Capítulo
19
I will always protect you
Aquella habitación estaba a oscuras, en silencio de no ser
por el sonido de una gotera. Nuevamente aquel repetitivo tintinear
del agua cayendo sobre algo metálico. Bjorn abrió
los ojos, percatándose de que aún sujetaba a su hermano
contra sí. Le dolía todo el cuerpo, como si le hubiesen
dado una paliza, y tenía múltiples cortes en los brazos.
–Ward... Ward... –lo sacudió ligeramente para
que despertase, podía sentirlo respirar, estaba vivo.
–¡Bjorn! –gritó, despertándose
de golpe como si hubiera sentido una descarga eléctrica.
Respiró agitado, observándolo y luego a su alrededor,
no se veía nada –¿Dónde estamos? ¿Qué
ha pasado?
–No lo sé. No recuerdo nada desde que fuimos arrastrados
–le contestó su hermano, revisándose a sí
mismo, pero no tenía una linterna ni nada parecido. Sólo
el arma –. Debemos encontrar a los demás.
–Toma… –le dijo Ward, notando lo que hacía,
pensando que aún tenía aquella linterna en la cintura
del pantalón. Se sentó en el suelo, casi mareado.
Bjorn la encendió, alumbrando el lugar, era extraño,
distinto de las demás habitaciones. Las paredes se veían
viejas, corroídas. E incluso las cajas que allí estaban
almacenadas, estaban destrozadas y aplastadas. Se puso de pie, emitiendo
un gruñido y dándole la mano a Ward para ayudarlo.
–Vamos.
–Vamos –le dijo Ward, percibiendo entonces el olor
a moho y humedad. No soltó la mano de su hermano, caminaba
muy pegado a él, cansado y dolorido –. Ahora lo comprendo…
–¿Qué comprendes? –le preguntó
por si había visto algo que él no. Apretó su
mano con fuerza, decidido a no demostrarle lo asustado que estaba
en realidad.
–Por qué te gustaba tanto quedarte mucho rato en los
sitios tranquilos –susurró, apretando su mano con fuerza
–. Porque ahora daría cualquier cosa por seguir en
ese bunker, comiendo lo que sea.
–Saldremos de aquí. No te preocupes. Tal vez no debimos
seguir a los militares –contestó, soltándolo
sólo para rodearlo por los hombros –. Eh, buscaremos
más salchichas, ¿quieres?
–Me dan igual las salchichas ya –suspiró, sujetándole
la cintura –. Oye… lo siento, ¿vale? –
dijo incómodo por pronunciar aquellas palabras –He
estado siendo un imbécil y un niño memo todo este
tiempo.
–No seas tonto –le alborotó el cabello, enrojeciendo
porque se pusiera así. Le haría decir cosas cursis
–. Yo... Es mi culpa si te he sobre protegido. No quería
que cambiases por culpa de la guerra. Me agrada discutir contigo.
Se siente... normal.
–Puedo llamarte coñazo igual si quieres… coñazo
–no dijo nada de ello, pero pensó que llevaban demasiado
tiempo caminando por aquel cuarto sin llegar a la puerta, tanto
que se sentía antinatural –. Parece que la puerta está
más cerca de lo que está…
–Sí lo parece. Coñazo –le sonrió
para tranquilizarlo, sujetando su mano y echando a correr de pronto.
La puerta parecía alejarse cada vez más, era una locura.
–Para… No puede ser, no estamos llegando a ningún
lado –Ward miró a su alrededor, angustiado –.
Odio este sitio, quiero salir de nuevo, incluso con esos tíos
locos… estábamos mejor.
–Por lo menos estamos juntos –apoyó una mano
en su hombro, mirándolo –. Caminemos hacia esa pared.
Tal vez si no vamos hacia la puerta nos sea más fácil
acercarnos de otra manera –. No pensaba rendirse, mucho menos
iba a permitir que Ward se rindiese.
–Pero no es lógico… ¿Es que no piensas
decir nada acerca de lo ilógico que es eso? –le preguntó,
tratando de no alzar la voz, por más desesperante que todo
le pareciese.
–Ya sé que no es lógico. ¿Qué
quieres que haga? Intento protegerte –frunció el ceño
de pronto porque no lo comprendiese. Fuese ilógico o no,
tenían que salir de allí –. Mira, Ward, no pienso
sentarme a lamentarme aquí. Hemos llegado lejos y no ha sido
sólo para rendirnos ahora.
