Capítulo
26
The living darkness
Jakob abrió los ojos, descruzando sus brazos. Se había
quedado dormido y en algún momento, el tren había
dejado de funcionar.
–Maldición... –protestó, sentándose
y dándole una sacudida a Asim con su mano, antes de ponerse
de pie. Miró hacia fuera, completamente asombrado, una sonrisa
extraña cruzando sus labios –. Eh, mira eso. Creo que
vienen a por nosotros –murmuró observando la extraña
luz verdosa que los envolvía, parpadeando.
El moreno entrecerró los ojos cegado por aquella luz tan
fuerte según se despertaba.
–¿Los aliens? –preguntó de broma, sin
moverse del asiento en donde estaba.
De pronto todo estaba completamente oscuro para ambos. Asim se
giró en redondo, llevándose la mano a la cintura y
cogiendo el machete que había tomado de la sala del anterior
fortín. No estaba en el tren, eso lo sabía. El suelo
era inseguro, como si estuviese pisando cosas esparcidas.
–¡Jakob! –lo llamó, alzando la voz por
si estaba lejos.
La voz del oriental parecía venir de muy lejos, y aquella
luz tan cegadora se apagó de pronto, sumiéndolo en
una profunda oscuridad.
–¡Asim! –lo llamó a su vez, tomando su
recientemente recargado rifle y apuntando a las sombras. Algo pasó
rozando su espalda y haciéndolo girarse con rapidez. Era
estúpido, no podía disparar sin saber en dónde
estaba Asim.
El oriental sujetó su rifle, golpeando el suelo delante
de él con fuerza, asegurándose de que pisaría
algo firme. Algo se rompió, crujiendo bajo el golpe, se agachó,
tocando lo que había bajo sus pies, temía que eran
cráneos o algo similar, sí, eso eran. Si creían
que iban a asustarlo unos cuantos huesos, estaban equivocados, fueran
quienes fueran.
–¡¿Ves algo?! –lo llamó, caminado
hacia su voz, con cuidado de pisar suelo firme de todos modos. Estaba
seguro de que aquello era algún tipo de maldición,
y de que acabarían todos muertos.
–No veo una mierda –refunfuñó Jakob,
cabreado por aquello, pero no los vencerían sólo con
apagar las luces. Ya había pasado por eso antes.
Algo sujetó su pierna y el soldado pateó, escuchando
un crujido seco. No sólo eso, ahora se escuchaban una serie
de gruñidos a su alrededor, y el sonido de los huesos al
quebrarse. Los estaban rodeando. Un extraño gruñido
surgió de entre las sombras y Jakob disparó antes
de pensarlo siquiera.
–¡No abras fuego! –el moreno se tiró al
suelo –¡Joder! ¡Estás loco, cabrón!
–le gritó, notando que algo lo sujetaba por detrás.
Le aferraban el tobillo con fuerza, arrastrándolo por el
suelo entre los huesos, a una velocidad para nada normal. Se revolvió,
tratando de acuchillar aquello que lo agarraba, pero no parecía
responder al dolor. Apretó las mandíbulas, sintiendo
que un hueso se le clavaba de golpe en el muslo, lo apartó,
aún a aquella velocidad inesperada.
Se había detenido, y parecía estar suelto, se giró
de golpe, acuclillándose y acuchillando a su alrededor por
si acaso tenía algo cerca. Apenas pudo ver una silueta negra
que lo observaba, demasiado grande para ser algo humano. Le parecía
como una mujer con la piel muy oscura y una sonrisa desbocada en
un rostro que no alcanzaba a adivinar. Lo sujetó del tobillo,
alzándolo en el aire y lanzándolo hacia el lado contrario.
El oriental chocó contra una pared que parecía de
tierra húmeda, recibiendo los golpes de algo frío
y reblandecido, pesado. Todo aquello desprendía un insufrible
hedor a muerte.
–¡Asim! ¡No te pongas raro ahora! –Jakob
le gritó, preguntándose para qué lo detenía.
No iba a detener a esas cosas hablando. Sintió que le sujetaban
de los brazos, claramente intentando quitarle el arma, y empezó
a forcejear con desesperación –No... me vais... a vencer...
