Capítulo 33
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–¿Crees que la guerra acabará pronto?
–Quien sabe. Escuché el rumor de que tal vez el otro
lado se rinda.
–¿Tú qué estás fumando?
Las conversaciones se entremezclaban en los oídos del pelirrojo,
que se sentía confundido y ligeramente mareado. Estaba allí
abajo de nuevo, parecía un momento de paz por cómo
se comportaban. Miró a su alrededor, buscando a Dean y saliendo
al pasillo.
Pero el moreno no estaba, sin embargo, no dejó de caminar,
como buscándolo, o impulsado por los deseos de otro, que
sí sabía a dónde se dirigía. Abrió
una puerta y bajó por las escaleras, siguiendo de nuevo aquel
túnel que lo había llevado a la sala de sacrificios.
Entreabrió la puerta, espiando por una rendija, de nuevo
el general había llevado allí a otro chico junto a
Smith.
–No... –susurró el pelirrojo, sujetándose
el dije con una mano, el mismo casi clavándose en su piel.
Quería detenerlos, no soportaría algo así de
nuevo. Sin embargo algo lo detenía, manteniéndolo
allí clavado a la puerta.
Observó en silencio cómo aquel nuevo soldado era
desnudado por Smith, de la misma manera en la que él lo había
sido antes, el chico retorciéndose y gritando a pesar de
que estaban demasiado aislados como para que los escuchasen.
Vin sentía un dolor inmenso por dentro, un dolor profundo
que le quemaba, incluso ahogando sus lágrimas. Antes de que
pudiera detenerse había empujado la puerta, gritando, automáticamente
llamando a Dean.
.....
Dean se despertó de golpe y lo sujetó, observando
la sangre en su mano y alterándose un poco.
–¿Qué pasa? ¿Otra pesadilla? –le
preguntó, ya que en esta ocasión, él no había
visto nada –Te has hecho daño –le dijo limpiando
su mano, aunque no tenía nada bajo la sangre.
El pelirrojo estaba temblando, y se abrazó a Dean con todas
sus fuerzas.
–Estaba allí de nuevo. Quería salvarlo, quería
salvar a ese chico... –murmuró ilógicamente,
sollozando.
El moreno suspiró, abrazándolo también y besándole
el cabello, notando que algo caía en sus piernas. Bajó
la mano, sujetando el corazón que colgaba del pecho del doctor
siempre, junto a dos figuritas más. La cadena estaba rota.
–Oh, maldición... –sonrió el chico, sujetándola,
sintiendo algo de lástima. Bajó la cabeza, intentando
recomponerse para no asustar a los otros dos chicos –. Ahora
sólo te tengo a ti para darme ánimos, así que
no me puedes fallar –le sonrió, recostándose
contra su pecho y cerrando la mano del moreno sobre aquel dije –.
Tienes mi corazón.
–Te quiero… –le susurró, besándolo
suavemente, profundizando en su boca y cerrando los ojos. La verdad
es que se sentía como si estuviera preparándose para
una batalla, y sus posibilidades fueran francamente bajas.
Caleb desvió un poco la mirada, era incómodo ver
esas cosas, se giró en el suelo, con la cabeza apoyada en
los muslos de Siegfried, volteándose hacia él.
El chico acarició su cabello, observándolos de soslayo
y luego mirando a Caleb.
–¿Quieres descansar? Yo puedo vigilar solo. Y esos
dos ya se han despertado de todas maneras –susurró,
sonriendo un poco, aunque estaba asustado. No podía echarse
para atrás, ninguno de ellos tenía alternativa, pero
eso no le quitaba el miedo.
–No, estoy bien. Prefiero hacerlo cuanto antes, y saber ya
qué pasará –le sujetó la mano, besándole
los dedos y sujetando uno de sus nudillos entre los labios. Lo miró
de soslayo, suspirando y sentándose con aspecto cansado,
cogiendo un cigarrillo para entretener su nerviosismo.
Siegfried lo observó, conteniéndose de reñirle,
ya que ambos estaban nerviosos. Además, no quería
admitirlo en voz alta, pero aquel podía ser el último
cigarro. Apretó los párpados como desterrando ese
pensamiento de su cabeza. Caleb no moriría, y él tampoco.
Se lo habían prometido mutuamente. Desvió la mirada
hacia Dean y el médico, los cuales permanecían abrazados
en silencio.
–Vamos… –susurró Dean rozando la oreja
del doctor, levantándose y ayudándolo, colgándose
después el corazón que le había dado de la
cadena donde llevaba las placas.
Caleb se levantó también, con pesadez. ¿Ya
bajaban?