–Joder… –murmuró el chico contrariado,
haciéndole caso y pensando que al menos a la pared si parecían
estar llegando. Extendió la mano al llegar a la misma, alcanzándola
y de pronto sintiendo algo caliente y líquido bajar por encima
de esta. La apartó de golpe, aunque no se veía nada.
–¡Ward! –Bjorn le sujetó la mano, limpiándola
en su camiseta. Él sí podía ver la sangre espesa
y oscura que lo había cubierto. Lo apretó contra sí,
como cubriéndolo –. No toques nada. Odio este lugar.
–Yo también, pero no pasa nada, no hay nada –miró
su mano, estaba limpia, pero sí veía la mancha en
la camiseta de su hermano –. ¿Qué es? ¿Qué
coño pasa? –se escucharon unos pasos en el silencio
de sus respiraciones pesadas, el pomo de la puerta se giró,
entreabriéndose tan sólo un poco. Una tercera y pesada
respiración, más fuerte que las suyas, jadeante –.
Hay alguien ahí… – susurró asustado –.
Coge la pistola, cógela.
Bjorn empujó a su hermano para que se pusiera detrás
de él, sujetando el arma con ambas manos temblorosas. Apuntó
a la puerta, observando cómo se abría poco a poco.
La silueta de un soldado se proyectó sobre ellos como si
en el exterior hubiese una luz increíblemente fuerte.
–¿Quién es? ¿D... Dean? – preguntó
por la forma de la figura, pero sólo se escuchaba aquella
respiración pesada.
–No… no es, no es… –le dijo Ward, que no
estaba seguro, pero le daba igual, tenía miedo, no quería
que se acercase, si fuera Dean habría hablado ya, no estaría
solo, se le pasaban mil cosas por la cabeza.
La luz de la linterna se alzó poco a poco en su mano, hasta
llegar a alumbrar el rostro del soldado, estaba quemado, despellejado
por algunas zonas.
–¡Dios! –el chico se echó hacia atrás
de golpe, la linterna cayendo de sus manos.
–¡Ah! –Bjorn disparó varias veces, gritando
de nuevo, tanto por el terror, como porque se había cortado
un poco en la mano con el impacto. El soldado también profirió
un grito, desvaneciéndose. Ahora los gritos estaban por todos
lados, horrendos, llenando su cabeza. Bjorn sujetó la mano
de Ward, lanzándose a correr hacia afuera, sin pensar en
la oscuridad ni en nada. Sólo quería salir de allí.
Ward corría con él, no veía nada, pero es
que ni siquiera estaba seguro de si llevaba o no los ojos abiertos.
No quería ver eso, no quería ver nada de eso, hasta
ahora siempre había pensado que su hermano lo protegía
de todo, que era como una especie de súper hombre que lo
tenía todo controlado, y que no tenía miedo realmente,
sólo demasiadas precauciones y normas. Pero ahora se daba
cuenta de que tenía tanto miedo como él.
Le apretó la mano con fuerza, abriendo los ojos y palpando
hacia delante con la otra mano, sin detenerse. Tocó algo,
sorprendiéndose un poco, aliviado de que estuviera frío
y no fuera una persona.
–¡Ah! ¡Bjorn! –sintió el mordisco
en sus dedos, trató de sacarlos de la boca que parecía
querer sacárselos, arañándose la piel de los
mismos. Jadeando y trastabillando un poco junto a su hermano.
–¡Ward! ¡Que no toques nada! –Bjorn le
gritó más por miedo que porque estuviese molesto en
realidad. Disparó de nuevo hacia delante, sabía que
no tendría buena puntería, pero no podía hacer
mucho más –¡Dean! ¡ Dylan! ¡Alguien!
¡¿Hay alguien allí?! Por favor... Por favor...
–jadeó, sujetando a Ward contra su cuerpo, protegiéndolo
como siempre. Nervioso por no poder ver sus heridas –. Estás
bien, vamos a estar bien. No te separes de mí.
–No… –sollozó, más por el terror
que por el dolor, caminando pegado a él, asustado. Le hubiera
gustado ser valiente, o tener una buena idea, pero lo único
que podía hacer era temblar y amarrarse a su hermano.
–Está bien, ya se detendrá. Siempre se detiene,
¿no? Sólo tenemos que seguir huyendo, como antes –se
esforzó por mantener la voz firme, aunque le había
dolido hasta el alma escuchar a Ward sollozando. Él mismo
sentía deseos de llorar.
–¿Huyendo a dónde? No veo nada, nos vamos a
matar si sólo corremos hacia cualquier lugar. Necesitamos…
encontrar un sitio seguro, escondernos, como antes. Escondernos
hasta que pase todo –dijo casi como un ruego.
