Capítulo
20
Oasis
–Ah... estoy cansado de caminar –se quejó Vin,
poniéndose serio luego y recordando que debía ayudarlos
a mantener la moral alta, no a desmoralizarse más –.
Dean, ¿crees que el próximo tren aún nos esté
esperando?
–Eso espero –le dijo el chico, mirándolo de
soslayo y cogiendo el botellín de agua que llevaba en la
mano, pasándoselo para que bebiese un poco –. ¿Estás
bien? –le preguntó.
Vin bebió un poco, devolviéndoselo.
–Sólo un poco agotado, pero no se lo digas a esos
dos –señaló hacia atrás a los rubios
que iban caminando en silencio desde hacía un rato –.
No son tan fuertes como tú.
–No me hagas sentirme como si fuera su padre, eso te deja
en mal lugar –sonrió levemente, tratando de animarlo
para que no pensase tanto en lo cansado que estaba –. No pienso
llevarlos en brazos.
El pelirrojo se rio, tocándole un brazo.
–No me molesta ese lugar, aunque no esperaba que encontrases
a otro gatito perdido. Es un poco tímido, ¿no?
–¿Tú crees? A mí me pareció muy
valiente… es incluso un poco imprudente, la verdad –miró
hacia atrás de soslayo, tenían cara de almas en pena
de tanto caminar. Podía comprenderlo, incluso él comenzaba
a hartarse y sentía que hacía demasiado calor, como
si no estuviera funcionando bien el aire –. Necesitamos descansar
un poco.
–Si nos detenemos ahora, les será más fácil
atacarnos –comentó Loeb, alzando la mirada por primera
vez desde hacía horas. Se sentía un poco fuera de
lugar.
–Y si no nos detenemos ahora, se nos caerán las piernas,
y Dylan necesita las mías para sus fotos. ¿No es así?
–bromeó Vin, observándolos.
–¿Qué? Sí –le dijo el rubio, encogiéndose
de hombros y sonriéndole. No sabía lo que había
dicho, pero de todos modos probablemente tenía razón.
Se sentía, de todos modos, un poco desplazado desde que Dean
reapareciese, no es que se celase exactamente de Vin y su atención
hacia él, en realidad se celaba simplemente por la falta
de atención.
–Ni siquiera sabes qué te ha preguntado, ¿cierto?
–Dean lo miró de soslayo, el rubio negando con la cabeza
y riéndose.
–Que estoy mayado y necesito sentar mi hermoso culo o algo
así… no sé.
–Oh, veo que ya se ha olvidado de mí como modelo –se
quejó Vin, llevándose una mano a la frente en actitud
melodramática, pero acercándose al rubio para observar
sus ojos por si acaso –. No te sientes mareado, ¿verdad?
Loeb los miró sin comprender de qué demonios estaban
hablando. No parecían tomarse aquello lo suficientemente
en serio. Permaneció en silencio, deteniéndose.
–Seguid caminando… –les pidió Dean en
general, aunque el único en detenerse había sido Loeb.
No quería ponerse en plan cadena de mandos con él,
ya que ni siquiera era del mismo fortín.
–Estoy bien –le dijo Dylan –. Sólo harto
de caminar…
–Creí que íbamos a descansar –protestó
el rubio, moviéndose de nuevo. No los comprendía.
–Pero no en el medio de la nada –Vin le sonrió,
preguntándose si siempre era tan serio y callado. Miró
a Dylan de nuevo –. Ya llegaremos a algún lado, pero
dime si te sientes mal.
–Que sí…, pero me siento bien, aunque no tan
bien como si estuvieras posando desnudo para mí –se
rio, sujetándolo por la cintura con el brazo y subiéndose
un poco las gafas.
–No nos detendremos en las vías, no hemos tenido buenas
experiencias… –dijo Dean, pensando que en realidad no
las habían tenido en ningún lugar allí dentro
–. Pero debemos recorrer aún unos cuantos fortines
más, sé que estaban construyendo una línea
de comunicación marítima con la isla de Madia. Creo
que estaba ya casi acabada. Allí no habrán bombardeado,
y sería un sitio seguro al que ir.