–Al infierno… –dijo el moreno, torciendo una
sonrisa, recordando lo que Asim y el otro soldado habían
dicho.
–Agh, no digas eso. Me da escalofríos –protestó
el otro chico, poniéndose de pie también, intentando
refugiarse en su mal carácter para no pensar en cosas funestas.
–No lo decimos pues. Vamos... a eso –sonrió
Vin, alborotándole el cabello sólo porque sabía
que lo miraría con furia y le hacía gracia. Eso lo
relajaba –. Antes de partir. ¿Alguno necesita que le
revise algo? ¿Caaaleb? –le preguntó, riéndose
al ver las miradas tanto de Siegfried como de Dean.
–No vaya a ser que me muera con una uña rota o algo
–el moreno alzó una ceja, cogiendo los explosivos y
riéndose. Por supuesto sin percatarse de la reacción
de los demás.
–Iremos todos hasta abajo, pero en la sala entrarás
tú, Siegfried. Dejas los explosivos y sales cagando hostias
–lo miró, notando cómo lo observaba Caleb.
–¡¿Por qué él?! ¡Y una mierda!
–Es el más rápido –Dean frunció
el ceño –. Esto no es un juego.
–Iré con él –Caleb caminó delante
de ellos.
–Bien, así puedes retrasarlo y conseguir que muera
por tu culpa, que siempre es mejor. Eres muy lento, no irás.
Lo hará él solo, a no ser que haya que cubrirlo. ¿Estás
de acuerdo, Siegfried?
–Estoy de acuerdo. Puedo hacerlo, Caleb. No es cirugía
del cerebro –le aseguró, sin querer ponerlo en evidencia
delante de los demás, diciendo alguna cosa cursi o estúpida.
Frunció el ceño, de todas maneras pensando en que
no era ningún inútil como para que se preocupase tanto.
–Y no me importa cuanto orgullo tengáis. Nadie se
separa del grupo bajo ningún motivo –sentenció
Vin, recordando lo rebeldes que habían estado en un principio.
–Va a ser un paseo corto, no vamos a separarnos… –murmuró
Caleb con el cigarro colgando, negando con la cabeza porque hubiera
accedido. Sabía que Dean tenía razón, era el
más rápido, pero si algo lo atrapaba o… por
algún motivo cometía algún error.
–Hay demasiado silencio… –Dean miró a
los demás.
Tal vez sabe que venimos... –susurró el pelirrojo
nervioso, llevándose una mano al cuello y recordando que
ya no llevaba aquel dije.
–Nadie dijo que fuera a ser fácil –Siegfried
sujetó su rifle con una mano, asustado, pero intentando por
todos los medios no demostrarlo.
–Y si alguien lo dijera a estas alturas, es que sería
imbécil –dijo el moreno, tocándose el cabello
con la mano. No le emocionaba nada ser él quien llevase los
explosivos, era como una bomba andante.
–Sí… –murmuró Dean, sin poder evitar
pensar en aquel chico rubio. Le había agradado, e incluso
lo había ayudado en aquel túnel…, y había
muerto. En realidad sentía que no tenían derecho a
estar vivos.
Vin le apretó el brazo, sin estar seguro de qué estaba
pensando, pero podía percibir algo de tristeza en su voz.
Continuaron caminando en silencio por unos minutos, cada quien
perdido en sus propios pensamientos. Siegfried aún sintiéndose
culpable, y Vin pensando en Dylan sin poder evitarlo.
Un sonido ensordecedor interrumpió sus meditaciones, haciendo
temblar el suelo bajo sus pies.
–¡No os detengáis! –gritó Siegfried,
decidido a seguir adelante como fuera. No iba a huir esta vez, no
tenían ese lujo.
Caleb le sujetó la mano, corriendo con él escaleras
abajo detrás de Dean y Vin, que los guiaban hacia aquella
sala.
Empezaron a desmoronarse las placas del techo, la tierra que frenaban,
cayendo por encima de ellos, desmoronándose a su paso.
–¡Esa hija de puta quiere jodernos!
–¡No lo logrará! –le aseguró Siegfried,
aunque también intentaba convencerse a sí mismo.
–¡Es por aquí! –Vin les hizo una seña,
sin detenerse, aunque casi se tropieza por tanto tambaleo, entrecerrando
un ojo, al sentir el golpe de la tierra.
–Allí dentro, Siegfried –le señaló
Dean, la figura en el centro de la sala, ya tenía un aspecto
mucho más formado, pero aun así, apenas podía
moverse. Comenzaba a pensar que aquel ser actuaba de forma cíclica,
hinchándose como le habían relatado Asim y Jakob,
explotando. Y que los momentos de calma sólo habían
sido porque aún no estaba formada de nuevo.
