni
nada de nada –se pasó la mano por el cabello, notándose
el golpe abultado en la cabeza –. Tengo un cuerno.
–Eres un demonio –le sonrió, sentándose
mejor y revisando entre su cabello por entretenerse con algo. Se
sentía exhausto, había estado a punto de llorar tan
sólo unos segundos atrás –. Aún pienso
dejarte tomar esas fotos.
–Más te vale… –sonrió, tapándose
la cabeza con una mano –. Deja eso, me siento observado –se
rio, girándose y besándole los labios con suavidad,
recostándose de nuevo en su pecho y rodeándose con
sus brazos –. Deberíamos habernos conocido fuera, en
un bar. Te habría invitado a mi casa… y te habrías
despertado entre sábanas suaves. ¿Recuerdas esa sensación?
Vin sonrió, en silencio por unos segundos.
–No, me acostumbré a las sábanas del ejército.
Te hubiera dicho que no, ¿sabes? Y luego me habría
emborrachado y terminado entre tus brazos de todas maneras.
–No importa, me encantan los pelirrojos borrachos. Y los
tíos que me dicen que no –le besó una mano,
sonriendo aún y tocándose el pecho con ella –.
Sobre todo esa cara que ponen cuando se despiertan y no saben cómo
han llegado ahí. O cuando dicen cosas como: “No me
acuesto con hombres normalmente” –se rio, alzando un
poco la cara y besándole la quijada –. Como si a mí
me importase con quien se acuestan normalmente…
–Yo no te hubiera dicho eso, hubiese estado mintiendo. Pero
sí te hubiera dicho: “Ya veo que estuve bebiendo de
nuevo. ¿Tienes café?” –le sonrió,
ahora besándole él la frente –Y probablemente
hubiese querido verte de nuevo.
Dylan suspiró, pensando en todas las cosas que ya no podría
hacer.
–Imagina que sobrevivimos… y encontramos un lugar en
el que llegar a viejos. Qué aburrido sería, todos
nos conoceríamos a todos –sonrió, pensando en
lo hilarante que resultaba aquello –. Seremos como un minúsculo
pueblo amish.
–Pero yo prefiero estar aburrido a morir. Tal vez aún
podamos hacer algo... Aunque voy a extrañar los bares –se
sujetó el pequeño dije que llevaba, mirando al rubio
–. No hay mujeres, no podemos repoblar la tierra – bromeó,
pensando que sin él ya se habría desmoronado.
–Pues de todos modos mi pene se pone triste cuando ve una
mujer desnuda, por mí quedaría sin repoblar también
con mujeres, a no ser que alguien sepa de fecundación in
vitro –se rio, pensando que era idiotas por reírse
en una situación así. ¿Pero qué iban
a hacer? ¿No era acaso aun más idiota echarse a llorar?
–A mí no me mires, yo soy médico, no científico
–se rio el pelirrojo, imaginando aquello, y prefiriendo distraerse
un poco. No le quedaba de otra –. Y ni siquiera soy activo,
así que...
–Pero unos amigos me dijeron que lo habían tratado
con una lesbiana. Se corrió en un vaso, y luego su compañera
se lo metió dentro… tal vez no es verdad –se
rio, pensando que seguro que no lo era.
Se escuchó un portazo y el rubio por poco se queda de piedra.
–¿Y los demás? –preguntó Dean,
que venía con el rubio a su lado, ambos ensangrentados como
si acabasen de llegar de una matanza.
–¡Dean! –exclamó el pelirrojo al verlo,
tanto por el alivio como por el susto que se había llevado.
Miró al rubio con un gesto de curiosidad, desviando la mirada
luego –. Bjorn y Ward desaparecieron anoche. Caleb y Siegfried
se fueron hace poco. Pensaban que no regresarías –se
puso de pie de pronto, como recobrando los sentidos –. ¿Estás
herido? ¿Necesitas algo?
–Estamos bien, aunque no nos vendría mal un poco de
agua –suspiró con fuerza, pensando que aquello era
un desastre. Cogió la botella que le ofrecía el rubio,
abriéndola y bebiendo un trago, ofreciéndosela después
al chico que venía con él. Era mucho pedir que esos
dos obedecieran sin estar él delante –. Este es Loeb,
estaba atrapado.