–Sí, eso haremos. Pero no aquí. Aún
los escucho –murmuró, deseando que dejasen de gemir.
Era como si estuvieran dentro de su cabeza. No lo soportaba.
–¿Dónde? Es que no veo… no veo a donde
podemos ir, no veo apenas nada –estaba nervioso, sujetándose
la mano con fuerza, le dolía el dedo, no quería ver
lo que se había hecho, tampoco quería tratar de extender
el brazo de nuevo para buscar una puerta.
–No lo sé. No... No te preocupes, tú sólo
sujétate a mí –le contestó, esforzándose
aun más por no escuchar aquellos llantos y gritos. Se mantendría
fuerte por Ward –. Mira, allí hay una luz, tal vez
sean los demás –le señaló una puerta
abierta desde la que se dejaba ver un leve resplandor, acercándose
con cautela sin embargo.
–No… seguro que no, no son. No quiero ir –le
pidió, seguro de que algo horrible habría en aquel
cuarto. Le tiró del brazo para que lo mirase, negando con
la cabeza, estaba sudando, pero era un sudor frío, de pánico.
Bjorn se detuvo, girándose hacia él.
–Ward, cálmate. No podemos correr a lo loco por la
oscuridad. Tú lo dijiste, tenemos que escondernos en algún
lugar –miró hacia aquella luz, que ahora estaba parpadeando.
Tenía razón, no creía que fuesen ellos. Sujetó
su mano de nuevo, caminando en dirección contraria a aquella
luz y deseando no haber dejado la linterna atrás –.
Intentemos encontrar aquel refugio...
–¿Qué refugio? ¿El antigás? No
quiero, no quiero volver ahí… –lo detuvo un momento,
recordando lo sucedido allí dentro –. Quiero salir,
quiero ir a la calle, puede que haya… lo que sea, pero hay
luz, quiero salir –le dijo, insistiendo angustiado.
–Pero no podemos subir. Hay... zombies o lo que sea. ¿No
los recuerdas? –le contestó, preguntándose si
no estaban peor allí abajo. Ni siquiera podían ver
y por lo menos a los zombies sí les podía disparar
efectivamente.
–Y aquí hay zombies, oscuridad y… fantasmas
o lo que sea y… me han mordido. ¿Y si me transformo
en uno? ¿Y si te mato? Deberías… deberías
alejarte –ya no sabía ni qué pensar, aquello
era como una pesadilla interminable, sólo quería un
respiro para no perder la cabeza.
–¡No seas idiota! No te voy a dejar, y no te transformarás
en un zombie. Esos... ya estaban muertos y además lo que
te mordió no fue un zombie. Fue... algo –lo atrajo
contra sí nuevamente por si quería salir corriendo
como siempre que le gritaba. Lo ponía nervioso –. Está
bien, iremos hacia arriba. O seremos los hermanitos zombie... –
bromeó por ver si lo relajaba un poco.
–Calla, imbécil… –protestó, riéndose
un poco, aunque de forma apenas perceptible –Dicho así
suena gay –se dejó llevar, pensando tan sólo
en ir arriba, en salir de una vez. Quería ver la luz del
sol.
–Ward... Soy gay –le confesó de pronto, pensando
que no había un mejor momento. ¿Qué más
daba a estas alturas?
–Lo sé… –le dijo, deseando que no le hubiera
dicho eso en ese momento tan horrible –. Te quiero.
–Tonto –el chico lo atrajo hacia sí, besándole
la frente –. Menos mal, porque... te necesito. Y eso es todo
lo que diré.
Ward se quedó con la frente contra sus labios y la cabeza
algo baja, sintiendo que no había comprendido nada.
–Te quiero de… me gustas –le dijo enrojeciendo.
Besándole los labios fugazmente, aunque sin separarse.
–¿Eh? –Bjorn enrojeció violentamente,
aunque no solía hacerlo de aquella manera, o por lo menos
siempre tenía tiempo de disimular –. No es el momento
para meterse conmigo... –murmuró, aunque sin permitir
que se alejase.
–No estoy de coña… ¡imbécil! –frunció
el ceño, suspirando y apartándose un poco, apoyando
la espalda contra su pecho. En otro momento se habría puesto
a caminar delante de él para jorobarlo, pero ahora no se
separaría por nada del mundo.
–No. No... Ward... –Bjorn lo apretó contra él,
deteniendo el paso por un momento. Estaba nervioso, y sabía
que era un mal lugar para esas cosas –. Lo siento, no quise
lastimarte. Es sólo que... ¿No te estás confundiendo?