–¿Crees que aún habrá sobrevivientes
allí? –le preguntó el pelirrojo, apoyándose
un poco en Dylan como reflejo y luego recordando que estaba cansado,
enderezándose.
El rubio lo sujetó de nuevo, atrayéndolo, le hacía
más falta el cariño y el apoyo que ninguna clase de
descanso.
–Según tengo entendido, esa isla estaba desierta desde
hace años, ¿no? Se bombardeó durante la guerra
anterior y… supuestamente, ahora se utilizaba como base de
desarrollo de nuevas energías.
–Sí… No creo que haya nadie, como no sean algunos
técnicos. No lo sé, pero al menos habrá electricidad
y espero que… vida animal, no lo sé. Pero es el único
lugar de occidente que me da la esperanza de no haber sido bombardeado
–Dean los miró de soslayo mientras hablaba, continuando
el camino hacia la siguiente base, meneando un poco la cabeza. No
fumaba mucho, pero en ese momento le hubiera gustado tener un cigarro
a mano.
–Yo creo que si el ataque fue tan masivo, no habrán
dejado lugar sin bombardear. Después de todo, son los orientales...
–comentó Loeb, que no tenía muchas esperanzas.
–No lo sé, no son tan diferentes de nosotros. En realidad,
tal vez son mucho menos destructivos –Vin lo miró,
preguntándose si iba a ser el nuevo rayo de sol del grupo.
En realidad le molestaba un poco, tal vez porque no lo conocía
lo suficiente –. Me pregunto si el señor escoria habrá
llegado lejos –meditó de pronto, llamándolo
por el nombre con el que se le había presentado.
–No lo llames así… –le dijo Dylan, que
sin embargo, se moría de risa –. Yo creo que sólo
han bombardeado las ciudades ocupadas, porque para empezar…
–Para empezar y terminar, no tienen dinero para mucho armamento
–le cortó Dean.
–Sí… eso –Dylan miró a Vin, alzando
una ceja y riéndose –. Me han reñido –le
susurró al oído.
–Es papá Dean –se rio el chico, aunque observando
las nalgas del soldado que iba adelante –. Le llamo así,
porque ese me dijo que era su nombre. No puedo seguir llamándolo
“el oriental”.
–¿Teníais un prisionero? –Loeb los miró
interesado.
–Más bien un recogido... La guerra acabó, así
que... –le sonrió Vin, pensando que no parecía
comprenderlo. Bueno, había sido difícil para él
también.
–Pero huyó –le aclaró Dylan –.
Era insoportable de todos modos –sonrió levemente,
en realidad aliviado al ver un andén en medio de la vía
–. Podemos descansar ahí, ¿no, sargento? –le
preguntó, consciente del motivo de su molestia.
–Sí… –murmuró, saltando arriba
del mismo tras dejar las bolsas encima, haciendo fuerza con las
manos para trepar y extendiendo una para ayudar –. Vin.
–Gracias, sargento –sonrió el chico, guiñándole
un ojo a Dylan y apresurándose para que no pudiera retirar
la mano.
Loeb suspiró, aún pensando que estaban demasiado
relajados, y trepando al andén como podía.
Dylan hizo lo mismo, suspirando y sentándose al llegar arriba.
–Dios, estaba deseando sentarme de una vez… –
se tiró hacia atrás, tenía los pies hechos
papilla –. Yo hago la primera, no me importa.
–A mí tampoco –aseguró Loeb, sentándose
ahora que estaban arriba.
–Hum... qué conveniente para nosotros. ¿No,
Dean? –el médico también se sentó, sonriendo
un poco, aunque inclinándose hacia delante –¿Seguro
que estarás bien haciendo guardia, Dylan? –aún
se preocupaba por aquel golpe en su cabeza.
–Seguro, además ya ves, tengo un soldado fuerte que
me protege. Si empiezo a ver doble, te despierto –se rio,
tocándole la cabeza con la mano –. Duerme.