–Dylan –le dijo el reportero, extendiendo la mano y
sintiéndose un poco extraño por presentarse en un
momento así.
–Mucho gusto... –sonrió un poco el chico, igualmente
desconcentrado, pero apretando su mano. Bebió un poco del
agua que le ofrecían, esforzándose por no bebérsela
toda.
–Y yo soy Vin. Si nos apresuramos tal vez podamos alcanzarlos
–sugirió, aunque tal y como se veían, lo dudaba
mucho. Además, él no era el mejor en eso de correr.
–No, será mejor tomárselo con calma y no separarnos,
no vamos a arriesgarnos de nuevo –les pidió Dean –.
Iremos por la vía, todos por el lado derecho, sin separarnos.
–Está bien… –Dylan comenzó a seguirlo,
pensando que todo se veía mejor cuando lo sugería
él, tal vez porque parecía seguro de lo que estaba
mandando. Si le hubiera explicado con una buena teoría que
tirarse por un acantilado era una buena idea, tal vez se hubiera
lanzado.
–Vin… –el sargento se aproximó a él
mientras caminaba –. Comienzo a dudar mucho que hayamos estado
alucinando, si son alucinaciones, son lo más vívido
que haya sentido en mi vida. Tiene que ser otra cosa. Y algo más,
habían desaparecido muchos de los cuerpos de los soldados,
ya no estaba plagado de tipos violentos, y vimos cosas… imposibles
de explicar.
–Yo tampoco lo creo. No estamos alucinando. No sé
qué está sucediendo –el médico lo miró,
sin detener el paso –. ¿A qué te refieres? ¿Qué
otras cosas visteis? ¿Y dónde estabas todo este tiempo?
La sala del generador estaba bajo llave –le preguntó
de pronto, percatándose de que no se lo había explicado.
–La puerta se cerró, y algo me atacó. Suena
demasiado estúpido decir lo que vi, pero el caso es que tuve
que salir por la parte superior, por el techo. Me colé por
los conductos de ventilación y fui a parar donde estaba ese
chico. Al salir, te juro que le metimos un tiro en la cabeza a un
soldado y… aún así se levantó de nuevo.
Había cadáveres amontonados en montañas en
las escaleras y… no lo sé, es como si este lugar estuviera
maldito. Tal vez sería más seguro ir por arriba, porque
creo que esos tíos… ya están muertos. Pero ahora
no podemos salir, no sin encontrar a los demás –lo
miró de soslayo, tocándose la nuca con fuerza –.
He pensado en utilizar los megáfonos en cada fortín,
para buscar al resto de supervivientes y reunir a los chicos, pero
no sé si funcionará, y habría que subir al
primer piso, no se puede usar el ascensor, así que…
–Yo puedo hacerlo –interrumpió Loeb, aunque
se mantenía a una distancia prudente –. No me importa
hacerlo, pero me pregunto si no atraeremos la atención de
todos de esa manera.
El pelirrojo se quedó pensativo, preguntándose si
no tenía miedo, pero había visto esa reacción
antes. Probablemente aún no lo comprendía del todo.
–Ya no estamos tratando con soldados infectados. ¿No
es así? No creo que los espíritus... ¿Son espíritus?
–miró a Dean, por saber si él había visto
algo que se lo aclarase mejor.
–No lo sé, no creo en esas cosas, pero… –se
encogió de hombros Dean –. No tengo otra explicación
ahora mismo, y tú no irás a ningún lado. Nadie
va a hacer el héroe, nos mantendremos juntos, y sin riesgos
innecesarios.
–¿Entonces iremos todos a los altavoces? –la
verdad es que Dylan estaba pensando, y todos moriremos.
–Dean tiene razón, Todo esto sucedió porque
nos dejamos llevar por el pánico –asintió el
médico, suspirando, mucho más tranquilo ahora que
se estaban moviendo de nuevo.
–No irá nadie, mis hombres no son tan estúpidos
como para subir, irán por abajo hasta la siguiente estación,
y espero que allí esperen por nosotros. Eso espero…
–repitió casi para sí.

Continua leyendo!
|