Soy el único al que te has acercado... –le sugirió,
sintiendo una opresión en el pecho. Por nada del mundo quería
que se enfadase con él ahora.
–Me es igual, no soporto cuando estás hablando con
otros y todo eso. Además… deja… –le dijo
rojo, protestando y haciéndolo aflojar aquel “abrazo
del oso” –. Vámonos de aquí.
–Sí, será lo mejor, pero no te vayas a soltar
de mí ni a salir corriendo, Ward –le advirtió
aún sujetándolo por el brazo. Estaba confundido, su
hermano era lo más importante del mundo para él, eso
lo sabía. Sin embargo seguía estúpidamente
aferrado a aquellos conceptos de su sociedad, no quería hacerle
daño.
–No voy a hacer eso… Tengo miedo, y no soy imbécil
–murmuró, seguía avergonzado, y además
se sentía rechazado. De todos modos siempre había
sabido que su hermano era demasiado “recto” para que
le pareciese bien aquello. La puerta de donde provenía aquella
luz se cerró de golpe, haciéndole pegar un ligero
brinco, retrocediendo un paso y chocando contra su hermano de nuevo.
Las luces de emergencia tintinearon, dejándoles ver al menos
en la penumbra, aquel lugar.
Bjorn lo abrazó contra su cuerpo de nuevo por si acaso,
pero no sucedía nada por el momento. Tal vez eso era una
buena señal.
–Ward. Yo te protegeré siempre. Pase lo que pase –murmuró,
aún algo rojo, pero deseando hacerle saber lo importante
que era para él, a la vez que intentaba tranquilizarlo.
–Lo sé… –dijo como con pesadez. Mirando
adelante –. Cuando estábamos con los demás,
no me hacías mucho caso.
–Creí que eso querías, que estabas harto de
mí. Siempre me gritas que no te dejo hablar con nadie más
–sonrió ligeramente, soltándolo para sujetar
su mano. Quería revisar aquella herida. Se arrancó
un trozo de la camiseta, vendándola. Se veía terrible,
si encontraban a ese médico... –. Además, quería
saber cómo eran los militares en realidad.
–Como Dean, seguro que querías saber cómo era
él en especial… –murmuró contrariado –.
¿Por qué han dejado de asustarnos?
–No lo sé, hay momentos de calma. Prefiero que sigan
así –frunció el ceño, observándolo
–. Dean es un buen hombre, es amable, y nunca había
conocido un militar así. ¿Eso te molesta?
–No seas cursi –le dijo molesto, en realidad celoso
–. Déjame a mí eso –le quitó la
pistola, comprobando las balas que quedaban, que no eran muchas,
gracias a lo rápido que era su hermano para pegar tiros cuando
se espantaba. Eso le hizo esbozar una ligera sonrisa.
–No quiero que toques eso –protestó Bjorn, quitándosela
de nuevo. No comprendía nada –. Te dije que yo te protegería.
¿Por qué insistes?
–Porque voy a abrir esa puerta, y no quiero estar desarmado,
y no necesito que me protejas, ¿sabes? Yo también
puedo protegerte a ti –frunció el ceño, extendiendo
la mano para que se la devolviese –. Trae, tú no sabes,
ni siquiera te gustan las armas.
–Y mucho menos me gusta que tú las utilices –
refunfuñó, mirándose la pequeña cortada
que tenía gracias a no saber manejarla bien –. Necio
–lo miró, devolviéndosela. Suponía que
debía dejar de tratarlo como a un niño pequeño.
–Pero al menos a mí me estuvo enseñando Siegfried
–le dijo suspirando –. Odié a Caleb… –murmuró,
sólo por distraerse del miedo que tenía a abrir la
puerta. Apartó un poco a su hermano de delante antes de abrirla.
Deseando que no hubiese nadie.
Y no había nadie. Nadie que ellos conociesen, por lo menos.
Lo que sí había era un montón de soldados conversando
y haciendo bromas como si aquello fuese muy normal. Hasta la sala
se veía en perfectas condiciones, bien iluminada incluso.
–Eh... Eh... Disculpad... –murmuró Bjorn, pero
no parecían siquiera notar la presencia de ambos chicos.
Ward los miró con desconfianza, seguro de que era otra mala
pasada de aquel lugar maldito. Observó cómo uno de
ellos sujetaba una jarra, y la misma se transparentaba entre sus
dedos.
–Vámonos… –le pidió a su hermano,
reculando y cerrando la puerta de un golpe. En el mismo momento
que esta sonó, las luces de emergencia se apagaron otra vez,
sumiéndolos de nuevo en la oscuridad más absoluta.