–Bueno, pero despertadme si pasa cualquier cosa, no os pongáis
a tomar iniciativas extrañas –les pidió Dean,
aunque usaba el mismo tono autoritario de siempre. Se cruzó
de brazos, apoyándose en la pared para dormirse.
Vin gateó hasta quedar a su lado, y antes de que se diera
cuenta, se había apoyado en su hombro para dormir también.
Después de todo, ¿qué iba a hacer? ¿Lanzarlo
de un golpe?
En vez de eso el moreno alzó un poco el brazo, dejándolo
apoyarse en su pecho y haciéndose el loco, pero sentía
que si no hacía algo, iba a terminar lamentándose.
Loeb los miró de soslayo, dejando el rifle en el suelo frente
a él. Sólo le quedaban algunos disparos, era mejor
no correr riesgos. Abrió una botella de agua, bebiendo un
poco y ofreciéndosela al otro rubio luego.
–Esos dos... ¿Son novios o algo así?
–No lo sé –le dio un trago a la botella, cerrándola
y sonriendo levemente –. Creo que… como no tenemos televisión,
pensamos que eso es interesante –le dijo, observando sus ojos
y pensando que era guapo. También le hubiera gustado que
posase para él, claro, eso ya no tenía ningún
sentido ahora –. ¿Ese pelo tan claro es natural?
–Sí. Soy un poco mixto... –le contestó,
quedándose con la duda, mientras pensaba que en realidad
no se podía ser un poco mixto. O se era o no.
–¿Mixto? –se rio, preguntándose a qué
se refería con eso –Estás muy serio. ¿Tienes
miedo?
–No –contestó sentenciosamente primero, sonriendo
un poco para sí –. Sí, un poco, pero no veo
para qué.
–Yo creo que no vamos a morir, así no tengo miedo.
Una vez alguien me dijo que si crees en algo con la suficiente fuerza…
acaba pasando –lo miró, recogiéndose el cabello
con las manos, y ajustándose la goma que lo ataba. Le apoyó
la mano en el hombro, apretándoselo un poco –. ¿Eres
soldado profesional, o te reclutaron?
–Reclutado, pero eso ya es pasado –lo miró,
algo sobresaltado porque le tocase el hombro, aunque relajándose
–. Yo no creo en esas cosas. Pienso que todo acabará
en cualquier momento. Por lo menos para mí.
–¿Por qué? ¿Es que eres diferente a
nosotros? –le dijo, pensando que era sumamente negativo.
–No, no lo sé. Es sólo algo que he pensado...
–lo miró. Él era un reportero, no había
tenido que pelear. Y los otros dos eran profesionales ambos. Tal
vez sí que era distinto para él –. ¿Cómo
puedes tener esperanzas?
–¿Cómo puedes ser tan negativo? Todos han muerto
y nosotros no, ¿verdad? Eso ya demuestra nuestra capacidad
de supervivencia, o nuestra suerte –sonrió, cogiendo
la botellita de su bolsillo. –. ¿Quieres un trago?
–Por favor –aceptó, asintiendo y bebiendo un
trago largo antes de devolvérsela. Lo estaba deseando desde
hacía horas –. Pero aun si logramos salir de aquí,
todo estará destruido. Yo sólo he sobrevivido por
suerte.
–Tal vez Dean tiene razón y allí no han bombardeado,
no lo sabemos. Debemos tener esperanzas y confiar en... nosotros
mismos –lo miró, pensando que le había pegado
un buen trago – ¿También eres gay?
Los ojos plateados del chico lo miraron sorprendidos por un momento.
–No te andas con rodeos, ¿eh? –sonrió
un poco desviando la mirada –. Supongo que sí.
–La homosexualidad no se supone… –se rio, apoyando
la espalda en la pared –Entonces la humanidad seguirá
extinguida, a pesar de que encontrásemos una mujer –le
dio en el muslo, riéndose.
Loeb volvió a mirarlo, apenas sonriendo.
–Por eso digo que no hay esperanzas... Aunque supongo que
alguno de nosotros podría hacer el esfuerzo, si ella estuviese
dispuesta, claro.