No le servía de nada pensar en todo eso, ya sabía
que no iban a poder huir de la explosión con aquel derrumbamiento,
pero prefería no pensar en eso.
Caleb sujetó al chico para darle los explosivos, sujetándolo
como siempre, con demasiada fuerza para ser un abrazo, besándolo
profundamente.
–Te quiero –le susurró.
–Yo también. Volveré enseguida –lo miró
a los ojos, antes de echar a correr hacia adentro, escuchando un
mar de gritos alzarse a su alrededor.
Por momentos veía algún cuerpo colgando por encima
de su cabeza, como un reflejo del pasado, mientras se apresuraba
a colocar los explosivos, vigilando a aquella figura en el centro,
no fuera a ser que lo atacase de pronto. Sin embargo, la misma no
se movió más que en el último momento, cuando
el chico ya alcanzaba la puerta. Estiró una mano, alertado,
seguro de que lo atraparía, pero en ese momento, algo, como
una fuerza inmensa, lo empujó hacia fuera, el chico rodando
por el suelo.
–¡Vámonos! –exclamó, poniéndose
de pie, ayudado por Caleb.
–¡Por aquí! –les llamó Dean, que
había tratado de encontrar una salida alternativa. Los empujó
adentro, cerrando la puerta y corriendo apenas unos pasos hasta
que la explosión fue lo único que se escuchó,
haciendo que todo retumbase, desmoronando el techo sobre ellos,
y ensordeciéndolos completamente.
La cabeza de Dean rebotó contra uno de los escalones, escurriéndose
después unos cuantos, haciéndole sentir la mirada
borrosa.
La explosión hizo que el túnel entero retumbase,
lanzando la puerta de aquella sala contra el pasillo y destrozándola
por completo, mientras una enorme cantidad de sangre se desbordaba
hasta el mismo, reventando desde dentro de la ahora destrozada estatua
de la diosa, bañando paredes, techo y suelo a su paso.
Por un momento, todo quedó sumido en ese espeso torbellino
rojo, que al parecer no tenía fin, pero eventualmente fue
retrocediendo hacia el centro de nuevo, y de entre toda aquella
sangre, una nueva estatua surgió, algo más pequeña
que la anterior, pero mucho más oscura, los gritos volviendo
a elevarse, mientras miles de cuerpos se manifestaban retorciéndose
a su alrededor, presas de un dolor profundamente eterno.
No lo hemos conseguido, fue lo último que pensó Caleb,
observando a Siegfried, sin fuerzas para alcanzar a tocarlo, a pesar
de que lo tenía al lado.
–No te odio… –susurró antes de quedarse
inconsciente por el impacto de todo aquel explosivo y los golpes.
Dean sintió como si algo lo llevase hacia atrás,
como cuando te subes en una atracción de esas que van a toda
velocidad. Abrió los ojos, de nuevo, recorriendo aquel mismo
pasillo junto a otro chico, que seguramente llevaba a ser sacrificado.
Vin lo miró de soslayo, sintiendo temor. Se miró
las manos, notando que su piel era oscura ahora. Ese chico le temía
al rubio, pero sin embargo no tenía ni idea de lo que realmente
le esperaba. Seguramente sólo estaba asustado por estar en
la guerra. Vin hizo un esfuerzo, lanzándose contra Smith,
pero cayendo al suelo, como si algo le impidiese huir.
–¿Qué haces, idiota? –el rubio se rio,
ayudándolo a levantarse –¿Estás tan cagado
que no puedes ni caminar? Así sois los desertores de mierda…
–se burló, empujándolo dentro de la sala y cerrando
la puerta.
Lo tumbó en la mesa como siempre, desnudándolo e
inclinándose sobre él, observando el terror en sus
ojos mientras sujetaba los ganchos y los iba bajando. Escuchando
los alaridos horribles que exhalaba.
–¡No! ¡No más! ¡Moriremos! –le
gritó, luchando por soltarse inútilmente, desgarrándose
la carne. No quería volver a sentir ese dolor, y tampoco
deseaba que sus esfuerzos fueran en vano. Sujetó su cuello
por un segundo, arrancando el dije que colgaba de él, antes
de que el rubio lo inmovilizara de nuevo.
.....
Caleb abrió los ojos de pronto, pasándose la mano
por la frente. ¿Qué hacía en aquel túnel?
Cavando en esa especie de mina. Mina, o lo que quiera que fuese,
observó a otro hombre que estaba a su lado, cavando.
De pronto aquel chico se cayó hacia delante, como si la
pared fuera falsa.
–¿Estás bien? –preguntó, sintiendo
que no era su voz, observando aquellos brazos grandes y velludos.