Bjorn apretó a su hermano contra sí, escuchando los
pasos apresurados resonar en el pasillo.
–No te asustes –murmuró contra toda esperanza,
echando a correr de nuevo en dirección contraria. No iba
a permitir que nada les hiciera más daño.
–No puedo, ya estoy asustado –le aseguró Ward,
corriendo con él, apretando su mano y sin atreverse a extender
la otra para buscar alguna puerta, algún lugar en donde refugiarse.
Se escuchó entonces una voz oscura, hablando en un idioma
que desconocía, riéndose.
–¡Dios! ¡Estoy harto de esto! ¡Dejadnos
en paz! ¡No tenemos nada que ver! –Bjorn le gritó
a la oscuridad, aquella voz riéndose aun con más fuerza,
como si quisiera burlarse de ellos. El suelo tembló, los
sonidos de bombas estremeciéndolo todo y lanzando a los chicos
hacia abajo.
Ward gateó por el suelo, tratando de aproximarse a una pared.
No soportaba aquello, tenía mucho miedo, jamás había
imaginado el miedo tan terrible que se podía pasar a oscuras,
en un lugar desconocido y perseguido por a saber qué.
–¡Ah! ¡No de nuevo, soltadme! –gritó,
sintiendo como unos dedos se enredaban en su cabello, tirando de
él con fuerza, arrastrándolo por el suelo.
La voz se aproximó rápidamente, una figura oscura,
con un uniforme oriental de la guerra de hace años, se aproximó
a él, alzando un sable y bajándolo contra su pierna,
hundiendo la hoja hasta llegar al hueso.
El alarido de Ward inundó toda la estancia mientras aquellas
manos lo sujetaban, los brazos saliendo a través de la pared,
alzándolo del suelo hasta el techo.
–¡Ward! –su hermano corrió hacia él
desesperado. No podía llegar hasta el techo. ¿Por
qué demonios le había dado el arma a él? –
¡Deteneos! –se lanzó contra la figura del oriental,
seguro de que era él quien controlaba aquello, pero esta
se desvaneció en el aire mientras algo lo sujetaba por el
tobillo haciéndolo caer. Ward estaba gritando.
La sangre caía a borbotones desde su estómago, horadado
por aquellas manos que salían de todas partes, las luces
de emergencia se encendieron, como si deseasen mostrarle al mayor
los espasmos agónicos de su hermano en el techo. Ward quería
llamarlo, pero la sangre le inundaba la boca.
–¡Ward! ¡No! –gritó su hermano,
con las lágrimas bajando abundantes por su mejillas, la sangre
del menor cayendo sobre su rostro y su cuerpo, como una especie
de tortura infernal. Se sentía morir junto con él
–Ward... Te quiero... ¡Te quiero! No, por favor. No
quiero esto...
Las luces se encendieron por completo de nuevo, y aquellas manos
desaparecieron, dejando caer el cuerpo al suelo desde la altura,
justo delante de Bjorn. Un ruido mojado hizo patente su impacto
contra el suelo. Cesando todo como si hubiera obedecido a su comando.
La pistola seguía aferrada a la mano de aquel cadáver
boca abajo, desmantelado como un muñeco roto.
Bjorn se movió, libre por fin de aquellas manos que lo sujetaban
al suelo. Seguía llorando descontroladamente, no podía
detenerse ni le importaba hacerlo.
–Ward... Ward... No me dejes solo, Ward... –lo llamó,
aunque sabía que era imposible. Estaba muerto. Lo giró
para observar su rostro, semi destrozado por el impacto, sus ojos
llenos de terror –. Te quiero. Sólo a ti –murmuró
mientras acariciaba su mejilla, manchándose de su sangre.
No había sido capaz de salvarlo, ni de protegerlo. Aquello
era su culpa –. Lo siento –susurró, inclinándose
sobre él y besando sus labios, introduciendo su lengua entre
ellos, deseando que pudiese responderle, mientras deslizaba una
mano por su brazo, sujetando la mano del chico, el arma entre sus
dedos. Miró a aquellos ojos, besándolo con suavidad
de nuevo. Sin él nada valía la pena, todo lo había
hecho por él –. Espérame, por favor. Ya voy
contigo... Volveremos a estar juntos. Lo prometo. Lo prometo –le
aseguró, intentando sonreír un poco, mientras dirigía
su mano contra su sien. Apretó el gatillo, cayendo a su lado
con un golpe seco, las luces apagándose nuevamente.

Continua leyendo!
|