–Yo no, cuando veo a una mujer desnuda… se me mete
para dentro… –exageró, pero no le excitaban nada,
la verdad –Tal vez Caleb, pero hace un rato que lo hemos perdido
de vista. De todos modos me llega con salvarme yo, no me hace falta
pensar en los nietos de nadie, soy un egoísta poco concienciado.
–Aun así es un poco deprimente pensar que el mundo
muere contigo... –comentó, mirando hacia la oscuridad
de los rieles –. ¿Caleb es otro de vuestro batallón?
–Sí, un chico joven –le dijo, pensando en su
pésima habilidad para relacionarse con los demás.
–. Tendrás que sacrificarte tú, así nos
aseguramos que el mundo sigue con más belleza –se rio.
–Yo no soy... –protestó el chico, aunque riéndose
un poco después –. ¿Eres un conquistador o algo
así? Yo no creo poder funcionar bien con una mujer... –confesó
luego, de nuevo serio.
–Me gusta la belleza, y no tengo muchos reparos en demostrar
cuando alguien me parece atractivo, no veo el por qué –sonrió,
mirándolo a los ojos –. Tú eres muy guapo, no
hagas como si no lo supieras.
–¿Eso quiere decir que te parezco engreído?
–el rubio lo miró de vuelta, un poco inseguro –No
creo que sea importante. Ya no.
–Creo que no puede ser que no sepas que eres guapo –sonrió,
bebiendo un poco más –. Es importante para mí,
que no quiero pasar el resto de mi vida entre feos, o no voy a follar
nada.
–Así que todos sois gays –asintió, mirando
a los otros dos que ahora dormían profundamente y luego al
reportero de nuevo –. ¿Y si todos fuésemos feos?
¿Qué harías?
–Supongo que aplicar la teoría de la supervivencia…
ya sabes. Cuando todos son feos, escoges al menos feo y empiezas
a idealizarlo sin percatarte hasta que crees que es guapo…
y cuando un día la marea trae una hoja de revista con un
hombre guapo de verdad… ahhh… Te deprimes mazo –se
rio, tocándose el cabello con la mano –. Hace ya mucho
que la mayoría de los soldados son gays… o casi, no
hay muchas mujeres aquí abajo, ¿verdad? Es la misma
teoría de la supervivencia –se rio.
–¿Y cómo sabes entonces que no soy feo en realidad?
–le preguntó, entre curioso y divertido, sin dejar
de observarlo. No solía ser así, pero extrañamente,
se sentía cómodo hablando con él.
–Porque soy fotógrafo además de escritor, me
gustaba hacer sesiones de chicos desnudos –sonrió,
mostrándole algunas en la memoria de su cámara –.
Son artísticas, claro, no pornográficas. Aunque de
esas también he hecho –se rio.
–Ya veo –comentó, observando las fotos con atención.
Tenía talento, o por lo menos, a él se lo parecía.
Claro que no era un conocedor de ese tipo de cosas –. ¿Te
reclutaron? –le peguntó, ya que era obvio que originalmente
no había sido un fotógrafo de guerra.
–Sí, me dijeron que o venía como soldado, o
como reportero. Y ya sabes lo que escogí –le pasó
el licor de nuevo, aunque quedaba poco, pero era mejor beber con
un chico guapo, que solo.
Loeb se lo agradeció con la mirada, echándose otro
trago.
–Yo no tuve opción, no tengo muchas habilidades. Tampoco
las tengo para la guerra, pero eso no importaba.
–¿Qué hacías antes? –le preguntó,
pensando que era joven, o al menos lo parecía.
–Estudiaba para ser abogado, pero... –sonrió,
pensando que no había demasiada diferencia en su manera de
tomar decisiones –. Mi padre era abogado, así que sólo
seguía sus pasos. No era algo que me agradase especialmente.
En realidad, no me agradaba para nada.
–¿Y qué querías hacer realmente? –le
preguntó el rubio.
–No lo sé, no tuve tiempo de pensarlo. Algo que tuviese
que ver con el arte, pero no soy un artista – lo miró,
pensando que por lo general no le gustaba hablar de sí mismo
–. Ya no importa, de todos modos.