– murmuró, golpeando a uno con la culata del rifle
y escuchando un chillido agudo –¡Asim! ¡¿En
dónde estás?! –gritó, aún luchando,
de pronto preguntándose por qué empezaba a ver siluetas
si todo estaba oscuro.
–¡Yo qué coño sé! –le gritó
el otro, consiguiendo ponerse en pie, separando los brazos para
tocar a su alrededor, percatándose de que podía sentir
las paredes por todos lados, lo cual no tenía mucho sentido.
Comenzó a sentirse alterado y deslizó las manos por
la tierra, apartando una de golpe al sentir unos dedos –.
¿Qué coño es esto? –murmuró, notando
que era una mano como enterrada en aquella pared.
Estaba encerrado en una especie de hoyo, aunque sabía que
no había caído desde mucha altura al ser lanzado.
–¡Me he caído en un foso! –le gritó,
clavando el machete dentro de la tierra, hundiendo las manos y los
pies para excavar en la humedad.
Ya había subido unos cuantos pasos, cuando notó la
tierra mucho más húmeda, blanda, y comenzó
a resbalar hacia abajo de nuevo.
–¡¿Qué foso?! ¡No hay ningún
foso! –le gritó Jakob, ahora sí nervioso, pero
haciendo uso de su furia para mantenerse fuerte. Lanzó un
grito al sentir que le mordían, cayendo al suelo y arrastrándose
con rapidez entre aquellas sombras y extrañas luces provenientes
de ningún lado, pero de pronto el suelo quemaba. Cada vez
que apoyaba la mano era como colocarla sobre un horno caliente.
Lanzó otro grito, saltando mientras observaba las llamas
alzarse a su alrededor. Ahora podía verlo todo muy bien,
pero Asim no estaba por ningún lado.
El moreno escuchó las llamas crepitar, vio la luz allá
arriba. ¿Qué podía hacer? Comenzaba a sentirse
desesperado, no había entrenamiento ni experiencia para cosas
como esas.
Volvió a hundir el cuchillo en la tierra, tratando de escalar
hacia arriba. Pero la superficie no tenía consistencia, no
podía con su peso. Lanzó un grito desesperado, con
el único motivo de darse valor, hundiendo el cuchillo de
nuevo, tratando de subir.
Algo le sujetó el cuello, era una de aquellas manos, y el
rostro cadavérico que comenzaba a emerger del barro se dibujó
perfectamente frente al suyo, gritándole de vuelta, como
burlándose.
Asim empezó a clavarle la navaja en el brazo, en la cara,
en cualquier lado. Deseando caer de nuevo para librarse de aquel
agarre, pero ahora el suelo se movía, podía notar
muy bien que allí abajo sucedía algo en lo que no
quería participar.
–¡Jakob! –gritó en cuanto se hubo liberado
de aquella mano, trepando hacia arriba ansioso, apoyando la mano
en el borde del foso.
–¡Asim! –le gritó el soldado, observando
aquella mano surgir de entre el polvo. Seguía sin ver ningún
foso, sin embargo corrió hacia aquella voz. No tenía
a dónde más ir de todos modos, se iban a quemar. Sujetó
su mano, tirando de él, el foso haciéndose visible
como si acabase de abrirse ante él.
En el fondo del mismo se podía ver un amasijo de cadáveres.
No, estaban vivos, o por lo menos se movían, subiendo unos
sobre otros en una especie de macabra orgía. Algunos mordían
partes de sus compañeros, arrancando trozos. Otros intentaban
subir tras Asim. Jakob soltó por fin el rifle para poder
ayudar al oriental, haciendo fuerza. Si la alternativa era esa,
prefería quemarse.
El chico le sujetó la muñeca, pegando una patada
al hombre que tenía sujeto de su tobillo.
–Esos cabrones… son soldados de la guerra anterior
–le dijo el moreno, que había visto sus uniformes raídos.
El suelo tembló, haciendo que ambos tuvieran que sujetarse
para no rodar por las zonas en llamas. Aquella figura negra se inclinó
sobre ellos, abriendo una boca desmesurada con los dientes blancos
como el marfil. Los jóvenes corrieron, tratando de huir de
aquello, pero por más que se alejaban, aquella boca no dejaba
de crecer, al fin engulléndolos.

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