¿Qué demonios?..., pensó, percatándose
de que era un sueño.
–Eh, aquí hay algo –el chico que cavaba antes
con él, le señaló el otro lado del muro. Estaba
hueco, allí parecía haber una habitación de
más antigüedad –¡Llamad al general! ¡Hay
algo aquí atrás! –gritó, llevándose
la mano a la boca para avisarles a los demás.
Al cabo de un rato, el general pasó por delante de Caleb,
entrando en la sala y revisándola, acercándose al
centro y recogiendo una figura negra que había en el suelo.
–Que raro… –se le escuchó murmurar antes
de salir –. No hagáis nada en esta sala de momento.
.....
–Dean, Dean... –el pelirrojo lo remeció, asustado.
Había despertado hacía apenas unos segundos, pero
el sargento no parecía estar respondiendo, a pesar de que
su respiración se escuchaba normal –. Dean...
El moreno se volteó un poco, llevándose el brazo
a la cabeza, notando la sangre en su frente. Podía escuchar
los gritos aún, y el pasillo se cubría de la oscuridad
rojiza de la sangre.
–Mierda… –susurró.
–Gracias al cielo –sonrió el chico, besándolo,
abrazándolo contra sí, aún sujetando aquel
dije en su mano –. He tenido otro sueño. ¿Tú
también?
–Sí… –susurró, sintiendo que lo
mataba de dolor, le parecía que tenía una costilla
rota, eso por lo menos. Lo abrazó de todos modos, observando
sus ojos –. No hay salida, ¿eh? Mira a tu alrededor…,
ya viene a por nosotros.
Vin negó con la cabeza.
–Caleb y Siegfried... –murmuró con los ojos
empañados. Lo besó profundamente, mostrándole
lo que llevaba en la mano –. Obtuve esto de vuelta. Lo tenía
Smith... –le explicó, él mismo confundido por
aquello –. No voy a dejar que mueras.
–¿Lo tenía Smith? –preguntó algo
alterado, tratando de levantarse y haciendo un gesto de dolor –.
Eso… es que durante la otra regresión... cambiaste
algo en el pasado. ¿Es que no te das cuenta?
–Creo que debió recogerlo, es algo... ¡Es increíble!
–lo miró, abriendo los ojos de par en par, comprendiendo
lo que acababa de suceder –Es increíble.
–Ojalá pudiésemos controlar esas regresiones…
–le dijo Dean, mirándolo a los ojos –Duérmete,
por favor, inténtalo, porque yo no puedo –le aseguró,
con lo que le dolía, no se dormiría como no le pegasen
con algo en la cabeza.
–No, no puedo. Estás mal –negó asustado,
sujetando su mano y mirando hacia la puerta –. No puedo dejarte
solo así...
–Por favor… –le rogó, apretando un poco
las mandíbulas –. Antes de que sea peor, y todos estaremos
bien –lo miró a los ojos, comprendiendo lo que suponía
que eso funcionase. ¿Prefería salvar a la humanidad
de todo aquel sufrimiento y olvidarlo, o morir y condenar a toda
la humanidad a lo mismo, sabiendo que lo amaba?
Vin lo miró, sintiendo que no iba aguantar más, por
fin permitiendo que las lágrimas bajasen por sus mejillas.
–Te amo... No quiero perderte –murmuró, tocando
su rostro y dibujando sus labios. Sabía qué era lo
correcto, pero aquello le dolía como no hubiese podido imaginarlo
–. No quiero – protestó, abrazándose a
su cuello.
–No me olvidaré de ti… ¿vale? No lo haré
–le sujetó la mano, alzando la otra para que se inclinase
y besarlo profundamente –Iré a buscarte, te lo prometo.
–Te estaré esperando –sonrió contra sus
labios, aunque no era una sonrisa de alegría precisamente.
Extendió una mano, intentando controlarse –. Devuélveme
mi corazón. Prometo regresártelo, ¿está
bien?
–No –el moreno lo miró a los ojos, negándose
sin poder evitarlo.
Vin sonrió enternecido.
–Hazlo. Confía en mí, por favor.
–Está bien… –le concedió, entregándoselo
a su pesar, quitándose las plaquitas con su propio nombre
y colgándoselas al cuello.
El pelirrojo lo besó profundamente, antes de recostarse en
sus piernas.
–No voy a olvidarte. De alguna manera te recordaré.
–Lo sé… –pasó la mano por su cabello,
acariciándoselo. Deseando que realmente, aquello pudiera
llevarse a cabo. Tenía miedo a lograrlo y a no hacerlo, ambas
cosas le asustaban.
FIN

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