–Oh, entonces debiste posar para mí, es muy artístico
–se rio, pensando que era un buen chico, no tan serio como
parecía, sólo se sentía probablemente fuera
de lugar y triste por todo lo sucedido –. ¿Quieres
un abrazo terapéutico?
Loeb se rio, nervioso y pasándose una mano por el cabello.
–Vosotros sois muy extraños. Es como si no estuvieseis
en guerra.
–¿También Dean? Si parece que se ha tragado
un palo de lo recto que es –se rio, pasándole un brazo
por la espalda –. No seas vergonzoso, que no te voy a comer.
–No soy vergonzoso, pero no es tan fácil llegar a
mí –le sonrió de manera distinta ahora, apoyándose
hacia atrás en sus manos. Todo estaba en silencio, tal parecía
que los habían olvidado –. Dean sí que parece
un verdadero soldado, pero a veces...
–¿A veces? –le preguntó, preguntándose
si creía que trataba de ligar con él, sí que
era engreído después de todo.
–A veces se ve un poco perdido. ¿No lo crees? –
le preguntó, observando su rostro. ¿Se habría
ofendido? –No soy de este batallón. Tal vez estoy hablando
demasiado.
–No, lo que pasa es que han pasado bastantes cosas y…
creo que se siente muy responsable de lo que pueda ocurrirnos. Y
creo que de todos modos tampoco le gusta estar ordenando a gente
que ni siquiera son militares profesionales. A los dos civiles que
iban con nosotros, se los llevaron esos… fantasmas o lo que
sean.
–¿Iban dos civiles con vosotros? –lo miró
intrigado de nuevo –¿Por qué? ¿Los trajeron
desde arriba, no?
–Sí, al principio salimos, aquí sólo
había muertos y las calles estaban infestadas de personas
que parecían haber perdido el juicio, los rescatamos de unos
que los atacaban… y nos los llevamos con nosotros. Pero luego
empezaron a suceder cosas extrañas y se llevaron a ambos.
–Se los llevaron... –murmuró, poniéndose
completamente serio de nuevo, incluso frunciendo el ceño
luego de unos segundos –No sé qué pensar.
–Nadie sabe qué pensar, pero ahora imagina que eres
tú el que tiene que decidir por la seguridad de todos. Creo
que debe ser algo muy agobiante. Cuando el sargento se quedó
encerrado en el cuarto de los generadores y no regresaba. Vin y
yo estábamos aquí, sin saber qué hacer. Y yo
sentía que lo necesitaba como guía para continuar,
eso debe ser bastante estresante. Saber que los demás esperan
eso de ti.
–Sí, debe serlo, sin duda, pero supongo que todos
necesitamos un líder. Yo no podría ser alguien así
–lo miró nuevamente –. Ya me había acostumbrado
a esto.
–Yo tampoco, odio tomar decisiones importantes, mucho más
las decisiones de otros –le aseguró el rubio, suspirando
y sonriendo después un poco –. Si llegamos a esa isla
y todo eso. ¿Posarás para mí? –lo molestó.
Sin embargo el chico le contestó sin percatarse de su tono
de voz.
–¿Por qué no? ¿Pero estás seguro
de que quieres eso?
–Sí, claro, seguro –sonrió, bebiendo
un poco de agua ahora –. Hace mucho tiempo que no saco unas
buenas fotos, me gusta mucho el color de tu piel, sería normal
si tu cabello fuera negro, pero con el pelo rubio… es muy
sensual. ¿Sabías eso? –se rio.
–Sí, lo sé –contestó, sonriendo
un poco luego –. ¿Sabes por qué contesto eso?
Porque si te digo que no, me dirás que no es posible. ¿No
es así?
Dylan se rio abiertamente.
–Sí, es verdad. Y porque yo también soy rubio
y moreno de piel, y no es bonito que me digas que no soy sexy.
Loeb se rio por fin, hacía años que no lo hacía
de verdad, y se cubrió la boca para no despertar a los otros
dos.
–No te preocupes por eso.
–Oh, y te ríes –le sonrió, pasándole
la mano por la espalda.

Continua leyendo!
|